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Teman a la Barba: James Harden a Brooklyn Nets

Es febrero de 2019 y Stephen Curry entrena en el Spectrum Center de Charlotte rumbo al Juego de las Estrellas. Mike Budenholzer, coach de Milwaukee Bucks y entrenador del combinado elegido por Giannis Antetokounmpo, charla con el mejor tirador de la historia en el corazón del estadio sin percatarse de que una cámara y un micrófono a su alrededor está captando su dialogo cuando Steph dice: «Hablé con James en el vestuario… Obviamente lo felicité por lo que ha hecho. Lo primero que me dijo es que fue divertido, pero que quiere jugar de forma diferente. Jugar solo, jugar hero ball, él no quiere jugar así. Quiere un sistema en el que puedan jugar un básquetbol hermoso».

James es Harden, por entonces MVP de la temporada 2017-18 y máximo goleador de la liga. Aquella primera confesión de Curry es, en retrospectiva, la primera señal del traspaso que se materializó casi dos años después. Los datos son concretos: fue el líder absoluto durante las últimas dos temporadas en aclarados con una frecuencia del 48.7% y 45% en los últimos dos años, muy por encima del 28.8% de Chris Paul y el 25% de Russell Westbrook.

La era de Harden en Houston, la transformación del sexto hombre que abandonó Oklahoma City Thunder para embarcarse en un proceso de evolución que lo convirtió en uno de los mejores anotadores de la historia y a su barba en un ícono global, llegó abruptamente a su fin. Su transferencia a Brooklyn Nets también simboliza el cierre definitivo de una revolución con decepcionante desenlace después de una última travesía con Russell Westbrook y el micro ball diseñado por la sociedad Mike D’Antoni-Daryl Morey. Los Angeles Lakers campeones de LeBron James y Anthony Davis frenaron la última ilusión de la franquicia texana: cuatro meses después de su eliminación, el dueño Tilman Feritta no renovó los contratos de D’Antoni ni Morey, envió a Westbrook a Washington a cambio de John Wall y se desprendió de un Harden descontento.

En el cénit del empoderamiento de las estrellas, Harden forzó su traspaso en la enésima demostración de que las grandes figuras definen la estructura de la liga. Con contrato vigente hasta el final de 2021-22 y una opción de jugador de 46 millones de dólares para 2022-23, le bastó con rebelarse: fue grabado en un club nocturno –fabuloso análisis en Reddit de su rendimiento respecto a los cabarés de cada ciudad-, se sumó tarde al campamento de pretemporada, violó los protocolos de coronavirus, se presentó fuera de forma y después de la sexta derrota en nueve juegos fulminó a su franquicia en una conferencia de prensa lapidaria.

«No somos lo suficientemente buenos», disparó tras caer frente a los Lakers: «Amo esta ciudad. Literalmente he hecho todo lo que he podido. Quiero decir, esta situación es una locura. Es algo que no creo que pueda arreglarse». Harden sentenció su ciclo con un par de frases: era imposible que volviera a vestir la camiseta de Houston después de semejante soliloquio.

DeMarcus Cousins, quien llegó al equipo durante el último mercado en busca de revitalizar su carrera después de dos años prácticamente sin acción por graves lesiones que le impidieron reencontrarse con su versión All-Star en Golden State Warriors y Los Angeles Lakers, hundió definitivamente al emblema de la ciudad: «Me interesa jugar con John (Wall), para ser brutalmente honesto. La forma en que llegó al campo de entrenamiento, en el estado en que llegó, su comportamiento en la cancha… La falta de respeto comenzó mucho antes de sus declaraciones del martes, eso no es algo que sucede de un día para el otro. Puede sentirse como quiera con la organización o cualquiera sea su situación actual, pero para nosotros recibir estas payasadas, es completamente injusto para nosotros. No le hicimos nada».

Los rumores sobre una hipotética transferencia de Harden fueron constantes desde la eliminación de Houston en la última postemporada. La Barba asegura que dio todo y es cierto, pero los Rockets mutaron drásticamente su fisonomía para cumplir con los requerimientos de su estrella. Bajo las órdenes de Daryl Morey se entregaron en cuerpo y alma, dentro y fuera de la cancha, para conformarlo. Morey, el máximo impulsor de las sabermetrics en la liga, necesitaba a un jugador que sintetizara su filosofía y apostó por Harden, por entonces un sexto hombre disconforme con la oferta que Sam Presti le había extendido para continuar como tercer elemento del Big Three en Oklahoma City.

Houston y Harden afianzaron una automática relación simbiótica que fue mutando de acuerdo a las necesidades y exigencias de la Barba. Pero ninguna fórmula funcionó: ni su sociedad con un pivote dominante, ni el duo con uno de los mejores bases de la historia ni el reencuentro con un viejo conocido cuya presencia forzó a profundizar su revolución en un quinteto sin pivote.

Shaquille O’Neal, una de las mayores glorias en la historia de la NBA devenido en comentarista de la cadena TNT, hundió a Harden en un video que se viralizó en las redes sociales: «Cuando Harden dice que dio todo por la ciudad, es mentira. Para decir esas cosas tenés que tener cierta reputación y campeonatos. Pediste a Dwight Howard. Te lo dimos. Pediste a Chris Paul. Te lo dimos. Pediste tiradores, te los dimos. Pediste a Westbrook, tu amigo desde chico, y te lo dimos. No funcionó. Entonces, cuando él dice que dio todo, yo digo que no. Ahora tiene un súper equipo; si no gana es un fracasado».

¿Tiene razón Shaq? Si bien en esencia es real su afirmación porque Harden no consiguió un campeonato en Houston pese a los esfuerzos de la gerencia, resulta desmedido asegurar que no dio todo por la ciudad. Es cierto que el desenlace y su salida empañan buena parte de su travesía juntos, pero no es menos real que en su apogeo fue únicamente interrumpido por una de las mayores dinastías de todos los tiempos. Incluso en ese contexto, Houston tuvo en jaque a Golden State Warriors en las Finales del Oeste especialmente en los Playoffs de 2018 donde la lesión de Chris Paul le permitió a los Warriors remontar la desventaja de 3-2 en la serie y quedarse con el pase a las Finales en el séptimo juego. Para ganar un anillo es indispensable un guiño de la suerte y la Barba nunca lo tuvo.

¿Harden no dio todo por su ciudad? Fue MVP de la NBA en 2017-18, ocho veces All-Star, tres veces máximo anotador con producciones históricas, máximo asistidor en 2016-17 y por momentos sostuvo prácticamente en soledad a su franquicia registrando porcentajes de uso descomunales. En 2018-19 su usage fue del 40.5% durante la temporada regular, el segundo mayor de la historia de la liga, y promedió 36.1 puntos con un 36.8% de tres puntos en 13.2 intentos por juego en 78 juegos.

Los lunares son innegables: su merma en Playoffs, sus noches erráticas desde el triple, la inolvidable tapa del #pibede40 Manu Ginóbili, la tensión que desembocó en la salida de Chris Paul rumbo a Oklahoma City Thunder, su afición a los clubes de caballeros, los memes sobre su estado físico y su desprolija desvinculación desdibujan la figura de Harden. Pero su compromiso es incuestionable: nunca promedió menos de 35 minutos por partido y apenas se perdió 34 de los 654 partidos de temporada regular que Houston afrontó durante sus nueve años en la franquicia.

En definitiva, Feritta -popularmente conocido como uno de los propietarios más tacaños de la liga- tenía bien en claro que el éxodo de Harden era inevitable tras tomar la decisión de desprenderse de Mike D’Antoni y Daryl Morey. «No lo se, es una buena pregunta», respondió Harden cuando le preguntaron si hubiera continuado en Houston en caso de que Morey hubiera renovado como GM.

Justamente las dos nuevas franquicias de D’Antoni y Morey aparecieron en su horizonte como los destinos más apetecibles para la Barba: «Cuando Daryl y Mike se fueron, me senté y volví a evaluar todo. Eran dos personas con las que estaba muy cómodo y con sus decisiones para la organización. Una vez que se fueron, tuve que evaluar si la organización iba a reconstruir o si todavía iban a tratar de competir al máximo nivel«.

Philadelphia 76ers, con Morey como flamante entrenador, estaba dispuesto a entregar a Ben Simmons pero Houston pretendía incluir al novato Tyrese Maxey en la negociación y Philly cerró el diálogo para enfocarse en una temporada que lo tiene como candidato en el Este gracias a los ajustes de su renovada front office. Brooklyn, con un menú menos tentador para Houston pero con D’Antoni como ayudante de Steve Nash y dos estrellas del calibre de Kevin Durant y Kyrie Irving, era la tierra prometida para Harden. 24 horas después de su bomba en la conferencia de prensa, con un equipo hundido en el fondo del Oeste con 3 triunfos y 6 derrotas, Houston ejecutó y Harden fue enviado a Brooklyn.

«El objetivo final era mudarme a algún lado donde pudiera competir», argumentó en su presentación en los Nets. «Conforme transcurría la agencia libre, sentía que no teníamos lo necesario para competir. Mi llegada a Brooklyn no me garantiza que vamos a ganar un campeonato, pero quiero darme a mí mismo una chance».

Brooklyn ya era candidato a ganar el Este antes de Harden y su incorporación no se hace más que aumentar sus opciones para quedarse con el anillo. Los Nets empezaron a cimentar sus sueños de campeonato cuando Sean Marks aterrizó en la franquicia en febrero de 2016. Tres años antes, Billy King había hipotecado el futuro de la franquicia en una apuesta total por un anillo al entregar una cantidad abrumadora de picks por el tridente de Boston Celtics que conformaban Kevin Garnett, Paul Pierce y Jason Terry.

Garnett y Pierce habían sido campeones en 2007-08 con Boston y Terry había cumplido apenas su primer año en los Celtics tras celebrar el título con Dallas Mavericks en 2010-11. El experimento fue un estrepitoso fracaso con tres jugadores que, por encima de los 35 años, rápidamente evidenciaron los síntomas del invicto paso del tiempo. Derrotados en la segunda ronda del Este por Miami Heat, después del primer año Pierce firmó como agente libre en Washington Wizards y Terry fue descartado com moneda de cambio por Marcus Thornton de Sacramento Kings. La suerte de Garnett no fue mucho mejor: a mediados de la segunda campaña consumó su regreso a Minnesota Timberwolves a cambio de Thaddeus Young.

El trade entre Boston y Brooklyn es considerado el peor de la historia. Los tres años siguientes fueron tétricos para Brooklyn con apenas 69 triunfos combinados y el contraste con Boston fue aún peor mientras pagaba los pecados de su pasado. Los Celtics convirtieron las primeras rondas de 2016, 2017 y 2018 en dos primeras y una tercera selección: Jaylen Brown fue elegido con el tercer pick de 2016, Markelle Fultz con el número uno de 2017 aunque fue enviado a Philadelphia a cambio de Jayson Tatum (3º del Draft) y en 2018 enviaron la primera selección (Collin Sexton) en un paquete a Cleveland Cavaliers para adquirir a Kyrie Irving.

Pero mientras la desidia y la tristeza inundaban las calles de Brooklyn, en las entrañas del Barclays Center se estaba gestando su resurrección. Marks, pupilo de Gregg Popovich en San Antonio Spurs, contrató a Kenny Atkinson como entrenador y encontró un socio ideal para la reconstrucción de la franquicia. Juntos dotaron de seriedad y encauzaron a un equipo naufragado, construyendo un núcleo competitivo con jugadores relegados que evolucionaron en su sistema. La apuesta por D’Angelo Russell fue un pleno y Brooklyn regresó a Playoffs en 2017-18 como una de las sorpresas de la temporada.

Marks-Atkinson desarrollaron una cultura basada en una serie de decisiones lógicas que jerarquizaron a sus Nets, un trabajo que cosechó elogios a diestra y siniestra. La relampagueante transformación aprovechó los cimbronazos constantes en la liga y capturó a dos de los agentes libres más codiciados: Kevin Durant y Kyrie Irving. En la era del empoderamiento de las estrellas, la fiabilidad del proyecto puede ser el factor diferencial para un agente libre con poderes plenipotenciarios. «No quería ser el salvador de los Knicks de Nueva York, no quería ser el rey de Nueva York», explicó Durant cuando profundizó en los motivos de su elección en detrimento de los poderosos y marquetineros Knicks.

Más allá del éxito momentáneo de su clasificación a Playoffs, Marks y Atkinson convirtieron a Brooklyn en una seductora alternativa. Durant, descartado para la temporada siguiente por una lesión en el talón de Aquiles, firmó con los Nets tras un sign&trade por un D’Angelo Russell descartable en los Lakers que Brooklyn convirtió en All-Star. Irving había completado dos años decepcionantes como líder en soledad de Boston y decidió marcharse con un vestuario dinamitado por su mala relación con las jóvenes figuras de los Celtics.

Aún pese a la lesión de KD y las dudas en torno a Irving, Brooklyn había sido capaz de apuntalar a su núcleo competitivo con dos talentos de élite. La jugada maestra convertiría eventualmente a los Nets en candidatos al título. 2019-20 fue una campaña de transición, con Durant ausente y apenas un puñado de intervenciones de Irving. Sin embargo, Brooklyn se mantuvo en zona de Playoffs gracias a sus supuestos actores de reparto en una temporada extraña por el coronavirus pero principalmente por el despido de Atkinson. Jacque Vaughn lo reemplazó justo antes de la interrupción por la pandemia y fue el encargado de dirigir durante la burbuja en otra pronta despedida en primera ronda.

Spencer Dinwiddie, Joe Harris, Caris LeVert y Jarrett Allen, cuatro piezas incorporadas por Marks y desarrolladas por Atkinson, asumieron el liderazgo y, aunque la barrida fue contundente frente a Toronto en la primera ronda del Este, el futuro era ilusionante: con Durant recuperado, Irving en plenitud física y una rotación cargada de nombres propios útiles como complementos y segunda unidad, la candidatura de Brooklyn era cuestión de tiempo.

Pero Marks entregó los cimientos que había afianzado para conseguir a James Harden. El movimiento es lógico: cuando un talento generacional, uno de los mejores anotadores de todos los tiempos, está disponible en el mercado existen muy pocos jugadores realmente innegociables. Son las reglas del negocio actual de la NBA: si las producciones de Caris LeVert y Jarrett Allen fueron fundamentales para la construcción de un escenario tentador, ahora ambos son el precio a pagar para el crecimiento de unos Nets que no dudaron un segundo en entregarlos para incorporar a la Barba.

Como en 2013, Brooklyn hipotecó nuevamente su futuro con el riesgo de sumar otra decepción y sufrir un colapso similar al que padeció tras el desmembramiento del Big Three forjado en Boston. Entregó cuatro primeras rondas y cuatro swaps que le otorgan el control de su Draft a Houston por los próximos seis años. El movimiento podría convertirse en una reedición del traspaso entre Boston y Brooklyn, aunque la edad y el nivel de su flamante trío resultan una combinación más auspiciosa.

El riesgo es alto pero Brooklyn integra una liga impaciente cuyo principal mandamiento es ganar ya: no hay tiempo para aguardar por el desarrollo de jugadores jóvenes. Pasó en Los Angeles Lakers, quienes entregaron al core construido desde el Draft a cambio de Anthony Davis para asegurarse sus opciones al título y principalmente la continuidad de LeBron James. Idéntica situación atravesó Brooklyn, quien ante la amenaza de un Durant que podría convertirse en agente libre después de la temporada 2021-22 decidió entregar su prolífica cosecha a cambio de Harden. La inestabilidad de Irving -concluirá su vínculo un año más tarde pero su comportamiento reciente lo convierte en una bomba de tiempo que podría explotar en cualquier momento- obligó también a la franquicia a bucear otras alternativas: lo concreto es que la ventana del anillo durará el tiempo que KD decida quedarse en el Barclays Center y la incorporación de su ex compañero en Oklahoma City también significa un guiño a su principal referente.

Después de un año sin tridentes, Brooklyn volvió a construir un Big Three -uno de los más talentosos de la historia- en una liga dominada por múltiples duplas rodeadas de jugadores de rol. LeBron James y Anthony Davis fueron campeones de la NBA mientras Kawhi Leonard y Paul George atravesaron una postemporada decepcionante frente a los Denver Nuggets de Nikola Jokic y Jamal Murray, por citar apenas un par de ejemplos.

Es indiscutible el talento de dos jugadores históricos como Durant y Harden además de las virtudes de un tercero como Irving de insondable habilidad empañada por su carácter. Individualmente son tres de los mejores nombres propios de la liga, pero el desafío de Steve Nash será construir una sinergia entre ellos, una situación que hubiera sido más natural si Harden ocupaba el lugar de Ben Simmons como complemento ideal de Joel Embiid en Philadelphia.

Kevin Durant no representa un gran inconveniente y gracias a su arsenal es capaz de adaptarse a cualquier ecosistema, tal como demostró en Golden State Warriors junto a Stephen Curry y Klay Thompson. KD es un arsenal indefendible en ataque con la versatilidad para acaparar la pelota o lanzar moviéndose sin la pelota. Al margen de su perfección estética, KD es sinónimo de eficacia en ataque: en sus primeros juegos después de un año ausente tras romperse el talón de Aquiles, promedia en la actual campaña un 46.2% de tres, 53.7% de cancha y 85.9% desde la línea de libres.

Las dudas respecto a Harden no radican en su capacidad anotadora, un generador permanente capaz de sostener un esquema ofensivo en soledad: la incógnita radica en su adaptación a un rol reducido después de nueve años en los que ha sido el principal -y por momentos único- argumento de Houston. La Barba es una estrella demandante que brilló en un entramado específico rodeado de compañeros de un perfil particular. Si bien Harden y Durant compartieron equipo en Oklahoma City, la Barba cumple ahora un rol absolutamente diferente a aquel que lo llevó a consagrarse como sexto hombre en 2011-12.

Irving supone un problema fuera de la cancha, después de haber desaparecido en acción de los últimos seis partidos sin siquiera darle explicaciones a un cuerpo técnico, gerencia y compañeros que se preguntan si Kyrie volverá a jugar en algún momento. La incertidumbre es absoluta en torno a un crack que no ha podido alcanzar todo su potencial como víctima de sus propias lagunas y un ego desmedido que lo llevó a divorciarse de LeBron James en busca de un liderazgo frustrado en Boston Celtics. No sería ilógico imaginar un traspaso de Irving para fortalecer a una nómina desbalanceada después de haber entregado a gran parte de su rotación.

Si Irving retorna, la convivencia entre los tres dentro y fuera de la cancha será fundamental para su éxito. Harden entregó una radiografía de su inminente reto: «Puede tomarnos un poco de tiempo, o no. Creo que todos nosotros somos muy, muy inteligentes, y también somos poco egoístas, y sabemos lo que está en juego. Así que es sólo cuestión de que los entrenadores nos pongan en posición y nosotros nos comuniquemos, poniéndonos en posiciones y puntos en la cancha donde podamos ser efectivos y ayudarnos mutuamente». La Barba estará obligado a reinventarse: deberá jugar más sin la pelota y aumentar su producción en situaciones de catch&shoot en un equipo que reúne a tres de los siete jugadores en la historia en promediar un porcentaje de uso mayor al 29% en su carrera.

«Será un ajuste para él -anticipó Nash- «Jugó en el mismo rol durante muchos años, de la misma forma, en el mismo estilo. Así que podrá emular eso en algunos sentidos, pero en otros, tendrá que adaptarse a jugar con otros jugadores como Kevin y Ky. Será una novedad, pero también el ajuste de cómo hacer que todos se hagan mejor y encajen entre sí es algo que creo que le entusiasma increíblemente. Se da cuenta de que está en una oportunidad afortunada de poder jugar con esos chicos, y ellos sienten lo mismo por él».

El reto no será exclusivo de Harden. Durant ha demostrado en Golden State que no tiene inconvenientes en jugar sin la pelota. De todas maneras, Brooklyn no debería tener mayores inconvenientes dado que los tres son formidables tiradores y cuando uno de los tres asuma la conducción, uno o los otros dos estarán apostados en el lado débil alistados para castigar como sucedió en el debut de la Barba frente a Orlando Magic en una noche en la que rubricó un triple doble con 32 puntos, 14 asistencias, 12 rebotes y 4 robos.

Fue una promisoria presentación con Harden ejerciendo el rol principal de conductor a la espera de la vuelta de Irving. Durant, quien marcó 42 puntos, resaltó su rápida adaptación: «Fue increíble. Podías ver cómo trataba de descubrir cual es la mejor manera para jugar. Sentí que todos estábamos pasándonos la pelota por demás, tratando de hacer que todos se sintieran cómodos. Y después se metió en su modo, agresivo para anotar, y abrió el partido para nosotros».

Desde lo posicional, Nash asegura que no habrá dificultades para ocupar los diferentes puestos: «Creo que el juego se está convirtiendo cada vez más en un juego sin posiciones. No tienes que definir un rol tan claro. Afortunadamente para nosotros, creo que James es esencialmente un base, pero tiene el tamaño para jugar múltiples posiciones. Si queremos ser más tradicionales, Kyrie será el base, pero también puede jugar sin la pelota. Creo que hay mucha intercambiabilidad entre los jugadores. La forma actual del juego, del juego moderno, es muy intercambiable, sin posiciónes. Se trata de cuánto quieren sacrificar para convertirse en una unidad eficiente, y si están dispuestos a hacerlo, no importa quién lleve la pelota a la cancha o cómo los etiqueten: Se trata de cómo juegan juntos y de lo dispuestos que están a trabajar y a mejorar el uno al otro».

El cúmulo de talento del que Brooklyn dispone supone un enigma de difícil solución para los rivales con tres estrellas imparables e indescifrables en el uno contra uno que fuerzan continuamente ayudas: el inconveniente es que resulta utópico generar ayudas suficientes con el Big Three en la cancha y cualquiera de ellos -incluido Harris- estará preparado para aprovechar un desajuste: «Si doblas a James, entonces será difícil que dobles a Kevin o doblar a Kyrie si reciben la pelota. O si me dejas a mí o a cualquier otro tirador, es un escenario en el que tienes que elegir tu veneno», precisó el propio Harris.

El mayor problema del Big Three aparece en el otro costado de la cancha dado que KD es el único de los tres en sobresalir como defensor. Aunque Harden ha mejorado en ese apartado, una hipotética baja de Durant complicaría un entramado que sufrirá especialmente la partida de Allen. Será fundamental la comunicación entre sus piezas y principalmente el tiempo de desarrollo de un equipo que ejecuta un switch permanente.

Si Brooklyn ya era candidato al título, sus chances aumentaron considerablemente después del traspaso de Harden aunque aún deberán demostrar que pueden estar a la altura de los Lakers campeones.

Otros apuntes del traspaso

  • ¿Más movimiento en Brooklyn?

La contracara del traspaso por Harden es una rotación desguarnecida. «Sin dudas -detalló Marks- este plantel no está completo, no está finalizado. Quiero decir, nunca debería estarlo, para ser sincero. Deberíamos hacer nuestras debidas diligencias. Tenemos varias vacantes abiertas, así que tengo mucha fe en nuestro departamento de scouting que a lo largo de los años ha hecho un gran trabajo para nosotros. Continuaremos intentando añadir piezas a medida que avancemos en esta temporada».

PGSGSFPFC
Kyrie IrvingJames HardenJoe HarrisKevin DurantDeAndre Jordan
Bruce BrownLandry ShametTimothe Luwawu-CabarrotReggie PerryNicolas Claxton
Chris ChiozzaTyler JohnsonJeff Green
Spencer Dinwiddie

Brooklyn consiguió mantener a Joe Harris, un implacable tirador que aprovechará las múltiples ventajas y espacios que generará el tridente. Después de 14 juegos en la temporada 2020-21, Harris promedia 49.4% de tres en 6.1 intentos y arrastra un 43% durante su carrera. Amén del Big Three, Harris puede ser determinante para sus chances de campeonato.

Pero más allá de su presencia y la de Bruce Brown, el resto de su rotación no ofrece demasiadas garantías especialmente tras la lesión de Spencer Dinwiddie que lo mantendrá alejado hasta la próxima campaña. Aunque Jordan será titular, ya no es el mismo jugador de antes y Nicolas Claxton es la única alternativa en el puesto de pivote. Landry Shamet sufrió un estancamiento en su progresión y la segunda unidad está lejos de ser una banca productiva. De todas maneras, con Durant-Harden-Irving, Nash podrá darse el lujo de rotar a sus estrellas para asegurarse la presencia de al menos una de sus figuras durante los 48 minutos de juego.

De todas maneras, Marks fue contundente: Brooklyn concretará nuevos movimientos hasta antes del deadline en busca de buyouts, jugadores cortados o ring chasers dispuestos a firmar por el mínimo. ¿Otro traspaso? Parece difícil porque Brooklyn no tiene demasiados activos de valor para ofrecer, pero siempre sobrevolarán las dudas en torno a Irving.

  • Houston piensa en su futuro

La reconstrucción era inevitable y Rafael Stone, discípulo de Daryl Morey designado como GM para matizar su salida, no afrontó un escenario sencillo en su primer año al frente de los texanos con un plantel edificado para un básquetbol sin pivotes cuyas dos estrellas estaban empecinadas en marcharse. Con la presión sobre sus hombros, eligió a Stephen Silas como entrenador y concretó algunos movimientos interesantes como la incorporación de Christian Wood pero en sus manos tenía una bomba de tiempo: el descontento de Westbrook y Harden.

Por Russ, una estrella de cifras siderales pero poco valor en el mercado, consiguió a John Wall en un cambio de piezas que intentó virar su diseño hacia una estructura más conservadora con un base más convencional en busca de un estilo que Silas pregona con una ofensiva más dinámica moviendo continuamente la pelota y simplificando sus decisiones en ataque con diseños más simples.

Pero nada fue suficiente para Harden y Stone se vio forzado a sepultar la era de la Barba en Houston. Si esas separaciones son siempre dolorosas, el novato GM al menos puede celebrar su éxito en las negociaciones. Los Rockets tendrán cuatro primeras rondas y cuatro pick swaps durante los próximos seis años. Si Brooklyn no implosiona, los picks de 2021 y 2022 deberían tener poco valor pero podría empezar a conseguir mayores réditos a partir de la edición 2023 del Draft.

Si bien Stone invirtió en el futuro, también aprovechó para mantenerse competitivo durante 2020-21. Aunque ya no tendrá a la ofensiva en sí mismo que representaba Harden, la incorporación de Victor Oladipo a cambio de Caris LeVert tiene lógica: Dipo ya es un All-Star que encaja a la perfección en el backcourt con Wall -definitivamente en el rol de base- en un hipotético trío que completaría DeMarcus Cousins si los tres consiguen mantenerse saludables y si son capaces de reencontrarse con sus mejores versiones. Oladipo disfrutó de un buen arranque de temporada con 20 puntos, 5.7 rebotes y 4.2 asistencias con una buena eficacia ofensiva (42.1% – 36.2% – 73.0%).

  • Allen encuentra su lugar

Tal vez Cleveland no sea el destino más atractivo para un jugador de la NBA actual pero lo cierto es que Jarrett Allen tendrá la posibilidad de lucirse como el interno de un proceso joven e ilusionante encabezado por los jóvenes Collin Sexton y Darius Garland. La era del Sexland en los Cavs representa un contexto ideal para un pivote atlético que en abril celebrará recién sus 23 años.

Aunque había comenzado injustamente relegado del quinteto inicial por la presencia de DeAndre Jordan, Allen cada vez ganaba más terreno en la consideración de un Nash que eligió darle la titularidad en los últimos cinco juegos antes de su traspaso. Allen fue el precio a pagar por Brooklyn para conseguir a Harden, un sacrificio que Nash sentirá especialmente en defensa.

Brooklyn fue considerablemente mejor con Allen como pivote, un jugador letal en el pick&roll que genera el sexto mejor registro en la liga con 1.41 puntos por posesión atacando al aro tras la cortina. Aunque compartirá minutos con dos agentes libres a fin de temporada como Andre Drummond y JaVale McGee, la decisión más lógica de los Cavs sería darle continuidad a un Allen que puede convertirse en un bastión del proyecto en el corto plazo.

Sexton y Garland tendrán en Allen a un socio ideal para jugar el pick&roll. En el otro costado de la cancha, Cleveland también podría montar por primera vez desde la salida de LeBron James a un quinteto fuerte defensivamente con Allen, Larry Nance Jr y el interesante rookie Isaac Okoro.

Es cierto que Allen no competirá por los Playoffs durante esta temporada, pero finamente contará con la confianza y los minutos necesarios para continuar con su promisoria evolución. Antes del trade, Allen promediaba 11.2 puntos, 10.4 rebotes, 1.7 asistencias y 1.6 tapas con una efectividad del 67.7% de cancha.

  • El destino se ensaña con LeVert

Indiana había cerrado el movimiento entre cuatro equipos como un indiscutido ganador: se había sacado de encima a un expiring sin ánimos de jugar en su franquicia, un jugador que según los reportes se habría ofrecido a equipos rivales en diferentes partidos, como Victor Oladipo a cambio de un Caris LeVert con dos años en su contrato. Imaginado como sexto hombre por Steve Nash, quien incluso comparó su función con el papel interpretado por Manu Ginóbili en San Antonio Spurs, había sido relegado al banco como anotador principal de la segunda unidad y dueño de la ofensiva durante los minutos sin Durant ni Irving.

Pero LeVert, quien promediaba 18.5 puntos, 6 asistencias, 1.1 robos y 4.3 rebotes en sus 12 juegos con Brooklyn, fue enviado primero a Houston y luego renegociado con Indiana en un movimiento fabuloso de la franquicia que había conseguido a un potencial All-Star que calzaría perfecto junto a Malcolm Brogdon y Domantas Sabonis en un equipo de Playoffs.

Sin embargo, LeVert recibió un nuevo cachetazo después de dos años en los que apenas ha podido jugar 85 partidos a causa de una plaga de lesiones: durante los estudios médicos para concretar su traspaso descubrieron un pequeño bulto en su riñón que lo alejará de las canchas por tiempo indefinido. Cuándo y cómo volverá es una incertidumbre.

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2 respuestas

  1. «En la era del empoderamiento de las estrellas, la fiabilidad del proyecto puede ser el factor diferencial para un agente libre con poderes plenipotenciarios». Excelente reflexión, Matías. Siempre y cuando esa estrella no sea Russell Westbrook. Ja!

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