sueña despierto

Tadej Pogacar sueña despierto en París

Mientras Alberto Contador celebra su consagración en la edición 2009 del Tour de France, en el pequeño pueblo esloveno de Komenda un chico de diez años cierra los ojos frente a su televisor y sueña: sueña con su ingreso triunfal a París, sueña con el maillot amarillo y sueña con su consagración en la prueba más importante del ciclismo internacional: «El primer Tour que vi fue en 2009. Yo quería ser como Contador y también como Andy Schleck»

Once años después, ese mismo chico vuelve a cerrar los ojos y cuando los abre está vistiendo el maillot amarillo como campeón del Tour de France con la Torre Eiffel como fondo de pantalla. Tadej Pogacar ya no sueña: inmortalizó su nombre en un desenlace histórico que le permitió arrebatarle el título a su compatriota Primoz Roglic en una emocionante vigésima etapa que enloqueció al propio Contador: «Yo ya estaba feliz sabiendo que iba a ser segundo en París. No lo puedo creer. La verdad no sé que es lo que le ha pasado a Roglic. Solo sé que me ha abrazado al acabar. Es mi amigo. Pero los dos corríamos para ganar«.

El joven maravilla, un talento generacional que encabeza la renovación de una camada que dominará al deporte durante la próxima década, se convirtió en el séptimo debutante y en el segundo ciclista más joven en conquistar La Grande Boucle en sus 107 ediciones. Heredero de Henri Cornet, integra el selecto grupo de exitosos novatos junto a Fausto Coppi, Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Laurent Fignon. 

Pogacar volverá a Eslovenia y celebrará sus 22 años como campeón, rey de la montaña y mejor ciclista joven del Tour. Merckx había sido el único en reunir tres títulos en un mismo evento en 1969, récord que estuvo a punto de destrozar el flamante vencedor: concluyó en la octava posición en la clasificación por puntos que dominó el irlandés Sam Bennett. 

Su ascensión al estrellato puede parecer relampagueante pero fue paulatina. En 2018 ganó el Tour de l’Avenir, una versión junior del Tour de France para competidores menores a 23 años. Su escalada continuó con su campeonato en el Tour de California y tres etapas en la Vuelta a España que encumbró a Roglic. Un camino prácticamente idéntico recorrió el colombiano Egan Bernal, quien también festejó en París hace un año. 

Pogacar cumplió este domingo con el compromiso protocolar que supone la última etapa. Regla no escrita, los equipos mantienen un inquebrantable acuerdo en el que los 122 kilómetros que unen Mantes-La-Jolie con Champs-Elysees representan un homenaje para los ciclistas que descansan, toman champagne y charlan entre sí después de haber recorrido 3360 kilómetros en territorio galo. La competencia termina en la anteúltima fase, una vibrante cronoescalada de 36.2 kilómetros en la que Pogacar consumó una de las mayores remontadas de la historia del Tour. 

Roglic, de 30 años, afrontó la crono del sábado como líder de la general con una ventaja de 57 segundos sobre Pogacar. La diferencia parecía inabordable ante un especialista en pruebas de contrarreloj que había tejido, sin errores ni sobresaltos, su diferencia durante 19 días. 

El Tour estaba servido para un ciclista que comenzó a competir profesionalmente a los 22 años cuando se unió al equipo Adria-Mobil en Eslovenia. Antes había sido esquiador: «Quise ser el mejor esquiador del mundo y no pude. Luego soñé con ser el mejor ciclista», confesó después de finalizar en la cuarta posición en 2019. 

El Team Jumbo-Visma (TJV) -antiguamente Rabobank primero y Belkin más tarde- entronizó a un leal Roglic que ni siquiera contempló ofertas más suculentas y apuntaló su formación con un repertorio de talentos convertidos en gregarios dispuestos a entregar sus piernas por la causa. 

El conjunto neerlandés, obsesionado con destronar a INEOS Grenadiers (antes Team Sky, siete veces campeón en las últimas ocho ediciones) y darle al ciclismo de su país un título en el Tour después de décadas, construyó uno de los mejores planteles de la historia gracias al notable incremento presupuestario con respecto al año anterior, una mejoría económica que respondió a las buenas actuaciones -Roglic campeón en España y victorias tanto en el Tour como en el Giro de Italia- pese a contar con el segundo presupuesto más bajo de los 18 integrantes del World Tour. El campeón del Giro de Italia 2017 Tom Dumoulin, Wout van Aert, el experimentado capitán Tony Martin, George Bennett, Sepp Kuss y Robert Gesink fueron algunos de los nombres que se encolumnaron como custodias de Roglic. 

Durante las últimas dos décadas, las formaciones se convirtieron en una condición indispensable para el éxito de un ciclista. Detrás del nombre propio más rutilante suele esconderse un grupo de grandes atletas de diferentes perfiles que cumplen funciones específicas para auxiliar a su líder, controlar posibles escapadas y desgastar a otros candidatos. Las tácticas y las estrategias colectivas fueron ganando cada vez más peso en el éxito individual. La frialdad de la mente se impuso al calor del corazón a tal punto que parecía impensado que un ciclista fuera capaz de ganar el Tour de France sin un tren de primer nivel. Hasta que Pogacar demostró lo contrario. 

TJV concretó un trabajo de orfebrería para conseguir 57 segundos de ventaja de cara a una vigésima etapa en donde todo dependería de la producción individual en una contrarreloj de 30.3 kilómetros en superficie plana que culminaría con una escalada de 5.9 kilómetros hasta la línea de meta en la cima de La Planche Des Belles Filles. El trabajo en equipo de 19 días finalmente se definiría en un mano a mano entre dos talentos surgidos de un país de apenas dos millones de habitantes. Roglic vs Pogacar, Pogacar vs Roglic. 

La amistosa rivalidad ya había tenido dos antecedentes en este 2020. En junio, Roglic le ganó la pulseada en el Campeonato Nacional en ruta de Eslovenia pero Pogacar se tomó revancha en el Campeonato Nacional contrarreloj de su país. En Francia fue el tercer capítulo de su historia. 

Roglic, quien vestía el maillot amarillo desde la novena jornada, disfrutaba de una placentera ventaja de 57 segundos. Pero Pogacar salió decidido a remontar y pulverizó los tiempos en un sábado que dejó boquiabierto a todos en el Tour. Recortó 13 segundos en los primeros 14.5 kilómetros y otros 23 segundos en el segundo sector pero fue en la montaña en donde sentenció el destino de un Roglic que sobrevivía en la cima de la general con 23 segundos de ventaja. 

Después del cambio de bicicleta para empezar a escalar la pendiente de 5.9 kilómetros, Pogacar fue 80 segundos más rápido y cerró su prueba con un asombroso registro de 55’55». Ganador de la etapa, su tercera en el recorrido actual, ejerció una presión demoledora para un Roglic desesperado, desalineado, extenuado y con los ojos inyectados de miedo ante su inminente debacle: cruzó la meta en 57’51» con la certeza de que se le había escapado el Tour. 

«No ha sido un buen día y solo puedo dar la enhorabuena a Pogacar. Tadej marcará una larga era al mando del ciclismo», resumió un resignado Roglic que interrumpió su entrevista post carrera para abrazar y felicitar a su compatriota. Antes había sido consolado por sus gregarios, quienes habían seguido la definición desde una pantalla gigante: «Lo siento por mis compañeros porque no lo hice a propósito. Luché por hacer lo mejor cada día. Pero aún así estoy muy orgulloso de ellos, y de toda la actuación del equipo durante las últimas tres semanas», confesó después de secarse las lágrimas por su frustración. 

Van Aert, hombre clave para cimentar a Roglic como líder de la general, confesó: «Es muy difícil entregar esto en el último minuto. Estamos muy decepcionados. Todo fue perfecto, trabajamos arduamente para esto y no había nada que nos indicara que hoy podía salir todo mal. Me dolió ver cómo Primoz se complicaba cada vez más, me dolió ver a Roglic sufrir así, era otro Roglic»

Más allá de la implosión de Roglic -quinto en la etapa-, Pogacar fue campeón gracias a una actuación legendaria que le permitió terminar a un impresionante 1’20» del escolta Tom Dumoulin, compañero de Roglic en Jumbo-Visma y campeón del mundo contrarreloj en 2017: «¿Qué puedo decir? Ocurrió. No sé cómo Pogacar pudo escalar en un minuto más rápido que yo. Fue demasiado fuerte hoy, estuvo a un nivel completamente diferente al nuestro»

«Conocía cada esquina, conocía cada bache en el camino. Sabía dónde acelerar, porque era una carretera que había que conocer, así que felicito a todo mi equipo», elogió Pogacar a sus compañeros del UAE Team Emirates. Sin embargo, su consagración fue una hazaña prácticamente en soledad en un equipo que encaró el Tour con un liderazgo compartido entre el nóvel campeón y el italiano Fabio Aru que se retiró después de la novena etapa. 

En busca de una explicación para la abdicación de Roglic, Chris Froome tal vez tenga la respuesta. Tetracampeón en Francia, había advertido antes del colapso del esloveno: «Hemos visto que Roglic tiende a decaer un poco en las Grandes Vueltas hacia la tercera semana y realmente estaba volando en el Tour de l’Ain y el Dauphiné antes de su accidente… Queda por ver cuánto tiempo podrá aguantar»

Como en la Vuelta de España 2019, Pogacar se impuso en la última jornada. «Es la genética, tengo que agradecerle a mis papás por eso», reflexionó entre risas después de bajarse de la bicicleta en La Planche des Belles Filles como campeón. 

El triunfo agónico que conmovió al mundo recordó la dramática remontada de Greg LeMond ante Laurent Fignon en el Tour de 1989, cuando en la crono final revirtió una desventaja de 50» para quedarse con el segundo de sus tres títulos por apenas ocho segundos: «Ha sido increíble, para mí es uno de los mejores Tour de Francia que he visto. Y Pogacar, qué talento, muchísimo talento, aunque me siento un poco triste por Roglic«, reflexionó LeMond. 

La victoria de Pogacar es una reivindicación al ciclismo esloveno, herido como consecuencia de los resultados de la Operación Aderlass. El escándalo de dopaje salió a la luz en febrero de 2019 en una investigación acerca de una red de doping sistemático ejecutado por el médico alemán Mark Schmidt. Como consecuencia, los ciclistas eslovenos Kristjan Koren y Borut Bozic fueron sancionados por violar el reglamento antidopaje en 2011 y 2012, pero la conexión podría ir incluso más allá: la Unión Ciclista Internacional (UCI) está indagando al esloveno Milan Erzen, antiguo jefe del Bahrain-Merida y mentor de Roglic en el equipo Adria-Mobil. Según Le Monde y Corriere della Sera, Erzen le compró a Schmidt una máquina centrífuga que se utilizaba para separar los glóbulos rojos del plasma. 

«No tengo nada que esconder», respondió Roglic cuando le preguntaron durante el Tour actual por su superioridad en la jornada 15 en la Col du Grand Colombier, etapa en la que le sacó siete minutos de ventaja al colombiano Bernal, campeón del Tour en 2019. Como consecuencia de la Operación Aderlass, en septiembre salió a la luz que la UCI descubrió un producto similar al EPO: la sustancia H7379 «es una forma sintética de hemoglobina, la metaloproteína transportadora de oxígeno que constituye el 95% de los glóbulos rojos humanos», según Cyclingnews. Según los reportes, la sustancia fue utilizada por varios ciclistas en las temporadas 2016 y 2017 pero aún se desconoce el alcance de su impacto en las ediciones que dominó el británico Chris Froome. 

El danés Michael Rasmussen, sexto en el Tour de Francia 2005 y ganador de cuatro etapas en suelo galo durante su carrera, fue expulsado por su equipo Rabobank (hoy TJV) del Tour en 2007 cuando lideraba la prueba por más de tres minutos a cuatro etapas del final: «Pensé en suicidarme durante la noche más larga de mi vida», escribió tiempo después en su autobiografía Yellow Fever. 

«No podemos decir que Rasmussen hizo trampa, pero su falta de seriedad y sus mentiras sobre su paradero son insoportables», detalló el director del Tour Christian Prudhomme. Rasmussen había mentido sobre su paradero para saltearse un control antidoping: dijo que estaba en México pero en realidad se encontraba en el norte de italia, cerca del médico Michele Ferrari que ganó relevancia internacional al destaparse el dopaje de Lance Armstrong. Más de una década después, Rasmussen analizó el escenario actual: «Si el Tour está limpio ahora… Honestamente no me importa, siempre y cuando sea una pelea justa. Y es una lucha justa»

¿Hay rienda suelta para el dopaje?, se preguntó el medio especializado Cycling News en un artículo publicado en mayo. David Lappartient, presidente de la UCI, había confesado que el 95% de los testeos se habían cancelado debido a la pandemia por coronavirus. La sospecha es permanente en un deporte en el que hasta Jumbo-Visma, que enarbola la lucha contra el fraude farmacológico, es mirado de reojo: Harman Ram, director de la Agencia Nacional Antidopaje de Países Bajos, expresó públicamente su incomodidad por el uso de cetonas del equipo neerlandés. 

Las cetonas son producidas por el hígado cuando el cuerpo ya no encuentra carbohidratos para usar y debe recurrir a las reservas de grasa. Las cetonas sintéticas brindan una fuente de energía adicional que otorga múltiples ventajas en el corto plazo pero cuyo impacto a futuro se desconoce. La duda gira en torno a sus consecuencias en el cuerpo de los atletas: «No está en la lista de dopaje, pero si recbimos preguntas de los atletas, les aconsejamos que no usen cetonas. Me parece incómodo que Jumbo lo haga contraviniendo nuestras recomendaciones», explicó Ram. 

La Agencia Mundial Antidopaje y la Unión Ciclista Internacional sufren del síndrome del Coyote: como el Correcaminos, los sofisticados sistemas de dopaje están siempre un paso adelante. En un deporte permanentemente sospechado, todavía sacudido por la destrucción del mito Armstrong, el milagro de Pogacar encarna una bendición para un ciclismo que intenta limpiar su nombre.

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