Super Bowl LV: las ventajas de ser agresivo

Tom Brady y Patrick Mahomes, el GOAT y su principal amenaza, se enfrentarán en un mano a mano entre el pasado y el futuro en el que la valentía será un factor determinante.

Es la edad de oro ofensiva del fútbol americano. La temporada regular 2020 concluyó con numerosos registros que edifican la campaña más eficiente y prolífica en la historia: registró los mayores promedios de puntos (24.8), yardas (359), yardas por jugada (5.6), yardas netas por drive (32.9), puntos anotados por drive (2.20), first downs convertidos (21.7), pases completos (23), y la segunda menor cantidad de pérdidas (1.3) según los datos de Pro Football Reference.

Como consecuencia de la eficacia reinante, las 32 franquicias de la NFL redondearon una de las producciones más agresivas de todos los tiempos. Seis de los 16 equipos que convirtieron 16 o más cuartos downs dejaron su marca en 2020: Cincinnati Bengals (19/27, 70.4% de eficacia), Chicago Bears (17/28, 60.7%), Arizona Cardinals (17/25, 68%), Dallas Cowboys (17/31, 54.8%), Indianapolis Colts (17/31, 54.8%) y Las Vegas Raiders (16/21, 76.2%). También se despejaron 3.7 punts por juego, una merma considerable con respecto a los 4.2 por partido de 2019.

La evolución, edificada sobre los mandamientos que se desprenden de los datos y la analítica, es evidente e incontenible. Si en el pasado intentar completar las diez yardas en la cuarta opción era un recurso desesperado con tintes heroicos en escenarios de marcadores adversos y desventajas casi irremontables, hoy esa intención dejó de ser una excepción para convertirse en un recurso cada vez más recurrente.

Despejar o ejecutar un gol de campo en situaciones de pocas yardas tiene cada vez menos sentido en la NFL. El despeje, hace décadas una norma incuestionable, desde campo propio para alejar el peligro de su zona de anotación ya no es una garantía en una liga que disminuyó al mínimo histórico sus pérdidas y maximizó sus réditos por cada jugada en ataque. Los goles de campo cerca de la zona de touchdown también redujeron su impacto: los t

La antológica final entre Tampa Bay Buccaneers y Kansas City Chiefs, una batalla generacional entre Tom Brady y Patrick Mahomes, se disputará después de una postemporada que confirmó la tendencia vigente en la NFL: la valentía, la audacia y la agresividad en situaciones límite son los cimientos sobre los que se construye el éxito. En cambio, ser conservador y timorato suele decantar en su propia espada de Damocles.

Kansas City, con Andy Reid como coach y Mahomes como mariscal de campo, se transformó en un equipo que convirtió sus cuartas chances en rutina. El juggernaut ofensivo que diseñó Reid parte de la certeza de un quarterback de 25 años que ya es una leyenda y tendrá este domingo la oportunidad de agigantar una incipiente carrera que podría desplazar al propio Brady como el jugador más grande de todos los tiempos. Reid juega con ventaja: Mahomes es un mariscal de campo indefendible, capaz de crear pases imposibles y tomar decisiones que únicamente tienen lógica en su mente. Mahomes puede hacer de todo con el balón en sus manos, no importa si lo presionan, si le tapan los receptores o si lo obligan a correr. Con ese handicap que supone la presencia de un talento generacional, un jugador que apuntala con coraje y personalidad sus virtudes físicas y mentales, Reid afianzó una ley inquebrantable: no tiene sentido sacarle la pelota de las manos a Mahomes.

Tony Romo, histórico quarterback de Dallas Cowboys entre 2003 y 2016, actualmente es es el mejor comentarista de la televisión estadounidense gracias a su capacidad de anticipar los movimientos de cada ataque. Sin embargo, hubo una jugada que no pudo predecir. Kansas City vencía a Cleveland Browns por 22-17 en el último cuarto de la ronda divisional pero el futuro no parecía muy alentador: Mahomes había sido descartado del resto del partido por un golpe en la cabeza y Chad Henne, un mariscal prácticamente sin actividad desde 2014 en sus días como líder de Jacksonville Jaguares, estaba disputando los primeros minutos en Playoffs de su carrera.

Con cinco puntos de ventaja, 1:17 en el reloj y en su yarda 48, Reid tenía que tomar una decisión peligrosa: despejar para alejar a la ofensiva de Cleveland y forzarla a recorrer prácticamente todo el campo de juego con menos de un minuto y sin tiempos muertos o jugársela para recorrer la yarda que le faltaba, completar el first down y sellar su triunfo. El riesgo era importante: sin Mahomes, encomendado a Henne, un pase incompleto le daría a Cleveland una posición ideal para remontar.

Pero mientras Romo analizaba un despeje que parecía inevitable, Reid no dudó: puso el balón en juego, Henne conectó un pase de cinco yardas con Tyreek Hill y sentenció el triunfo de su franquicia y su boleto para el duelo frente a Buffalo Bills en la final de la Conferencia Americana. Fue la primera vez en la historia de la NFL en que un equipo ejecutó un pase en una cuarta oportunidad, en su mitad de cancha, liderando el marcador y con menos de 90 segundos. Romo enloqueció: «SÓLO ANDY REID ES CAPAZ DE DISEÑAR UNA FORMACIÓN SHOTGUN EN LA CUARTA Y UNA PULGADA Y LANZA EL BALÓN CON SU MARISCAL DE CAMPO DE RESERVA».

Con Mahomes al mando, Kansas City ya había ensayado la misma jugada, en un escenario similar y con idéntico desenlace, frente a Miami Dolphins en la semana 14. El milagro frente a Cleveland no era una casualidad o un riesgo circunstancial: es la consecuencia de su filosofía. Los Chiefs convirtieron con éxito cuartas situaciones en cuatro de los cinco triunfos consecutivos que Kansas City acumula en la previa del Super Bowl: la única excepción fue frente en la ronda divisional frente a a Houston Texans.

Frente a Los Angeles Chargers, en un juego que se definió en tiempo suplementario, la diferencia fue notoria: los angelinos despejaron desde su yarda 34 en una situación de 4&1 hasta la yarda cinco de Kansas City. En la respuesta, con Mahomes al mando y completando un 4&1 en la yarda 46 de los Chargers, avanzaron hasta asegurarle al pateador Harrison Butker una posición amigable para convertir su gol de campo y sentenciar a los Chargers. Según la cuenta @surrender_index, cuenta de Twitter que analiza las determinaciones en cuartas oportunidades, fue la peor decisión de todo 2020.

Reid, Mahomes y Kansas City incluso recurren a jugar la cuarta oportunidad bien temprano en el partido. En el Super Bowl frente a San Francisco 49ers, en lugar de asegurar tres puntos para igualar el marcador en el primer cuarto, fueron en busca del touchdown en 4&1. También repitieron en el segundo cuarto, ya con ventaja en el marcador.

La reciente postemporada castigó a aquellos entrenadores que adoptaron una postura más cautelosa.

Mike Vrabel, head coach de Tennessee Titans, dispuso de un fourth-and-2 en la yarda 40 de los Baltimore Ravens en la ronda de comodines. Los Titans, que caían por 17-13 a falta de diez minutos para el final, despejaron hasta la yarda 15 de Baltimore con una patada de 25 yardas de Brett Kern. Lamar Jackson tomó el control y los Ravens convirtieron un gol de campo para estirar una ventaja de 20-13 que sería definitiva.

Mike Tomlin, entrenador de Pittsburgh Steelers, también pagó por su timidez: su equipo perdía por 28-0 en la ronda de comodines después de un primer cuarto atroz frente a Cleveland Browns pero decidió despejar desde la yarda 38 del rival en vez de jugarse una cuarta oportunidad. Tomlin repitió el error en un último cuarto en el que ejecutó un punt desde su propias 41 yardas pese a estar cayendo por 35-23: Cleveland recogió el balón, empezó su drive en sus propias 20 yardas y finalizó en la tierra prometida para un nuevo touchdown y la sentencia definitiva de los Steelers.

Sean McDermott, coach de Buffalo Bills, también cayó en la trampa. Justamente fue frente a Kansas City, en el juego de campeonato de la Conferencia Americana. Pese a contar con uno de los mejores jugadores de la temporada regular, McDermott decidió sacarle la pelota de las manos a Josh Allen para convertir goles de campo en situaciones de 4&Goal (a dos y ocho yardas) sobre el cierre del primer tiempo y en el tercer cuarto.

Pero ninguno de ellos sufrió un escrutinio similar al de Matt LaFleur, entrenador de Green Bay Packers. Los Packers perdían por ocho a dos minutos del final del juego de campeonato de la Conferencia Nacional y tenían una oportunidad de empatar el partido en una cuarta chance a ocho yardas de la línea de anotación. Sin embargo, LaFleur decidió sentar nada más y nada menos que a Aaron Rodgers para que Mason Crosby recortara a cinco unidades la diferencia con un gol de campo de 26 yardas. Tom Brady consumió los segundos restantes y Green Bay nunca volvió a tener el balón en una acción que rápidamente se convirtió en viral en las redes sociales, acompañadas de críticas a LaFleur.

Después del juego, y ya consumada la eliminación de los Packers, Rodgers expuso su enojo después de que su entrenador no confiara en el talento del flamante MVP de la temporada 2020. «No fue mi decisión», lanzó Rodgers en la que pudo haber sido la última conferencia de prensa del astro en Green Bay. La decisión de LaFleur, cuyo equipo había completado un 69.2% de éxito en cuartas oportunidades de poco yardaje, conspiró contra las chances de su equipo y le regaló el boleto a Brady para su décimo Super Bowl.

De cara al Super Bowl, teniendo en cuenta el vendaval ofensivo que representa la estructura que lidera Patrick Mahomes que convierte un touchdown en el 34.2% de sus drives, Tampa Bay Buccaneers, Bruce Arians y Tom Brady saben cuál es el único antídoto para intentar derrotar al mejor equipo de la NFL: ser agresivos en todo momento. Fue en la semana 12, cayendo por 17 puntos y con 12 minutos en el reloj, cuando Brady puso el balón en juego en una situación de 4&3 en una zona accesible para intentar un gol de campo. Brady conectó con Mike Evans para recorrer 31 yardas y Tampa Bay recortó la diferencia. Aunque finalmente cayeron por un ajustado 27-24, Arians pudo haber encontrado la fórmula para levantar el trofeo Vince Lombardi: intensificar al máximo su «no risk it, no biscuit».

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