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Patrick Mahomes, en la victoria y en la derrota

Aunque Tampa Bay y Tom Brady se quedaron con el Super Bowl, el mejor mariscal de campo de la NFL registró otra actuación memorable.

La planilla es cruel: Patrick Mahomes completó apenas 26 de sus 49 pases para 270 yardas, fue dos veces interceptado, sufrió tres sacks, un fumble y no completó touchdowns por primera vez en su vida. Fue estadísticamente el peor partido de su carrera, en un Super Bowl que representó un duelo generacional frente al mejor quarterback de todos los tiempos. Tom Brady celebró su séptimo Vince Lombardi, recibió su quinto MVP y defendió su legado frente a su principal amenaza para destronarlo del escalón más alto del Olimpo NFL.

Tampa Bay Buccaneers demolió a Kansas City Chiefs en una actuación inexpugnable de su línea defensiva para domar al equipo más brillante de la mejor era ofensiva de la historia. La diferencia de 22 puntos fue exigua para la superioridad implacable que edificaron desde la pizarra el head coach Bruce Arians y el coordinador defensivo Todd Bowles, una ventaja forjada durante los primeros tres cuartos. Pese a las tres o cuatro posesiones de distancia, dependiendo de sus decisiones después de un hipotético touchdown, nadie se animaba a sentenciar a Kansas City tras su remontada de diez puntos en los últimos seis minutos frente a San Francisco 49ers en la anterior definición.

Es que durante sus tres años como mariscal de campo titular, un período en el que alcanzó una final de conferencia y dos Super Bowl, Mahomes se consolidó como una fuerza inevitable. No importaba la estrategia defensiva, el rival, el escenario ni el marcador porque tarde o temprano, más temprano que tarde, el genio ofensivo iba a descifrar la fórmula triunfal: hasta el duelo en Tampa había ganado 25 de sus últimos 26 juegos. Pero Brady desarmó a su heredero y le robó las gemas del infinito para consumar el séptimo chasquido de su carrera. Yo soy Tom Brady, le recordó, y se quedó con la victoria en el pulso entre pasado y futuro.

La derrota a manos de Brady, la segunda en sus dos cruces de postemporada, podría cobrar un peso específico en un futuro debate, antes de bar y hoy de redes sociales, sobre la caprichosa, absurda e incesante búsqueda del GOAT, del Greatest Of All Time, del mejor de todos los tiempos. Desde el último domingo, Brady siempre gozará del handicap que supone haberse quedado con el trofeo en su -por ahora- único frente a frente en un Super Bowl.

Brady fue galardonado como el jugador más valioso para completar una narrativa perfecta: la apoteosis del héroe. Subestimado por la franquicia con la que construyó una de las dinastías más impresionantes del deporte estadounidense, a sus 43 años abandonó la comodidad de New England Patriots para mudarse a unos Buccaneers sin Playoffs desde 2007. Tras su aterrizaje en Tampa Bay, sedujo a Rob Gronkowski para que abandonara su retiro y se reunieran en la sociedad más prolífica de la historia de la postemporada, convenció al head coach Bruce Arians de incorporar a Antonio Brown y fue la mente detrás de la contratación de Leonard Fournette. Los tres se repartieron los cuatro touchdowns que anotaron los Bucs bajo el mando de un TB12 que en apenas cinco meses asimiló el sistema de Arians y fue campeón mientras Bill Belichick observaba la última hazaña del mito por televisión después de once años ininterrumpidos en Playoffs.

Brady completó 21 de sus 29 pases, recorrió 201 yardas por aire y sirvió tres TD. Sin rubricar un partido espectacular, la leyenda interpretó su rol y no evidenció fisuras. El galardón Pete Rozelle, así mencionado en honor al comisionado de la liga entre 1960 y 1989, fue a manos del quarterback primero por su renombre, después por su jerarquía y finalmente por su actuación en una receta sazonada con el marketing de siempre. No se trata de restarle méritos a Brady, pero los linieros defensivos sembraron múltiples argumentos para quedarse con el premio.

El linebacker Chuck Howley integró el plantel de Dallas Cowboys en la derrota de un quinto Super Bowl que pasó a la historia: Howley fue el único perdedor en ser elegido MVP. En la edición 55, con Brady ya campeón, No hubiera sido descabellado anunciar a Mahomes como el jugador más valioso de la noche. El joven mariscal de campo, quien cumplirá apenas 26 años el próximo 17 de septiembre, sostuvo en soledad la resistencia de Kansas City y obró varios milagros en un escenario absolutamente distópico. Fue una lucha inclaudicable, hasta el último halo de esperanza, de un único hombre. Después de felicitar al vencedor, Mahomes se marchó con la mirada perdida y sin fuerzas tras agotar todas sus reservas: «Obviamente no jugué como quería. Todo lo que puedes hacer es dejar todo lo que tengas en la cancha, y siento que los chicos lo hicieron. Batallamos hasta el final. Eso es lo que podemos decir. Quiero decir, no jugamos un gran partido, pero batallamos».

Mahomes usa el plural como mandamiento innegociable en el manual del líder pero lo cierto es que el único símbolo de batalla en una guerra de trincheras desigual fue su monólogo. Pat redondeó una de las actuaciones individuales más impresionantes en la historia del Super Bowl. Fue una guerra de trincheras desigual, Mahomes contra el esquema diseñado por Bowles, Mahomes contra la acumulación de errores de sus compañeros, Mahomes contra los castigos y hasta contra algún cobro desmedido de los árbitros.

Todd Bowles fue despedido por New York Jets tras cuatro años decepcionantes como head coach. Meses más tarde, Bruce Arians le ofreció reunirse en Tampa Bay como coordinador defensivo tras su prolífica etapa juntos en Arizona Cardinals. Asistente del año en 2014, planteó un pass rush incesante, sin sufrir desajustes en las coberturas, que la diezmada línea ofensiva de Kansas City no pudo resolver. La rotura del Aquiles que sufrió el tackle izquierdo Eric Fisher fue la sentencia de defunción de Kansas tras las bajas ya anunciadas de Mitchell Schwartz -lesionado en la espalda en la séptima semana-, Kelechi Osemele -rotura de tendones en ambas rodillas- y Laurent Duvernay-Tardiff -graduado en medicina, eligió no jugar para combatir el coronavirus-.

Sin Fisher, Schwartz, Osmele ni Duvernay-Tardiff, Reid y el coordinador Eric Bieniemy se vieron forzados a alinear una formación inédita sin sus dos tackleadores titulares para proteger a su quarterback. El resultado fue catastrófico: Mahomes fue el mariscal de campo más presionado en la historia del Super Bowl con 29 presiones. Indefenso, con el pocket permanente colapsado y sin tiempo para ejecutar, fue una presa desesperada escapándose constantemente de sus cazadores.

La diferencia entre las líneas ofensivas fue abismal en favor de unos Bucs que le aseguraron tiempo y espacio para que un Brady sumamente custodiado lanzara con comodidad en un contexto inmejorable para el GOAT. En contraste con Mahomes, TB12 fue apenas presionado en cinco ocasiones, la menor cifra de la historia del Super Bowl. Más allá de las falencias también de una defensiva deslucida, Arians y Byron Leftwich trazaron un plan de pases cortos y rápidos para desbaratar la presión de Steve Spagnuolo, bestia negra de Brady como coordinador defensivo de New York Giants en el SB XLII.

Mientras Brady promedió 2.27 segundos por lanzamiento, Mahomes mantuvo el balón en sus manos durante 3.47 segundos en un incremento notable respecto a sus 2.86 segundos que registró en la temporada regular. Su retención del balón se complementa con las 497 yardas que corrió desde que recibió el balón hasta que lo lanzó o fue capturado, una cifra récord en la historia del Super Bowl. ¿Cuánto debió correr Brady en la misma situación? 37 yardas.

No fue un capricho de Mahomes. Forzado por la presión, corrió por su vida para extender cada jugada hasta límites insospechados ante el asedio de los linieros defensivos Shaq Barrett, Ndamukong Suh, Jason Pierre-Paul y Vita Vea. Barrett bien podría haberse quedado con el MVP como emblema de un entramado defensivo que ya había brillado en el juego de campeonato frente a Green Bay Packers y Aaron Rodgers y que quince días después fue capaz de borrar tanto a Travis Kelce como a Tyreek Hill.

Aún pese a la incomodidad, Mahomes fue capaz de lanzar numerosos pases que podrían haber cambiado el desenlace. En el primer cuarto, con el marcador igualado y después de desairar a Devin White, lanzó un pase que se le escurrió de entre las manos a Hill. En la cuarta oportunidad, Harrison Butker anotó un gol de campo de 49 yardas.

En el segundo cuarto, en una 3&8, Mahomes volvió a encontrar resquicios imposibles para buscar el first down con un pase a las manos de Travis Kelce, quien increíblemente dejó caer el balón cuando debería haberlo capturado con facilidad.

En la cuarta chance, Kansas City despejó para alejar el peligro de su zona de touchdown. Fue otra pulseada ganada por Tampa Bay, que forzó a Reid a abandonar su característica agresividad para recurrir a Tommy Townsend en tres oportunidades, dos más que en sus primeros dos juegos de postemporada. Con nueve minutos en el reloj de la primera mitad y su equipo cayendo por 7-3, Townsend fue obligado a repetir un buen despeje por un castigo: su patada apenas alcanzó su propia yarda 40 y Tampa Bay respondió con otro touchdown.

El cierre del segundo cuarto fue una pesadilla para Kansas City, con Mahomes observando la debacle desde un costado. 3&4 en la yarda 32 de Kansas, Brady lanza, Tyrann Mathieu consigue la intercepción tras una carambola y festeja su proeza pero un pañuelo amarillo interrumpe su alegría: holding sobre Charvarius Ward y 1&10 gratis para Tampa Bay. Posición de privilegio para Brady en territorio enemigo, Fournette corre una yarda, Brady lo encuentra con pase corto para otras cuatro e intenta un pase incompleto a Tyler Johnson.

En la cuarta, Arians decide apostar por lo seguro y envía otra vez a Ryan Succop para convertir un gol de campo que finalmente anota pero vuela otro pañuelo: offside de Mecole Hardman, cinco yardas de penalización y otro 1&10. Ante la tercera oportunidad regalada por la defensa, Brady no perdonó: ejecutó un pase profundo que encontró a Gronkowski en la zona roja. De 10-3 a 14-3 en un drive gracias a dos castigos evitables de Kansas City.

En el siguiente drive de Tampa Bay, después de que Butker acortara la diferencia con un gol de campo de 34 yardas, las infracciones de un Kansas City desencajado y dos inexplicables tiempos muertos pedidos por el propio Andy Reid le sirvieron en bandeja una nueva oportunidad de touchdown a Tom Brady. Una interferencia defensiva de Bashaud Breeland le costó una penalidad de 34 yardas y otra interferencia de Mathieu puso a los Bucs a una yarda del TD. Brady no falló: conectó con Antonio Brown en la tierra prometida y los Buccaneers se marcharon al entretiempo con un inesperado 21-6 gentileza de una cifra inédita de ocho castigos en un mismo cuarto, una ventaja suficiente para disfrutar del fabuloso show de medio tiempo de The Weeknd.

Kansas esbozó una reacción a partir de su agresividad inicial pero fue un espejismo. Con el reloj como enemigo, el cuarto touchdown de Tampa Bay sentenció el partido para todos salvo para Mahomes. Graduado de escapista profesional, el cuarto parcial tuvo sentido únicamente por el unipersonal que montó sobre el césped del Raymond James Stadium. Herido en su orgullo -y en su pie por una lesión que lo obligó a operarse y demandará una recuperación de al menos seis semanas-, Mahomes sacó a relucir su insondable arsenal de recursos para mantener con vida a un Kansas City en coma.

En un Super Bowl deslucido, Mahomes dejó un par de reliquias durante el último cuarto que con el tiempo se convertirán en el símbolo máximo del capítulo LV: en una charla de café dentro de veinte años recordaremos su mágica resiliencia no solo por su rebeldía y renuencia ante la presión, sino por su increíble capacidad para lanzar en posiciones heterodoxas e incómodas con una precisión imposible. En su primer gran truco, Mahomes corrió diez segundos para escaparse de la presión, consiguió mantenerse en pie tras haber sido capturado gracias a un giro sobre su propio eje y antes de caer consiguió deshacerse del balón con un teledirigido que estuvo a centímetros de encontrar a Byron Pringle dentro de la zona de touchdown.

En la jugada siguiente, redobló la apuesta en una cuarta oportunidad que representaba su última chance para soñar con otra remontada agónica. Mientras buscaba oxígeno para sobrevivir y espacios para lanzar, William Gholston alcanzó a tocarle el pie izquierdo en un intento desesperado para derribarlo y su esfuerzo consiguió su objetivo: Gholston lo desestabilizó pero Mahomes, cayéndose y volando al mismo tiempo, concretó su enésima improvisación e igual fue capaz de lanzar y ponerle el balón en las manos a Hill a una yarda de la zona roja. Esa jugada resumió el partido: con sus socios desaparecidos, ni los milagros de Mahomes rescatarían a Kansas City.

Mientras tanto, en el banco de Tampa Bay sus víctimas devenidas en verdugos para la ocasión se rendían a sus pies. Michael Lynn Evans, captado por las cámaras de la NFL, sintetizó la incredulidad general que Patrick Mahomes despierta, gane o pierda, cada vez que sale a la cancha: «¿Cómo hizo eso? No tengo idea. Corrió casi por 18 segundos. Mahomes es increíble. Hermano, es un mago. No se cómo lo hace«. Bienvenidos a un nuevo misterio de la humanidad.

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