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Lo que no vemos: ¿boicot a Qatar 2022?

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Finalizada su etapa como uno de los pilares del mejor Barcelona de la historia, Xavi Hernández se mudó a Qatar para clausurar sus días como jugador y atravesar su primera experiencia como entrenador, siempre en el Al Saad propiedad del emir qatarí Mohammed bin Hamad. En medio de su transmutación, también se convirtió en embajador del Mundial de 2022 y en uno de los principales defensores del país árabe: “No vivo en un país democrático, pero creo que el sistema aquí funciona mejor que el de España. En Qatar la gente es feliz”.

Zahir Belounis discrepa con Xavi. El delantero franco-argelino buceó por las categorías de ascenso del fútbol francés antes de mudarse en 2007 a Doha para vestir la camiseta de El Jaish, el puntapié inicial de su pesadilla. Durante el insoportable verano de 2011 fue cedido a préstamo al Al-Markhiya pero en noviembre de ese mismo año decidieron dejar de pagarle su sueldo. Belounis no cobraba, no jugaba y no lo dejaban salir del país: para otorgarle su libertad pretendían forzarlo a firmar un documento en donde renunciara al dinero adeudado.

Entre junio de 2012 y noviembre de 2013 Belounis no pudo salir de Qatar bajo los lineamientos del sistema kafala, un modelo de esclavitud moderna que obliga a cada trabajador migrante a conseguir una autorización de su empleador para poder abandonar Qatar incluso una vez que su vínculo laboral hubiera expirado. En juicio laboral por sus sueldos impagos, sobreviviendo junto a su esposa y sus dos hijas sin ningún ingreso más que sus ahorros, Belounis pensó primero en escaparse y después en suicidarse.

Desesperado, el 14 de noviembre de 2013 publicó una carta en The Guardian con Zinedine Zidane y Pep Guardiola, embajadores del Mundial de Qatar 2022, como destinatarios: “Antes de estos problemas, yo era un hombre feliz en Doha. Pero he estado viviendo una pesadilla por muchos meses por el kafala. El sistema me está matando lentamente y hay muchos otros que tienen el riesgo de sufrir de la misma manera. Les pido que usen su influencia como embajadores del fútbol para hablar de lo que me está pasando y de lo que le pasa a otros hombres jóvenes en Qatar. Se está manteniendo a la gente lejos de sus países debido al sistema de visados de salida. Este sistema no debería existir y necesitamos que gente como ustedes, que ama el deporte y su [buena] imagen, haga oír su voz”.

Ni Zidane ni Guardiola, quien en pleno auge del movimiento Black Lives Matter declaró que el pueblo blanco debería pedir perdón por su trato a las personas de color, se expresaron públicamente. FIFPRO, la organización internacional que defiende los derechos de los futbolistas, se involucró en una campaña que finalmente impulsó la liberación de un emocionado Belounis que se reencontró con sus padres ante una decena de cámaras en el aeropuerto de París-Charles de Gaulle: “No había hecho nada malo, no rompí ninguna ley ni cometí ningún crimen. Solo era un hombre que dijo que no, que quería ser respetado, un hombre al que trataron de romper”. 

Pero miles de trabajadores migrantes no corrieron, no corren, la misma suerte de Belounis. The Guardian publicó el último 23 de febrero una actualización de las denuncias que Amnistía Internacional efectúa desde hace años casi sin repercusión a nivel mundial: 6.750 trabajadores migrantes involucrados en la construcción de los estadios e instalaciones para el Mundial fallecieron en Qatar desde el 2 de diciembre de 2010 hasta la fecha.

En aquella tarde de Zürich, Qatar le ganó el pulso a Estados Unidos y se convirtió en la sede de la Copa del Mundo de 2022 en una elección que simbolizó el principio del fin. Fue el prólogo del FIFA Gate, de las denuncias por corrupción que eyectaron a Joseph Blatter del sillón presidencial e incluso desembocaron en la detención de Michel Platini, por entonces máximo mandatario de la UEFA.

En mayo de 2015, fiscales suizos impulsaron una investigación sobre corrupción y lavado de dinero en torno a las adjudicaciones de los Mundiales de 2018 y 2022: Mohamed bin Hamman, el Grondona qatarí hasta 2011, habría destinado 3.6 millones de dólares para convencer a 30 miembros de FIFA de elegir a su país como sede de 2022.

En honor a Don Julio, todo pasó y Qatar celebrará entre el 21 de noviembre y 18 de diciembre de 2022 el mayor evento futbolístico del planeta después de uno de los planes de construcción más ambiciosos de la historia: además del remodelado Estadio Internacional Khalifa, otros siete estadios fueron construidos desde sus cimientos, se edificó la nueva ciudad de Lusail que hospedará el partido inaugural y la final e incluso se erigieron hoteles, transportes públicos, rutas y un aeropuerto gracias a la mano de obra de dos millones de trabajadores migrantes.

La cifra de fallecidos, que podría ser aún mayor ante el oscurantismo reinante en Qatar y la falta de datos oficiales de países como Filipinas y Kenia, corresponde a migrantes de India, Bangladesh, Nepal, Sri Lanka y Pakistán que según Amnistía Internacional desembolsan entre 500 y 4.300 dólares como comisiones a agencias de contratación en sus respectivos países para conseguir un trabajo en Qatar. 

The Guardian recopiló algunas de las historias detrás de las cifras. Madhu Bollapally había abandonado la India en 2013 rumbo a su sueño qatarí pero seis años después fue encontrado muerto en su habitación: su familia, que asegura que no tenía ningún problema en el corazón, apenas recibió 1.120 libra durante ese lustro. Mohammad Shahid Miah, de Bangladesh, abonó 3.500 libras -una deuda que hoy afronta su familia- en 2017 para aterrizar en Qatar y falleció en septiembre de 2020 al electrocutarse en su lugar de trabajo. El nepalí Ghal Singh Rai, de apenas 20 años, consiguió un puesto como conserje en un campamento para trabajadores pero se suicidó una semana después.

Los casos se replican con similares denominadores comunes:condiciones de hacinamiento, falta de higiene y seguridad, mentiras y retrasos sobre sus salarios, amenazas y una esclavitud moderna en la que -como Belounis- no pueden salir del país ni cambiar de trabajo y un escenario hasta en el que sus propios empleadores les secuestran sus pasaportes.

Si bien Qatar ha introducido una serie de reformas a partir del acuerdo que su gobierno firmó con la Organización Internacional del Trabajo con los objetivos de abolir el sistema de patrocinio laboral y alinear sus leyes con las normas laborales internacionales. Sin embargo, para Amnistía Internacional resulta insuficiente: “Las reformas positivas se han visto menoscabadas con demasiada frecuencia por una débil aplicación y la falta de determinación para hacer rendir cuentas a los empleadores que cometen abusos contra los derechos humanos. Los sistemas de inspección no son suficientes para detectar estos abusos, y los trabajadores y trabajadoras siguen encontrando obstáculos para presentar denuncias sin poner en peligro sus ingresos y su condición jurídica. Qatar debe hacer mucho más para garantizar que la legislación tenga repercusiones tangibles en la vida de la gente”. Uno de los casos más emblemáticos es el de los escalofriantes abusos relatados por trabajadoras domésticas que alcanzan jornadas laborales de casi 16 horas.

Amén de las denuncias de Amnistía Internacional y de los artículos de The Guardian, las muertes en Qatar han pasado prácticamente desapercibidas en los medios y especialmente en un fútbol que no se ha hecho eco de las polémicas en torno al próximo Mundial. Es que el fútbol pareciera adoptar a gran escala las causas sociales solo cuando ya no son incómodas, cuando el riesgo de expresarse es mínimo, cuando no hay nada que perder ni sacrificar, cuando ya es tarde.

Hombres como Muhammad Ali, Colin Kaepernick o LeBron James lamentablemente son excepciones en el mundo del deporte y no son un denominador común en un fútbol que elige principalmente el silencio más allá de las valiosas acciones solidarias de jugadores como Marcus Rashford o Juan Mata. Zlatan Ibrahimovic, por caso, mantiene una contienda dialéctica con James después de haber criticado su accionar político: “Es fenomenal en lo que está haciendo pero no me gusta cuando la gente que tiene algún tipo de estatus va y hace política al mismo tiempo. Hacé lo que se te da bien. Tu profesión. Juego al fútbol porque soy el mejor jugando al fútbol. No hago política. Si fuera un político, haría política. Ese es el primer gran error que cometen las personas cuando se vuelven famosas y adquieren un cierto estatus. Manténganse al margen. Simplemente hagan lo que mejor saben hacer porque no se ve bien el resto”.

Pero en Noruega decidieron no escuchar a su vecino Zlatan y sentaron la piedra basal de una potencial revolución. El levantamiento, como no podía ser de otra manera, germinó en un grupo de hinchas indignados.

El último recuerdo de la Selección noruega en un Mundial se remonta a la Copa del Mundo de Francia 1998, la tercera participación de su historia. Aunque fueron eliminados por Italia en los octavos de final, aquel combinado dirigido por el mito local Egil Olsen fue capaz de vencer al Brasil campeón defensor -y posterior subcampeón- por 2-1 en la última fecha del Grupo A gracias a los goles agónicos de Tore André Flo y Kjetil Rekdal que le permitieron remontar tras el gol inicial de Bebeto. La generación dorada sucumbió ante el tanto de Christian Vieri en su última noche mundialista antes de atravesar más de dos décadas de ostracismo a nivel continental: apenas cayó en un repechaje mundialista frente a República Checa de cara a Alemania 2006 y desde 2000 que no participa de una Eurocopa. La última decepción fue la caída frente a Serbia por 2-1 en tiempo suplementario en los Playoffs para el certamen postergado que se celebrará a mitad de año.

La clasificación rumbo a Qatar 2022 representa una nueva ilusión gracias a una camada ilusionante con el fenómeno Erling Haaland (Borussia Dortmund) y Martin Ødegaard (Arsenal) como emblemas apuntalados por Sander Berge (Sheffield United), Joshua King (Everton), Morten Thorsby (Sampdoria) y Alexander Sørloth (RB Leipzig). El optimismo lo atizó el Molde, club dirigido en el pasado por Ole Gunnar Solskjær y paso previo de Haaland antes de desembarcar en el Red Bull Salzburg austríaco, que en los 16vos de Europa League eliminó al Hoffenheim alemán con un memorable triunfo a domicilio. Noruega competirá con Países Bajos, Turquía, Montenegro, Gibraltar y Letonia en el Grupo G de las Eliminatorias de la UEFA. El próximo 24 de marzo, Noruega hará su debut frente a Gibraltar como visitante mientras sus hinchas impulsan un boicot a la Copa del Mundo de Qatar.

Håvard Melnæs, editor del medio Josimar, explica desde Noruega el fenómeno: “Los hinchas noruegos llevan bastante tiempo hablando de Qatar, pero dos hechos sucedieron en febrero que aceleraron las cosas. Socios de todos los clubes formaron un sindicato llamado Vår fotball (nuestro fútbol) cuyo principal objetivo es salvar al fútbol moderno del lavado de dinero”.

Vår fotball nació con la intención de causar un efecto dominó: su idea es influenciar a sus clubes, que posteriormente podrán causar un impacto en la Federación Noruega de Fútbol y así desdibujar fronteras para divulgar a escala internacional su movimiento para que en cada país los hinchas sean capaces de provocar un efecto similar en los federaciones y finalmente alcanzar primero a la UEFA y después a la propia FIFA.

Melnæs considera que el artículo publicado por The Guardian fue el segundo impulso para intensificar la acción de Vår fotball: “El artículo de The Guardian tuvo mucha repercusión en las redes sociales aquí en Noruega y pronto lo siguieron los medios de comunicación. A raíz de los artículos y los debates en la televisión y la radio, el club de primera división Tromsø IL anunció que instaría a la Federación Noruega a boicotear Qatar 2022. Y pronto más clubes se unieron al Tromsø IL, y hasta ahora cinco clubes de primera división se han unido al movimiento de boicot y se espera que más clubes sigan su ejemplo”.

Tromsø IL fue pionero con un artero comunicado que destaca las cifras trágicas publicadas por The Guardian: “No podemos seguir sentados viendo morir a la gente en nombre del fútbol. El fútbol no puede controlar la política y los asuntos internos de todas las naciones. Pero lo que sí podemos hacer es establecer requisitos claros para los torneos de fútbol que organizamos nosotros mismos. Tromsø IL instará a la Asociación Noruega de Fútbol a apoyar el boicot a la Copa del Mundo 2022. Creemos que si Noruega se clasifica a través de la próxima clasificación, deberíamos negarnos a viajar a Qatar. Tromsø IL tampoco participará en la promoción de la WC 2022 en nuestras plataformas de comunicación”.

Strømsgodset, Viking, Odds Ballklubb y Brann se sumaron al Tromsø IL, un auge que Melnæs considera real y sostenible en el tiempo: “El artículo de The Guardian fue el punto de partida. Si a eso le sumamos una Federación de Fútbol que, a ojos de los aficionados, no ha hecho nada para presionar a la FIFA sobre el terrible historial de derechos humanos de Qatar, el movimiento de base es cada vez mayor. Creo que el movimiento está ganando tanto impulso que la Federación Noruega podría verse obligada a boicotear Qatar 2022. La Asamblea General Anual de la Federación Noruega de Fútbol se celebrará el próximo 14 de marzo, y puede que esto ocurra entonces. Me imagino a Noruega boicoteando la Copa del Mundo, a pesar de los esfuerzos de la FA por no hacerlo. La confianza del público en la Federación es muy baja”.

Si la iniciativa noruega se extenderá más allá de sus fronteras es una incógnita que únicamente el tiempo podrá develar. Sobre el cierre de este boletín, el Rosenborg decidió en su reunión anual que el club apoyará activamente el boicot en la Asamblea General. El club más grande, poderoso y campeón de su país realizó una votación entre sus miembros que finalizó con un resultado abrumador: 202 de los 248 integrantes votaron a favor del sabotaje en una clara derrota para la junta que había anticipado que no estarían de acuerdo con ausentarse de Qatar 2022.

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