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Len Bias, Jordan y la cocaína

Después de una noche de excesos, el cuerpo de más de dos metros y casi cien kilos, vestido con una remera azul de Reebok, permanecía inerte sobre el piso de la habitación 1103 del campus de la Universidad de Maryland. Eran las 6.32 de la mañana del 19 de junio de 1986 cuando un joven estupefacto marcó al 911 con desesperación. 

“Es una emergencia. Es Len Bias. Es Len Bias, necesita ayuda. Es Len Bias”, repetía una voz umbría. La insistencia del joven Brian Tribble desesperó al operador: «Bueno, no importa cuál es su nombre, ¿cuál es el problema»

“Es Len Bias. Tienen que revivirlo. No hay forma de que pueda morir. En serio, señor. Por favor, venga rápido», repetía Tribble mientras en la conversación se filtraban los intentos desesperados por reanimar al prodigio físico de 22 años que seguía sin reaccionar. 

La reiteración del nombre propio tenía una explicación: dos días antes, en Nueva York, había sido uno de los protagonistas de la noche Draft de la NBA. Después de que Brad Daugherty fuera elegido por Cleveland Cavaliers con la primera selección, el difunto David Stern subió nuevamente al escenario y pronunció: «Con la segunda selección, los Boston Celtics eligen a Len Bias de la Universidad de Maryland».

Con un impoluto traje blanco interrumpido por una corbata negra, Bias se levantó de su mesa, encaró hacia el estrado, recibió una gorra verde de Boston, subió las escaleras, estrechó la mano del comisionado de la liga, posó para las fotos de rigor y confesó en la transmisión televisiva: “Es un sueño hecho realidad”

Del otro lado escuchaba un emocionado Red Auerbach, presidente de la franquicia más laureada de la historia: “Larry Bird nos había prometido que si elegíamos a Len Bias iría a entrenar al campamento de novatos. Era el jugador que queríamos y lo tenemos”. Jimmy Rodgers, entrenador asistente, también expuso su optimismo: «Sentimos que Bias nos puede hacer un mejor equipo que el año pasado, y eso es mucho decir»

Boston era por entonces el mejor equipo del mundo, vigente campeón después de haber vencido a Houston Rockets en la temporada 1985-1986 con Larry Bird como MVP de la temporada regular y de las finales. Aquel formidable plantel entrenado por K.C. Jones estaba liderado por el Big Three conformado por Bird, Kevin McHale y Robert Parish y apuntalado con la presencia de Danny Ainge, Dennis Johnson y Bill Walton, entre otros. 

Flamante campeón, siete días después Boston eligió con el segundo puesto del Draft producto de un traspaso ejecutado en 1984: los Celtics habían enviado a Gerald Henderson y una compensación económica a Seattle SuperSonics a cambio del pick del Draft 1986. La campaña de la extinta franquicia determinó que aquella selección fuera la segunda de la noche neoyorquina. 

La elección de Bias era lógica e impostergable. Boston necesitaba rejuvenecer a una zona pintada envejecida con Parish y Walton como alternativas. Bias era una estrella universitaria: dos veces galardonado como el jugador del año de la conferencia de la Costa Atlántica, en el último de sus cuatro años en Maryland promedió 23.2 puntos y 7 rebotes en 37 minutos. 

Ed Badger, ojeador de Boston, fue contundente: “Es lo más cercano a Michael Jordan que ha surgido en mucho tiempo”. Mike Krzyzewski, histórico entrenador de la Universidad de Duke desde 1980 y de la Selección de Estados Unidos entre 2006 y 2016, analizó: “En mis 20 años como entrenador solo he visto a dos jugadores que de verdad me impresionaron: Michael Jordan y Len Bias”. 

MJ había sido elegido en la tercera posición del Draft 1984. El impacto de Su Majestad en la NBA fue inmediato y desde la campaña 1984-85 empezó a construir su legado como el mejor jugador de todos los tiempos. Antes, consagrado como figura de la Universidad de North Carolina, se había enfrentado a Bias en 1984. 

Después de una batalla entre dos talentos generacionales, North Carolina se impuso por 74-62. Bias se había lucido durante la primera mitad con 16 de sus 24 puntos. Jordan, escoltado por Sam Perkins durante su último año universitario, redondeó otra actuación descollante con 21 unidades y 12 rebotes, siete en ataque. Los Tar Heels de Jordan, campeones en 1982 frente a la Universidad de Georgetown de Patrick Ewing, eran nuevamente el mejor equipo del sistema universitario. 

Dos años después, Bias se tomó revancha e inmortalizó una de sus jugadas icónicas en el triunfo en tiempo suplementario de Maryland por 77-72. En una de sus últimas grandes noches, el 21 de febrero de 1986 anotó 35 puntos y dejó para el recuerdo la siguiente secuencia: robó tras reposición y la volcó de espaldas al aro para sentenciar el trámite. 

Lefty Driesell, entrenador de Maryland, fue contundente después de aquella actuación: «Si Bias no es el mejor jugador del mundo en este momento, no se quién lo es». Driesell tenía un vínculo cercano a Auerbach, quien durante tres años sedujo a Bias para convencerlo de mudarse a Boston en su etapa NBA. «¿Conocen los seguros de vida? Bueno, Bias es un seguro de vida», advirtió el legendario presidente de los Celtics. 

Consumada su elección, Bias salió del Madison Square Garden junto a su padre James y su agente Bill Shelton para empezar una travesía con final triste. La primera parada fue en Boston, donde se presentó ante la franquicia y visitó las oficinas de Reebok donde rubricó un contrato de cinco años a cambio de 1.6 millones de dólares. Si Jordan era el emblema de Nike con sus exclusivas Air Jordan y Larry Bird usaba Converse, Bias era la apuesta de la marca estadounidense para posicionarse en el mercado. 

Consumados sus primeros movimientos como jugador NBA, aterrizó en el Aeropuerto Nacional de Washington a las diez de la noche del 18 de junio y volvió a su casa de Maryland como si fuese un alter ego de Papá Noel: regresó con decenas de zapatillas, remeras y gorras de Reebok y de los Celtics para sus hermanos Jay, Eric y Michelle. 

Rodeado de su familia, celebró con ellos hasta que a las 23.30 decidió marcharse al campus para festejar con sus amigos. Sus padres, Lonise y James, estaban preocupados por Frosty“Algo me impedía celebrar”, recordó su madre en el documental Without Bias. “Tené cuidado con quién estás, tené cuidado con lo que hacés”, advirtió James. 

Con una bolsa de zapatillas de su flamante sponsor que más tarde repartiría entre sus compañeros, Bias viajó hasta el campus de la Universidad de Maryland, ahí donde había brillado semanas atrás y comenzó una fiesta con desenlace fatal. Se encontró con sus colegas e incluso con su novia, la periodista Madelyne Woods. Cansado de la presión y de las preguntas de sus compañeros, a las dos de la mañana desapareció con destino incierto a bordo de su nuevo Nissan 300ZX. 

Si bien sus amigos imaginaban que Bias se dirigía a su cita, levantó el teléfono y llamó a Brian Tribble: “Estoy yendo a tu departamento. Dejame entrar”. Tribble había sido parte de la misma universidad, donde había consolidado su relación con Bias, y soñaba con jugar en la NBA hasta que un accidente en moto interrumpió abruptamente sus ilusiones. 

Bias y Tribble volvieron al campus cerca de las 2.30 de la mañana con múltiples botellas de alcohol: “¡Despierten, carajo. Vamos a celebrar!”, le gritó a sus compañeros Terry Long y David Gregg. Los cuatro montaron los festejos en el cuarto de Bias, una rutina recurrente con un menú más agresivo que la cerveza: también consumían cocaína. Durante más de tres horas, los cuatro aspiraron cocaína, esparcida sobre un pequeño espejo, con sorbetes de McDonalds que la novia de Long solía guardar. 

Cerca de las 3.15, Tribble se tambaleó cuando intentó ir al baño. “Estamos jodidos”, dijo uno de los cuatro pero Bias respondió: «Estoy perfecto. Soy fuerte. Soy un caballo».  La cocaína se había convertido en costumbre para Bias. Long recordó tiempo más tarde que fue el propio Bias quien lo introdujo a la droga en 1984 y que consumieron juntos entre 7 y 10 oportunidades. 

Tres horas después, Bias fue quien intentó ir al baño pero se mareó, se volvió a sentar sobre la cama, se recostó y su cuerpo empezó a dar saltos descontrolados sobre el colchón. Sus tres amigos se convencieron de que Bias estaba convulsionando y decidieron auxiliarlo para evitar que se ahogara o se mordiera su lengua. Consiguieron frenarlo por un momento pero las convulsiones comenzaron nuevamente. Mientras Long y Gregg intentaban controlarlo, Tribble llamó a su madre para consultarle sobre cómo proceder dado que mamá Loretta tenía experiencia con su hermana epiléptica.

Las agujas del reloj marcaron las 6.32 de la mañana del 19 de junio cuando Tribble llamó a los paramédicos. Con la ambulancia de camino al campus, Gregg se llevó el espejo y los restos de cocaína a otro cuarto.

Cuatro minutos después, a las 6.36, los médicos ingresaron al cuarto 1103 de la Universidad de Maryland. Bias no tenía pulso, las maniobras de reanimación pulmonar no funcionaban y decidieron trasladarlo al Leland Memorial Hospital. Mientras, Lonise se despertaba con la mala noticia: “Sonó el teléfono. Recuerdo abrir los ojos y la habitación estaba iluminada con el brillo de la mañana. Yo venía teniendo premoniciones en forma de sueños desde hace seis meses”, recordó en el 30 for 30 de ESPN. 

El Dr. Edward Wilson, jefe de emergencia del nosocomio, le inyectó cinco drogas en busca del milagro: epinefrina, bicarbonato de sodio, lidocaína, calcio y bretilina. También intentaron sin éxito la terapia electroconvulsiva e incluso se barajó la posibilidad de un trasplante de corazón. 

Nada funcionó: Leonard Kevin Bias fue declarado oficialmente muerto a las 8.55 de la mañana del 19 de junio de 1986. Aunque la primera autopsia no pudo -o no quiso- identificar las causas de su deceso, el análisis de su orina encontró rastros de cocaína. La causa de su fallecimiento fue una arritmia a causa de una sobredosis. 

La familia Bias empezó a recibir coronas en su casa: Michael Jordan, Larry Bird y hasta el presidente Ronald Reagan enviaron sus condolencias en forma de flores. “Fue ahí cuando me di cuenta la dimensión que había alcanzado Len”; rememoraba su madre. En 1990 la tragedia volvería a golpear a su familia: Jay, de 20 años, fue acribillado. Declarado muerto en el mismo hospital que Len, fue enterrado a su lado. Papá James y mamá Lonise se convirtieron en referentes de la lucha contra el uso de armas y de drogas en honor a sus dos hijos.

Cuatro días después, en el Cole Field House de Maryland donde había brillado, se reunieron 11 mil personas para despedir al héroe de la ciudad que nunca alcanzó a utilizar la camiseta número 30 que Boston le había reservado. Jan Volk, GM de los Celtics, aseguró que no se habían dado cuenta de su vicio: “No vimos evidencia de drogas, aunque es honesto decir que en esa época no se conocía la magnitud de sus riesgos”. 

Pese a la tristeza, Boston volvió a alcanzar las finales de la NBA en 1986-87: cayó frente a Los Angeles Lakers. El Big Three de Boston fue envejenciendo hasta extinguirse abruptamente cuando Larry Bird anunció su retiro después de la temporada 1991-92. 

La muerte de Bias provocó un impacto mayúsculo en los diferentes estamentos de la sociedad. 

Tribble fue acusado en el juicio posterior por posesión y distribución. Long y Gregg, en principio imputados por posesión y obstrucción de la justicia, llegaron a un acuerdo con la fiscalía que desestimó sus cargos a cambio de colaboración. Si bien se desestimaron los cargos en torno a la muerte de Bias, Tribble fue condenado a diez años y un mes de prisión en 1993 por narcotráfico. 

La cocaína perdió su glamour entre los famosos y millonarios de Estados Unidos. Fue un catalizador para un país que empezó a analizar su comportamiento con respecto a la mortalidad de sus peligrosas adicciones. La muerte de Bias fue un cimbronazo que despertó la conciencia norteamericana.

El uso de estupefacientes fue recurrente en aquella clase de 1986. Además de Bias, varios de los picks altos truncaron sus carreras por las drogas: Chris Washburn, tercera selección, fue suspendido por la liga de por vida por dar positivo en tres controles antidoping en tres años. Una situación similar atravesó Roy Tarpley, número 7 del Draft, suspendido indefinidamente en 1991. William Bedford (Nº 6) fue condenado en 2006 a diez años de cárcel por tráfico de marihuana.

La justicia endureció las leyes con respecto a su consumo y distribución. Semanas después de la trágica desaparición de Bias, el comité de la casa de representantes de Estados Unidos comenzó a trabajar en una legislación anti drogas que fue firmada el 27 de octubre de 1986 por el propio Reagan. Conocida como la ley Len Bias, la nueva legislación determinó que los responsables de distribuir drogas cuyo uso provocara la muerte recibirían una condena perpetua. 

El programa deportivo de la Universidad de Maryland también sufrió modificaciones sustanciales. Richard Dull presentó su renuncia como director atlético el 4 de noviembre. El coach Lefty Driesell, después de 17 años al frente del equipo de básquet, perdió su trabajo cuatro meses después. En los días posteriores salió a la luz que dos horas después del deceso de Bias instruyó a sus jugadores para que no hablaran con la policía y que intentó limpiar la habitación de su figura. En una entrevista concedida en los años siguientes, mientras Jordan brillaba en la NBA, se lamentó: “Extraño a Leonard. Cuando miro jugar a Jordan, pienso que Leonard podría estar en su mismo nivel”

Pero Bias, el Jordan que no fue, sepultó su leyenda en aquella madrugada del 19 de junio en la habitación 1103 del campus de la Universidad de Maryland y nunca pisó la NBA. 

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