definitivolebron

El 12 de diciembre de 2002, ESPN transmitió a nivel nacional un partido entre dos colegios secundarios, un menú atípico en su programación habitual: Oak Hill Academy, el equipo número uno del país, visitó a St. Vincent-St. Mary.

LeBron James tenía 17 años y ya era King James, uno de los mayores prospectos de la historia del básquet estadounidense. El hype en torno a su figura era desmedido. Las tribunas de St.Vincent-St. Mary eran insuficientes: los Irish ejercían su localía en la Universidad de Akron, un gimnasio con capacidad para casi 6.000 peregrinos que se llenaba en cada duelo para ser testigos de un talento generacional. Esa noche no fue la excepción y LeBron montó un monólogo de 31 puntos en la victoria por 65-45 de St.Vincent-St. Mary

El show de James ya se había convertido en rutina, aunque fue la primera vez en su carrera que todo Estados Unidos lo vio en vivo y en directo. En la previa, a modo de presentación en sociedad, ESPN preparó un video en el que compaginó imágenes de los mitos –Wilt Chamberlain, Oscar Roberson, Kareem-Abdul Jabbar, Magic Johnson, Larry Bird, Michael Jordan, Shaquille O’Neal y Kobe Bryant- de la liga y cerró con una pregunta: «Además del talento, el denominador común de todas estas leyendas, es simple: son conocidos por su primer nombre. Ahora, mientras miramos al futuro, un hombre joven llamado LeBron quiere esa misma distinción: ¿Puede LeBron James dar su primer paso hacia su estatus legendario?». 

Casi dos décadas, cuatro anillos, diez finales, cuatro trofeos de MVP y cuatro premios al jugador más valioso de las finales después, la pregunta se responde sola. LeBron es una marca global, un nombre en sí mismo además de un referente social, que sobrevivió a las expectativas desmesuradas y superó con creces la proyección trazada en aquel video de ESPN: hoy pertenece a la mitología NBA. 

The Decision

LeBron es uno de los 45 jugadores en la historia que saltaron directamente desde el secundario a la NBA, un camino que recorrieron también Kobe Bryant, Tracy McGrady y Kevin Garnett. Las Universidades más poderosas de Estados Unidos -Ohio State, Duke, Florida, Michigan State y North Carolina- ni siquiera invirtieron su tiempo en ojearlo seriamente: era imposible que un prospecto de su magnitud, tres veces campeón estatal y una vez campeón nacional, no fuera Drafteado por una franquicia NBA. 

Antes de su egreso, James ya había entrenado con Cleveland Cavaliers -el coach John Lucas fue sancionado por incluir en una práctica a un menor de edad- y había formado parte de los campamentos organizados por Michael Jordan en Santa Bárbara como pretemporada para su retorno a la liga con la camiseta de Washington Wizards. En febrero de 2002 fue tapa de la prestigiosa Sports Illustrated bajo el título de «The Chosen One». 

Después de un evento organizado por Adidas en el que scouts de todo el país se reunieron en New Jersey en junio de 2002 para estudiar a las potenciales estrellas, su fundador Sonny Vaccaro se rindió a los pies de LeBron: «En 37 años de ver jugadores del básquet secundario y organizar juegos de las estrellas, es el mejor jugador que he visto a su edad. Es lo más cercano a un clon de Magic Johnson que he visto»

No fue el único que vio su similitud con Magic. Tom Konchalski, una leyenda que en mayo anunció su retiro después de 43 años como ojeador, entregó una radiografía de LeBron cuando ni siquiera había pisado la NBA: «Me recuerda mucho a Magic. Puede adelantarse dos pases al juego y puede transformar a un equipo promedio en un gran equipo. No es tan buen tirador como Kobe, pero es mucho mejor pasador. Tiene una gran sensibilidad, lo han comparado con Tracy McGrady y con Vince Carter, pero creo que tiene una mejor percepción del juego. Pase lo que pase, no hay forma de que vaya a la Universidad»

Todavía en St.Vincent-St. Mary, después de una derrota frente a su par de Amityville, LeBron descifró la genética de su juego: «Incluso si el entrenador me pidiera que sea más egoísta y trate de asumir mayor dominio sobre el juego, no podría hacer. Ese no es mi juego. Me gusta pasar la pelota. Tal vez aparezca alguna situación en la que tenga que ser más egoísta en el futuro, pero ahora no es el momento»

Cleveland, el peor récord de la liga junto a Denver Nuggets con 17-65, ganó la lotería del Draft 2003: el desenlace se escribió automáticamente. Gordon Gund, dueño de los Cavaliers, bromeó inicialmente con la incertidumbre de su potencial elección en una de las camadas más prolíficas de la historia pero minutos más tarde presentó una camiseta de los Cavs con el 23 de James estampado en la espalda.

Dos meses después, el GM Jim Paxson escogió con la primera selección al incipiente héroe de la ciudad, el mayor triunfo en la historia de la franquicia. «Me quedo en Cleveland, estoy muy emocionado», aseguró LeBron -flamante emblema de Nike- después de haber rubricado una planilla estadística de 30.4 puntos, 9.7 rebotes, 4.9 asistencias y 2.9 robos en su último año. 

Los veteranos de Cleveland no le hicieron fácil la vida al novato que en su presentación prometió revolucionar a la peor franquicia de la liga: «No voy a garantizar un campeonato. Pero puedo garantizar que vamos a ser mejores cada día y que lo vamos a hacer mucho mejor que el año pasado»

Escépticos o celosos, la desconfianza de los líderes de la franquicia quedó registrada en un video posterior a su insólita victoria frente a Toronto Raptors en la última jornada de la temporada regular de 2002-03: ese resultado, combinado con la derrota de Denver frente a Houston, empató a ambos equipos e igualó las chances de cada uno para ganar la lotería con 22.5% de probabilidades cada uno. El destino le hizo un guiño a Cleveland y Denver se quedó con un tercer pick con el que incorporaron a Carmelo Anthony, pero lo cierto es que Cleveland puso en riesgo su futuro y ningún jugador en el vestuario parecía muy preocupado por la posibilidad de perder a LeBron. 

En su primer año en la liga, y lejos del hype que rodeaba a James, Carlos Boozer había promediado 10 puntos y 7.5 rebotes en 81 partidos: «Tenemos mejores jugadores que él en su posición en nuestro equipo»Darius Miles, tercera selección de 2000 que completó un discreto primer año después de dos decepcionantes campañas en Los Angeles Clippers, también fue contundente: «No creo que puedas traer a un jugador del secundario y pensar que va a dar la vuelta a tu equipo»

Los primeros herejes de LeBron fueron sus propios compañeros, pero no tardó demasiado en demostrarles su equivocación. Galardonado como novato del año con 78 de los 118 votos de primer lugar por encima de Carmelo Anthony y Dwyane Wade. Aunque se quedó a un paso de Playoffs, promedió 20.9 puntos, 5.9 asistencias, 5.5 rebotes y 1.6 robos en una producción histórica -solo Jordan y Oscar Robertson alcanzaron cifras similares como novatos- que le permitió a Cleveland aumentar en 18 victorias su récord. Su impacto también fue en la taquilla: el Rocket Mortgage FieldHouse -por entonces Gund Arena- incrementó su aforo de 11,497 a 18,288 hinchas. 

Para Paul Silas, entrenador de aquellos Cavs, esa campaña es una de las mejores en la carrera de LeBron: «Sus egos no se lo permitían. Yo seguía diciéndoles, ‘tienen la chance de ayuar a una de las mayores estrellas del juego’, pero ellos no estaban dispuestos a aceptarlo. Si eso le molestó a LeBron, nunca lo dijo. Ganamos 35 partidos durante ese año gracias a él. Ha tenido algunas temporadas destacadas desde entonces, pero la primera puede haber sido la más impresionante por cómo sobresalió a pesar de los celos de su propio equipo»

Julius Erving, quien le entregó el trofeo al Rookie de la temporada, anticipó en la ceremonia: «No pienso más que cosas extraordinarias sobre este joven extraordinario. Silenció a las críticas rápidamente. Este premio es el primer paso rumbo al Salón de la Fama».

Rod Thorn, GM de Chicago que eligió a Jordan y por entonces dirigía las operaciones de los Nets, se sumó a la comparación después de su primer año: «Había un aura gigante alrededor de Michael durante su año como rookie, pero nunca vi nada como lo que se generó en torno a LeBron. ¿Y saben qué? Tal como Michael, mejoró y mejoró desde el primer partido que jugó«. Su primera noche fue frente a Sacramento en una derrota por 14 puntos en la que aportó 25 unidades, 9 asistencias, 6 rebotes y 4 robos. Thorn lo sufrió en carne propia cuando LeBron despachó a los Nets con 41 puntos y 13 asistencias. 

Imparable físicamente, un hombre entre niños, LeBron no necesitó desarrollar su faceta como lanzador durante el secundario. Como consecuencia, aterrizó en la liga sin un tiro confiable y lo expuso inmediatamente: registró los peores porcentajes de su carrera de tres puntos (29%), desde el midrange (33.2%) y de cancha (41.7%). La mayor parte de sus tiros eran en las cercanías del aro gracias a su capacidad atlética o eventualmente desde media distancia. Las defensas rivales le cerraban los pasillos internos y le dejaban espacios para su deficitario jumper. 

Con el trofeo al novato del año en sus manos, LeBron detalló los puntos débiles de su juego: «Mi tiro. Desde el principio de la pretemporada hasta ahora, he mejorado como tirador. Voy a seguir trabajando con los entrenadores para mejorar mi tiro. También mi movimiento lateral, porque quiero convertirme en uno de los mejores defensores de la liga también. Voy a trabajar en muchos aspectos de mi juego, si mejoro y mis compañeros me ven y yo los veo, seremos un mejor equipo».

En 2004-05 aumentó exponencialmente sus cifras, desarrolló un tiro de tres puntos promedio (35.1% en 308 intentos) y se sumó por primera vez a la constelación de estrellas del All-Star pero Cleveland, que había perdido a Carlos Boozer en la pretemporada, tampoco alcanzó la tierra prometida.

Cleveland marchaba en quinto lugar del Este a 18 partidos del final cuando la gerencia decidió despedir a Silas y promover a Brendan Malone como interino. La merma en el rendimiento del equipo había sido considerable después del All-Star y Jim Paxson justificó su decisión en el colapso irrefutable de todo aquel que no se llamara LeBron James: «Llevamos 64 partidos y no tenemos una rotación consistente, una rotación afianzada, ese tipo de cosas. No veíamos que eso pudiera cambiar».

Aunque el experimento terminó en fracaso, George Karl -por entonces entrenador de Denver Nuggets tras haber sufrido al frente de Seattle SuperSonics durante la época de Jordan – se rindió ante LeBron: «Es extraño decir que un chico de 20 años es un gran jugador, pero es un gran jugador y puede ser el mejor de todos los tiempos. Es la excepción a prácticamente cada regla. Su madurez es lo que más me sorprende. Su sentido del básquet es lo que lo llevó a estar donde está»

En 2005-06 estableció su mayor campaña anotadora con 31.4 puntos por partido. Su liderazgo, que lo llevó a terminar segundo en la carrera por el MVP por detrás de Steve Nash, le permitió a Cleveland alcanzar los cincuenta triunfos y volver a Playoffs por primera vez desde 1998. Bajo las órdenes de Mike Brown, con un plantel sin demasiados argumentos para ganarse un boleto rumbo a la postemporada que dependía en exceso de LeBron, James firmó una gran primera ronda frente a Washington Wizards y cayó en semifinales de conferencia frente a Detroit Pistons, subcampeones el año anterior. 

LeBron ya era una súper estrella consolidada en el firmamento NBA pero sufría la falta de una gerencia capaz de diseñar a un equipo campeón a su alrededor. Aunque su influencia era indiscutible, aún no había conseguido un triunfo emblemático. Sumido en ese escenario, Cleveland era un circo con un único atractivo: la presencia de James potenció a un plantel mediocre que repitió cincuenta triunfos durante la temporada regular y alcanzó las finales de la NBA. 

En su camino hacia la definición en busca de su primer anillo, LeBron consumó una de las actuaciones más impactantes en la historia del básquet norteamericano. Con las finales del Este empatadas en dos partidos frente Detroit, frente a Rip Hamilton, Chauncey Billups y Ben Wallace, anotó 48 puntos, capturó 9 rebotes y repartió 7 asistencias en un quinto partido que se definió en doble tiempo suplementario. LeBron marcó 29 de los 30 últimos puntos frente a la sexta mejor defensa de la liga, Cleveland se impuso por 109-107 en el inexpugnable The Palace of Auburn Hills y eliminó a Detroit en el sexto juego.

Jordanezco, definió Steve Kerr, tricampeón con Michael Jordan en Chicago Bulls, durante la transmisión del juego. Años después, el propio LeBron señaló esa noche como un momento icónico y decisivo en su carrera: «Ese 31 de mayo de 2007 fue una noche que espero que todos recuerden como la noche en la que llegué a la liga»

Las Finales no fueron una batalla justa para LeBron. San Antonio ya era una de las dinastías modernas de la liga y buscaba su tercer título en seis años con uno de los mejores tridentes de la historia y un entrenador ya convertido en mito. Cleveland era un unipersonal de LeBron. El resultado fue lógico: Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginóbili barrieron a Cleveland. Poco pudo hacer James, quien promedió 22 puntos, 7 rebotes y 6.8 asistencias con una raquítica eficacia del 35.6% de cancha. 

La decepcionante caída fue la piedra basal para que LeBron decidiera marcharse de Cleveland tres temporadas después. La gerencia nunca estuvo a la altura de LeBron, capaz de conducir a un equipo con Larry Hughes, Zydrunas Ilgauskas y Drew Gooden como actores secundarios hasta las Finales. Esos Cavs de 2006-07 son considerados uno de los peores finalistas de la historia. Desde esa primera final, en el plano contrafáctico siempre se repetirá una misma pregunta: ¿Qué hubiera pasado si LeBron hubiera sido elegido por una organización capaz de rodear a su prodigio? 

Más de una década después, LeBron también marcó esa caída como un punto de inflexión en su juego: «Quiero ser capaz de no tener debilidades en mi juego e impedir que una defensa dicte lo que hago. Los Spurs fueron parte de la razón por la que mi tiro es mucho mejor. En mi primera aparición en las Finales en 2007, ellos colapsaron la pintura y yo no pude lanzar, no me sentía cómodo como tirador en ese momento de mi carrera. Así que le agradezco mucho a su esquema»Durante las Finales, el 45.5% de los tiros de LeBron fue dentro de la pintura con un acierto del 58.5% pero San Antonio lo forzó a salir de la zona con un anémico 14.3% (7-49) fuera de la pintura. 

LeBron fue el máximo anotador de la liga en 2007-08 con 30 puntos por partido, una respuesta a todos aquellos críticos que lo ubicaban por detrás de Kobe Bryant como el mejor jugador de la liga. También se convirtió en el máximo anotador histórico de los Cavs y el más joven en superar la barrera de los 10.000 puntos.

Sin embargo, la brecha entre LeBron y sus compañeros era cada vez mayor, aún pese a la reestructuración del plantel en febrero, una situación que Boston Celtics aprovechó para eliminar a los Cavs en semifinales de conferencia. Tom Thibodeau, uno de los expertos defensivos de la liga, era asistente en Boston por aquel entonces y diseñó una innovadora fórmula, la última revolución defensiva, para frenar al implacable LeBron. 

El sistema del actual coach de New York Knicks partió de una certeza: LeBron era capaz de destruir cualquier sistema defensivo convencional. Imparable en el uno contra uno porque representaba un desajuste permanente: los defensores capaces de hacerle frente a su velocidad eran superados por su tamaño y aquellos que podían medirse a su altura eran lentos. 

Para solucionar el problema James, Thibodeau diseñó un sistema de apoyos permanentes sobre el lado fuerte para arrojarle diferentes cuerpos a LeBron mientras ejecutaba una defensa en zona del lado débil. Boston eliminó a Cleveland en el séptimo partido, un duelo que se resolvió en un uno contra uno épico entre Paul Pierce y LeBron en el que marcaron 41 y 45 puntos respectivamente. 

En 2008-09 conquistó su primer trofeo al jugador más valioso de la liga, finalizó segundo en la votación al mejor defensor de la temporada regular por detrás de Dwight Howard y lideró a su equipo en puntos, rebotes, asistencias, robos y tapas. Con la adquisición de Mo Williams desde Milwaukee Bucks, los Cavs completaron una campaña fabulosa con 66 triunfos.

El periodista John Hollinger, quien fue vicepresidente de Memphis Grizzlies y es actual columnista de The Athletic, escribió en aquel entonces en una columna en ESPN: «Está teniendo lo que podría decirse que es la mejor temporada individual de la historia».

Pero nuevamente el soliloquio de LeBron fue insuficiente en postemporada: pese a promediar 38.5 puntos, 8.3 rebotes y 8 asistencias en la serie, los Cavs cayeron en seis partidos frente a Orlando Magic en las finales de conferencia. LeBron superó los cuarenta puntos en tres partidos pero Orlando, con Dwight Howard como estrella respaldada por Rashard Lewis, Hedo Turkoglu y Rafer Alston, celebró en los tres. 

Más no podía hacer LeBron, quien en 2009-10 fue otra vez MVP y comandó a unos Cavs reforzados con Shaquille O’Neal rumbo a otra temporada de más de sesenta triunfos como número uno del Este. James, en su prime atlético, se vio forzado a asumir la base por las lesiones de Mo Williams y Delonte West. Aunque brilló en esa posición, dejó en claro que no era su función predilecta: «No es algo que me gusta hacer porque es como si fuera un mariscal de campo. Decidí no jugar como quarterback en el secundario, prefería jugar como receptor y recibir abierto. No jugaba tanto como base desde mi primer o segundo año en la liga cuando realmente necesitaba dominar la bola para que nuestro equipo fuera exitoso. No es algo a lo que estoy acostumbrado, pero puedo hacerlo». 

Forzado por el contexto, James aceptó el mando y desplegó su selección de tiro perimetral tomando numerosos triples saliendo desde el drible, dobles largos, mucho pick&roll, sin juego en el poste y atacando al aro como siempre para capitalizar las ventajas de su inalcanzable capacidad atlética. 

Boston fue nuevamente su bestia negra y LeBron protagonizó uno de los peores partidos de su carrera en postemporada cuando en el quinto juego de las semifinales anotó 15 puntos con un 20% de cancha en 14 tiros. Renunció, escribían los medios en Estados Unidos debido a su poca actividad en la derrota por 32 puntos que causó el abucheo de los propios hinchas de Cleveland. Ese fue su último juego en su ciudad hasta 2014. 

Después de siete años en Cleveland, LeBron se convirtió en agente libre el 1 de julio de 2010 y una semana más tarde protagonizó uno de los momentos más polémicos en la historia de la liga. LeBron atrapó la atención del mundo en The Decision, un show mediático de 75 minutos montado en el Boys&Girls Club de Greenwich y transmitido a nivel nacional por ESPN que alcanzó a 13 millones de espectadores simultáneos. Sondeado por Chicago Bulls, Los Angeles Clippers, New York Knicks, Miami Heat, New Jersey Nets y los propios Cleveland Cavaliers, el mejor jugador de la NBA anunció su futuro en un programa de televisión que reunió seis millones de dólares destinados a la caridad.

«I’m taking my talents to South Beach», me llevo mis talentos a South Beach, anunció LeBron. James abandonó su ciudad natal y se marchó a Miami Heat para unirse a Dwyane Wade y Chris Bosh en un Big Three que cambió para siempre la fisonomía de la liga. Su mudanza a Florida convirtió al niño mimado de la liga en un villano: «Durante mis primeros siete años en la NBA siempre fui el ‘querido’ y estar del otro lado, del lado oscuro o como villano o como sea que lo llamen, fue definitivamente un desafío para mí»

La crítica fue implacable. Mientras en Cleveland quemaban sus camisetas, las voces más resonantes de la NBA repudiaban públicamente su actitud. Magic Johnson trazó un paralelismo con su histórica rivalidad con Larry Bird, cuyo capítulo inicial se dio en la Universidad cuando su Michigan State derrotó a Indiana State de Bird: «No pensábamos en eso porque no se trataba de eso. Desde la universidad, trataba de descifrar cómo ganarle a Bird»

Jordan fue aún más preciso: «No había manera, en retrospectiva, de que hubiera llamado a Larry [Bird], llamado a Magic [Johnson] y dicho: «Oye, miren, juntémonos y juguemos en un equipo«. Charles Barkley, quien se retiró como uno de los mayores talentos sin haber ganado un anillo, fue lapidario: «Nunca será como Jordan. Esto claramente lo saca de cualquier conversación, aunque gane todo lo que quiera. Hubiera sido algo honorable quedarse en Cleveland y tratar de ganarlo como el jugador franquicia. No importa cuántos títulos gane en Miami, es el equipo de Wade»

Aunque posteriormente se arrepentiría del reality show que edificó para su anuncio, LeBron nunca renegó de su mudanza a Miami, donde recibiría toda la ayuda que le faltó en Cleveland. 

It's about damn time

Florida recibió con los brazos abiertos a LeBron, un equipo que había celebrado en 2006 el título gracias a la sociedad Wade-Shaq y con Pat Riley como entrenador. Su reunión con D-Wade y Bosh, incorporado desde Toronto, lo desligó de responsabilidades exageradas. Ya no todo, lo bueno y lo malo, dependía exclusivamente de James. 

Su mudanza al American Airlines Arena provocó un ajuste obligado en su juego: «En mis años en Cleveland manejé mucho el balón. Estaba orientado al perímetro, usaba mucho el pick and roll y lanzaba muchos tiros desde el perímetro. Cuando llegué a Miami, tuve que jugar sin balón. Tuve que sacrificar el manejo del balón, no sólo para que Wade lo manejara, sino para que Mario Chalmers lo hiciera, así que tuve que buscar la manera de ser productivo en otros lugares de la cancha»

De todas maneras, aunque lanzó menos triples y aumentó su actividad en la pintura, seguía manteniendo demasiados puntos en común con sus días en Cleveland, más cerca del perímetro que del poste. James adoptó la postura del villano principal en un equipo odiado que todo el mundo -salvo los hinchas de Miami- esperaba ver fracasar. 

Eran los primeros días de LeBron en modo GM, con el aprendizaje de su etapa en Cleveland a cuestas: en los Cavs había detectado todo aquello que no quería para sus equipos. Impulsado por esa sumatoria de decepciones, se sentó con Riley -ahora gerente de Miami- para pedirle que reemplazara a Erik Spoelstra: Pat respaldó a Spo y el tiempo le dio la razón. 

Ensambladas las piezas pese a las dudas iniciales en torno a la coexistencia de las tres estrellas, Miami era el máximo candidato y durante gran parte del año cumplió con sus deberes: fueron el mejor equipo del Este y limpiaron su conferencia eliminando a Philadelphia 76ers, Boston Celtics y Chicago Bulls para alcanzar una final de NBA ideal frente a Dallas Mavericks. 

LeBron por fin iba a saciar su obsesión pero Dirk Nowitzki y Rick Carlisle frustraron sus planes. James promedió 17.8 puntos en aquellas finales, marcó ocho unidades en el Game 4 y promedió tres puntos en los últimos cuartos de una serie que Dallas ganó por 4-2. Fue uno de los dos momentos en su carrera que humanizaron a su figura: James era mortal. 

Odiado, fue automáticamente apuntado después del fracaso Heat y su segunda derrota en las Finales, unas Finales que debería haber ganado, tal vez la única verdaderamente reprochable de las seis que perdió. Medios e hinchas compartieron una misma sensación: que no tenía lo necesario para ser campeón, ni siquiera uniéndose a otras dos de las 15 mayores figuras de la liga. Aunque doloroso, ese momento fue un cisma en su carrera, el catalizador de todo lo que vendría después. 

LeBron canalizó ese dolor y recuperó la alegría después de un año de furia: «Empiezas a escuchar que eres el villano, y yo empecé a creer en eso. Empecé a jugar en un estado mental en el que nunca había jugado antes, enojado, y no es así como juego. Básicamente me transformó en alguien que no soy. Llegué a este punto jugando de una cierta manera, y voy a volver a amar el juego y divertirme jugando. No estoy para pedir simpatía o disculpas, solo para que la gente sepa quién soy. Gane o pierda, estoy agradecido por ser un chico de Akron que llegó a la NBA e hizo realidad su sueño. Juego divertido, alegre. Eso fue lo que perdí el año pasado», confesó en una entrevista con ESPN

Como respuesta al triste desenlace, LeBron trabajó arduamente durante la pretemporada y concretó la mayor revolución en su juego, una de las mayores transformaciones en el deporte contemporáneo: «Poco después de nuestra derrota frente a Dallas, nos juntamos con LeBron», detalló Spoelstra en Grantland. «Mencionó que iba a trabajar sin descanso en su juego durante la pretemporada, específicamente en su juego en el poste. Eso tenía mucho sentido para nosotros. Era el jugador más versátil en la liga. Teníamos que descifrar la forma para usarlo de maneras más versátiles, menos convencionales»

Dallas fue combustible para LeBron, quien se mudó a Houston para pulir su juego en el poste durante todo el verano norteamericano con Hakeem Olajuwon como mentor: «Tuve una conversación con Spo, le dije que había trabajado arduamente en mi juego en el poste bajo, sabía que necesitábamos anotar desde el poste bajo. Fuimos un equipo más perimetral durante el primer año y sabía que tenía que mejorar para que el equipo mejorara, y para mejorar necesitábamos ser más eficientes en el poste»

 

LeBron abandonó el perímetro y migró hacia el poste bajo, zona donde cumplió una triple función como principal anotador, principal generador y mayor reboteador: «Cuando regresó después del lockout, era un jugador totalmente diferente», especificó Spoelstra. «Era como si hubiera descargado un programa con todos los movimientos de Olajuwon y Ewing. No se si he visto a otro jugador mejorar tanto en un área específica durante una pretemporada. Su mejoría por sí sola transformó nuestra ofensiva para ganar el campeonato en 2012». 

Con su Big Three en plenitud, Miami potenció su estructura con la incorporación de jugadores de rol puntuales limitados a funciones concretas pero funcionales a las necesidades del tridente. La primera incorporación post fracaso fue todo un síntoma: Shane Battier, un eximio tirador que capitalizara las ventajas del LeBron pasador.

La temporada 2011-12 fue un pleno del incuestionable mejor jugador de la NBA, quien conquistó su tercer trofeo de MVP durante la temporada regular. En Playoffs fue demoledor. En las semifinales del Este adoptó la posición de ala-pivote en un small-ball forzado por la lesión de Chris Bosh, una formación que Spoelstra mantuvo incluso en la batalla a siete juegos frente a Boston. En el sexto desafío, 2-3 y al borde de la eliminación, construyó otro momento icónico en su carrera con 45 puntos y 15 rebotes. Con su obra maestra en el TD Garden, LeBron rescató a su equipo y salvó a todo un proyecto que coqueteaba con un final abrupto en caso de otro cierre sin sonrisas. 

Doc Rivers, entrenador de Boston, apuntó a los medios en la conferencia de prensa post partido: «Espero que ahora dejen de hablar de LeBron, que no aparece en los partidos importantes». El periodista Howard Beck rotuló en The New York Times a la performance de James como «una actuación que definirá su carrera». Fue una misión personal para LeBron, de semblante hosco y mirada asesina. David Fizdale, asistente de Spoelstra en Miami Heat durante aquella campaña, recuerda la declaración que encarnó esa actuación: «Fue su momento de decirle al mundo, ‘Si, soy el mejor jugador de esta liga y no voy a dejar que nadie se vaya con mi título'».  

El joven núcleo de Oklahoma City Thunder integrado por Kevin Durant, James Harden y Russell Westbrook había sorprendido a San Antonio en las Finales del Oeste, no tuvo respuestas frente a LeBron, quien completó una planilla de 28.6 puntos, 10.2 rebotes y 7.4 asistencias para adueñarse en forma unánime del premio a MVP de las Finales y principalmente de su primer anillo de campeón. 

-Después de todo lo que pasaste, cuando el reloj llegó a cero, ¿qué fue lo primero que se te cruzó por la cabeza? 

-It’s about damn time. It’s about damn time. (Ya era hora, maldita sea).

I'm LeBron James

Saciada la urgencia y sepultado el estigma perdedor que los medios habían construido en torno a su figura, LeBron y sus Heat partieron nuevamente como candidatos al título. Spoelstra sumó a Ray Allen y a Rashard Lewis a su formación pero, pese a la multiplicidad de amenazas perimetrales, James completó otro capítulo más de su evolución permanente, siempre condicionada a las necesidades de su equipo. 

LeBron dio un saltó cualitativo y cuantitativo como tirador en una temporada regular en la que promedió  un triple más por juego y registró el mejor porcentaje de su carrera: «No lancé muchos triples durante el año pasado, jugué más en el poste y en el midrange. Siento que trabajé en mi tiro para mejorar como triplero, seguí trabajando en mi juego en el poste y dejé el midrange como próximo objetivo«. 

James pulió su tiro en jornadas extenuantes durante la pretemporada, trazándose objetivos ambiciosos que no resignaba hasta cumplirlos. Pero no fue el único registro en el que estableció sus mejores marcas: 2012-13 fue el quiebre definitivo para una estrella que en un abrir y cerrar de ojos se convirtió también en uno de los jugadores más efectivos de la liga: durante esa temporada registró su segundo mayor porcentaje de cancha (56.7%), su mejor promedio de tres (40.6%) y el sexto mejor desde la línea de libres (75.3%).

«Soy un jugador más eficiente. No doy por sentado ningún tiros. Cuando sos un jugador joven, lanzas tiros de bajo porcentaje, y no te involucras tanto con los números en cuanto al porcentaje de cancha y cosas de esa naturaleza. A medida que he ido creciendo, me he esforzado más por ser un jugador más eficiente y creo que ha ayudado al éxito de mi equipo a lo largo de los años», precisó en Grantland

Como líder de una franquicia que ganó 66 partidos e hilvanó 27 triunfos consecutivos, conquistó nuevamente el trofeo al jugador más valioso y quedó a un voto de convertirse en el primer MVP unánime de la liga -un logro que posteriormente conseguiría Stephen Curry en 2016-. 

Con un LeBron desatado, Miami borró a Milwaukee en cuatro partidos y a Chicago en cinco juegos en Playoffs antes de embarcarse en una guerra a siete partidos contra Indiana. El Rey debió regresar a sus días en Cleveland para sobrevivir al desafío Pacers que edificó Frank Vogel masacrando la pintura frente a uno de los equipos más chicos de la liga. En el quinto partido, con la serie empatada 2-2 y Miami cuatro puntos por debajo en el entretiempo, James anotó 30 puntos, capturó 8 rebotes y repartió 6 asistencias: «El equipo estaba en pausa y tuve que volver a mis días en Cleveland»

En las Finales apareció un viejo conocido de LeBron: San Antonio Spurs, aún con el cuarteto Popovich-Duncan-Parker-Ginóbili que lo había barrido en 2007 y una formación ahora apuntalada por la irrupción de Kawhi Leonard. Miami estuvo a punto de caer, con LeBron criticado por su pasividad después de que San Antonio ganara el quinto partido de la serie para adelantarse por 3-2: «Cuando estaba en Cleveland, jugamos frente a Orlando en las Finales de conferencia y creo que promedié 38. Supongo que también tendría que haber hecho más en esa serie, pero no puedo. Yo hago lo mejor para mi equipo, lo que es mejor para el equipo, pero no siempre termina en triunfo»

Popovich lo defendió públicamente: «Es un hombre adulto, no necesita que ustedes le digan nada. Sabe más que todos ustedes juntos. Entiende el juego. Si hace un pase y ustedes piensan que debería haber tirado, o si tira y ustedes piensan que debería haber dado un pase, sus opiniones no significan nada para él, como debería ser»

En la memoria quedó el tiro final de Ray Allen para forzar el overtime en el sexto juego y la noción de que uno de los mejores tiradores de la historia había salvado al legado de LeBron pero el Rey -que terminó con una planilla de 32 puntos, 11 asistencias, 10 rebotes y 3 robos- fue fundamental para la remontada de una desventaja que llegó a ser de 13 puntos en el tercer cuarto: anotó o asistió en 29 de los últimos 38 puntos de su equipo. Miami le robó el sexto juego a un San Antonio que ya se probaba la corona y definió las Finales en el séptimo con 37 unidades y un doble prácticamente ganador a 27.9 segundos del cierre del MVP LeBron. 

Con ambos trofeos en sus manos, después de haber recibido el premio al jugador más valioso de manos de Bill Russell, Doris Burke entrevistó al flamante bicampeón sobre la tarima construida para la celebración y LeBron dejó un poderoso mensaje para quienes aún despreciaban sus logros y dudaban de sus chances frente a San Antonio, Popovich y Duncan. 

-Lebron, te enfrentas constantemente a la oscuridad del ruido del exterior, el escrutinio y la prensa. ¿Cómo, cuando todos te apuntan a ti, mantienes tu cabeza y actúas al nivel que lo haces?

-Escucha, no puedo preocuparme por lo que todos dicen de mí. Soy Lebron James de Akron, Ohio, del centro de la ciudad, se supone que ni siquiera debería estar aquí. Cada noche que entro en el vestuario y veo un número 6 con James en la parte de atrás, me siento bendecido. Así que lo que todos digan de mí fuera de la cancha, no importa. ¡No tengo ninguna preocupación!.

Las lesiones obligaron a Erik Spoelstra a exprimir su creatividad en un 2013-14 en el que utilizó más de una veintena de formaciones durante la temporada regular. LeBron, en su prime físico, fue una de las pocas constantes y completó la temporada más eficaz de su carrera con un 56.7% de cancha. Mientras sus compañeros caían, James lucía cada vez más impactante en una demostración irrefutable de su sobrenatural cuerpo. Enmascarado, estableció frente a Charlotte Bobcats su récord histórico de puntos con 61 unidades

San Antonio consumó su venganza en las Finales pese a los 28.2 puntos por juego que LeBron promedió durante la definición. Popovich aplicó un sistema similar al de 2007 -también utilizado por Dallas en 2011- para alejarlo del aro. Obviamente, James fue creciendo en su juego pero aún el mejor antídoto frente al Rey era mantenerlo lejos de la pintura. 

Si bien Kawhi Leonard fue la asignación personal y se llevó el premio de MVP en gran parte a su mérito como kryptonita del mejor jugador de la liga,  Pop diseñó un entramado defensivo que minimizó a LeBron. «Estamos defendiéndolo con cinco jugadores», explicó Tim Duncan, el epicentro de un sistema cuya obsesión era colapsar la pintura y cortarle los caminos hacia al aro a LeBron. 

Cleveland, this is for you

Después del séptimo duelo frente a San Antonio en 2012-13, LeBron reconoció públicamente su misión: «Quiero ser, si no el más grande, uno de los más grandes en jugar este juego y voy a seguir trabajando para eso»

Ya coronado, LeBron sabía que necesitaba saldar una deuda para agigantar su leyenda. El 11 de julio de 2014, después de hacer uso de su opción para quedar como agente libre, publicó un artículo transcripto por Lee Jenkins en Sports Illustrated con el título I’m coming back to Cleveland: «En el noreste de Ohio, no se regala nada. Todo se gana. Trabajas por lo que tienes. Estoy listo para aceptar el desafío. Voy a volver a casa»

El hijo pródigo efectivamente volvió a casa, una ciudad que cuatro años antes había prendido fuego sus camisetas y abucheado su nombre. The Whore of Akron, la prostituta de Akron, es un libro que escribió Scott Raab y resume a la perfección el odio visceral de un pueblo respecto a un héroe convertido en traidor.

Con Kyrie Irving como prospecto, Cleveland había cerrado una aceptable campaña con 33 triunfos después de tres años previos en los que habían acumulado apenas 64 victorias. La gerencia de los Cavs, entonces en manos de David Griffin, traspasó al primer pick del Draft para forjar un nuevo Big Three al incorporar a Kevin Love desde Minnesota Timberwolves. 

Después de un arranque dubitativo, decidió no jugar el encuentro del 30 de diciembre frente a Atlanta Hawks, que finalmente concluirían la campaña en primer lugar del Este. Estaba exhausto, diezmado físicamente con problemas en una de sus rodillas y en su espalda. Griffin lo liberó durante dos semanas y James viajó a Miami para descansar, un lapso temporal en el que Cleveland perdió seis de sus siete partidos. 

El Rey firmó su mejor planilla el 13 de enero en su retorno en la derrota frente a Phoenix Suns con 33 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias. Tras el vigésimo traspié de la temporada, Cleveland hilvanó doce alegrías y redondeó una marca de 34-9 para clausurar su año como segundo en su conferencia. 

LeBron pulverizó otra vez al Este en la postemporada y alcanzó su quinta final consecutiva. En el Oeste empezaba a encumbrarse una de las mayores dinastías modernas, clásico de LeBron durante los siguiente cuatro años. Golden State Warriors, bajó las órdenes de Steve Kerr, con Steph Curry como unánime MVP, Klay Thompson como eximio tirador y Draymond Green como corazón de su defensa, llegó a su primera final.

Cleveland afrontó toda la serie sin Kevin Love y Kyrie Irving apenas pudo participar de la derrota inicial. Sin sus dos laderos, LeBron disputó el resto de las Finales con Matthew Dellavedova, Tristan Thompson, Iman Shumpert, Timofey Mozgov, J.R. Smith, James Jones y Mike Miller como rotación. 

Aún en ese contexto, James fue descollante: ganó los dos partidos siguientes y, aunque perdieron en seis juegos, sus 35.8 puntos, 13.3 rebotes y 8.5 asistencias de promedio lo convirtieron en candidato al trofeo al mejor jugador que finalmente se llevó Andre Iguodala -cuya inclusión en el equipo titular encauzó al combinado de Kerr- con siete votos contra los cuatro de Bron. 

 

Pese a la derrota, el futuro era ilusionante para unos Cavs que compitieron sin dos de los tres integrantes del Big Three. Con poderes plenipotenciarios, LeBron ejecutó uno de los movimientos más significativos como GM entre sombras. 

David Blatt no había pisado la NBA, como jugador ni como entrenador, hasta que en 2014 recibió la convocatoria de Cleveland para reconstruir su franquicia. Su consagración en la EuroLeague con Maccabi Tel Aviv, convertido en leyenda en el básquet israelí, le abrió las puertas de la liga más importante del mundo. Después de haber entrevistado a coaches como John Calipari, Steve Kerr, Alvin Gentry y Tyronn Lue, el dueño Dan Gilbert eligió a Blatt. 

Tres semanas después de su confirmación como coach de los Cavs, LeBron anunció su retorno a casa y Blatt debió afrontar un escenario para el cual no había sido contratado: además del retorno de LeBron, los Cavs habían transferido a Andrew Wiggins -número uno del Draft- a Minnesota a cambio de Love. Cleveland quería ganar ya y estuvieron realmente cerca durante 2014-15, una campaña en la que alcanzaron las Finales aunque su relación, la relación entre coach y estrella, estaba plagada de grietas. 

LeBron marcaba las jugadas del equipo, incluso rebelándose frente a los diseños de Blatt. Sucedió en el cuarto juego de la segunda ronda de la postemporada frente a Chicago Bulls, cuando modificó el desenlace a falta de 1.5 segundos con un triple que igualó la serie 2-2. Blatt quería que LeBron fuera quien repusiera desde la línea de fondo, pero James decidió que debía tomar el tiro: «Para ser honesto, la jugada que fue dibujada, la borré».

En los segundos previos al buzzer-beater, Blatt estuvo a punto de arruinar las chances de su equipo cuando pidió un time-out que los Cavs no tenían y que hubiera supuesto una falta técnica a favor de Chicago. Con Lue desesperado para evitar que los referís lo vieran, Scott Foster no se percató -o eligió no percatarse para no arruinar la definición del partido. 

«Lo hago en todos los partidos, lo he hecho durante once años. Sé qué está pasando en el partido y sé cómo podemos superar una determinada defensa«, explicó LeBron sobre su toma de decisiones dentro de la cancha. Blatt, novato sin pasado en NBA, siempre fue mirado de reojo por los integrantes de su plantel. 

Marc Stein, periodista de ESPN, precisó la tensión entre ambos durante las Finales de 2015: «LeBron era quien pedía los tiempos muertos, ordenaba la rotación y gritaba abiertamente a Blatt por algunas decisiones que no le gustaban. Hablaba con su asistente, Tyron Lue, a escondidas para que Blatt no los oyera». Lue, por entonces asistente de Doc Rivers en Los Angeles Clippers, había sido contratado con una cifra récord de para un asistente con 6.5 millones por cuatro años. 

Después de ganar el 67% de sus partidos, tras haber alcanzado las Finales y con un récord de 30-11 en 2015-16, Griffin despidió a Blatt y promovió a Lue. Su incapacidad para involucrar a Kevin Love y su falta de sintonía con los jugadores le costó el puesto. 

Bajo las órdenes de Lue, Cleveland le ganó el pulso a Toronto Raptors por la cima del Este y masacró nuevamente a su conferencia en la postemporada con triunfos frente a Detroit, Atlanta y Toronto. En las Finales, otra vez Golden State, el vigente campeón que había establecido la mejor campaña en la historia de la liga con 73 triunfos y que llegaba envalentonado tras remontar un 1-3 frente a Oklahoma City Thunder.

Golden State vapuleó a Cleveland en los dos primeros juegos en el Oracle Arena y, tras caer en el tercero, le robó el cuarto a los Cavs en el Quicken Loans Arena. Con la ventaja de 3-1, nunca un equipo había desperdiciado una diferencia semejante en unas Finales. LeBron empezó a obrar el milagro en los siguientes dos juegos, con 41 puntos cada noche y 32 tiros encestados en 57 intentos para esquivar la eliminación y empatar la serie. 

Aunque en la memoria quedó el tiro ganador de Kyrie Irving en el séptimo partido, LeBron anotó 11 de los 18 puntos de los Cavs en el último cuarto, protagonizó una jugada determinante durante la sequía de más de cuatro minutos en un cierre empatado en 89 hasta el triple de Irving y selló el triunfo con un libre que estiró a cuatro puntos la diferencia a falta de 11 segundos. 

Su espectacular tapa frente a Andre Iguodala a falta de 1’50» fue todo un mensaje, el momento más icónico de su carrera en las Finales de un hombre convertido en leyenda que fue elegido MVP en forma unánime gracias a sus 29.7 puntos, 11.3 rebotes, 8.9 asistencias, 2.3 tapas y 2.6 robos por partido. Tan contundente fue su actuación que LeBron lideró a ambas franquicias en los cinco rubros. Las cifras durante los últimos tres partidos que representaron una remontada histórica son aún más impresionantes: 36.3 puntos, 11.7 rebotes, 9.7 asistencias, 3 robos, 3 tapas, 50.6% de cancha y 42.1% de tres. 

Por primera y única vez en sus cuatro festejos de campeón, LeBron lloró. Después de un abrazo colectivo, recordó a aquel Jordan conmovido en el primer campeonato después de la muerte de su padre. James había cumplido la promesa que había trazado cuando la franquicia de su ciudad lo eligió con la ilusión de un título, un compromiso que no olvidó cuando se marchó a Miami y que enarboló cuando decidió volver a casa pese a las críticas, la furia y el odio que recibió durante sus días en Florida. 

El anillo, el tercero en su historia, fue un desahogo: «Lo dije hace dos años, que volvía para darle un campeonato a la ciudad. Di todo lo que tenía, puse mi corazón, mi sangre, mi sudor, mis lágrimas en este juego. Contra todo pronóstico, contra todo pronóstico, no se por qué tomamos el camino más difícil, no se por qué el hombre de arriba me dio el camino más difícil, pero se que lo hace porque te pone en situaciones que puedes manejar. Y mantuve esa actitud positiva, en lugar de decir por qué yo, pensaba que era lo que él queria que yo hiciera… ¡CLEVELAND, ESTO ES PARA USTEDES!»

La frase de LeBron, la emoción de su voz en un grito ensordecedor, es uno de los momentos más memorables en la historia de la liga. El chico nacido en un barrio humilde de Akron había completado su redención devolviéndole la alegría a un pueblo que celebró un título, el primero en la historia de la franquicia, después de 52 años de sequía.

Como vigente campeón, James etiquetó a 2016-17 como una de las temporadas más extrañas de su carrera. Prácticamente con el mismo plantel, el rendimiento fue dispar y LeBron disparó públicamente en repetidas ocasiones contra la gerencia e incluso contra sus compañeros. Love había bajado su nivel, Irving empezaba a mostrar detalles del ego que posteriormente lo alejaría de Cleveland y lo haría fracasar en Boston, Tristan Thompson no terminaba de dar el salto definitivo para un jugador elegido con el cuarto pick de 2011 y el paso del tiempo hacía mella en los veteranos mientras el vestuario empezaba a implosionar. 

El 23 de enero de 2017, después de una inesperada caída -la quinta en los últimos siete partidos frente a New Orleans Pelicans desguarnecido sin Anthony Davis, LeBron disparó: «Espero que no estemos satisfechos como organización. No somos mejores que el año pasado. Todos los equipos contendientes al título tienen jugadores preparados para dar un paso adelante. Toco madera, pero qué pasa si Kyrie se lesiona por dos semanas. ¿Qué pasa si yo me lesiono por tres?».

Su principal enemigo al título había incorporado a Kevin Durant para matizar el impacto del 1-3 desperdiciado en las últimas Finales. La temporada regular y hasta la conferencia del Este se habían convertido en meros trámites para LeBron, quien sabía que necesitaba más opciones para defender el título frente al flamante Big Three de Golden State. 

Griffin no había ejecutado grandes cambios estructurales más allá de las incorporaciones del novato Kay Felder, Mike Dunleavy, Chris Andersen y las renovaciones de Matthew Dellavedova y Timofey Mozgov: «No se qué tenemos para ofrecer. ¿Personalmente? No tengo tiempo para perder. Cumpliré 33 años en el invierno y no tengo tiempo que perder. Cuando sienta que física y mentalmente no puedo competir por un título, no tendré este problema. Pero hasta que es no pase, y no creo que pase en el corto plazo… Tenemos que resolverlo. Fue un 2017 de mierda hasta ahora»

El tiempo le dio la razón a LeBron. Cleveland barrió la Conferencia del Este con triunfos incontestables frente a Indiana, Toronto y Boston con un balance de 12 triunfos y apenas una derrota para adueñarse nuevamente del boleto para las Finales. James promedió 32.5 puntos durante las primeras tres rondas y en las Finales aumentó su producción con un triple-doble de 33.6 puntos, 12 rebotes y 10 asistencias entre los cinco encuentros frente a unos Warriors de semblante imbatible. 

El escenario para la campaña siguiente fue aún más desolador. David Griffin, el arquitecto de los Cavs campeones, se marchó y Kyrie Irving fue transferido a Boston Celtics. Principal actor secundario, Irving pretendía salir de la sombra que proyecta LeBron con la intención de convertirse en el jugador franquicia de un proyecto que orbitara a su alrededor. 

Koby Altman sucedió a Griffin como GM e intentó diferentes movimientos para atizar el fuego interno de su plantel aunque todos sus ensayos terminaron en fracaso. Irving finalmente fue traspasado a Boston a cambio de Isaiah Thomas, Jae Crowder y Ante Zizic. Después de la mejor temporada de su carrera y una postemporada emocionante en la que brilló jugando con una lesión de cadera y en la que sufrió la muerte de su hermana, IT aterrizó en Cleveland, debutó recién en enero y su aventura duró apenas 15 encuentros antes de ser enviado a Los Angeles Lakers. Tras un año en Chicago, Dwyane Wade se reunió con LeBron pero fueron 46 juegos antes de volver a Miami en un trade prácticamente gratis. 

Nada funcionó en esa temporada para Cleveland salvó su única constante: LeBron James. Fue el tercer máximo anotador, el segundo máximo asistente y 15º rebotero de la liga durante la campaña regular en la que llegó a dudar de los argumentos de su equipo para clasificar a la postemporada. Sin embargo, LeBron reaccionó y consiguió 18 triunfos en 19 juegos entre noviembre y diciembre para encauzar su último año en Cleveland. 

Los Playoffs fueron un camino espinoso para unos Cavs que debieron definir la primera serie frente a Indiana y las finales del Este vs Boston en siente partidos. LeBron, quien marcó más de cuarenta puntos en ocho de los 18 encuentros de postemporada en los que promedió 34 puntos, 8.2 rebotes y 8.8 asistencias, sentenció a los Pacers en el quinto partido -previo tapón a Victor Oladipo- y a Toronto en el tercero en semifinales de conferencia con dos inolvidables tiros ganadores sobre la chicharra. 

El primer partido de las Finales frente a Golden State probablemente haya sido el mejor en la carrera de LeBron. Caudillo en soledad con un quinteto conformado por Jordan Clarkson, Kyle Korver, Jeff Green y Larry Nance Jr, anotó 51 puntos, 13 en el último cuarto, capturó ocho rebotes y repartió ocho asistencias en la actuación más prolífica y épica de su carrera en Playoffs. Era un hombre, David contra Goliat, a punto de poner de rodillas al mejor equipo de la liga que había sumado a uno de los mayores talentos para afrontar la definición.  

Pero Cleveland perdió en una final vergonzante. Con el marcador igualado en 107, LeBron lanzó un pase con destino de asistencia en busca de George Hill que Klay Thompson interrumpió con una infracción que envió al base a la línea con 4.7 segundos en el reloj. Hill encestó el primero, falló el segundo y JR Smith capturó el rebote pero, en vez de lanzar en busca del triunfo agónico, salió corriendo para consumir el reloj mientras un desesperado LeBron le señalaba el aro. 

Los Cavs perdieron en tiempo suplementario y LeBron desató su furia contra una pared en el vestuario: sufrió heridas que lo limitaron para el resto de una serie que finalmente Golden State barrió en cuatro partidos. Antes del último, con la ilusión de consumar una nueva hazaña, fue lapidario: «Para ganar hay que tener talento, pero hay que ser muy cerebral. Todos somos jugadores de NBA, todos saben encestar la pelota en el aro, pero ¿quiénes pueden pensar durante el transcurso de un juego?»

Las desavenencias de los últimos años, sumadas a su crispada relación con el dueño Dan Gilbert y la ausencia de certezas a futuro, generaron un contexto expulsivo para el héroe de la ciudad que ya había saldado las deudas con su ciudad. 

I want my damn respect too

Rich Paul, amigo, representante y socio de James en Klutch Sports, entregó una radiografía de la carrera de LeBron: «En 2010, cuando se fue a Miami, se trataba de los campeonatos. En 2014, cuando regresó a Cleveland, se trataba de cumplir una promesa. En 2018, se trató de hacer lo que quería». Fue la propia agencia la que comunicó su decisión el 1 de julio de 2018. 

Los Angeles Lakers atravesaban horas bajas, incapaces de clasificar a Playoffs desde 2012-13 y definitivamente hundidos después del retiro de Kobe Bryant. Ya no había éxitos, ni títulos, ni siquiera show. Como contraste de las tristezas acumuladas, la gerencia angelina había iniciado una reconstrucción a partir de la conformación de un núcleo joven ilusionante gracias a selecciones altas en el Draft. 

Luke Walton, quien en 2015-16 dirigió a Golden State durante 43 encuentros mientras Kerr se recuperaba de una cirugía en la espalda, había sido contratado por Magic Johnson para desarrollar el proyecto californiano. Walton trabajó con los nóveles talentos en su plantel y mejoró el récord durante sus dos primeros años pero todo cambió cuando llegó LeBron. 

La mera presencia de James exige otra ambición pero los Lakers decidieron no dinamitar su nómina y apostaron por el crecimiento automático de sus prospectos en torno a LeBron y reforzaron sus cimientos con tres veteranos: JaVale McGee, Lance Stephenson y Rajon Rondo. 

Los Lakers perdieron cinco de sus primeros siete partidos en un arranque irregular y lógico hasta que las piezas encontraran su lugar en el nuevo sistema en torno al sol LeBron. James empezó a calentar sus motores en noviembre con 44 puntos, 10 rebotes 9 asistencias frente a Portland y con 51 puntos vs Miami. En Navidad, los angelinos desplegaron todo su potencial en un triunfo frente a Golden State que fue una declaración de intenciones de un equipo que advertía al Oeste sobre su virtual candidatura. 

Pero cuando las sonrisas habían regresado al Staples Center, LeBron sufrió la primera lesión grave de su carrera. Fue el segundo momento de vulnerable humanidad en la aventura como profesional del mito. Su molestia en la ingle lo marginó durante un mes y los Lakers cayeron en 11 de sus 17 juegos sin su capitán. 

LeBron volvió con 24 puntos, 9 asistencias y 14 rebotes en el triunfo en overtime vs Los Angeles Clippers pero durante el resto de la temporada evidenció sus dificultades físicas. La franquicia ya había perdido su envión y los Lakers se quedaron afuera de la postemporada, por primera vez para James desde 2005. Las Finales entre Warriors y Toronto Raptors fueron las primeras desde 2010 sin el crack de Akron. 

Sin participación en los últimos seis partidos, escribió en su cuenta de Instagram tras la confirmación de su eliminación: «¡Créanme! ¡Les prometo #LakerNation que este hechizo no durará mucho más! Se los juro. La maratón continúa». Aunque vigente, los especialistas ya no lo consideraban como el mejor jugador de la liga: tanto ESPN como Sports Illustrated lo ubicaron en la tercera posición por detrás de Giannis Antetokounmpo y Kawhi Leonard. 

Durante la agencia libre, la renuncia de Magic Johnson como presidente de operaciones conmovió a una franquicia que parecía destinada al caos. Pero LeBron adoptó una postura poco común durante su carrera: el silencio. Respaldó a la dueña Jean Buss y al GM Rob Pelinka en la construcción del equipo a sabiendas de que era inminente la incorporación de Anthony Davis, una navaja suiza gracias a su arsenal anotador, al plantel.

Davis, quien había solicitado públicamente su traspaso de New Orleans Pelicans, había firmado previamente un vínculo con Klutch Sports como agencia de representación. La trama se escribía sola y finalmente la Uniceja llegó a Los Ángeles a cambio de la camada de jóvenes -Lonzo Ball, Josh Hart, De’Andre Hunter, Brandon Ingram- que los Lakers habían sumado desde el Draft además de tres futuras selecciones de primera ronda. 

La mayor virtud de LeBron, por encima de su talento y su carácter, es su capacidad para analizar, entender y descifrar sus propias necesidades y, por ende, las necesidades de su equipo. Con 35 años y un cuerpo inevitablemente castigado después de 16 temporadas y postemporadas eternas, LeBron reconoció que iba a necesitar la ayuda de una segunda figura en la que desligar su exigencia ofensiva y los Lakers dinamitaron su proceso para cumplir los deseos de su monarca. También señaló a Rajon Rondo y a Dwight Howard como laderos útiles a su causa y tampoco se equivocó. 

Anthony Davis era el hombre ideal. Después de sufrir críticas similares a las que padeció LeBron durante su primera etapa en Cleveland, AD decidió mudarse en busca de un anillo: «Sé lo que significa estar siete años en los que sientes que no puedes superar la cima. En aquel entonces sentí que necesitaba ayuda, alguien que me empujara. Así que poder conseguirlo ahora y empujarlo, hacerle saber lo genial que es, y que sea parte de algo especial, de eso se trata», empatizó LeBron -fundamental en su reclutamiento- durante las celebraciones en la burbuja de Orlando.

No fue el único cambio sustancial en la estructura de los Lakers. Ya sin Luke Walton, Frank Vogel aterrizó como entrenador después de una plaga de negociaciones que no llegaron a buen puerto. Vogel, víctima de Bron durante sus días en Indiana no era el primer nombre en la lista de Pelinka, pero James lo respaldó desde el primer día. Si bien en el pasado había renegado de sus funciones como base, aceptó el rol que le asignó Vogel y se consustanció con su genética defensiva en un año especial para un James que emprendió una venganza después de su decepcionante 2018-19.

Sin la carga física de ser la primera y única vía en ataque, LeBron recuperó su modo más implacable como parte esencial de la fortaleza inexpugnable que edificaron los Lakers. LeBron promedió la menor cantidad de minutos de su carrera y la menor cantidad de puntos por partido desde su temporada como novato. También lanzó la mayor cantidad de triples (6.3 con un 34.8% de acierto) y la menor cantidad de libres (5.7) de su historia, un símbolo de la última evolución de su juego: reducir sus ataques al aro y tomar mayor tiros desde el perímetro reduce su desgaste. Vogel se lució al dosificar las cargas de un LeBron que llegó en plenitud a las Finales frente a Miami para lucirse y adueñarse de su cuarto año e igual cantidad de premios de MVP. 

Fue líder en asistencias de la NBA (10.2) por primera vez en su carrera, una tarea que abrazó sin chistar. LeBron alcanzó su punto cúlmine como formidable pasador gracias a su anticipada visión, su manejo de los tiempos y su capacidad para encontrar a compañeros liberados para ejecutar. Los cuatro años de batallas frente a Golden State maduraron su toma de decisiones, obligado a minimizar sus pérdidas frente a un equipo letal en transición capaz de remontar cualquier diferencia en un santiamén. 

Durante 2019-20 también encarnó un papel trascendental en los conflictos externos, canalizando la voz del plantel en el conflicto con China, liderando la postergación de los partidos de su equipo tras la trágica muerte de Kobe Bryant e incluso manteniendo a todos conectados durante el freno por coronavirus. LeBron fue el metrónomo de los Lakers dentro y fuera de la cancha. 

Para LeBron no fue un anillo más en una temporada que adoptó como una revancha, especialmente después de que su legado fuera sometido a un escrutinio público después de cada capítulo de The Last Dance: «Creo que el hecho de pensar personalmente que tengo algo que probar me alimenta. Me impulsó durante el último año y medio, desde la lesión. Me impulsó porque no importa lo que he hecho en mi carrera hasta este punto, todavía hay pequeños rumores de duda o compararme con la historia del juego y si ha hecho esto, ha hecho aquello»

Resulta una quimera identificar cuál es el prime de LeBron. Él mismo propuso esa comparación: «A los 27 años ni siquiera conoces tu juego, ni siquiera has arañado la superficie. No tienes ni idea de lo que eres capaz de hacer. Así que creo que si enfrentas al LeBron de 35 años con el LeBron de 27 años, lo dominaría»

En contraste con lo que sucedió con la mayoría de las otras leyendas a lo largo de sus respectivas carreras, la última versión de LeBron siempre es la mejor. Si bien ya no cuenta con el atletismo de sus 27 años, un retroceso especialmente detectable en la combustión de su primer paso, su inteligencia, su lectura en ambos costados de la cancha, su capacidad de pase, su prolífica eficacia, su versatilidad, su flexibilidad y su conocimiento absoluto de todos los registros del juego convierten al LeBron de 35 años en su versión más dominante, su prime. 

Su talento es imperecedero porque trabajó durante toda su carrera para evitar que dependiera de su físico. Sus ajustes son permanentes, año a año, plantel a plantel, noche a noche. Con 35 años y después de 17 años, puede interpretar roles disímiles con igual productividad y causar un impacto determinante en favor de su equipo. 

Durante la serie de finales realizó pequeños ajustes sobre la marcha para hincar al valiente Miami, como cuando en la previa del quinto juego detectó el funcionamiento de Miami en las cortinas y decidió castigar al Heat desde el perímetro: encestó 6 de los 9 triples que intentó. Frente a Denver, con un Jamal Murray desatado, decidió cambiar marcas y defender al imparable perimetral. Durante toda la postemporada, eligió a la perfección cuando asumir el papel de primera opción ofensiva y cuándo relegar la responsabilidad en Davis. 

En el quinto juego frente a Miami, Danny Green falló un triple que hubiera sintetizado en una jugada la filosofía altruista de LeBron: el Rey atrapó la atención de toda la defensa de Miami e inventó un pase imposible para que el ex San Antonio Spurs y Toronto Raptors sentenciara las Finales. 

LeBron hizo historia en la burbuja de Orlando: se convirtió en uno de los cuatro jugadores en ganar un anillo con tres franquicias diferentes y el primero en recibir el premio a MVP de las Finales con tres camisetas distintas. El dato tiene tintes anecdóticos pero desnuda un par de particularidades en torno a su carrera. 

«Cuando tengas a LeBron James», resumió Zach Lowe en ESPN, «los entrenadores serán despedidos y los jóvenes serán intercambiados para conseguirle ayuda, pero LeBron te llevará a las finales (salvo que haya alguna lesión). No perderá en las Finales de la Conferencia, no perderá en segunda ronda. Esa es la retribución de LeBron».

James juega al básquet en una escala totalmente diferente al resto de la liga, una de las mentes más brillantes de todos los tiempos. LeBron es el mejor jugador de la NBA y probablemente sea también uno de los GM más prolíficos. 

En un 2020 anómalo, The Last Dance y la consagración de LeBron revivieron una eterna discusión: ¿Quién es el mejor jugador de la historia? Jordan publicó su documental en medio de la pandemia como una defensa a su legado y James cimentó el suyo devolviendo a los Lakers a la gloria. 

Los argumentos abundan para justificar a cualquiera de los dos bandos. En definitiva, toda comparación histórica es caprichosa y subjetiva. En cifras, el récord invicto de Jordan en finales será insuperable y también su impacto en una liga que cambió para siempre su fisonomía a partir de Su Majestad pero LeBron suma cada vez más argumentos para discutirle un cetro que parecía indiscutible. 

De todas maneras, LeBron está enfocado en su otro legado: «El juego del básquet seguirá después de mí. Habrá un nuevo grupo chicos, de jóvenes y novatos, que seguirán a lo largo del juego. Entonces no puedo preocuparme de lo que pase en la cancha. Lo que más me importa es cómo inspiro a la siguiente generación. Y si aprecias mi juego, genial. Si no lo hacés, eso también es genial»

Si te gustan los contenidos de esta página, podés colaborar para financiar el crecimiento del proyecto. 

Si te gustan los contenidos de la web, podés colaborar económicamente para
apuntalar el proyecto y seguir creciendo mediante tres métodos:

– Suscripción mensual vía Mercado Pago (por el monto que prefieras)

– Un aporte único vía Cafecito (también por el monto que prefieras)

– O, si vivís en el extranjero, via Paypal.

¡Gracias por tu aporte!

Share on twitter
Share on facebook
Share on whatsapp

Apoyá mi proyecto

Este sitio web es parte de un incipiente multimedio al que podés ayudar a crecer con tu colaboración.

Si te gustan los contenidos, y querés impulsar los proyectos que tenemos en carpeta, podés colaborar con una suscripción mensual vía Mercado Pago o con un aporte único a través de Cafecito. Si sos del exterior y te querés sumar, podés hacerlo por PayPal.

¡Gracias por tu aporte!

Periodismo. En tu mail.

No te pierdas nada de tus deportes favoritos: suscribite al newsletter y recibí todas las novedades y contenidos exclusivos.