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Proscripto por la NFL tras hincarse durante el himno nacional estadounidense, Colin Kaepernick protagonizó una campaña publicitaria de Nike que inundó las calles, los medios y las redes sociales en 2018: “Cree en algo. Incluso cuando signifique sacrificarlo todo”. Kaepernick se convirtió primero en un símbolo de resistencia y más tarde en un emblema de lucha.

Dos años después, horrorizada por el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minnesota, Renee Montgomery comprendió el mensaje y decidió guardar para siempre la pelota que picó por primera vez a los diez años: “El básquetbol es todo lo que conozco. Juego desde que tengo 10 años, es todo lo que conozco. Así de importante es esto para mí. Mis padres me han dado mucha fuerza y valor en este momento. Me hacen todas las preguntas típicas de los padres, pero están muy orgullosos. Entienden mi sacrificio”.

Su historia voló por debajo del radar. Montgomery pasó prácticamente desapercibida para los medios hegemónicos y fue eclipsada por los manifiestos de las estrellas masculinas del deporte estadounidense encabezadas por LeBron James y el propio Kaepernick, celebrados como los herederos de Muhammad Ali en el activismo deportivo: “Usualmente las noticias de la WNBA no traccionan mucho. Esa es la horrible realidad”.

Fue la prestigiosa NBA, la liga más plural y progresista de Estados Unidos, la gran protagonista en las semanas siguientes debido a las discusiones inherentes a su reanudación tras la forzada y abrupta interrupción a causa de la pandemia y las discusiones respecto a los mensajes que los jugadores podrían usar en sus camisetas para comunicar su disconformidad social.

Sin público en las tribunas, la NBA regresó a su actividad en el coqueto y lujoso complejo de Disney mientras la WNBA celebraba su reducido calendario de 22 partidos por franquicia en el IMG Academy de Bradenton, Florida. Las diferencias en las comodidades entre ambas ligas eran evidentes: las jugadoras compartían cuarto entre tres o cuatro compañeras y ni siquiera tenían incluidas todas sus comidas.

La NBA completó su campaña aún pese al riesgo que supuso el histórico boicot de Milwaukee Bucks en la previa del quinto juego de Playoffs frente a Orlando Magic. Los Angeles Lakers celebraron el postergado campeonato frente a Miami Heat con LeBron James como MVP de las Finales después de haber barrido la conferencia Oeste al haber derrotado a Portland Trail Blazers, Houston Rockets y Denver Nuggets. 

En simultáneo, Seattle Storm se coronó con Breanna Stewart como MVP frente a Las Vegas Aces en una final sin equivalencias. Renee Montgomery observó de reojo, desde su casa, la eliminación de su franquicia: Atlanta Dream finalizó la temporada regular con siete triunfos y quince derrotas sin la veterana base que fue la primera en anunciar su baja de la temporada condensada para enfocarse en su rol social.

Días después del asesinato de Floyd, fue testigo de los disturbios en Buckhead, Atlanta. Fue esa tarde cuando, aterrada por lo que veía desde su departamento, llamó por teléfono a su madre en un diálogo que reconstruyó en The Players’ Tribune: “Es lo que uno hace cuando pasa algo y se asusta. No sabía que hacer, así que llamé a mi mamá, que había vivido en Detroit durante los disturbios del verano de 1967. Mantuvimos una conversación sobre la locura que supone que estemos a punto de llegar al verano de 2020 y que yo esté en Atlanta, pasando exactamente por lo mismo que ella había pasado. Ella me dijo ‘esto es lo que hace la gente cuando no se siente escuchada’. Era básicamente una paráfrasis de esa famosa cita de Martin Luther King, pero ella añadió algo más que nunca olvidaré: ‘Si no puedes hacer que tu voz se escuche, la harás sentir’”. 

Y Montgomery se hizo sentir. 

Nacida el 2 de diciembre de 1986, se crió en St. Albans, West Virginia, rodeada de personas diferentes a ella en un estado en el que apenas el 3.6% es de color: “Crecí rodeada de gente que no se parecía a mí. No podía protegerme de la soledad de ser una niña negra en una escuela de blancos. Le temía al Black History Month porque era la única chica en la clase. De joven, casi me daba vergüenza. No me avergonzaba de ser negra, sino de se la única niña negra y que todo el tema girara en torno a mí. Fue una época difícil que me permitió verme a través de los ojos de otras personas”. 

La niña prodigio creció, fue estrella en la Universidad de Connecticut y fue seleccionada con la cuarta selección del Draft 2009 por Minnesota Lynx. Durante sus once años en la WNBA vistió las camisetas de cuatro franquicias, conquistó dos títulos con Minnesota, fue All Star en 2011 y recibió el galardón a la mejor sexta mujer de la liga. 

Su laureada carrera proyectaba más capítulos importantes en su futuro pero ella dijo basta: “Mi corazón me está diciendo que tengo una misión diferente ahora. Cuando Floyd fue asesinado, creo que Estados Unidos se despertó, creo que el mundo se despertó. Puedes ver las protestas alrededor del mundo. Así que creo, que en este momento, no lo puedo ignorar más. Necesitamos hacer algo. Creo que ese fue el momento en el que lo supe, cuando mi corazón lo descubrió”. 

El 18 de junio, Montgomery anunció su ausencia: “Mi decisión de no ir está 100% basada en aspectos de la justicia social. Estoy ocupada trabajando para una reforma social. No iba a tener tiempo para el deporte”.

Después de aquella conversación telefónica con su madre, Montgomery hizo un click y fue tal el nivel de repulsión que transformó en irrelevante aquello que antes creía fundamental. En una decisión admirable, decidió enterrar definitivamente aquello para lo que había trabajado durante toda su vida con el fin de encomendarse a un propósito altruista y superador. 

Si para otros activistas deportivos el sacrificio fue una consecuencia forzada, para Montgomery fue una decisión consciente y voluntaria: “Creo que existe un impulso ahora y quiero capitalizarlo en el sentido en que muchos quieren mejorar las cosas. Muchos se preguntan cómo pueden ayudar, qué pueden hacer. Tal vez no se hagan las mismas preguntas en cuatro meses. Así que para mí, mientras se hacen esas preguntas, mientras todo el mundo está pendiente de eso, quiero ser un catalizador para mantener el interés y seguir adelante”.

Montgomery, quien tiene una fundación sin fines de lucro con su nombre para mejorar la vida de las personas en su comunidad a través del deporte e impulsar la participación femenina, se involucró especialmente en la organización de las elecciones celebradas en noviembre cuando Joe Biden venció al presidente Donald Trump. Renee participó de la organización More Than a Vote fundada por LeBron James para combatir el absentismo electoral y energizar, educar y proteger a los votantes de color. Además intentó matizar uno de los principales inconvenientes en Atlanta en particular y en Georgia en general: las largas filas que padecen los electores de color para realizar su sufragio

Si bien la propia Montgomery había dejado abierta la puerta para su eventual regreso en 2021, el último 9 de febrero comunicó su retiro en un nuevo episodio de su podcast Remotely Rene: “Un momento durante el año pasado se convirtió en un movimiento y la maratón continuará”.

Dos semanas después, Montgomery hizo historia: se convirtió en la primera ex jugadora en ser propietaria de una franquicia de la WNBA. El grupo económico conformado por Larry Gottesdiener, dueño de la inmobiliaria Northland, y Suzanne Abair, presidenta de la empresa, completan el trío que adquirió a Atlanta Dream tras la aprobación unánime por parte de la WNBA y la NBA. Para Renee, hasta hace algunos meses base titular de la franquicia, la adquisición representa un “sueño hecho realidad, es romper las barreras para las minorías y las mujeres”. Al margen del hito que representa Montgomery como dueña de una franquicia, su participación en la compra de Atlanta Dream también representa un capítulo más en su activismo.

La franquicia era propiedad desde 2011 de la ex senadora republicana Kelly Loeffler, quien en forma conjunta con la empresaria Mary Brock dirigieron en sociedad al conjunto durante una década. Loeffler fue una de las voces más resonantes contra Black Lives Matter e incluso llegó a enviarle una carta a la comisionada Cathy Engelbert en la que objetó la decisión de la WNBA de promover al movimiento y divulgar su mensaje: “El Black Lives Matter socava el potencial del deporte y envía un mensaje de exclusión. La verdad es que necesitamos menos, no más, política en el deporte. Y ahora más que nunca, tenemos que estar unidos en nuestro objetivo de sacar la política del deporte”. 

Montgomery, quien ya había anunciado su baja para 2020, le respondió en Twitter: Estimado senadora, estoy bastante triste al ver que la gerencia de mi equipo no apoya el movimiento y todo lo que representa. Decidí mantenerme al margen de esta temporada y esto es un ejemplo de por qué. Me encantaría tener una conversación con usted sobre el asunto si está de acuerdo». 

El Sindicato de jugadoras también se expresó y solicitó públicamente su destitución con un lapidario Tweet, pero Engelbert desestimó la posibilidad. Los equipos de la WNBA reaccionaron y durante numerosas entradas en calor previas a los partidos celebrados en la burbuja salieron a la cancha con una camiseta con la leyenda “Vote Warnock”.

Elizabeth Williams, jugadora de Atlanta desde 2016, hizo campaña en Twitter a favor de Warnock y explicó sus motivos en el New York Times: “No podemos hacer nada sobre que ella sea la propietaria, pero sí podemos controlar por quién votamos. Cuando vimos lo que hacía la dueña, que nos estaba usando a nosotros y al Black Lives Matter para ganancia política, sentimos que no queríamos quedar como peones perdidos en el medio”. 

El plantel de Atlanta Dream también se expresó públicamente: “Somos las mujeres de Atlanta Dream. Somos mujeres que respaldamos a un movimiento. Somos fuertes y no tenemos miedo. Nuestro equipo está unido detrás del Movimiento de Black Lives Matter. Esta no es una declaración política, es una declaración de humanidad”. 

La campaña y movilización de las jugadoras de la WNBA en favor de Warnock fue clave para su campaña: aumentó en un 20% su financiamiento en las 48 horas posteriores, un incremento de casi 40.000 dólares. 

Loeffler contraatacó: “No hay lugar para el racismo en este país pero hay una organización, diferente a lo que se dice, una organización llamada Black Lives Matter que está fundada en principios marxistas. Y el marxismo apoya al socialismo. Es cada vez más evidente que se quiere silenciar a quien está en desacuerdo con otros. Es claro que la liga está más preocupada con la política que con el baloncesto y mantengo lo que dije en junio”. 

Loeffler había ingresado al senado en lugar de Brian Kemp, quien dejó su banca en diciembre de 2020 para asumir como Gobernador. Aquella misiva a Engelbert no fue su única expresión racista. Tras el asesinato de Rayshard Brooks a mano de la policía el 12 de junio de 2020 en Atlanta, Loeffler criticó las manifestaciones y protestas en el cuarto estado con más población afroamericana y de color. 

Finalmente, el demócrata Raphael Warnock venció a Loeffler, acusada también de hacer campaña junto al supremacista blanco del Ku Klux Klan Chester Doles, con el 51% de los votos y se convirtió en febrero en el primer senador afroamericano en la historia del estado de Georgia y el undécimo en el país en una lista en la que resaltan Barack Obama y Kamala Harris. 

En menos de un año, Loeffler se quedó sin su franquicia y sin su asiento en el senado. Montgomery, quien también jugó un papel importante en las elecciones celebradas en enero, desempeñará ahora un rol fundamental en la estructura de la franquicia que fue su hogar durante los últimos dos años de su carrera profesional. LeBron, fundador de More Than a Vote, jugó un papel fundamental en el acercamiento de Montgomery al grupo inversor: “Muy orgulloso de esta Reina. ¡Esto es lo que somos! #másqueunatleta”. 

Montgomery no es la única que no retornará de cara a la temporada 2021 de la WNBA. Maya Moore anunció en las últimas horas que tampoco regresará a Minnesota Lynx para la próxima campaña. La estrella de 31 años, elegida en la primera selección del Draft 2011, fue cuatro veces campeona de la liga, MVP de las Finales de 2013, MVP de la temporada regular 2014, seis veces All Star y novata del año en 2011. 

Su último juego fue el 21 de agosto de 2018 en la derrota en Playoffs frente a Los Angeles Sparks: en febrero de 2019 anunció su retiro temporal para trabajar como abogada en la liberación de Jonathan Irons condenado a cincuenta años en 1998 con apenas 16 años por un robo y agresión. Moore consiguió probar su inocencia después de 23 años preso y, tras la liberación de Irons, se casó con él. Ahora ambos promueven una reforma de la justicia criminal para que no existan otros Irons en el futuro. 

“Este viaje ha sido bastante salvaje, así que todavía estoy tratando de tomarme ese tiempo para realmente establecerme, ya que acabamos de casarnos. Así que todavía estoy planeando tomar un descanso y realmente sólo apoyarme en esta temporada de disfrutar de Jonathan y tener este año completo”, aseguró Moore durante una aparición en Good Morning America. 

Montgomery y Moore son dos mujeres convertidas hoy en emblemas en la historia del activismo que decidieron sacrificar todo aquello que construyeron durante más de tres décadas para luchar por lo que sus convicciones. 

Montgomery, de todas maneras, dejó una reflexión brillante en su anuncio inicial: “No hay una respuesta correcta para esto. Cuando la gente quiere hacer un cambio, hay muchos caminos. Algunos dirán: ‘Bueno, ¿no puedes usar tu plataforma aún más si juegas al básquet? Claro, esa es una opción. Creo que LeBron puede ir a la burbuja de Orlando y hacer mucho ruido. Es decir, LeBron puede hacer cualquier cosa desde cualquier lugar. No se equivoca cuando dice que tendrá un mayor impacto en la comunidad negra a través del juego. Por otro lado, un jugador de la NBA o de la WNBA que quiera quedarse fuera y participar en su comunidad, tampoco se equivoca. Creo que no hay una respuesta correcta. No hay una sola manera de hacerlo. No sé realmente lo que va a pasar. Pero hay algo muy dentro de mí que me da mucho valor en este momento. Algunos podrían llamarlo optimismo ignorante. Pero para mí, se siente como ESPERANZA. Fe”.

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