La vida después de Manu: argentinos en la NBA

La flamante temporada NBA estará otra vez teñida de celeste y blanco gracias a la participación de cinco compatriotas, siempre un motivo para celebrar más allá de su rol.

Eran otros tiempos. La NBA simbolizaba un horizonte inalcanzable cuyas figuras aparecían únicamente en los pósteres con los que jugadores argentinos decoraban sus paredes. El postergado sueño de integrar la mejor liga del mundo parecía una utopía incluso para los fanáticos que, antes de la globalización y su consolidación como un fenómeno sin fronteras, apenas podían acceder a resúmenes de partidos gracias a Adrián Paenza y su semanal La magia de la NBA

Pero algo cambió en aquella noche del 31 de octubre. Philadelphia 76ers visitaba a New York Knicks en el Madison Square Garden en el debut de ambos en la temporada 2000-01 y el partido, impulsado por la ilusión, se transmitía en directo por ESPN. Después de tres cuartos, el trámite estaba sentenciado: Allen Iverson había redondeado otra producción memorable apuntalado por un Toni Kukoc implacable para silenciar a la siempre ruidosa tierra prometida del básquet norteamericano. Fue entonces cuando ese 31 de octubre, hasta entonces un día más en el calendario nacional, se transformó en efeméride. 

Todo había pasado muy rápido en la aventura de Pepe Sánchez. Ícono de la Universidad de Temple, los Sixers lo habían incorporado como agente libre el 2 de octubre y recién le habían garantizado su contrato temporal dos días antes de la jornada inaugural. Alojado en el hotel Plaza de Nueva York, faltaban apenas 24 horas cuando el general manager Billy King le comunicó que integraría la nómina de doce jugadores que visitarían a los Knicks. 

Con la victoria consumada, el mítico Larry Brown dispuso su ingreso a falta de dos minutos y 28 segundos en lugar de Aaron Mckie. Con el número cuatro estampado en su camiseta, Pepe escribió una página gloriosa en la historia del deporte y grabó su nombre como el primer jugador argentino en pisar un territorio hasta entonces inexplorado. Era un sueño hecho realidad para Pepe en particular, para sus colegas, para los fanáticos y para un deporte que empezaba a recolectar los frutos de la fundación de la Liga Nacional en 1984. Fueron pocos minutos pero Pepe se las ingenió para asistir por duplicado a Todd MacCulloch en el poste bajo. 

Casi en simultáneo, Rubén Wolkowyski hizo su presentación en la derrota de sus Seattle SuperSonics frente a Vancouver Grizzlies en Canadá. El Colo, producto de la Liga Nacional que había aterrizado sin escalas en la NBA, sustituyó al legandario Patrick Ewing a falta de tres minutos para el final del primer cuarto y rubricó una planilla de dos rebotes, una tapa y cuatro tiros de cancha fallados en 11’47 para completar un día inolvidable.

Sus carreras NBA fueron acotadas. El Colo disputó 41 juegos, marcó 80 puntos, capturó 47 rebotes, robó seis balones, repartió cuatro asistencias y realizó 18 tapas con las camisetas de Seattle y Boston Celtics. Pepe redondeó 38 intervenciones con 20 puntos, 49 asistencias, 21 rebotes y 16 robos entre Philadelphia, Atlanta Hawks y Detroit Pistons. Eran otros tiempos, días de una liga con fronteras todavía inexpugnables en los que desde Argentina se celebraba cada minuto. 

Y entonces apareció Manu Ginóbili para convertir lo imposible en rutina. Si por entonces afianzar a un argentino en la rotación de una franquicia era una hazaña, no alcanzan las palabras para describir las proezas de un hombre convertido primero en campeón, después en estrella y finalmente en leyenda del panteón NBA. Integrante de uno de los mejores tridentes de la historia, dueño de cuatro anillos y paradigma de sexto hombre, es uno de los 175 jugadores en tener retirada su camiseta, fue protagonista de la discusión por un lugar entre los mejores 75 de todos los tiempos y tendrá su espacio en el Salón de la Fama. 

Fueron quince años en los que naturalizamos a Manu y a una Generación Dorada que se lució con sus actuaciones en suelo estadounidense. Homenajeados por San Antonio Spurs durante la gala organizada en honor a Ginóbili, la Selección como colectivo y las producciones individuales de sus integrantes cambiaron para siempre la perspectiva del jugador argentino y extranjero. 

Donnie Nelson, ex GM de Dallas Mavericks que diseñó el equipo campeón en 2011 y fue determinante en el pasado, presente y futuro del elenco texano con las elecciones de Dirk Nowitzki en 1998 y de Luka Doncic en 2018, me envió el siguiente análisis tras incorporar a Nicolás Brussino en 2016: “Manu, Luis, Andrés y muchos otros jugadores argentinos sentaron una gran base para los jóvenes jugadores como Nicolás. Su profesionalismo y su espíritu competitivo no tienen parangón en nuestro deporte. Está claro que su mensaje se ha transmitido con éxito a la siguiente generación. He tenido el placer de entrenar a Luis y a Dirk antes de que llegaran a la NBA. Eran jóvenes delgados que estaban buscando su camino, como todos los jugadores jóvenes. El corazón, el cerebro y las agallas son la diferencia entre los que lo consiguen y los que no, como todo en la vida. En mi experiencia, los atletas argentinos rara vez han carecido de esas cualidades”.

Antes de dirigir a Facundo Campazzo en Denver Nuggets, Michael Malone fue el entrenador del combinado del Team LeBron en el Juego de las Estrellas de Charlotte en 2019 y coincidió cuando le pregunté sobre Manu y su influencia para desdibujar las fronteras NBA: “Cuando pienso en Manu Ginóbili pienso en un ganador, pienso en un campeón. Pienso en un hombre que tiene un corazón enorme y muchísima pasión. La emoción y la pasión con la que jugaban cada vez que enfrentábamos a la Argentina siempre me inspiró. Manu trajo eso a la NBA. Jugadores como Dirk y Manu, que llegaron desde diferentes países e impactaron en el juego a un nivel tan alto, abrieron la puerta para que la transición de jugadores como Nikola Jokic fuera mucho más fácil. Siempre hay que agradecer y rendirle respeto a los jugadores que vinieron antes que vos, hombres que tuvieron el impacto que tuvo Manu, Tony Parker, y todos los jugadores de los Spurs. Le demostraron al mundo y a la NBA que podés venir a la liga desde cualquier lugar del mundo e impactar en el juego y jugar al máximo nivel. Más importante aún, no solo jugar al máximo nivel: demostraron que pueden ganar al máximo nivel. Manu es un campeón, si tengo que definir a Manu Ginóbili en una palabra, es campeón”. 

Los testimonios de Nelson y Malone, quien moldeó a Jokic hasta convertirlo en el último MVP de la NBA, son apenas una sintética muestra de la percepción de una competición que hoy atraviesa tiempos muy diferentes a los de aquel 21 de octubre de 2000 aunque existe un denominador común: tres argentinos forman parte de los 109 extranjeros de 39 países diferentes que integran los planteles de las 30 franquicias. Con más de un centenar de foráneos por octava campaña consecutiva, Facundo Campazzo, Leandro Bolmaro y Gabriel Deck son parte de un certamen que también tendrá a Pablo Prigioni como asistente en Minnesota Timberwolves y a Manu Ginóbili otra vez en San Antonio como asesor. 

Para no perder la costumbre, analizamos el panorama de cada uno de ellos para la temporada 2021-22 con la necesidad de despegarnos de la anomalía que significó acostumbrarnos a lo imposible para escaparle al exitismo, poner los pies sobre la tierra y volver a celebrar que el básquet nacional tiene representación en el torneo más poderoso y competitivo del mundo. 

¿A foja cero? 

La arriesgada apuesta, abandonar su condición de estrella en el equipo más poderoso de Europa para embarcarse en un desafío mayúsculo en busca de un hueco en una franquicia consolidada, protagonista e incómoda para sus virtudes, había salido bien: “Las sensaciones son buenas varios días después del final de la temporada. Me parece que todo lo que viví es parte de la adaptación y del aprendizaje. Fue más que positivo lo que viví en este primer año en la NBA. Me equivoqué mucho y aprendí sobre la marcha. Ahora tengo muchas ganas de que empiece la segunda temporada”, escribió en La Nación. 

No fue fácil su aclimatación en medio del furor entre un país que soñaba otro Ginóbili y la agresiva campaña en redes sociales de unos Nuggets decididos a captar al público argentino. Los comentarios iniciales de Malone, quien lo empapó de elogios durante la pretemporada, se estrellaron con la realidad de los primeros partidos: sin minutos frente a Dallas Mavericks y con participación limitada durante la primera decena de encuentros. 

El panorama no era demasiado alentador. Con 30 años, y ante la imperial presencia de Nikola Jokic como generador principal, Campazzo debía enterrar temporalmente su identidad y reinventarse para encajar en la dinámica colectiva en un rol secundario e inédito sin la pelota en sus manos. Pero Campazzo volvió a demostrar, como siempre a lo largo de su carrera, que estaba a la altura: en las esquinas del perímetro fue encontrando su lugar en ataque y en defensa aportó su distintiva intensidad aún pese a las desventajas de su físico en la NBA del switch constante. 

Ante numerosas bajas en la media cancha, Facu fue titular por primera vez el 16 de febrero de 2021 ante Boston Celtics en un encuentro que representó un cisma en su travesía: el argentino aportó 15 puntos, 8 asistencias, 3 rebotes, 2 robos y una tapa en 39 minutos. Desde aquella derrota en el TD Garden en adelante, el base argentino fue adquiriendo mayor protagonismo y la baja definitiva de Jamal Murray tras sufrir la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda le entregó definitivamente las llaves rumbo a los Playoffs: fue titular en nueve de los diez juegos y promedió 9.3 puntos, 4.1 asistencias, 3 rebotes y 1.4 robos en 27 minutos por juego. 

Denver fue barrido en las semifinales de conferencia frente a los Phoenix Suns de Chris Paul y Devin Booker pero, pese a la decepción de un fenómeno competitivo como Campazzo, Facundo había cumplido los objetivos que se había trazado cuando se animó a sepultar su ego y marcharse del Viejo Continente: primero demostró su pertenencia a la mejor liga del planeta y después aprovechó las oportunidades para afianzarse en la rotación de un candidato. Sin el retorno de Murray hasta enero y sin grandes movimientos en el mercado por parte de una gerencia que apuesta siempre al continuismo, el cierre de la pasada campaña -no el excepcional protagonismo que adquirió en el cuarto juego frente a los Suns tras la expulsión de Jokic sino el papel acumulado de la postemporada- aparecía como su punto de partida para 2021-22. 

Pero tras una deslucida actuación en los Juegos Olímpicos de Tokio y un rendimiento irregular en la pretemporada, el arranque fue inquietante en una liga en la que el pasado solo le importa a los historiadores. La competencia es feroz y la evaluación es diaria porque lo único relevante es el presente. Más allá de algún parcial positivo en el que atacó al aro con decisión frente a San Antonio Spurs o en el que se reconcilió con el tiro de tres como ante Houston Rockets, Campazzo aportó realmente poco en ataque e incluso sufrió en defensa ante oponentes que no deberían representar un problema. Después de 11 partidos, su versión 2021-22 está lejos, muy lejos, de aquella que cerró los últimos Playoffs. 

Esta semana fue un reflejo de su situación actual: Malone lo marginó de la rotación frente a Miami en la mejor actuación de Denver de la temporada y ante Indiana Pacers, con Jokic suspendido, completó apenas siete minutos. Nada es definitivo pero lo cierto es que las sensaciones no son positivas. Si bien su ausencia frente al Heat tiene argumentos lógicos por la envergadura de Kyle Lowry y la altura de los escoltas de Miami liderados por Duncan Robinson, el escenario fue más preocupante frente a Indiana porque no ingresó en una segunda mitad en la que Malone priorizó a Bones, a Dozier y hasta a Markus Howard. En definitiva, Campazzo parece haber perdido el lugar que se había ganado en su primer año. 

Facu es parte de un problema mucho mayor que su rendimiento individual: forma parte de una segunda unidad disfuncional que ha sido el gran déficit de Denver en el arranque de una campaña con Jokic otra vez en modo MVP y una defensa de élite que ostenta el segundo mejor rating defensivo de la liga después de haber permitido menos de cien puntos frente a ocho de sus once rivales. Sin Murray, Malone decidió reconstruir su quinteto titular con Monte Morris otra vez como base y Will Barton como escolta por encima de un Campazzo que regresó a su papel de primer cambio en la media cancha. Pero el contraste entre la formación inicial y la segunda unidad fue abismal, un grupo que plasmó una notable anemia ofensiva e inconvenientes serios atrás para desperdiciar constantemente las ventajas que Denver sembraba. 

“Tengo que descifrar nuestro banco», confesó Malone en plena turbulencia y ejecutó en consecuencia: acortó la rotación y dejó afuera a Austin Rivers de las dos derrotas consecutivas frente a Memphis Grizzlies. Sin Michael Porter Jr, ante Miami apostó por otra fórmula en una temporada regular que equipos como Denver, que salvo una catástrofe ya tienen garantizado su lugar en Playoffs, utilizan como banco de prueba para descifrar su dinámica y descubrir posibles traspasos antes del deadline del próximo 10 de febrero. Denver redondeó la mejor actuación de su incipiente calendario y despachó a un Miami Heat de sobresaliente arranque. 

Sin Jokic ni MPJ, Indiana aparecía como oportunidad para recuperar su lugar pero Facu fue el tercer suplente que menos jugó apenas por delante de Howard y Bol Bol. Con Barton en plan heroico, Hyland sumó una veintena de minutos, Zeke Nnaji aprovechó la chance para presentar sus credenciales y el propio Howard salió por delante de Facu en una segunda mitad que vio completamente desde el banco. 

La determinación de Malone de excluir a Campazzo se transformará en una situación alarmante si la tendencia se mantiene durante los próximos juegos pero, aunque todavía es pronto para pulsar el botón de pánico, indudablemente resulta un llamado de atención para un Facu desconectado y falto de confianza que acumula tres razones principales para explicar su relegación. 

El problema no es nuevo: Denver está lejos de ser el lugar ideal para las virtudes de Campazzo. El singular perfil de su estrella y piedra basal, considerado uno de los mejores pasadores de la historia y principal generador de los Nuggets, eclipsa una de las mayores virtudes del cordobés. Una disposición ideal con el serbio como epicentro consistiría en un cuarteto de tiradores que le permitan encontrar espacios en el juego interno y estén alistados para castigar ante los desajustes naturales que se generen a partir de las ayudas que cualquier defensa necesita ejecutar para frenar a Jokic. 

Denver trabajó en ese repertorio y Facu se había afianzado en esa dinámica con el tiro desde la esquina como recurso en una evolución que el propio Campazzo esperaba sostener durante esta temporada: “Yo estoy focalizándome en las definiciones, sigo puliendo el tiro de tres puntos, el pick and roll, las flotadoras, todas esas cosas estoy puntualizando. Entiendo que en el equipo debo hacer lo mismo y que tengo que generar un impacto aún si tengo menos la pelota en la mano o tengo menos minutos. Intentaré ser mejor en ese rol”, analizó en La Nación antes de empezar la actual campaña. 

Sin embargo, el atascamiento ofensivo de Denver es evidente salvo por el impacto del Joker, líder absoluto en todos sus apartados estadísticos. El combinado de Malone es el segundo peor en efectividad desde el perímetro con un paupérrimo 29.9% de tres y 24º en rating ofensivo, un rubro en el que Campazzo aporta poco: está encestando apenas el 26.3% de sus tiros desde los 7.24 metros en un volumen realmente bajo de 1.7 triples por juego. Más allá de su eficacia, el síntoma más preocupante es que son pocos los lanzamientos que toma en una segunda unidad que también carece de anotadores fiables. 

La aparición de Bones Hyland, elegido con la 26ª selección en el último Draft y elogiado por el coach en la pretemporada, es otro de los motivos que postergaron a Campazzo. El novato es un anotador natural sin miedo a tomar lanzamientos, capaz de crearse sus propios tiros desde el drible en una nómina en la que no abunda esa virtud. Su convicción lo ha convertido en una de las piezas más valiosas del banco e incluso le ha permitido cerrar partidos como frente a Memphis cuando marcó ocho puntos en los últimos seis minutos del cuarto parcial. 

El rookie de 21 años será irregular y tendrá que crecer en múltiples aspectos de su juego -aprovechar su capacidad atlética para defender, aumentar su participación como armador y mejorar sus porcentajes- pero su energía y su compatibilidad con la identidad de los Nuggets inclinan la balanza de Malone en su favor: “Y Bones, quiero decir, los fanáticos aman a Bones y puedo ver por qué. Hizo algunas jugadas importantes, sacó una falta al final que fue realmente clave para conseguir la victoria. No está forzando los tiros difíciles. Está encontrando a sus compañeros. Juega con un aplomo que supera a su edad. Bones está en camino de seguir madurando y de ser un gran jugador”, reflexionó el head coach después de los doce puntos, cuatro asistencias y tres rebotes del rookie en sus casi 22 minutos frente a Indiana.

Con la confianza minada, la planilla de Campazzo plasma una merma en casi todos sus rubros. Además del tiro, Facu aún no ha podido adueñarse de la segunda unidad como armador en una dinámica en la que debería marcar los tiempos y determinar los senderos de cada ataque aunque tampoco dispone de demasiadas opciones fiables a su servicio. Tampoco ha conseguido inyectarle su energía en defensa para modificar el guión de un juego. Si bien el +/- es una estadística relativa, injusta y hasta caprichosa, Facu acusa el décimo tercer peor registro de los 448 jugadores de la liga según los datos de NBA Stats. Aunque resulta correcto relativizar la estadística en cuestión -ahora que es perjudicial y antes cuando la muestra lo beneficiaba- el balance sazona lo evidente. 

Después de algunos experimentos, la acortada rotación de 10 integrantes de Malone parece clarificarse con un quinteto establecido (Morris, Barton, Porter Jr, Aaron Gordon y Jokic) y un banco conformado por PJ Dozier y Hyland como alternativas en la media cancha junto a JaMychal Green y Jeff Green como internos aunque la última actuación del sophomore Zeke Nnaji podría reconfigurar la dinámica. El décimo puesto, por ahora, estaría en disputa entre Campazzo y Austin Rivers. La ecuación cambiará drásticamente con la vuelta de Jamal Murray en enero, fecha marcada en rojo en el calendario del cordobés como límite para recuperar el terreno perdido. 

Campazzo está atravesando el último de los dos años de su contrato con Denver por lo que la temporada 2021-22 será determinante en su futuro: “Me juega en la cabeza que sea mi último año de contrato, pero lo uso como algo positivo. Y si juego por demostrar, no creo que me salgan bien las cosas. En esos momentos uno quiere hacer más que lo que realmente puede hacer y termina haciendo mucho menos. Intento que fluya, me pongo como objetivo trabajar duro y aprovechar los momentos”, reflexionó en su última columna. 

Todavía es temprano para definir su destino pero existen algunas pocas certezas importantes respecto a Denver: las renovaciones de Aaron Gordon (92 millones por cuatro años) y Michael Porter Jr (207 millones por cinco años) garantizaron su cuarteto principal por los próximos años pero agotaron el espacio salarial de una franquicia que tendrá que pagar el impuesto de lujo a partir de 2022-23 al haber superado por primera vez después de una década el límite salarial. Sin margen para negociar, y con sus exitosos antecedentes escogiendo talento joven en el Draft, Denver podría apostar por novatos para completar su plantel. En ese escenario será fundamental que Facundo se reencuentre con su mejor versión para acumular argumentos en busca de un nuevo contrato, ya sea en Denver, en otro candidato o en un equipo sin tantas aspiraciones pero con más millones a disposición. 

Una carrera de fondo

Es el más joven de los quince argentinos en la historia NBA. Con apenas 21 años, y a contramano del desembarco de Campazzo, Leandro Bolmaro afronta una maratón que deberá recorrer con paciencia. Después del draft&stash y una auspiciosa campaña en Barcelona, Minnesota finalmente incorporó al escolta por cuatro años y casi doce millones de dólares. Si bien los últimos dos años no están garantizados y dependerán de la voluntad de la franquicia, en los Timberwolves confían en su proyección porque el cordobés dispone de herramientas fundamentales para el juego moderno. 

Será clave, entonces, no desesperarse ante la escasez de minutos (apenas 9’ en tres de los nueve juegos del calendario) o ante las recurrentes asignaciones a los Iowa Wolves de la G-League en un año de transición y adaptación a un nuevo mundo. Mientras evoluciona en silencio en cada entrenamiento con Pablo Prigioni como mentor y suma rodaje en el primer equipo, la liga de desarrollo le garantizará continuidad en un escenario que debería aprovechar como escaparate para demostrar su potencial mientras conoce los secretos del sistema y del universo NBA en un rol protagónico. 

Por supuesto que la diferencia entre NBA y G-League es sustancial, pero noches como la de su última actuación en la victoria frente a Sioux Falls Skyforce -25 puntos, 6 asistencias y 5 rebotes con una altísima efectividad y un buzzer beater para forzar un segundo suplementario- le permitirán tarde o temprano hacerse un hueco en la rotación. Una experiencia prácticamente idéntica atravesó en el propio Barça cuando defendía los colores blaugranas tanto en la Liga Española de Baloncesto de Oro -segunda división- como en ACB. La prioridad es una sola: su crecimiento bajo la órbita de la élite mundial. 

Bolmaro es una excepción en el estereotipo del básquet nacional, un perfil atlético poco habitual para un jugador argentino que le permite marcar bases, escoltas y aleros sin dificultades, clave en la NBA del switch constante. «Él rompe el molde del jugador tradicional argentino por sus condiciones atléticas que no necesariamente tienen que ver con su explosividad o con el salto sino con la capacidad que él tiene para moverse en espacios reducidos, sus extremidades muy largas, flexibilidad en los tobillos que hace que pueda cambiar de dirección muy rápido. Cosas que a jugadores de nuestro tipo le toman dos o tres maniobras él las puede hacer en una. En la NBA casi todos los atletas tienen esa capacidad. Él va a estar a la altura a nivel atlético quizá como pocos han podido estar, creo que Carlos Delfino probablemente ha sido el mejor atleta que ha pasado de los nuestros por ahí. Eso es una gran ventaja, una grandísima ventaja. Para él es muy fácil jugar un juego vertical, en cuatro zancadas está en un campo y en otro. El hecho de que el juego de la NBA sea mucho más abierto le va a generar más facilidades», definió Pepe Sánchez en una conferencia de prensa en el marco de un evento Jr NBA.

Bolmaro, lejos de buscar el lucimiento individual, es un gran jugador de equipo que defiende con intensidad, fundamentos e inteligencia, una rueda de auxilio permanente de buena envergadura e incesante actividad. En ataque tiene buena mano para ejercer la función de generador secundario e intuición para encontrar espacios jugando sin la pelota aunque para ganarse minutos NBA necesitará mantener su fiabilidad como conductor y crecer como tirador, una faceta en la que el trabajo con los asistentes del cuerpo técnico es más recurrente, eficaz y prolífico. Ni el físico ni los instintos defensivos pueden aprenderse pero la mecánica puede pulirse hasta convertir a un mediocre lanzador en una respetable amenaza perimetral, una proyección para la cual hay indicadores alentadores gracias a su 45.3% de tres en la última Liga ACB en un volumen bajo y un 84% en su carrera desde la línea de libres.

La mayor dificultad que afrontará Bolmaro en su primer año es un perímetro atiborrado. Anthony Edwards fue elegido con el primer pick de 2020 y es el otro gran pilar sobre el cual se construye el futuro de la franquicia. Indiscutido titular, está atravesando un gran arranque en una media cancha cargada de talento que completa D’Angelo Russell. La incorporación del intenso Patrick Beverley, la renovación de Jordan McLaughlin, la presencia anotadora de Malik Beasley e incluso la irrupción de Josh Okogie completan una rotación sólida para los puestos de base y escolta. El entrenador Chris Finch, quien está al mando del equipo desde la destitución de Ryan Saunders a mediados de 2020-21, fue sincero en cuanto a las opciones del cordobés: “Podría jugar ahora, pero el equipo cuenta con muchos jugadores en su posición y no es parte de la rotación. La idea es que no pierda ritmo de competencia”. La paciencia es una virtud que Bolmaro tendrá que cultivar, aunque un par de lesiones de sus compañeros podrían aumentar su participación. 

A paso de tortuga 

Gabriel Deck es víctima de una contradicción porque sus aspiraciones personales son incompatibles con los objetivos que persigue su franquicia. Oklahoma City Thunder, dirigido por el genial Sam Presti, se trazó dos metas en la primera reconstrucción de su historia: desarrollar su prometedor núcleo joven y acumular derrotas que le permitan acceder a posiciones de privilegio en los próximos Draft gracias a los más de treinta picks que disponen para los próximos años. Presti, el hombre que seleccionó a Kevin Durant, James Harden y Russell Westbrook en años consecutivos, es una de las mentes más brillantes de la liga y tiene un plan que representa un conflicto de intereses con las necesidades de Tortuga. 

Con el fenomenal Shai Gilgeous-Alexander como bandera, OKC buscará darle rodaje también al especialista defensivo Luguentz Dort, al espigado e irregular Aleksej Pokusevski, a Darius Bazley, a Jeremiah Robinson-Earl, a Theo Maledon y a un Josh Giddey que fue elegido con la sexta selección del último Draft. El Thunder vive una época ideal para experimentar con el fin de dilucidar cuáles son los jugadores jóvenes que pueden ser útiles para su futuro. 

En ese contexto, con un grupo mayormente confeccionado por menores de 23 años, Deck arrancó la temporada relegado. “Ha hecho un buen trabajo, pero tiene que seguir aprendiendo mucho en la NBA. Ahora no está en la rotación, pero queremos que siga enfocado. En algún momento tendrá la oportunidad de ayudarnos. Ha hecho un buen trabajo en la pretemporada. Tiene un juego refinado. Creo que tiene la oportunidad de crecer dentro de la NBA, no está en la rotación pero tenemos una actitud de desarrollar completamente a los 17 jugadores del plantel”, le comentó el entrenador Mark Daigneault -quien apenas tiene diez años más que Deck- al colega Leonardo Torres.

Es innegable que Deck, aún pese a su deficiente tiro de tres puntos, puede aportarle a Oklahoma City su experiencia internacional y que, al menos por ahora, su presencia podría causar un mayor impacto que la de varios de sus compañeros que forman parte de la nómina. Tortuga lo demostró durante los últimos diez juegos de la pasada campaña cuando promedió 8.4 puntos, 4 rebotes y 2.4 asistencias en 21 minutos. La confesión de Daigneault acentúa las dudas respecto a la decisión de Oklahoma de garantizar el vínculo de Deck pero la presencia de Presti podría ser parte de la respuesta ante la incertidumbre: no sería extraño que sea transferido como parte de un combo en busca de nuevos activos. 

Con minutos limitados en el arranque de 2021-22, el santiagueño deberá exprimir al máximo cada oportunidad para mostrarse, demostrar su utilidad a nivel NBA y no ser cortado en caso de una mudanza. Frente a Golden State, en el anteúltimo de los cuatro partidos que disputó, anotó siete puntos y robó una pelota en siete minutos frente a Golden State Warriors en un duelo que su equipo perdió por 21 unidades.  “Algunos de esos chicos no habían jugado hasta ese momento y fue muy bueno lo que hicieron. Esta es la forma en la que te mantenés preparado, la forma en que te mantenés alerta y la forma en que le generás confianza a tu equipo, saliendo y jugando de la manera correcta independientemente de las circunstancias”, lo elogió Daigneault post partido. Si bien las molestias en el talón le impidieron ingresar frente a Lakers y Clippers, Deck tampoco sumó minutos en el triunfo frente a San Antonio Spurs del último domingo y apenas acumuló 2:30 en la victoria frente a New Orleans Pelicans. 

Coach Pablo

Entre el retiro de Manu y el aterrizaje de Campazzo, Pablo Prigioni asumió el honor de ser el único embajador argentino en la NBA. Después de haber sido el rookie más veterano en la historia de la liga y tras cuatro temporadas como jugador, su primera experiencia como asistente fue en Brooklyn Nets durante 2018-19, etapa en la que fue guía de un D’Angelo Russell que alcanzó su mejor versión y fue All-Star por única vez en su carrera. «Pablo tiene una mente privilegiada en cuanto a su IQ basquetbolístico y en lo que se refiere a pasar el balón y controlar un partido», lo elogió D-Lo en un artículo del Star Tribune. 

El colombiano Gersson Rosas fue contratado por Minnesota Timberwolves como el primer GM latinoamericano de la historia en mayo de 2019 para encauzar un proyecto estancado. Tras haber coincidido con Prigioni durante la etapa que compartieron en Houston Rockets con Pablo como jugador y Rosas como vicepresidente de operaciones de básquet, el flamante GM automáticamente le extendió una oferta con mayores responsabilidades que finalmente lo convenció con una ciudad ideal para sus necesidades familiares. 

Fue entonces que en junio de 2019 concretó su mudanza a Minneapolis como asistente del cuerpo técnico encabezado por Ryan Saunders. Designado como principal coordinador ofensivo instauró una nueva filosofía bajo un mandamiento inquebrantable: decidir qué hacer con la pelota en un margen de 0.5 segundos. «Tenés que tomar una decisión en cinco décimas. Poner la pelota en el suelo, pasarla, tirar, básicamente no mantenerla en tus manos», explicaba el por entonces coach Saunders. Como consecuencia, Minnesota fue el cuarto equipo con mayor pace de las últimas dos campañas, incluso pese al cambio de entrenador en febrero tras el despido de Saunders y la contratación de Chris Finch, antiguo asistente del campeón Nick Nurse en Toronto Raptors.

Finch, quien se desempeñaba como asistente en Houston Rockets durante la época de Prigioni como jugador, celebró su presencia en un testimonio recopilado por el sitio De Faja: «Estoy feliz de que podamos trabajar con él. Es importante en el desarrollo de la ofensiva: entiende exactamente cómo quiero que se juege. Ha sido de gran ayuda para sacarme carga de encima, así me puedo concentrar en muchas de las otras tareas como head coach». 

Su tarea se mantendrá durante la actual campaña en una franquicia que navegó por aguas turbulentas con el sorprendente despido de Rosas en septiembre por motivos poco claros que oscilan entre una relación extramatrimonial con una empleada del club hasta su obsesión por ofrecer gran parte de sus activos a cambio de Ben Simmons. El cimbronazo por ahora no afectó al Coach Pablo ni a Leandro Bolmaro, dos integrantes de una sociedad que será fundamental para el potencial éxito del argentino más joven en la historia NBA. 

Ayudante invitado de Sergio Hernández durante la preparación de la Selección rumbo a Tokio 2020, Prigioni está completando su formación para tarde o temprano asumir un cargo como entrenador principal. El rol ya lo ejerció durante la Summer League en 2019-20, instancia en la que su equipo sucumbió en la final ante Memphis Grizzlies. Aunque no es una prioridad inmediata y reconoce que aún le falta mucho camino por recorrer, Prigioni tiene todos los boletos para hacer historia como primer head coach latinoamericano de la historia. 

El retorno de Manu

El operativo seducción empezó al día siguiente de su retiro. La etapa más gloriosa de la historia de la franquicia ya era exclusiva de los libros de historia pero la familia Spurs pretendía mantener a los pilares que construyeron su dinastía como parte de su organigrama. Pero Manu Ginóbili, tras más de dos agotadoras décadas entregado en cuerpo y alma al básquet, rechazó la oferta una y otra vez porque tenía un plan innegociable: disfrutar de su libertad, sin compromisos ni ataduras, para priorizar sin condiciones a su familia. 

Pero más de tres años después de aquel 24 de abril de 2018 que marcó su despedida frente a Golden State Warriors en el quinto juego de la primera ronda de la conferencia Oeste, Manu finalmente aceptó y se incorporó como asesor especial en operaciones de básquet a la estructura que aún integran Gregg Popovich como coach y RC Buford como CEO. Ya sin ninguno de los pilares sobre los que se cimentó la cultura Spurs tras la salida de Patty Mills rumbo a Brooklyn Nets, la franquicia texana fue en busca de Ginóbili para afianzar el trasvasamiento generacional en la reconstrucción que atraviesa una de las mayores dinastías del siglo XXI. 

“Es una tarea curiosa, estar un poquito en todos lados. Si mirás mi computadora, está la parte dirigencial, de business, de entrenadores y de jugadores. En ninguna estoy full time ni totalmente comprometido, es un poquito en cada cosa. Mi tarea este año va a estar relacionada a los jugadores, compartir experiencias, conocimientos, el entendimiento de lo que significa esta franquicia. Es un equipo muy, muy joven, como nunca tuvo San Antonio. Tratar de ayudarlos a madurar, a crecer, y a no cometer los errores que cometimos todos por no tener experiencia en este mundo”, ahondó Ginóbili sobre sus responsabilidades en un mano a mano con Básquet Plus. 

El papel de Manu es diferente al que interpretó Tim Duncan durante 2019-20 cuando integró el cuerpo técnico de Pop como asistente. Se trata de una tarea part-time en la que se enfocará principalmente en el desarrollo y acompañamiento de los jóvenes que conforman el núcleo de una nómina que promedia 25 años de edad y tiene tan solo dos jugadores con cinco o más temporadas de experiencia. 

Después de 22 participaciones consecutivas en Playoffs, San Antonio no consiguió clasificarse a la postemporada en las últimas dos ediciones. La reincorporación de Manu es parte del plan maestro para respaldar con la jerarquía de la historia a una etapa de desarrollo indispensable en la que probablemente acumularán más derrotas que victorias. Después de tanto éxito bajo el ciclo de Pop, este ocaso temporal resulta un paso necesario en su postergada renovación gracias a la capacidad de Popovich de reinventarse continuamente sobre la vigencia extendida de su Big Three. 

Los Spurs disponen de un elenco con jóvenes destacados como Dejounte Murray -mi candidato a ganar el premio de mayor progreso-, Keldon Johnson, Lonnie Walker, Devin Vassell y el sorprendente Joshua Primo que fue elegido con la duodécima selección del último Draft en una decisión inesperada que promete formar parte del largo historial de éxitos texanos amén de la decepcionante desvinculación del croata Luka Samanic. 

En sus primeras semanas como mentor y guía, las incipientes figuras del combinado texano valoraron la presencia de Manu. «Pude hablar con él sobre mi juego. Lo veía mientras crecía y miraba la energía que aportaba en cada partido. Tener su cerebro es un gran recurso», analizó Vassell. No fue el único prospecto que valoró positivamente la presencia de Manu, quien por ahora no se imagina un futuro como entrenador pero tampoco lo descarta porque “somos muy malos para predecir el futuro”, en las páginas del San Antonio Express News. 

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