simone

Acababa de brillar en el all-around de Río 2016 cuando, ya consolidada como la figura más emblemática de la gimnasia mundial a los 19 años, le preguntaron si podría convertirse en la sucesora de las dos máximas estrellas del Movimiento Olímpico durante la última década: «No soy la próxima Usain Bolt o Michael Phelps. Soy la primera Simone Biles», rechazó categóricamente antes de volverse a Estados Unidos con cuatro oros y un bronce.

Cinco años después, Tokio 2020 son los Juegos Olímpicos de Simone Biles. Símbolo de estos tiempos, se convirtió en la primera atleta en tener su propio hashtag en Twitter. La cabra que acompaña su nombre en las redes sintetiza su magnitud histórica: dueña de cuatro oros Olímpicos, 19 campeonatos del mundo y cuatro elementos a su nombre, Biles reúne argumentos suficientes para desplazar a Nadia Comaneci como la gimnasta más importante de todos los tiempos, the greatest of all time, the GOAT.

La vigencia de Biles a sus 24 años es una anomalía en un deporte en continua renovación. Si consigue el oro en el all-around, Simone se convertirá en la primera campeona mayor de 21 años y la primera en defender el título desde que la checa Vera Caslavska lo hiciera en 1968 con 26 años y 171 días. La prodigio Nadia Comaneci, que a los 18 años ya era una veterana en su segunda participación olímpica, con apenas 14 años y 249 días inició con su inolvidable actuación una tendencia que se mantiene intacta a la espera de Biles: ninguna de las últimas once reinas de la gimnasia habían celebrado sus dos décadas al momento de su consagración.

«Estoy vieja, estoy cansada, estresada. Todo me duele», confesó días antes de viajar a Tokio en una entrevista con el New York Times. Cuando le preguntaron cuál había sido el mejor momento de su carrera, Biles confesó sin tapujos: «¿Honestamente? Mi tiempo libre». El agotamiento es lógico en un deporte lapidario para el físico pero la fatiga de Biles, quien esboza una despedida del all-around en cada una de sus respuestas y podría reaparecer en París en algún aparato puntual, va más allá de lo deportivo.

Días después de hacer historia en Río 2016, la denuncia al abusador sexual Larry Nassar conmovió los estamentos de la sociedad estadounidense y puso en jaque a su federación de gimnasia. Coordinador médico del equipo femenino durante veinte años, atacó y abusó de más de 300 deportistas durante su carrera. Tras la denuncia inicial de Rachael Denhollander, más de 250 atletas -la mayoría menores al momento del crimen- acusaron formalmente a Nassar.

En el allanamiento a su casa se encontraron más de 37.000 fotos y videos de pornografía infantil, incluso algunos protagonizados por el propio Nassar. El pederasta recibió tres sentencias de 60 años y otras dos con un mínimo de 40 años y 125-175 como máximo que construyen una perpetua de facto dado que su fecha de salida más temprana sería en una fecha en la que el perverso Nassar ya debería estar muerto. «Es mi honor y privilegio sentenciarlo porque no merece caminar jamás fuera de una prisión. No hizo nada por controlar lo que usted sentía. Acabo de firmar tu sentencia de muerte«, disparó la jueza Rosemarie Aquilina en el cierre del tercer juicio. 

El 15 de enero de 2018, Biles publicó un comunicado en su cuenta de Twitter: «La mayoría de ustedes me conocen como una chica alegre y enérgica. Pero últimamente, me siento un poco rota y cuanto más trato de apagar las voces en mi cabeza, más fuerte gritan. Ya no tengo miedo de contar mi historia. Yo también soy una de las tantas sobrevivientes que fueron abusadas sexualmente por Larry Nassar«

Biles se sentía traicionada por el deporte y por aquellos que tenían que cuidarlas: «No voy a cargar con la culpa que pertenece a Nassar, a la Federación y a otros. Me parte el corazón pensar que, mientras trabajo para cumplir mi sueño de competir en Tokio 2020, tendré que volver continuamente al mismo lugar de entrenamiento en el que fui abusada»

Aquella confesión la liberó y le permitió descubrir su rol como una de las voces más potentes del deporte estadounidense. Biles asumió su rol protagónico como referente de una generación e inspiración para las jóvenes afroamericanas en un deporte históricamente dominado por atletas blancas. Biles inmortalizó ese renovado sentido de pertenencia en su piel al tatuarse en su clavícula la frase «and still I rise» (y aún así me levanto) del poema escrito por Maya Angelou que encarna uno de los mensajes más poderosos de la lucha contra el racismo y el orgullo afroamericano.

No fue sencillo el ciclo olímpico para Biles por fuera de lo deportivo, en guerra con la federación estadounidense de gimnasia. Después de un año sin competir, cambió de entrenador tras la mudanza de su histórica coach Aimee Boorman a Florida. Bajo las órdenes de Laurent y Cecil Landi, retornó a la competencia internacional en marzo de 2018 y rápidamente trazó su incontestable hegemonía mientras su cuenta de Twitter se convertía en una declaración permanente de su activismo.

La antigua congresista Mary Bono, CEO interina de USA Gymnastics, renunció tres días después de que Simone apuntara contra ella públicamente por expresarse en contra de la relación comercial entre Nike y Colin Kaepernick: «No te preocupes, no es que necesitáramos un presidente de gimnasia más inteligente ni ningún patrocinador ni nada», escribió en su cuenta mientras la Federación buscaba a un nuevo sponsor después de que Under Armour rompiera su vínculo tras el escándalo Nassar. No fue el único, con Visa y Procter & Gamble también desligándose de la gimnasia estadounidense que sobrevive gracias a la estelar presencia de Biles, la única esperanza de limpiar su nombre para una federación en ruinas.

A fines de abril, Biles decidió no renovar su contrato con Nike y se sumó a la marca Athleta, una firma de ropa deportiva propiedad de Gap que está centrada únicamente en el deporte femenino y previamente había sumado a Allyson Felix. La marca de la pipa había sido públicamente criticada por las acusaciones de su trato desigual hacia sus atletas mujeres, que incluso sufrían reducciones en sus contratos por quedar embarazadas. «Están comprometidos con la diversidad y la inclusión, que es algo muy importante para mí en un partner. Reflejan a las mujeres y niñas de todas las edades, tamaños, habilidades y razas», disparó Biles tras firmar con Athleta.

En conjunto impulsaron el Gold Over America Tour (GOAT, otra vez) en un show que ocurrirá desde septiembre hasta noviembre y reunirá a las mejores gimnastas de Estados Unidos. La gira es la enésima demostración de disconformidad de Biles con una Federación que solía organizar un tour similar y, tras el anuncio de GOAT, expresó que ya no lo llevará a cabo.

La postergación de Tokio 2020 trastocó sus planes y, oficializado el aplazamiento, se recluyó en un rincón del gimnasio en donde estaba entrenando y se puso a llorar. Agobiada, se tomó un tiempo de descanso, remodeló su casa y conoció a su novio Jonathan Owens, jugador de los Houston Texans de la NFL antes de enfocarse nuevamente en los Juegos Olímpicos: «Iré a representar a Estados Unidos, a representar a nuestro centro de campeonas, y a todas las mujeres afroamericanas del mundo. Al final del día, no estoy representando a USA Gymnastics».

Definitivamente transformada en más que una deportista brillante, la revolución Biles arrancó dentro de un gimnasio, donde no pierde un all-around desde 2013. Invencible, ya no compite contra sus rivales ni por medallas que se dan por descontadas: Simone compite contra sí misma, contra el tiempo, contra la historia, contra la gravedad y contra los límites humanos. «Simone es tan buena que el resto de nosotras solo podemos aspirar a terminar en segundo lugar. ¿Qué más podemos hacer? Hace todo tipo de cosas locas que nadie más puede hacer», reflexionó su genial compañera Sunisa Lee.

Biles ya eternizó su nombre en cuatro elementos -dos en suelo, uno en salto y otro en viga- y espera sumar un quinto movimiento en Tokio cuando intente un yurchenko con doble mortal en carpa hacia atrás. Si consigue realizar con éxito el salto, que hasta ahora es exclusividad de la rama masculina, será registrado con su nombre en el Código de Puntuación tal como hiciera en el pasado con el cuarteto que ya lleva su apellido. El de abajo es el Biles II que firmó en el Campeonato Mundial de Stuttgart en 2019.

Pese a sus elementos, inéditos en la historia de la gimnasia femenina, la Federación Internacional decidió puntuarlos con una cifra inferior a la que merecen para desalentar a sus competidoras de que realicen saltos considerados sumamente peligrosos para cualquiera que no sea Simone Biles.

«Al asignar valores a los nuevos elementos, la Federación tiene en cuenta muchos aspectos diferentes: el riesgo, la seguridad de las gimnastas y la dirección técnica de la disciplina. Hay un riesgo añadido en el aterrizaje de los saltos dobles para el desmontaje de la viga (con/sin giros), incluyendo un potencial aterrizaje sobre el cuello. Como refuerzo, hay muchos ejemplos en el Código en los que se han tomado decisiones para proteger a las gimnastas y preservar la dirección de la disciplina. Nuestra tarea es garantizar la seguridad de todos los atletas del mundo y las decisiones no se basan únicamente en una gimnasta», explicó la Federación mediante un comunicado.

«Es muy injusto», reprochó Biles en una entrevista con NBC Sports. «¿Estoy en mi propia liga? Sí, pero eso no significa que no se me pueda reconocer lo que estoy haciendo. Siguen pidiéndonos que hagamos más dificultades y que demos más arte, que demos más destreza. Así que lo hacemos, y luego no lo acreditan, y no creo que sea justo. Siguen pidiendo más, les damos más y no lo acreditan. Entonces, ¿qué sentido tiene pedirlo? Si calificás con una H, nadie lo va a probar. Pero si le das una J, no digo que la gente lo pruebe más, pero al menos tiene sentido probarlo porque es algo a lo que aspirar».

Tal vez por la carga de un último año mentalmente desgastante, o simplemente porque fue un mal día, el debut de Biles en Tokio no haya sido el soñado pero sus rutinas son tan complejas y difíciles que incluso puede ganar pese a algún traspié. Por primera vez después de una década, el Comité Olímpico Ruso finalizó por delante del equipo estadounidense en el all-around por equipos, una competencia que se definirá el 27 a las 7.45 de la mañana con Simone como protagonista. Biles volverá a competir el 29 de julio en el all-around femenino antes de afrontar las cuatro pruebas individuales por aparato el 1 de agosto. Cada una de sus participaciones representa un momento imperdible en la agenda olímpica, una cita con la historia de la que tenemos el privilegio de ser testigos.

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