jameshardne

En nombre de la revolución

En el rugido de James Harden se escuchó su catarsis. Fue el desahogo de su reivindicación en otro séptimo partido discreto e ineficaz: había anotado 17 puntos con 4-15 intentos de cancha y 1-9 de tres, una tendencia consecuente con su historial en un escenario en el que promedia 35.9% de cancha y 17.2% de tres desde que asumió el liderazgo de Houston Rockets. Oklahoma City Thunder tenía la chance de consumar un triunfo épico en las manos de Luguentz Dort, kryptonita de la Barba en defensa y héroe anónimo con 30 puntos y seis triples en once lanzamientos. Pero Harden, el Harden que supuestamente no defiende, clausuró el trámite con un tapón. Uno de los anotadores más prolíficos de la historia de la liga había clasificado a su equipo a las semifinales del Oeste gracias a su esfuerzo defensivo en una jugada automáticamente convertida en un clásico instantáneo de postemporada.

Dos días después, Harden rubricó una de las mejores actuaciones de su carrera en Playoffs: anotó 36 puntos con una altísima efectividad del 60% de cancha y el 50% de tres para vencer a Los Angeles Lakers de LeBron James y Anthony Davis en el primer desafío de la serie. Es una cuestión personal para la Barba: sabe que podría ser su última chance de conquistar un anillo. También lo reconocen Daryl Morey, Mike D’Antoni y Russell Westbrook. No hay grises en el futuro de los Rockets, sumergidos en la revolución de la revolución para alcanzar el éxito en su último baile. 

Un poco de historia

Además de gerente general de Houston desde 2007, Daryl Morey es un genio vanguardista. Basado en los principios de las sabermetrics que popularizó Brad Pitt en Moneyball, adaptó sus mandamientos al básquet y concretó una primera experiencia con Río Grande Valley Vipers, el equipo de los Rockets en la liga de desarrollo. Convencido de su exitoso potencial, aplicó el mismo sistema a Houston: sus reglas recibieron el nombre de Moreyball y reescribieron la configuración genética de la liga. 

¿Cuáles son las bases del Moreyball? Reducir el componente azaroso del deporte y entregarse a los lanzamientos que garantizan los mayores márgenes de productividad. Sus leyes son simples: apostar por los tiros más efectivos (triple, libre y lanzamientos debajo del aro) y evitar el midrange, el tiro de media distancia que representa una mayor dificultad que un tiro cercano al aro y que entrega un punto menos que el triple. El ritmo alto, las formaciones bajas con un único interno y la abundancia de perimetrales son condiciones indispensables del Moreyball. 

Si bien la NBA hoy se rige por su corriente, ninguna franquicia fue tan radical como los Rockets de Morey. Pero para completar su plan maestro, necesitaba una figura que se convirtiera en su emblema y un entrenador audaz dispuesto a ir más allá de los límites. 

James Harden aterrizó en la liga con el tercer pick del Draft 2009. Sam Presti, GM de Oklahoma City Thunder, había forjado un Big Three basado en las elecciones de sus últimos años: Russell Westbrook y Kevin Durant lideraban una era que contaba con Harden en una función similar a la que cumplía Manu Ginóbili en San Antonio. Antes de convertirse en la Barba, Harden era un anotador formidable que salía desde el banco y cerraba los partidos. En 2011-12 conquistó el premio al mejor sexto hombre de la liga y se quedó con el sabor amargo de la derrota en las Finales de la NBA frente al Miami Heat de LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh. 

En un mercado pequeño como Oklahoma y sin espacio salarial para ofrecerle un contrato por el máximo, Presti le extendió un vínculo por cuatro años a cambio de 52 millones de dólares. Harden rechazó a Oklahoma y fue transferido a Houston a cambio de un paquete cuya única pieza destacable fue la primera ronda de 2013 con la que OKC eligió a Steven Adams. Morey tenía a su jugador franquicia, una apuesta cuyo resultado superó ampliamente sus expectativas. Harden, con una barba cada vez más frondosa, se convirtió primero en una súper estrella, después en un ícono y más tarde en uno de los mejores atacantes de la historia: fue MVP en 2017-18 y tres veces consecutivas el máximo anotador de la liga. 

En su primer año, bajo las órdenes de Kevin McHale, devolvió a Houston a la postemporada después de tres años ausente pero cayeron en la primera ronda frente a Oklahoma. Morey movió sus piezas y juntó a Harden con Dwight Howard en una sociedad que en 2014-15 cayó en las finales del Oeste frente a Golden State Warriors. La eliminación frente a su bestia negra se repetiría un año después en la primera ronda, una caída que propició el cambio de entrenador.

Después de seis años para el olvido entre New York y Los Angeles, Mike D’Antoni estaba libre. Si había un entrenador capaz de darle un salto de calidad al proyecto de Morey, ese era el hombre que había sido un pionero con sus Phoenix Suns que ejecutaban sus ataques en siete segundos o menos. Liderados por el dos veces MVP Steve Nash, alcanzaron dos finales del Oeste pero principalmente instalaron un sistema tan moderno como inédito. 

D’Antoni, dos veces premiado como el mejor entrenador de la liga, firmó su contrato de cara a 2016-17 y su primera medida fue transformar a James Harden en su base. El salto de calidad ofensivo fue evidente pero San Antonio Spurs estropeó sus planes con un inolvidable tapón de Manu Ginóbili en el quinto partido de una serie de semifinales de conferencia que se definió en el sexto encuentro. Como respuesta, Morey incorporó a Chris Paul desde Los Angeles Clippers a cambio de un paquete que involucró a Patrick Beverley, Montrezl Harrell y Lou Williams. CP3 y Harden calzaban a la perfección en una yunta que llevó a los Rockets a lo más alto del Oeste y tuvo en jaque a los Warriors de Kevin Durant, Stephen Curry y Klay Thompson en las finales de conferencia. Con Houston en ventaja por 3-2, la inoportuna lesión de Paul lo marginó de los últimos dos juegos y los Warriors se llevaron la clasificación en el séptimo juego. En Houston, algún hincha desvelado se despertará por las noches preguntándose qué hubiera pasado si Paul no se hubiera lesionado pero volverá a dormirse resignado y sin respuesta. 

 

Un año más tarde, después del fracaso que supuso la incorporación y pronta despedida de Carmelo Anthony en un frustrado Big Three, Harden siguió produciendo a cifras históricas durante la temporada regular y garantizó su boleto rumbo a la postemporada en un monólogo obligado por numerosas lesiones. Pero en Playoffs, otra vez Golden State. Ante su enésima decepción y con un vestuario a punto de estallar por la distante relación entre las dos estrellas, la gerencia tomó partido y envió a Paul con destino a Oklahoma para conseguir a Russell Westbrook en un movimiento sumamente cuestionado por la contradicción entre el estilo de Russ y la identidad de Houston. 

Podría ser la última carta del ciclo Morey en Houston. En octubre de 2019, mucho antes de la pandemia por coronavirus, el GM apoyó en su cuenta de Twitter una serie de protestas en Hong Kong contra el gobierno chino: «Lucha por la libertad, ponte de pie junto a Hong Kong». 32 caracteres desataron un conflicto internacional que terminó con contratos cancelados y unos Rockets censurados en China. Tilman Fertitta, dueño de los Rockets, expuso a su GM también en Twitter: «Escuchen, Morey no habla por los Rockets. Nuestra presencia en Tokio, es únicamente por campaña de promoción de la NBA a nivel internacional y no somos una organización política». Morey sobrevivió al vendaval pero los rumores sobre una posible desvinculación una vez que concluya la temporada no desaparecen. 

Mike D’Antoni atraviesa su último año de contrato y las negociaciones con los Rockets están congeladas. Su relación con Fertitta también está desgastada después de que el dueño le ofreciera un vínculo por debajo del salario que perciben otros entrenadores veteranos de la liga. Es política de Fertitta minimizar los gastos de la franquicia, una situación que podría derivar en el punto final de la era actual. 

¿Transferirán los Rockets a Harden? Por ahora son solo conjeturas pero si Houston acumula una nueva frustración en Playoffs y la dupla Morey-D’Antoni se marcha, no seria extraño que la nueva gerencia decida deshacerse de Harden para reducir gastos y conseguir recursos para su reconstrucción. 

Una pretemporada enigmática

Cuando Paul George forzó su salida a Los Angeles Clippers para unirse a Kawhi Leonard en su aventura californiana, Russell Westbrook sintió otra vez el vacío. Lo había sufrido por primera vez cuando Kevin Durant, después de que Golden State Warriors le remontara una desventaja de 3-1 en las finales del Oeste de 2016, cruzó de vereda para apuntalar a la dupla Stephen Curry-Klay Thompson. Westbrook convirtió la causa Thunder en su misión y se transformó en el símbolo de una ciudad eternamente postergada. Fue Russ quien insistió para convencer a PG13 de que renovara su vínculo con el Thunder pero, un año después de firmar su vínculo, George forzó su traspaso.  

Brodie fue MVP en 2016-17, hizo historia como el segundo jugador en promediar un triple-doble en una temporada y extendió ese increíble registro durante tres campañas consecutivas. Las eliminaciones en postemporada, sentenciadas por el triple agónico de Damian Lillard en el quinto juego de la primera ronda en su última travesía, desataron la reconstrucción de un Thunder que acumula una cantidad sideral de picks en los próximos años y confía en que el genio de Sam Presti vuelva a edificar a un equipo candidato desde el Draft. Westbrook, un animal competitivo que en noviembre celebrará 32 años, pidió su traspaso y OKC lo envió a Houston a cambio de Chris Paul y las primeras rondas de 2021, 2024, 2025 y 2026. 

La operación tenía sabor a resignación para unos Rockets sin demasiadas opciones para negociar el contrato de CP3, una estrella de corte ideal para la estructura diseñada por Morey-D’Antoni. Westbrook representaba la antítesis del Moreyball, un jugador contracultural que rinde de acuerdo a sus impulsos condicionados por su anemia perimetral y su errática toma de decisiones que en su última campaña había lanzado un paupérrimo 29% de tres puntos (3º peor registro de su carrera) en 5.6 intentos por partido (2º mayor volumen). Además, Westbrook jugador con el peor porcentaje de la historia con más de 1000 triples. Harden y Westbrook volvían a reunirse pero ninguno era el mismo que en sus años en Oklahoma. Las dudas respecto a su compatibilidad eran el guión favorito de los medios estadounidenses y el desafío para Russ, séptimo en lanzamientos desde el midrange en 2018-19, era mayúsculo porque el éxito dependía de una transformación intrínseca de un jugador con tantas virtudes como vicios. 

Bienvenidos a la nueva era

Alimentado por James Harden y Chris Paul, Clint Capela se había convertido en el complemento ideal de la dupla. El pivote, de crecimiento constante durante sus seis temporadas en el equipo, era una garantía en la pintura que capitalizaba las ventajas generadas desde el pase por el estelar binomio. Pero con la partida de CP3 y el arribo de Westbrook, un cinco sin tiro permanentemente estacionado en la pintura representaba un problema insoslayable en la estructura de D’Antoni. 

Cuatro meses se tomaron Morey y D’Antoni para descifrar la solución al problema. En diciembre identificaron las primeras señales de una posible solución cuando Capela se lesionó y D’Antoni movió a P.J. Tucker al puesto de pivote. Tres triunfos consecutivos en diciembre frente a Denver, Philadelphia y Atlanta cuando resolvieron la ecuación y los Rockets ejecutaron sin dudar un traspaso que desató la última revolución de la NBA.

El 5 de febrero, sobre el cierre del mercado, transfirieron a Clint Capela y a Nene, dos de sus tres pivotes, en una negociación a cuatro bandas que terminó con Robert Covington en Houston. Para resolver el problema de espacios en ataque, dos de las mentes más brillantes se jugaron un pleno: radicalizaron aún más los fundamentos del Small Ball y fundaron el Micro Ball. Sin Capela, Houston jugaría un básquet sin pivotes con cinco jugadores por debajo de los dos metros. La decisión de la gerencia no fue un capricho vanguardista: era la única forma de capitalizar las virtudes y disimular las falencias en el juego de Russell Westbrook. «Nuestro equipo es mejor así. Si vas a zambullirte, tal vez tengas que ir hasta el final«, advirtió D’Antoni. 

La idea principal del sistema era liberar la zona restringida para que Westbrook atacara con espacios y total libertad la zona en la que aumenta exponencialmente su eficacia. «Tenemos a Russ que es un talento único, y creo que tenemos que adecuarnos a su talento», explicó D’Antoni. Westbrook concluyó la temporada 2019-20 como el segundo jugador que más lanzó desde el área restringida (60.8% de acierto). 

El debut de la innovadora formación fue el 6 de febrero frente a Los Angeles Lakers en el STAPLES Center. Russell Westbrook, James Harden, P.J. Tucker, Eric Gordon y Danuel House integraron el quinteto titular aquella noche, aunque sería cuestión de tiempo para que Robert Covington se inmiscuyera en la formación. El contexto, con cinco perimetrales, fue ideal para un Westbrook que en aquella primera noche frente a los Lakers anotó 41 puntos con una altísima eficacia del 60% de cancha (17-28) y apenas dos intentos de tres puntos en 37 minutos.

 

Los primeros exámenes fueron superados con creces: con Covington como titular en lugar de Eric Gordon, Houston hilvanó seis triunfos en febrero. Los Rockets sufrieron cuatro derrotas consecutivas antes de la pausa por coronavirus, fueron irregulares en la burbuja y padecieron -con un Westbrook diezmado- en los siete partidos frente a Oklahoma pero D’Antoni es optimista: «Estamos más seguros en lo que hacemos y con más confianza en nuestro juego»

Westbrook es el pivote nominal en ataque. Rodeado de cuatro tiradores y sin un cinco clásico, la pintura es una zona liberada que dinamita con su agresividad. Aunque parece sencillo, Houston es un desafío mayúsculo para cualquier rival. En ataque, Westbrook es un enigma: un pivote está obligado a perseguirlo en el perímetro y un guardia tendrá problemas para frenarlo en la zona restringida. Imparable en el uno contra uno y, ante cualquier ayuda, Russ tiene la visión para sacar la pelota a alguna de las cuatro amenazas perimetrales que aprovecharán cualquier resquicio para disparar de tres. En defensa, el switch permanente y la presencia de dos especialistas como PJ Tucker y Robert Covington le permiten matizar el sustancial déficit de tamaño. Harden es una estrella que encontró las vetas en el sistema y desarrolló los recursos necesarios para explotar los resquicios del juego. Su step back es un movimiento ilegible para los adversarios, parte de un arsenal ofensivo insondable en el que combina su formidable capacidad de tiro con su capacidad para penetrar absorbiendo el contacto y su talento como pasador. Es el epicentro del sistema, beneficiado por la incorporación de un Westbrook que le permite descargar responsabilidades ofensivas. Reducido su uso como único argumento en ataque, Harden está redondeando su mejor año como defensor. 

Robert Covington volvió a Houston como moneda de cambio en el traspaso de Capela: «Rob fue la llave para destrabar el sistema», explicó Morey. Su incorporación supuso un salto de calidad para la estructura de los Rockets, uno de los mejores 3-and-D de la liga que en la postemporada está asumiendo un rol trascendental no solo en defensa: promedia 12.4 puntos, 5.9 rebotes, 2.6 robos y 1.5 tapas con 50.7% de cancha y 51% de tres en 6.4 intentos durante 32.4 minutos. Aunque la tapa de Harden quedó en la historia como la imagen icónica del séptimo partido frente a Oklahoma, Covington fue el MVP con 21 puntos y 10 rebotes. Más allá de lo estadístico, su rol es determinante para el esquema defensivo de D’Antoni y lo será especialmente en la serie frente a los Lakers.

PJ Tucker está afrontando un desafio histórico como pivote con apenas 1.96m. Tucker es un eximio defensor, valiente, intrépido y sin miedo para exponer su físico frente a rivales más grandes o más fuertes. No siempre su influencia se traduce en cifras estadísticas sencillas de interpretar al leer la planilla. Entre los intangibles y el trabajo sucio que hace en defensa, el impacto de PJ es mucho mayor al estadístico: el sistema de Houston no sería factible sin Tucker, un jugador que no da ventajas en ningún emparejamiento. Si bien no es un gran perfil atlético, su incansable intensidad, su indomable espíritu, su IQ y su altísimo entendimiento del juego lo consolidaron como un factor determinante. Más allá de su impacto defensivo, como tirador puede encestar el triple abierto aunque su producción es inferior a la Covington. 

Eric Gordon es la tercera espada de los Rockets, una amenaza permanente como el catalizador de las ventajas que generan Harden y Westbrook. Campeón del concurso de triples en 2016-17 y mejor sexto hombre de la liga en la misma temporada, es otro formidable 3-and-D cuyo regreso sobre el cierre de la burbuja supone una condición indispensable para el éxito de su equipo. D’Antoni incluso Morey y D’Antoni fueron capaces de diseñar un plantel útil para su manual de estilo rescatando del otracismo a jugadores como Ben McLemore, Austin Rivers, Jeff Green o Danuel House. 

El último examen

Pocos, muy pocos equipos, pueden defender el devastador pick-and-roll que protagonizan LeBron James y Anthony Davis sin resignar calidad en el switch. Houston es uno de ellos gracias a la dupla Tucker-Covington: cualquiera de los dos puede hacerle frente a las estrellas de los angelinos. 

Los Lakers, embarcados en una campaña emotiva tras la tragedia de Kobe Bryant, son uno de los candidatos al título aunque su rendimiento en la burbuja sembró dudas en torno a sus chances. El equipo de Frank Vogel depende en exceso de lo que generen Anthony Davis y, principalmente, LeBron James. Después del fracaso que supuso un primer año sin postemporada, el Rey de la liga registro números y actuaciones de MVP con 35 años y después de 17 temporadas en la liga. 

aSi la derrota frente a Portland Trail Blazers había sido una advertencia, la caída frente a Houston en el partido inaugural de las semifinales del Oeste encendieron definitivamente las alarmas y desnudaron las dificultades que los Lakers afrontarán en un emparejamiento incómodo que Vogel tendrá que resolver desde la pizarra. El básquet no es lineal: que Houston haya necesitado siete partidos para despachar al quinto mejor equipo del Oeste no significa que vayan a caer con facilidad frente al mejor récord de la conferencia. Un ritmo cansino de media cancha como el de Oklahoma con tres bases como CP3, Shai Gilgeous Alexander y Dennis Schroder representa una dificultad mayor para Houston que las transiciones eléctricas de los Lakers pese a contar con dos de las estrellas más determinantes de la liga. 

La primera desventaja de los Lakers es que no cuentan con un jugador como Luguentz Dort, el mejor antídoto para James Harden. La ausencia de Avery Bradley, quien podría haber cumplido un rol similar aunque con menor eficacia, supone una baja sensible para unos Lakers de limitada rotación. Kyle Kuzma fue una desventaja sostenida y Danny Green bajó notablemente su rendimiento respecto a sus días en San Antonio y Toronto. Alex Caruso, el mejor defensor suplente de la rotación, afrontó numerosas dificultades: en la serie frente a Houston tiene un rol que demanda de una altísima intensidad y que se traduce en ser extremadamente agresivo en su juego. El consecuente riesgo de cargarse de faltas, una constante en su juego, es el sinónimo de una derrota frente a Harden porque limita al equipo y además envía a la Barba constantemente a la línea

Los highlights defensivos de LeBron inundaron las redes sociales durante el primer juego de la serie, pero los Lakers necesitan que James se involucre constantemente en un entramado defensivo que no puede darle ventajas a los tiradores de Houston. El problema es significativo porque LeBron también asume la mayor responsabilidad ofensiva del equipo. El desgaste acumulado es un inconveniente que podría haberse traducido en el último cuarto del primer juego frente a Houston: no anotó puntos y apenas ejecutó tres lanzamientos. «Juegan con mucha velocidad tanto en ataque como en defensa. No hay forma de que podamos seguir su ritmo. Estamos seguros de que podemos cambiar las cosas», reflexionó LeBron post partido. 

Pero Houston hizo méritos para generar un contexto desalentador para los Lakers. Los Rockets fueron la mejor defensa de la primera ronda de Playoffs, permitiéndole 101.7 puntos a OKC en los siete juegos. En la primera noche frente a Lakers, limitaron a 97 unidades a la formación de James y Davis. El sistema de D’Antoni es un señuelo, una trampa en la que los rivales suelen caer: parece sencillo vencer a un equipo sin jugadores por encima de los dos metros. En el caso de los Lakers, la solución aparente consistiría en darle la pelota a Davis en el poste y aprovechar sus ventajas físicas. Pero esa era la trampa.

Houston se sintió cómodo con la pelota en manos de Davis. Tucker lo enfrentó en el uno contra uno y consiguió limitarlo con su fortaleza física, su intensidad y su inteligencia mientras los otros cuatro jugadores en la pista tapaban las líneas de pase provocando una desconexión total en una ofensiva sin ritmo. A Davis, quien afronta un examen de carácter ineludible en esta postemporada para dimensionar realmente su condición de estrella determinante, le faltó agresividad para explotar sus ventajas. Tucker, Covington y Harden -un excelente defensor en el poste- consiguieron defender a AD sin ayudas, un contexto que le permite a Houston bloquear las vías de pase, sin permitir triples abiertos y forzando a una ofensiva rival estática y predecible. 

La enérgica dinámica de Houston funcionó: provocó 17 pérdidas que tradujo en 27 puntos. Vogel intentará ajustar para el segundo partido, bajándole el tempo al tramite y obligando a los Rockets a jugar una media cancha incómoda para Westbrook como principal generador: «Estamos seguros de que podemos cambiar las cosas. Fuimos descuidados con nuestras pérdidas de balón. Necesitamos ser más pacientes»

El desenlace de la serie es incierto pero Houston no tiene las limitaciones de Portland. Sin pivote, los Rockets juegan por el título en nombre de la revolución. 

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12 respuestas

      1. Te felicito Matias. Excelente analisis de la evolucion de los Rockets y de su small ball. Aca cuentas con otro apasionado del deporte que compartira y recomendara tus publicaciones. Abrazo y todo lo mejor en esta nueva etapa.

      1. Muchas gracias, Rafael.

        Un fenómeno PJ Tucker, es una de las claves del sistema: Rockets no podrían jugar así sin él. Además, creo que debe estar dentro de los mejores tiradores de la historia desde las esquinas.

        Abrazo grande!

    1. ¡Muchas gracias, Andrés!

      Lejos está la serie de terminarse, los Lakers son un gran equipo. Veremos cómo se desarrolla, promete ser apasionante.

      Abrazo grande!

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