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El karma de Andrea Agnelli: Porto elimina a la Juventus

Andrea Agnelli volvió a la carga en la asamblea anual de la European Club Association (ECA) celebrada virtualmente el último ocho de marzo: «El fútbol está en una encrucijada, hay que cambiar, hay que cambiar y ofrecer a la afición la mejor competición posible. Lo más probable es que haya demasiados partidos que no son competitivos, tanto a nivel nacional como internacional, y esto no capta el interés de la afición. No podemos dar por sentada a la afición, de hecho tenemos que ofrecerles la mejor competición posible o corremos el riesgo de perderla».

Máximo mandatario de la Juventus y reelegido como presidente de la Asociación de Clubes Europeos en 2019, Agnelli es uno de los principales impulsores de una Superliga continental privada, cerrada, elitista y aristocrática financiada por las arcas del JP Morgan Chase. Aunque su formato y la cantidad de participantes son aún una incógnita, las filtraciones de Football Leaks en 2019 coinciden con el borrador publicado por The Times en 2021. Según el medio británico, 15 clubes fundadores tendrían garantizada su plaza sempiterna y otros cinco equipos serían invitados a cada edición.

Juventus, por supuesto, formaría parte de esa elite separatista cuya iniciativa destruiría tanto a la Champions League como a las competiciones locales. Los 15 clubes autoproclamados más poderosos de Europa escindirían al fútbol en una nueva revolución que destruiría el escenario actual en una tendencia evidente durante las últimas décadas: el fútbol es propiedad exclusiva de un grupo pequeño de ricos, centenarios como el Real Madrid o modernos como PSG o Manchester City, que se adueñaron de la pasión paulatinamente desde la Ley Bosman, la reestructuración de la vieja Copa de Europa y la explosión de los fondos árabes.

Pero el fútbol de siempre se resiste a su devastación: horas después de que Agnelli esgrimiera su enésimo argumento para respaldar su insurrección ante la UEFA y la FIFA, el Porto eliminó a su Juventus en Turín. El conjunto portugués, el último campeón europeo por fuera de la élite gracias al título que conquistó en 2003-04 con José Mourinho como entrenador, consumó el primer gran batacazo de la actual edición de la Champions League apoyado en las atajadas heroicas de Agustín Marchesín, en la inexpugnable fortaleza aérea del experimentado Pepe ante los sesenta centros del bombardeo encabezado por Juan Cuadrado, en el liderazgo del portugués Sérgio Oliveira y en la pizarra de Sérgio Coinceiçao que disimuló una expulsión exagerada.

Juventus volvió a sufrir una eliminación prematura en el tercer año del ambicioso proyecto que encumbró tras la incorporación estelar de Cristiano Ronaldo. El gigante italiano, que no conquista el cetro continental desde 1996 y acumula cinco finales perdidas desde entonces, incorporó al crack luso para extender su hegemonía más allá de la frontera italiana. Obsesionado con la Champions y con CR7 entre sus filas, Agnelli padeció otro fracaso que ya representa un karma: las tres frustraciones de su faraónica planificación -Ajax, Lyon y Porto- fueron ante clubes que no integrarían su Superliga.

La participación del Atalanta, que estuvo a tres minutos de clasificar a las semifinales de la edición anterior y este año intentará remontar frente al Real Madrid en España para conseguir su boleto rumbo a los cuartos de final, fue arduamente criticada por el propio Agnelli en marzo de 2020: «Se debería discutir sobre la oportunidad de tener un acceso automático a las competiciones porque eres parte de un gran país. Le tengo mucho respeto al Atalanta, pero tuvo acceso a la Champions sin historia internacional y solo con una gran temporada. ¿Es justo?. Pienso en la Roma, que en los últimos años contribuyó a dejar en alto el ranking UEFA de Italia y por una mala temporada se quedaron fuera, con todas las consecuencias económicas del caso. Hay que proteger las inversiones. Hay que encontrar un punto medio entre el peso de la contribución al fútbol europeo y el de una gran actuación en una sola temporada».

Agnelli no es el único cerebro detrás de la Superliga. Florentino Pérez, el ideólogo de los Galácticos del Real Madrid, es otro de sus pilares: «La reforma del fútbol no puede esperar y debemos afrontarla cuanto antes. Los clubes europeos tenemos la responsabilidad de luchar por este cambio. Debemos adaptarlo a la realidad para que el fútbol siga siendo el contenido más demandado. Nada volverá a ser como antes. La pandemia nos debe hacer más competitivos. Hay que innovar, buscar formulas para que el fútbol siga siendo atractivo. El Real Madrid estuvo en la fundación de la FIFA y en el de la Copa de Europa. El modelo necesita un impulso y el impacto de la Covid-19 lo ha demostrado».

Josep María Bartomeu fue el primero en oficializar públicamente las intenciones del Barcelona de participar de la Superliga, un anuncio que realizó durante la misma conferencia de prensa en la que comunicó su renuncia a su cargo como Presidente blaugrana: «Hoy puedo anunciar una noticia que cambia las perspectivas financieras. Ayer aprobamos la aceptación de los requerimientos para participar en una futura Superliga europea de fútbol, una iniciativa impulsada por los grandes clubes. El detalle estará a disposición de la próxima junta y deberá ser ratificado por la Asamblea».

«Queremos ver partidos europeos de mayor nivel. Si no miramos hacia el frente terminaremos simplemente por proteger un sistema que no funciona, un sistema hecho de partidos domésticos que tendrán poco interés para nuestros hijos», advirtió Agnelli en 2019.

Dos años después, y ante la inminente reestructuración de la Champions League, fue un poco más cauto, celebró la meritocracia que pretende erradicar junto al resto de sus colegas millonarios, pero sostuvo solapadamente los reparos que aún mantienen con vida a la Superliga: «Las competiciones a nivel europeo debe ser abiertas a todos. Así nosotros, como directivos de la industria, debemos mantener vivo el sueño, algo que es uno de los mantras de nuestra historia. Todo se debe decidir por méritos deportivos, pero debemos recordar a dónde van los fans del futuro, así que desde nuestro punto de vista más partidos europeos son bienvenidos. El 40% de los jóvenes de entre 16 y 24 no tiene ningún interés en el fútbol».

En sintonía y ante la amenaza europea, la FIFA de Gianni Infantino se hizo eco de los rumores y rápidamente anticipó su respuesta mediante un comunicado: «A la luz de las recientes especulaciones de los medios sobre la creación de una ‘Superliga’ cerrada por parte de algunos clubes europeos, la FIFA y las seis confederaciones (AFC, CAF, Concacaf, CONMEBOL, OFC y UEFA) una vez más quisieran reiterar y enfatizar fuertemente que tal competición no sería reconocida ni por la FIFA ni por la respectiva confederación. En consecuencia, ningún club o jugador que participe en una competición de este tipo podrá participar en ninguna competición organizada por la FIFA o su respectiva confederación».

En síntesis: si la elite europea finalmente decide romper el sistema, ni sus clubes ni sus jugadores podrán participar de los certámenes vernáculos, ni de las competiciones continentales ni del fútbol de selecciones. Los torneos nacionales quedarían reducidos entonces a un calendario sin, por citar el caso español, Barcelona, Real Madrid ni Atlético de Madrid. Tampoco participaría de la Premier League ningún integrante del Big Six, la Champions League sufriría la baja de los mejores combinados del continente y hasta las Selecciones deberían afrontar la Copa del Mundo sin sus mayores figuras.

La Superliga representa mucho más que un nuevo torneo en un calendario saturado: es una pugna más entre el dinero y el fútbol, entre el capitalismo y el romanticismo. La magia, la fantasía y hasta los sueños están en juego en una lucha que en las próximas décadas tal vez podamos revivir como una analogía de la resistencia del Porto de Marchesín, Pepe, Sérgio Oliveira y Sérgio Coinceiçao en Turín.

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