El Alma al cuerpo: Argentina vuelve a reír

tokyo

El básquet argentino no decepciona nunca. La Selección venció a Japón, clasificó a los cuartos de final como uno de los mejores terceros y alimentó una estadística brutal: en solo uno de los diez torneos que disputó en los últimos veinte años no consiguió meterse entre los ocho mejores del mundo. La indiscutible vigencia nacional, ayer con la Generación Dorada y ahora con El Alma, es motivo de celebración independiente del resultado del martes a las 9 de la mañana frente a Australia.

De menor a mayor como siempre en cada torneo, Argentina redujo a su mínima expresión a un anfitrión que no pudo aprovechar el factor Julio Lamas. Aunque Oveja Hernández fue sincero y contextualizó la actuación de su equipo ante un rival de segundo orden, Japón había redondeado dignas actuaciones frente a Eslovenia y especialmente frente a España con Rui Hachimura como máximo anotador con 34 y 20 puntos respectivamente. Pese a algunos altibajos durante la primera mitad, Argentina construyó un triunfo categórico e indiscutible en el que domó al alero de Washington Wizards, limitado a apenas 13 unidades en sus 39 minutos.

«Japón es un rival digno pero no tiene la enorme jerarquía de España o Eslovenia. Esos adversarios nos llevan a un escenario diferente. No lo vi tan bien al partido. Creo que los dominamos y lo pudimos plasmar en el resultado. Pero también creo que es exagerado un tanteador de 20 puntos a favor», bajó la euforia Oveja con la victoria y el boleto a playoffs en el bolsillo.

Campazzo expuso ante las cámaras uno de los dogmas fundacionales del éxito argentino: «Nunca muy arriba, nunca muy abajo». Argentina no era el peor equipo del torneo después de la paliza sufrida frente a Eslovenia ni es el mejor después de la victoria frente a Japón. Entre el cielo y el infierno, El Alma encontró un punto medio que le permitirá competir frente a Australia en un cruce al que no llega como favorito.

En un deporte en el que los emparejamientos son trascendentales, los Boomers que quedaron a un paso de la final de China 2019 no plantean los desafíos de un talento generacional como Luka Doncic o de un clásico adverso con la jerarquía, experiencia y profundidad de España. Aunque no es candidata, no debería ser una sorpresa mayúscula si Argentina se mete en las semifinales, incluso pese a la disparidad de resultados recientes en Japón y las variantes oceánicas en una nómina que, tras sufrir la baja definitiva de Aron Baynes, encabezan Patty Mills como referente ofensivo, Joe Ingles como una versión menos talentosa y ganadora de Manu Ginóbili y Matisse Thybulle como factor disruptivo en defensa.

¿Cuáles son las razones para creer en Argentina? Veamos:

  • La vigencia del gran capitán: inoxidable, Luis Scola sigue siendo una garantía en ataque a sus 41 años. Fue el máximo anotador frente a Japón desplegando su renovado, eficaz e insondable arsenal: marcó 23 puntos en 26 minutos con una eficacia del 42.9% de cancha y un impresionante 62.5% de tres con cinco aciertos en ocho intentos. Aunque es inevitable que el tiempo deje sus marcas, Luifa sigue siendo un recurso infalible en el poste y afianzó un tiro perimetral cada vez más consistente que obliga a las defensas rivales a prestarle atención incluso cuando está lejos del aro. Después de haber ganado todo como parte de la Generación Dorada, es el referente y líder de la nueva camada que en situaciones de alta complejidad encontrará soluciones en Scola.
  • Las variantes de la media cancha: después de la frustración y el enojo plasmado en la remera que rompió frente a España, Facundo Campazzo se reencontró con su mejor versión. Más allá de las cifras de su planilla, en una madrugada en la que acarició un triple-doble con 16 puntos, 7 rebotes y 11 asistencias, su segunda mitad fue brillante con una función coral no solo como anotador sino como generador y facilitador. Más allá de los pases mágicos que encandilan, es indispensable para las aspiraciones nacionales que el base de Denver dicte los tiempos del trámite. Nicolás Laprovittola es su complemento ideal, más allá de la irregularidad que pueda tener como tirador. Después de anotar 25 frente a España, no pudo convertir en sus ocho intentos de tres pero lastimó con sus clásicas asistencias en penetración. Aunque todavía no ha conseguido replicar el impacto de China 2019, Luca Vildoza y su tiro perimetral son un recurso valioso que Argentina necesitará de cara al cruce de cuartos.
  • La recuperación del Tortuga: el coronavirus le robó días de preparación a un Gabriel Deck que no llegó con el rodaje ideal a Tokio. Pero tras los dos primeros encuentros, Tortu volvió a su mejor versión, siempre calmado y alejado tanto de lo lujos como de los focos. Pragmático, utilitario y eficaz, anotó 16 puntos con un 70% de cancha y montó una pesadilla en defensa para frenar a Hachimura junto a Marcos Delía. Argentina necesita el aporte ofensivo de Deck para avanzar en el torneo.
  • Las soluciones de Oveja: Argentina no había arrancado bien frente a Japón y Hernández reaccionó rápido: «¿Por qué no defendemos? ¿Es el juego de las estrellas esto?», le lanzó a sus dirigidos durante un tiempo pedido tras un doble fácil del elenco nipón. Aunque no se fue completamente conforme del estadio de Saitama, su equipo empezó a mostrar la identidad que Oveja pretende: en la primera mitad corrió bien la cancha para castigar a un adversario con evidentes problemas en el retroceso pero más valor aún tuvo el despliegue ofensivo de la segunda parte cuando Argentina encontró soluciones en el ataque estacionado jugando mucho pick&roll y pick&pop con Campazzo como comandante. El último cuarto fue lo mejor de El Alma y de Oveja en el torneo.
  • El obrero silencioso: Marcos Delía es mi MVP de la travesía argentina en Japón. Aunque no luce ni sobresale, ha cumplido a la perfección su papel invisible en ambos costados de la cancha tanto en las derrotas como en el triunfo frente al local. El pivote está siendo desequilibrante en silencio y con acciones que suelen pasar desapercibidas. Su crecimiento fue notable durante los últimos años, gracias a una inteligencia que le ha permitido ir puliendo su juego de costa a costa. Defiende con fundamentos, cumple en el switch, está siempre listo para las ayudas y frente a Hachimura se lució frustrándolo hasta sacarlo de partido como hiciera con Marc Gasol en el duelo frente a España. Aunque tiene un repertorio más rudimentario para liquidar en ataque, aprovechó las ventajas del combinado de Lamas para aportar 14 puntos.
  • Los jugadores de rol: Aunque su intervención pueda ser reducida en cuanto a minutos, Oveja encontró respuestas concretas para escenarios particulares en Leandro Bolmaro y Juan Pablo Vaulet. Sumando sus primeras millas en la Selección tras una buena temporada en Barcelona y mientras lo miran de cerca desde Minnesota, Bolmaro aporta sacrificio como jugador de equipo que cumple con el trabajo sucio y prescinde de su lucimiento personal. Vaulet corre muy bien la cancha, tiene facilidades para atacar al aro y con su gran envergadura puede estorbar en defensa. 
  • El corazón de siempre: Argentina ganaba por 15 puntos a seis minutos del cierre en un partido de trámite casi sentenciado cuando tres jugadores, Scola y sus 41 años incluidos, se tiraron al piso para luchar por una pelota. Ese carácter, sello distintivo y constante en el ADN de la Generación Dorada, reapareció con destellos frente a España y en todo su esplendor ante Japón. En un único partido, en un cruce de eliminación directa, ese plus supone una ventaja intangible.

Los otros cruces

  • Lunes 22.00 – Eslovenia vs Alemania

Luka Doncic es la gran figura del básquet olímpico. Después de montar un unipersonal en la NBA, ahora se está luciendo a nivel FIBA como uno de los mejores jugadores del mundo. Tras pulverizar como anotador a la Argentina y a Japón, frente a España demostró que puede dominar el juego sin siquiera anotar: apenas sumó doce puntos en siete intentos al aro pero capturó 14 rebotes y repartió nueve asistencias en otra actuación descollante.

Sobre su figura se construye el mejor equipo del torneo, firme candidato al oro y beneficiado por un cuadro en el que evitará a los primeros cuatro clasificados del ranking FIBA hasta la final. Con jugadores de rol, gregarios que cumplen a la perfección su tarea como Mike Tobey, Klemen Prepelic y Vlatko Cancar, los eslovenos buscarán revalidar sus credenciales frente a una Alemania que necesitará un milagro.

  • Martes 1.40 – España vs Estados Unidos

El plato fuerte de los cuartos de final. El Dream Team intentará mostrar una mejor versión frente a la ÑBA, que tendrá que sortear rápidamente al rival más peligroso del torneo si quiere ganar el oro olímpico en busca de vengar las finales perdidas de Beijing 2008 y Londres 2012. Ninguno de los dos llega en su mejor versión pero sin dudas será un gran partido del cual saldrá un ganador fortalecido que enfrentará al vencedor del cruce entre Argentina y Australia.

  • Martes 5.20 – Francia vs Italia

El cimbronazo inicial de su triunfo frente a Estados Unidos le permitió adueñarse del primer puesto de su grupo. El elenco francés tiene uno de los planteles más completos del torneo, encabezados por Rudy Gobert como la piedra basal de una defensa feroz que limitó al Dream Team a un anémico 36% de cancha y Evan Fournier como principal vía ofensiva. Italia es un rival peligroso, que ya dio sobradas muestras de carácter en el Preolímpico y ahora intentará dar un batacazo en su retorno a los Juegos cimentado en la experiencia del veterano Danilo Gallinari, la frescura de Nico Mannion, la eficacia perimetral de Simone Fontecchio y la influencia de Achille Polonara. 

El vóleibol argentino tiene una espina clavada desde Río 2016. Argentina había finalizado en primer lugar del Grupo B por delante de potencias como Polonia y Rusia pero en cuartos de final se cruzó con Brasil, que había culminado en la cuarta posición del Grupo A. Con la ilusión cada vez más afianzada de replicar la campaña que coronó con el bronce en Seúl 1988, Argentina se enfrentó al anfitrión en una noche para el olvido: el local se impuso por 3-1, eliminó al conjunto de Julio Velasco y dio el primer paso hacia el oro ante su gente.

Cinco años después, otra derrota frente a Brasil amagó con estropear la esperanza nacional: tras la derrota en el debut frente a Rusia, Argentina desperdició una ventaja de dos sets y perdió en el quinto por un ajustado 16-14. La tristeza era palpable en las lágrimas de los referentes argentinos: «Es difícil hablar con tantas emociones en este momento, con un cuarto set del que nos vamos a acordar toda nuestra vida. Íbamos 17-11, no supimos aprovechar el momento como equipo. Estábamos controlando el partido y no pudimos mantener la calma, la concentración y cometimos errores que no habíamos cometido hasta ahí», analizó todavía en caliente Facundo Conte.

Pero Argentina no claudicó y se recuperó, aún con altibajos de un equipo que combina grandes rendimientos con períodos de desconexión: venció en una batalla a cinco sets a Francia y remontó un 0-2 inicial frente a Túnez para llegar a la última fecha con chances aún pese a la sorprendente caída de Rusia frente al elenco francés en la cuarta jornada.

Mano a mano por el último boleto a cuartos, Argentina despachó en tres sets a Estados Unidos, bronce en Río 2016 y en el Mundial de 2018. Sebastián Solé fue una de las figuras de la noche tokiota en un partido que se extendió hasta las primeras horas del lunes: «Esa derrota con Brasil nos sirvió de experiencia, la tomamos y esa fue la diferencia. Sirvió, nos dejó algo. Por ahí, si le ganábamos, después nos relajábamos. Demostramos que estamos bien parados».

El combinado dirigido por Marcelo Méndez fue creciendo durante el certamen y alcanzó su cumbre en una actuación inmejorable frente a los estadounidenses en una situación límite. La formación nacional no tuvo puntos flojos en otra brillante producción de Luciano De Cecco, probablemente el mejor armador del mundo, y del líbero Santiago Danani. Conte, siempre presente, fue el máximo anotador y emblema espiritual dentro de una cancha en la que también se lucieron Bruno Lima -de maravilloso campeonato- y la dupla conformada por Agustín Loser y Ezequiel Palacios bloqueando en la red. Es realmente difícil no mencionar a todos y cada uno de los integrantes de un equipo que registró un rendimiento sin fisuras.

La suerte decidió que Argentina se enfrente a Italia en los cuartos de final el martes a las 5 de la mañana en una jornada a puro deporte albiceleste que después continuará con el cruce entre Argentina y Australia en básquet. No es el rival ideal -Japón era la otra alternativa- y Polonia aparece como amenaza en las semifinales pero nadie podrá ponerle un freno a la ilusión de un equipo que ya se olvidó del cuarto set frente a Brasil.

  • En la historia

Yulimar Rojas lo había anticipado en la previa y cumplió con creces sobre la pista del Estadio Olímpico de Tokio: la atleta venezolana ya pertenece a la historia grande del deporte. Aunque ya tenía la medalla dorada en el bolsillo, Rojas fue por más y destruyó por 17 centímetros el récord que Inessa Kravets había establecido el 10 de agosto de 1995 en salto triple. Después de un par de intentos nulos, Yulimar registró 15.67 metros en su último salto y desató su delirio personal al que se sumó su colega y bronce Ana Peleteiro. 

Fue una jornada histórica para el deporte sudamericano. La ecuatoriana Neisi Dajomes era candidata a levantar el oro en la categoría de 76 kilos y no decepcionó. Integrante del poderoso equipo ecuatoriano de halterofilia, celebró en lo más alto del podio con un especial homenaje a su mamá y a su hermano, fallecidos en 2019 y 2018 respectivamente. 

Rebeca Andrade escribió otra página gloriosa para el deporte brasileño al colgarse el oro en salto después de haber ganado la medalla plateada en el all-around femenino ante el aplauso de Simone Biles y apenas por detrás de Sunisa Lee. La brasileña, quien entró a un gimnasio por primera vez a los cuatro años gracias a un proyecto social del Partido de los Trabajadores en una favela de Guarulhos, es un ejemplo de resiliencia después de haber superado tres operaciones tras romperse los ligamentos de una de sus rodillas. Sin Simone Biles, intentará seguir sumando títulos en los tres aparatos que quedan en la gimnasia femenina. 

  • Un sucesor inesperado

El retiro de Usain Bolt y la sanción a Christian Coleman habían dejado abierto el panorama para alguna sorpresa que se acentúo después de que Trayvon Brommel, el candidato de Bolt, se mancara en las semifinales. El británico Zharnel Hughes, otro de los nombres destacados de la prueba, fue descalificado después de una salida en falso. De entre los siete finalistas restantes, probablemente nadie hubiera apostado por Lamont Marcell Jacobs. 

Jacobs nació en El Paso, Texas, hace 26 años como fruto de la relación entre su padre estadounidense y su madre italiana. Hasta ayer su mejor tiempo eran los 9.95 segundos establecidos el 13 de mayo de 2021 en Savona, récord histórico del atletismo italiano que le permitió convertirse en uno de los 150 velocistas en bajar los 10 segundos. Tres meses después, Jacobs bajó quince segundos su mejor marca para llevarse el oro olímpico. La combinación de una pista impecable, las condiciones climáticas y el uso de las zapatillas que Bolt criticó resultan factores insoslayables para explicar la sorprendente actuación de Jacobs.

  • El espíritu olímpico

En una inolvidable mañana de atletismo, el qatari Mutaz Essa Barshim y el italiano Gianmarco Tamberi emocionaron al mundo después de una batalla que concluyo con una resolución absolutamente inesperada en la prueba de salto en alto.

Ambos habían alcanzado los 2.37 metros sin ningún nulo en su historial. Igualados en la cima, fallaron en sus tres intentos de saltar 2.39m. Fue entonces cuando un juez de la organización les comunicó que tenían la opción desempatar pero el qatarí esbozó una pregunta impensada: «¿Si no desempatamos, el oro es para los dos?». Ante la confirmación, Barshim y Tamberi decidieron compartir la cima del podio y festejaron juntos en un abrazo interminable que quedó en la historia: dos atletas compartieron un podio después de 113 años.

Barshim, que ostenta dos platas olímpicas y el segundo mayor registro de la historia con 2.43 metros apenas por detrás del mito cubano Javier Sotomayor, por fin pudo colgarse el ansiado oro. Tamberi celebró efusivamente con un yeso que encarna una emotiva historia: campeón del Mundo y de Europa en 2016, se perdió los Juegos de Río por una rotura de ligamentos. En aquel momento, Tamberi se pintó la leyenda «Road to Tokyo 2020» en su yeso.

Campeón en Tokio, festejó con su amigo yeso sobre la pista del estadio: «Me dijeron en 2016, justo antes de Río, que existía el riesgo de que no pudiera competir más. Ha sido un largo viaje. Después de mis lesiones, solo quería volver, pero ahora tengo este oro y es increíble». En una tarde histórica para el atletismo italiano, es indispensable esta nota de El Confidencial.

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