sam presti

Una mente brillante

Ponderado como uno de los mejores GM de la NBA, Sam Presti se embarca en un interesante nuevo proyecto para reconstruir a un Thunder candidato.

Gregg Popovich no estaba convencido. San Antonio había celebrado el primero de los cinco campeonatos bajo sus órdenes gracias al impulso que Tim Duncan le había dado al plantel liderado por David Robinson pero después de dos temporadas, y tras haber sido barrido por Los Angeles Lakers en las Finales del Oeste, Pop y R.C. Buford buscaban con el pick 28º del Draft a un talento revolucionario que sucediera a los veteranos Terry Porter y Avery Johnson en la base.

En su horizonte apareció un base francés de 19 años, prácticamente desconocido, del Paris Basket Racing. Era una época de fronteras todavía inexpugnables para los extranjeros pero San Antonio, una franquicia pequeña de un mercado pequeño, tenía que agudizar su ingenio para sumar talento a su plantel. Sin embargo, Tony Parker sufrió la rudeza física del ex NBA y por entonces scout texano Lance Banks y lejos estuvo de seducir a Popovich durante su primera audición: «Recuerdo que cuando le dimos su primer entrenamiento, no creímos que fuera lo suficientemente duro y lo enviamos a casa».

Popovich no solo no estaba convencido: había decidido bucear otras opciones. Pero un joven de 24 años, quien apenas había cumplido un año como interino en el equipo de analistas de video de la franquicia, apareció una noche en la puerta de la casa de R.C. Buford con un bolso cargado de cintas de VHS con detalles del francés y posteriormente le insistió a Pop: «Realmente creo que deberías darle otro vistazo a este chico».

En la segunda prueba, Parker disipó las dudas en torno a su figura y San Antonio lo eligió con la 28ª selección el 27 de junio de 2001 en el Madison Square Garden. El resto de la historia es más que conocida: junto a Tim Duncan y Manu Ginóbili, Parker fue uno de los pilares sobre los que se cimentó a uno de los mejores Big Three de la historia. Popovich y Buford son reconocidos como los arquitectos, pero un hombre jugó un rol clave con su insistencia. Ese hombre era Sam Presti: «Participó instrumentalmente en nuestra planificación, nuestro proyecto, los traspasos y de agencia libre. No hubo ninguna faceta en la que no estuviera involucrado en la creación de la cultura en San Antonio», analizó Buford en el New York Times en 2010.

Sin pasado como jugador NBA, Presti había sido capitán del equipo de básquetbol en Emerson College. Fue durante esa etapa universitaria cuando un compañero sufrió una seria lesión que lo obligó a barajar la posibilidad de retirarse abruptamente durante un proceso de recuperación que Presti acompañó atentamente. El padre del lesionado era superintendente de las escuelas de Aspen, Colorado, y en agradecimiento por su incondicional amistad lo invitó a participar de un campamento que Buford y Popovich organizaban cada año en la ciudad. Presti viajó, conoció a Buford y lo convenció para que lo contratara como interino en San Antonio a cambio de un sueldo de 250 dólares anuales.

Consumado su pleno en la elección de Parker, Presti escaló hasta convertirse en asistente de Buford antes de marcharse a Seattle en 2007 como un joven maravilla que conduciría los destinos de los SuperSonics. Su elección fue una apuesta del dueño Clay Bennett, quien lo entrevistó y lo eligió por encima de la opinión de Lenny Wilkens, integrante del Salón de la Fama que operaba como presidente de los Sonics y se había reunido tanto con John Gabriel como con Gary Fitzsimmons. Bennett no solo contrató a Presti, por entonces el GM más joven de la liga: también reconfiguró la estructura interna y degradó a Wilkens al puesto de vicepresidente.

Seattle había ganado apenas 33 partidos en 2006-07 bajo las órdenes de Bob Hill, con Rick Sund como GM y la dupla Ray Allen-Rashard Lewis como estrellas. Su primera decisión fue lógica: eligió a Kevin Durant, uno de los mayores prospectos del básquetbol universitario, con la segunda selección del Draft de 2007.

Pero sus siguientes movimientos fueron impactantes y polémicos: en menos de un mes se desprendió tanto de Allen (enviado a Boston a cambio de una quinta selección que finalmente fue Jeff Green) como de Lewis (transferido a Orlando a cambio de dos picks de primera ronda además de Kurt Thomas, quien luego fue enviado a San Antonio a cambio de otra selección del Draft).

Ambas transferencias, sumados a las dudas respecto a su contratación por parte del dueño y a su inexperiencia, despertaron el enojo de varios fanáticos que vieron partir a sus dos figuras aunque Jerry Brewer, columnista de The Seattle Times, defendió sus decisiones: «No sólo contrató a un GM. Contrató al mejor hombre para aforntar esta situación y prosperar. Se aseguró de que su franquicia fuera un competidor dentro de cuatro años, posiblemente antes».

Mientras su franquicia completaba dos campañas decepcionantes -mudanza de Seattle a Oklahoma mediante- que impulsaron su primer cambio de entrenador cuando en noviembre de 2008 despidió a PJ Carlesimo y contrató a Scott Brooks, Presti construía un Big Three desde el Draft: eligió en años consecutivos a Durant, a Russell Westbrook con el cuarto pick de 2008 y a James Harden con la tercera selección de 2009.

En el primer año del tridente, OKC alcanzó los 50 triunfos y perdió en la primera ronda del Oeste frente a los Lakers posteriormente campeones de Kobe Bryant y Pau Gasol dirigidos por Phil Jackson en una derrota que desnudó su proyección: en 2010-11 cayeron en la definición del Oeste frente a Dallas y en 2011-12 fueron frustrados por el Big Three de Miami Heat en las Finales de la liga. Con un tridente integrado por tres sub 25, el futuro era de Oklahoma City.

Pero la agencia libre 2012 representa el único lunar hasta la fecha en los trece años de gestión Presti. James Harden, sexto hombre de la temporada regular 2011-12, no llegó a un acuerdo para su renovación después de que OKC le extendiera una oferta de 54 y 60 millones por cuatro años. Las dilatadas negociaciones entre un escolta de barba incipiente, por entonces revulsivo saliendo desde el banco de suplentes, finalizaron abruptamente después de que la gerencia le ofreciera una hora para evaluar su futuro junto a su agente Rob Pelinka -hoy GM de Los Angeles Lakers-: «Después de todo lo que hicimos juntos, ¿me das una hora? Era una de las mayores decisiones de mi vida. Quería irme a casa y rezar sobre esto. Me hirió. Me dolió», explicó Harden en Yahoo Sports.

Harden finalmente fue transferido a Houston Rockets junto a Cole Aldrich, Daequan Cook y Lazar Hayward a cambio de Jeremy Lamb, Kevin Martin y tres picks que fueron invertidos en Steven Adams, Álex Abrines y Mitch McGary. En retrospectiva, la transacción fue una de las peores de la historia de la NBA pero Presti de todas maneras tiene algunas aristas para justificar su determinación de enviarlo a Houston como piedra basal de la revolución impulsada por Daryl Morey.

«Si la oferta no era aceptable, íbamos a tener que tomar la mejor decisión para la franquicia. Dado el hecho de que se estaba convirtiendo en una realidad que probablemente firmaría en otro lugar al final de la temporada, una vez que esa realidad se cumplió, tal como hemos hecho en el pasado, esta organización pasó la página. Hicimos varios esfuerzos para que esto funcionara pero creo que hay un punto en cada negociación en el que empiezas a darte cuenta de dónde se alinean las cosas. En ese punto tienes que jugar la mano que te han repartido», detalló Presti en una conferencia de prensa posterior al trade.

Las cartas que le tocaron a Presti no fueron sencillas. Harden quería mayor protagonismo y un contrato suculento que Oklahoma City no podía permitirse a instancias de sus propietarios, decididos a no pagar el impuesto de lujo. Harden había completado unas Finales decepcionantes con 12.4 puntos y 31.8% de tres en los cinco juegos frente a Miami y aún no era la Barba que años más tarde se convertiría en el jugador más valioso de la liga. Tampoco era la misma NBA: obligado a elegir entre Harden y Serge Ibaka, Presti priorizó a quién mejor encajaba con sus dos figuras en una época en la que defensa en el poste era fundamental y en la que su sociedad con Kendrick Perkins (transferido desde Boston a cambio de Jeff Green en 2011 después de ser el pivote titular de los Celtics campeones de 2007-08) parecía una de las claves del Thunder.

En síntesis, los pecados de Presti fueron dos. El primero es obviamente la elección de Ibaka por sobre Harden. El segundo fue su apuro: Harden se convertiría en agente libre restringido a final de temporada, una ventaja que en el peor de los casos le permitiría a la franquicia igualar cualquier oferta que la Barba recibiera. OKC podría haber mantenido su trío a la caza de una revancha en las Finales, igualar cualquier oferta que Harden recibiera y entonces transferir a Ibaka o ejercer la cláusula de amnistía sobre el contrato de Perkins.

Mientras Harden se convertía en uno de los íconos de la liga como comandante del proyecto revolucionario de Daryl Morey, Oklahoma City alcanzó dos finales y una semifinal de conferencia en cuatro años. En los Playoffs de 2015-16 sufrieron un estrepitoso colapso que quebró a la estructura del Thunder: desperdiciaron una ventaja de 3-1 en las Finales del Oeste frente a Golden State Warriors. Semanas más tarde, Kevin Durant cruzó de vereda y firmó como agente libre en los Warriors para unirse a Stephen Curry y Klay Thompson en uno de los tridentes más espectaculares de la historia.

La partida de Durant convirtió a KD en enemigo público del pueblo que lo idolatraba. Tiempo después, una vez consumado su retorno a Oklahoma City con la camiseta de Golden State Warriors, Durant recordó ese regreso y disparó: «Sentí una sensación tóxica, tan venenosa, cuando entré nuevamente en ese estadio. ¿La organización, los entrenadores y los gerentes, esos tipos están enojados conmigo? ¿No me hablan? ¿Adónde vamos con esto? ¿Porque dejé un equipo y me fui a jugar con otro? Tenía pensado volver a la ciudad, ser parte de esa comunidad y organización, pero no confío en nadie allá. No volví a hablar con nadie de la organización ni con el GM desde que me fui».

Presti le bajó la tensión al cruce con su respuesta: «Ni yo ni nadie en el Thunder tiene algo negativo que decir sobre Durant». Aunque el divorcio fue doloroso, Presti aprendió una lección que demostraría en los años siguientes: entendió que en la era del empoderamiento del jugador, acercarse a sus estrellas, entenderlos y consultarlos suponía una ventaja en favor de su gestión.

La partida de Durant supuso un cierre abrupto de una era dorada en Oklahoma City, una ciudad eternamente postergada, un páramo condenado al abandono que encontró en Russell Westbrook a un símbolo de lealtad. Westbrook convirtió a Oklahoma City en su causa personal: fue MVP en 2016-17 con un histórico triple-doble de promedio y una inesperada clasificación a Playoffs. La eliminación en primera ronda frente a Houston evidenció que el monólogo de Russ sería insuficiente en el futuro, por lo que Presti salió a buscar a una segunda espada capaz de potenciar su estructura mientras se aseguró la continuidad de Westbrook con una extensión de su contrato de cinco años por 205 millones de dólares.

Si Presti se había lucido como ojeador de talentos en el Draft, sus movimientos desde 2017 en adelante demostraron que también es un prodigio en el mercado. Con la compleja tarea de sumar talento de élite a un equipo de una franquicia chica, las opciones no eran muchas pero fue capaz de sacar a Paul George de Indiana Pacers a cambio de Victor Oladipo y Domantas Sabonis. En busca de un nuevo Big Three construido alrededor de Westbrook, también consiguió a Carmelo Anthony desde Nueva York. Oklahoma finalizó en el cuarto puesto del Oeste pero quedó nuevamente afuera en primera ronda frente a Utah Jazz.

Pese a la temprana eliminación, Presti consiguió la renovación de un agente libre como George -Westbrook fue una pieza troncal en la negociación- y se desprendió de Melo en un trade que le permitió conseguir a Dennis Schröder. Pero otra frustrante campaña fue una sentencia para aquella formación: Paul George forzó su traspaso para unirse a Kawhi Leonard en Los Angeles Clippers y Westbrook, otra vez desamparado, también solicitó su transferencia después de un diálogo con su GM y la certeza de que OKC emprendería la primera reconstrucción de su historia.

La faena para desprenderse del contrato de Westbrook, quien percibirá 41 millones en 2020-21 y , no era una tarea sencilla pero Presti concretó otro truco inesperado: lo envió a Houston Rockets a cambio de Chris Paul, un pick de primera ronda de 2021, un pick de primera ronda de 2024, una primera ronda de 2025 y una primera ronda de 2026. La salida de George fue más sencilla pero no por eso menos exitosa: la decisión de marcharse del jugador no redujo su valor y Presti consiguió a un auspicioso prospecto como Shai Gilgeous-Alexander, a un veterano como Danilo Gallinari, una primera ronda de 2021, una primera ronra de 2022, dos primeras rondas de 2023, una primera ronda de 2024, una primera ronda de 2025 y una primera ronda de 2026.

En retrospectiva, así como el trade por Harden quedó en la memoria como uno de los peores de la historia de la liga, los desenlaces de la temporada 2019-2020 de Houston Rockets y Los Angeles Clippers revalorizaron aquellas decisiones de Presti. La sociedad Westbrook-Harden no funcionó, el micro-ball de Mike D’Antoni terminó en fracaso y Houston ni siquiera consigue ofertas en el mercado actual para transferir a un Westbrook descontento con la proyección de la franquicia texana. Después de su enésima desilusión en Playoffs, otra vez una versión deslucida de Playoff P en la eliminación frente a Denver Nuggets, George disminuyó radicalmente sus acciones y tendrá que reivindicarse en 2020-21.

En cambio, Oklahoma City redondeó una campaña inesperada: si Presti tenía pensado impulsar su reconstrucción con el traspaso de Chris Paul antes del deadline, el rendimiento de su equipo dilató su ejecución. Aunque finalizó en la quinta colocación del Oeste, Oklahoma City redondeó un récord idéntico al de Houston y llevó a los Rockets a siete partidos en la primera ronda de conferencia.

Concluida su aventura en la burbuja de Orlando, Presti finalmente dinamitó al plantel y emprendió la reestructuración de su Thunder: desvinculó a Billy Donovan y le entregó el mando al joven asistente Mark Daigneault, envió a Dennis Schröder a Los Angeles Lakers, a Chris Paul a Phoenix Suns, a Steven Adams a New Orleans Pelicans y dejó marchar tanto a Danilo Gallinari como a Nerlens Noel. También renegoció a Ricky Rubio (Minnesota Timberwolves), a Danny Green (Philadelphia 76ers), Trevor Ariza (Detroit Pistons) y a Kelly Oubre (Golden State Warriors) a quienes había conseguido durante el mercado actual.

Entre todos los traspasos que consumó durante las últimas dos ventanas, Presti reunió 21 picks de primera ronda en los próximos seis años. Los antecedentes de sus elecciones -Durant, Westbrook, Harden- y su habilidad para detectar potenciales estrellas encienden la ilusión de una ciudad de un millón y medio de hinchas que cuenta con el Thunder como único equipo en las cinco ligas importantes de Estados Unidos.

Contra las cuerdas, Presti fue capaz de resolver situaciones adversas mientras edificó a uno de los proyectos más atractivos de la liga para los años venideros, de cumplir con las demandas de sus figuras sin causarle pérdidas a su franquicia. El joven GM de Oklahoma City ha forjado varios conceptos positivos sobre su figura alrededor de la liga, principalmente dos virtudes que podrían inclinar una negociación a su favor.

Schröder, quien encauzó su carrera en Oklahoma City y finalizó segundo en la votación al mejor sexto hombre de 2019-20, agradeció el trato de Presti en la gestión de su mudanza a los Lakers: «Es uno de los mejores GM de la liga. En la última temporada había rumores en torno a mi transferencia a Clippers o Lakers. Él me preguntó adónde quería ir. Eso no es normal. Generalmente te transfieren. Es una de las personas más honestas que conocí en mi vida». El base alemán no fue el único en elogiar la calidad humana de Presti, un factor que siempre priorizan los agentes libres.

En una encuesta realizada por The Athletic a agentes de jugadores, diez de los veinte encuestados eligieron a Presti como el más inteligente de la NBA: «El más inteligente en términos de coeficiente intelectual, que es la comprensión total de lo que están haciendo, pero también en cuanto a la inteligencia emocional, que conocen la importancia de la relación con el jugador, es Sam Presti. Creo que se ha desarrollado. Ha mejorado con el tiempo. Una persona inteligente es una persona en desarrollo. Yo diría que Sam Presti ha evolucionado. En la mayoría de estos equipos, tratas con un par de personas, pero con él, es el único con el que tratas. Podrías decir Pat Riley, pero estás tratando con Andy (Elisburg) y esos otros tipos. Pero con Sam, es el único con el que tratas».

Entre su ojo clínico para evaluar a las próximas camadas, su inteligencia para negociar y la habilidad para conformar a sus estrellas, el futuro de Oklahoma City Thunder es ilusionante y todo depende de una única mente brillante.

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