De Corrientes a La Plata: radiografía del Maradona DT

Diego Armando Maradona celebró el 30 de octubre de 2020 sus sesenta años. Como homenaje a una vida inabarcable, un repaso por sus últimos 25 años.
diego gimnasia

Entre todas las vidas de Diego Armando Maradona hay una casi virgen, generalmente subestimada y eclipsada por su leyenda como jugador: su faceta como entrenador. Ya son 26 años desde aquella tarde inicial en que el mito se enfundó en un traje, entró en una cancha y se quedó a un costado para conducir tácticamente a su primer equipo. 

De Mandiyú a Gimnasia, su currículum expone las siguientes cifras: dirigió a seis clubes y a una selección en 136 partidos, ganó 64, empató 33, perdió 39 y sumó 222 de los 385 puntos posibles -en sus dos primeras aventuras como DT los partidos aún otorgaban dos unidades al ganador-. Con un 57.6% de efectividad, clasificó al Mundial de Sudáfrica 2010 con Argentina y fue eliminado en cuartos de final, perdió dos finales por el ascenso con Dorados, quedó al borde del ascenso con Al Fujairah y cayó en la definición de la Copa del Golfo con Al Wasl. 

Las cifras resumen fría, vaga y caprichosamente el último cuarto de siglo de una leyenda que el 30 de octubre celebró sus seis décadas al borde de la línea de cal, en su lugar más feliz. Hay cierta reivindicación romántica en que después del coronavirus, el fútbol argentino haya vuelto en su Navidad. Como homenaje, este texto es un intento de descifrar la esencia del Maradona DT, una de las tantas caras de una figura insondable. 

Mandiyú (1994)

Un mes después de que Maradona escribiera el epitafio de su carrera con aquel lapidario «me cortaron las piernas» tras el doping por efedrina que lo marginó de la Copa del Mundo de Estados Unidos, la FIFA oficializó su suspensión durante 15 meses para toda actividad nacional e internacional, una sanción que recién purgaría el 15 de septiembre de 1995. 

Proscripto como jugador, forzado a colgar la diez y los botines, Mandiyú apareció en escena. Roberto Cruz, diputado menemista e íntimo amigo del presidente Carlos Menem, había desembolsado dos millones de dólares en 1993 para adueñarse de un club gerenciado en manos del empresario correntino Eduardo Seferian, propietario de la Algodonera Tipoití y del club cuyo nombre significa “algodón” en Guaraní. Gestor de un proyecto ambicioso, primero contrató a Sergio Goycochea y después emprendió el operativo seducción en busca de Maradona.

El lunes 3 de octubre de 1994 a las nueve de la mañana, Maradona golpeó la puerta de la casa de Cruz en Ramos Mejía y se convirtió oficialmente en el entrenador del combinado correntino. Cruz se jactaba de su jugada maestra en El Gráfico: «¿Análisis? No hicimos ninguno, no correspondía. ¿Cuál puede ser la contra de tener a Maradona como técnico? Su visión del fútbol mundial y su experiencia lo sitúan como el hombre justo. ¿O acaso Passarella, el Bambino Veira, Cruyff, Beckenbauer y Valdano tenían antecedentes como entrenadores? Es lógico que Maradona sea un gran director técnico. Tener a Maradona es como salir con Kim Basinger. Lo tengo que disfrutar, no me voy a poner a pensar en cuándo se puede terminar nuestra relación»

En medio del caos, Diego volvía a sus fuentes, a la provincia en donde había nacido Don Diego, para mantenerse cerca de la pelota: “Algo tenía que hacer en esos quince meses de condena que FIFA me había tirado por la cabeza. Mandiyú de Corrientes fue el primero que apareció y se animó a darme una oportunidad: ser director técnico de un equipo»

Fernando Signorini apareció en la vida de Diego después de la artera patada de Andoni Goikoetxea que en la noche del 24 de septiembre de 1983 le provocó la rotura de su tobillo izquierdo. Fundamental en su recuperación, Diego lo contrató como profesor particular en otra innovadora apuesta del astro en una época en la que no era común que un jugador realizara un entrenamiento físico individual con su propio preparador. 

Desde entonces, Signorini fue incondicional, compañero de los días más felices y los capítulos más tristes: juntos vivieron la inolvidable epopeya napolitana, la impensada transformación de Diego en leyenda durante México 1986, las lágrimas de Italia 1990 y el positivo de Estados Unidos 1994. Cuando la sanción de la FIFA interrumpió sus últimos años como jugador, para Signorini era lógica su conversión casi automática en técnico: “Siempre tuve la sensación de que Diego, una vez que dejara de jugar al fútbol en forma activa, se dedicara a ser entrenador de fútbol porque ante todo era la mejor posibilidad de seguir cerca de lo que significa la razón de su vida: la pelota de fútbol, el vestuario, la cancha, nunca tuve dudas de que iba a seguir como técnico de fútbol”. 

Designado como sucesor del despedido Pedro González, ex delantero de River y San Lorenzo que apenas había sumado dos puntos en cinco encuentros producto de sendos empates frente a Talleres y contra Boca en La Bombonera, eligió a Carlos Fren como socio para su dupla técnica. Maradona no contaba con el carnet habilitante y Fren acumulaba experiencia después de su etapa junto a Ricardo Bochini al frente de Independiente en 1991: «Desde que asumí esta responsabilidad junto a Fren, pensé en no volver a jugar nunca más. Eso es definitivo. Aunque no tenga el carnet, creo que tengo la suficiente experiencia. Como dijo un grande, Quique Wolff, ‘en el fútbol no se inventó nada ni se va a inventar’, en esa estoy yo y creo que podemos darle algo bueno a los muchachos de Mandiyú”

Su presentación oficial fue seis días después frente a Rosario Central en el estadio de Huracán de Corrientes. De camisa arremangada y corbata extravagante, Diego vivió su debut junto a su hermano Lalo desde la platea: “Lo dirigí desde la platea, con Lalo al lado, como dos hinchas más, porque no tenía la autorización para sentarme en el banco: perdimos 2 a 1 y me cansé más que en un partido con alargue de la Selección”, recordó años después en su autobiografía El Diego de la gente.

El primer once de Maradona formó con Sergio Goycochea; Jorge Martínez, Héctor Ignacio Rodríguez Peña, Gabriel Medrano, Sergio Umpiérrez; Mario Obregón, Ramón Ángel Bernuncio, Gerson Díaz; Guido Alvarenga; Rubén Alejandro Bernuncio y Dante Alberto Fernández. 

El Canalla se quedó con el triunfo con los goles de Omar Palma y Pablo Vitamina Sánchez. Determinante aún en los últimos días de su carrera, el Negro marcó el primer gol con un precioso tiro libre, manejó los tiempos del trámite y provocó la primera reflexión como técnico de Maradona: «No me gustó la falta de protagonismo del equipo. Dejamos que Palma, con 36 años, manejara la pelota, no presionamos lo suficiente».

Durante aquella tarde correntina, Ángel Bernuncio inmortalizó su nombre como el autor del primer gol de la era Maradona DT con un derechazo desde la puerta del área que fue inatajable para Roberto Bonano. Cinco de contención, había vestido las camisetas de San Lorenzo, Lanús, Barcelona de Ecuador, Necaxa y Toros Neza de México antes de su aterrizaje en Mandiyú: “Teníamos problemas económicos, el club no estaba bien, los refuerzos llegaban tarde, eran problemas y problemas. Después de algunos partidos deciden cambiar al entrenador y nos enteramos que iba a ser Maradona. Nos cambió la cabeza, revolucionó Corrientes que era una provincia tranquila»

Aislado en plena pandemia, después de su último paso por la Selección Sub 20 de Perú como ayudante de Daniel Ahmed y tras varios años junto al Tolo Gallego, analiza en retrospectiva los primeros detalles de aquel Maradona abruptamente convertido en técnico: “Yo ya era grande, venía de jugar en varios equipos, en San Lorenzo y en el extranjero, y la verdad es que cuando uno es más grande se da cuenta de otras cosas. No le costó nunca el cambio de ser jugador a ser entrenador, yo no lo noté en ese momento”

Diego consiguió su primer punto como técnico en La Plata frente a Gimnasia en un 1-1 forzado por el sacrificio colectivo de su equipo y el talento distintivo del enganche paraguayo Guido Alvarenga. El combinado algodonero perdía desde los doce minutos y la yunta Maradona-Fren ajustó su formación y pasó a jugar con un líbero y dos stoppers en el fondo: «No es definitivo. Jugaremos de acuerdo a nuestras necesidades, a veces seremos más ofensivos. Lo que pasa es que hoy nos encontramos perdiendo y salimos a buscar el empate»

Bernuncio rememora la identidad de aquel equipo: «Quería que el equipo jugara bien, le tocó llegar a un club que estaba hecho un desastre, pero quería ser ofensivo, jugaba con un enganche, una cosa atípica a lo que suele suceder. Después, en cada lugar es distinto, porque recibís a un equipo en base a lo que tenés, tenés que armarlo, pero lo noté como un entrenador con características ofensivas»

Mientras tanto, en Mandiyú todo dependía de Diego. El club ya se encaminaba a un naufragio inevitable que la mera presencia del ídolo postergó. El propio Maradona reconoció tiempo después que debía cumplir múltiples funciones como entrenador, presidente, psicólogo y hasta encargado de marketing: «Cuando yo llegué no tenían nada, no tenían una pelota para entrenarse, los arcos no tenían redes». Bernuncio corrobora esas historias: «Diego iba a buscar pelotas, ropa, lugares de entrenamiento. Diego ponía todo, todo estaba contenido por Maradona. Diego no exagera»

Tras nueve partidos, Maradona aún no había ganado. El equipo había crecido gracias al impulso propio de su presencia y había sido capaz de competir frente a gigantes de la talla de Independiente y San Lorenzo pero viajó al Monumental para medirse al River puntero del Apertura 1994 después de un 0-4 como local frente a Belgrano.

«Nos hizo sentir que podíamos jugar de igual a igual. No recuerdo bien pero me acuerdo que ese partido tuvo detalles tácticos que Diego pidió y salieron a la perfección», anticipa Bernuncio. Maradona -ya autorizado a ocupar su lugar en el banco de suplentes- diseñó un antídoto contra el poder futbolístico del futuro campeón invicto con Javier Adrián Baena como hombre libre en la última línea, dos stoppers como control de daños frente a Enzo Francescoli y Gabriel Amato, un línea de cinco mediocampistas para desarticular el engranaje del elenco del Tolo Gallego y dispuso a su equipo alistado para contragolpear. 

El plan funcionó y en media hora ganaba por 2-0. Eventualmente el Millonario reaccionó y el acoso constante al arco defendido por Roberto Cabrera dio sus frutos: Francescoli descontó y Marcelo Gallardo -que había ingresado durante el primer tiempo como respuesta táctica de Gallego- empató el marcador en un arrebato antes del entretiempo. 

En la conferencia de prensa posterior, Diego se lamentó por la oportunidad desperdiciada: «La tristeza es porque en cinco minutos tiramos por tierra los cuarenta que hicimos de gran fútbol. La verdad que planteamos el partido como salió en los cuarenta minutos, en donde River no podía entrar, no podía encontrar la pelota, un jugador excepcional como Enzo no podía resolver los problemas en la mitad de la cancha. Puede ser el puntapié inicial para la recuperación, durante cuarenta minutos pasamos por arriba al puntero del campeonato. Es más: Mandiyú hizo callar a la hinchada de River. Y cuando la gente se calla, es porque respeta. Al final, yo también me sentí respetado»

 

Bernuncio remarca su capacidad para detectar detalles del juego como su principal virtud, un factor diferencial respecto a la mayoría de los entrenadores que conoció durante su vida: «Noté su buena visión de juego, del fútbol. Muchas veces hay entrenadores que no se dan cuenta de lo que está pasando en un partido, y él eso lo tenía, me daba cuenta de que tenía mucha claridad para ver lo que pasaba en los partidos, para ver cómo plantearlos, para ver cómo iba a jugar el contrario. Es un valor, una intuición, que no muchos tienen. A veces, planteás y no te sale, pero estando en el vestuario, como jugador te das cuenta si el entrenador entiende lo que sucede, que ve un poquito más adelante. Si el entrenador no hacía una lectura correcta, la cambiábamos nosotros dentro de la cancha, pero en nuestra trayectoria juntos, detecté su buena lectura. Hoy después del partido viene alguien y te dice que atacaron determinado número de veces por un lado o por el otro, con las estadísticas, pero eso lo tenés que ver durante el partido y no son muchos los que tienen esa capacidad»

Después de coquetear con la hazaña, Mandiyú consiguió el primer y único triunfo como local frente a Gimnasia de Jujuy, igualó como visitante frente a Banfield y cayó en casa ante Newell’s en la 16ª fecha. Después del 0-2 ante la Lepra, Cruz ingresó a los gritos al vestuario: “¡Muchachos, hay que poner huevos!”. Diego no soportó la intromisión: «Me di vuelta, lo encaré a Cruz y le grité: ‘¡Gordo y la concha de tu madre, ¿qué mierda venís a hablar con los jugadores? Con los jugadores hablamos nosotros… ¡Y te vas! ¡Te vas, porque te rompo la cara a trompadas»

Cruz no se fue y le lanzó un “¿Vos quién sos?” que desató su furia: “¡Para qué! Le tiré un par de piñas hasta que me lo sacaron. El vestuario es mío cuando soy técnico. Y no me banqué que viniera a decirles a los jugadores que no ponían huevos. Después de eso me fui, lógico”

Diego y Fren dirigieron por última vez a Mandiyú en un empate sin goles frente a Racing. El 6 de diciembre, después de dos meses de trabajo, pegó el portazo. Mandiyú disputó su último partido en la máxima división el 26 de junio de 1995 en la derrota por 4-2 frente a Platense. Descendido al Nacional B, la monstruosa deuda se devoró al club, fue desafiliado y posteriormente desapareció. 

«Roberto Cruz fundió al club, estaba todo contenido por Maradona”, explica Bernuncio: “Yo tengo el recuerdo de los pagaré que nunca cobré, nadie cobró ahí, Maradona tampoco. Diego como técnico ponía todo, pero fue un ejercicio que le sirvió para el día de mañana llegar a un lugar ordenado»

Racing (1995)

Presidente de Racing, Juan De Stéfano había trazado un plan ambicioso solventado económicamente por Eduardo Eurnekian, por entonces dueño de América TV. La Academia soñaba con una función dual de Maradona: le había extendido inicialmente una oferta como entrenador con la promesa de reservarle la diez para cuando cumpliera la suspensión impuesta por la FIFA. 

Concluida su etapa en Corrientes, y después de haberse reencontrado con Guillermo Coppola como representante tras su alejamiento de Marcos Franchi, Maradona regresó de sus vacaciones en Francia y rubricó su vínculo con la Academia el 6 de enero de 1995, otra vez en dupla con Carlos Fren. Bajo sus órdenes tendría a un plantel con varios nombres resonantes: Gustavo Costas, Claudio García, Ignacio González, Claudio López, Néstor Clausen, Juan Ramón Fleita, Pablo Michelini, Fernando Quiroz y Ricardo Alberto Ramírez, un talento natural que el propio Diego había destacado como posible sucesor. 

El sábado 14 de enero de 1995 se concretó su debut en un clásico amistoso -si existen los amistosos- de verano frente a Independiente en Mar del Plata. Fue un empate sin goles pero caliente con tres expulsados y una guerra dialéctica entre Maradona y el árbitro Juan Bava, una característica permanente de aquella aventura en Avellaneda: “En mi vida iría a comer un asado con Bava, te lo juro por mis hijas. Lo que tengo grabado es que cuando en el segundo tiempo podíamos liquidar a Independiente, nos inclinó la cancha, fue una cosa lamentable”, diría tras ser expulsado después de tirarle agua a uno de los líneas en otro 0-0 frente a Independiente por la tercera fecha del Clausura 1995. 

En aquellos primeros días, Diego mostró mano de hierro al separar a Jorge Reinoso y a Estanislao Struway por llegar tarde a la pretemporada por considerarlo «una falta de respeto a los compañeros» y rediseñó el sistema táctico con un líbero, tres defensores marcando en zona, tres volantes, un enganche y dos delanteros. Tete Quiroz, baluarte en la mitad de la cancha y referente del club, detalla la influencia táctica de Diego: «Éramos un equipo equilibrado, nos cambió la forma y el sistema. Si bien los resultados no fueron los mejores, tuvimos rendimientos muy altos con Boca, con River, con Vélez, con San Lorenzo. Cuando se fue, seguimos en un nivel alto y se dieron más los resultados». 

Sin embargo, su campaña en la Academia estuvo signada por la irregularidad, en la que solo estuvo presente en cinco de los once durante su etapa. Eran tiempos difíciles para Diego, cada vez más cercano al 15 de septiembre que le permitiría volver a vestirse de jugador. “Dos veces no lo pude levantar. Se puso a llorar, diciendo que era algo que no podía controlar. Estuvo dos o tres semanas sin venir”, recordó Carlos Fren en una entrevista en Infobae. 

Maradona estuvo ausente en la histórica victoria de Racing en La Bombonera frente a Boca, un terreno inexpugnable para un club que no ganaba en la Ribera después de 20 años y 27 encuentros. Roberto Galarza, hoy chofer de la línea 148 de colectivos, fue el héroe de aquella jornada de celebración a distancia de Maradona que, consumado el triunfo, llamó automáticamente a Fren para felicitarlo y dejó indicios de esa contradicción interna entre el técnico y el jugador: «Estoy loco de contento y esto me da fuerzas para seguir entrenándome con todo. ¡Imaginate el equipo que vamos a armar en septiembre cuando vuelva a jugar!

“Diego era más jugador que técnico”, revivió el arquero Nacho González en una nota con Olé: “Carlos se encargaba más… Creo que a Maradona es al único ser en la tierra que se le permitían esos faltazos. Él era así”.  

Quiroz profundiza en la relación entre el plantel y su entrenador: «Tenía un gran cuerpo técnico armado que hacía todo el trabajo de campo y él mantenía al grupo siempre alerta, manteniendo una competencia sana entre todos. Todavía pensaba y se sentía como jugador, era prácticamente un compañero más. Estaba rodeado de un cuerpo técnico muy bueno pero con nosotros estaba más como compañero y lo disfrutamos mucho. Interiormente él sabía que iba a volver a jugar»

Su campaña se extendió apenas durante cuatro meses. Maradona había apoyado la reelección de De Stéfano, quien perdió en los comicios frente a Osvaldo Otero y Diego se despidió abruptamente ante la derrota en las urnas: «Cualquiera se moriría por dirigir a Racing. Yo estoy orgulloso de hacerlo, pero soy un hombre de palabra». 

Aunque fue breve, dejó una marca indeleble en cada uno de sus dirigidos: aún hoy Teté Quiroz no se olvida de aquellos días compartidos. Después de seis años en Huracán, el volante central de exquisita técnica y manejo revela la influencia del mito en su carrera: «Me provocó una sensación única que ningún técnico, ni otra persona en el fútbol, pudo provocar. Fue un antes y un después en mi carrera, porque a partir de su llegada empecé a tener un nivel alto y pude instalarme como referente. El día que llegó, yo no lo conocía, me encaró, vio que tenía una pelotita colgada en el cuello, me pegó fuerte ahí, me la hundió en el pecho y me dijo: ‘Este año va a ser tu año, la tenés que romper, confío mucho en vos’. Eso me hizo sentir muy bien y a partir de ahí me empecé a instalar como referente dentro del club»

Maradona enterró temporalmente durante más de una década su faceta como entrenador después de dos triunfos, seis empates y tres derrotas en once partidos. Desvinculado, en su autobiografía realizó un balance negativo de aquella experiencia porque Racing estaba en crisis y De Stéfano no había conseguido los refuerzos que Diego requería, especialmente frustrado por las negociaciones fallidas con Vélez por un Héctor Almandoz al que consideraba trascendental para reforzar la posición de líbero. 

Si bien tenía la intención de asumir como técnico y jugador, la presencia de Silvio Marzolini como entrenador diluyó esa posibilidad y Maradona volvió a vestirse con su mejor traje en su retorno a Boca de cara a la temporada 1995-96 pero antes dejó una reflexión sobre su interrumpida etapa como DT: “Es una buena experiencia la de ser técnico, muy buena. Te volvés, no sé, mucho más sentimental: te duelen más las cosas que les hacen a tus jugadores que las que te pasaron a vos mismo”.

El Diego jugador tuvo altibajos, ciclos interrumpidos por sus problemas de salud y una sanción de la Asociación del Fútbol Argentino por doping. Maradona finalmente jugó su último partido el 25 de octubre de 1997 en el superclásico frente a River. Cinco días después, en su 37º cumpleaños y después de nuevos rumores de un doping que finalmente dio negativo, anunció: «Yo había dicho que si volvían a producirse rumores que afectaran a mi familia, me iba a retirar. Eso es lo que pasó, y con todo el dolor del alma, ha llegado el momento de anunciar mi retiro. Será el cumpleaños más triste de mi vida. Se terminó el jugador de fútbol: nadie está más triste que yo».

El 10 de noviembre de 2001, La Bombonera volvió a colmarse de feligreses para ver por última vez en acción a Maradona. Su partido despedida, un homenaje plagado de estrellas, quedó en la memoria como epílogo de su carrera como profesional con una frase histórica: «Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha»

Maradona colgó definitivamente los botines, aunque para Signorini es apenas una pantomima de un hombre que nunca retiró al jugador: “Diego es un caso especial, nunca va a terminar de separar al jugador del técnico. Hasta el último día de su vida se va a considerar un jugador de fútbol, pero sabe que no hay ningún técnico que tenga el coraje de ponerlo. Por eso cuando me invitó a su despedida en la cancha de Boca, yo no fui, y además le escribí que a mí no me engañaba, porque él iba a seguir siendo jugador de fútbol toda su vida. En realidad, seguramente, cada día sueña que a la tarde o a la noche va a ir a jugar un partido”

Selección Argentina (2008-2010)

La reaparición del Maradona entrenador fue en el marco de una deuda que Julio Humberto Grondona pretendía saldar con la generación campeona del mundo en México. Después de la polémica renuncia de Alfio Basile, Don Julio le entregó la Selección a un Maradona que no dirigía desde Racing y cuya última experiencia había sido como vicepresidente del consejo de fútbol y mánager de Boca Juniors. Caprichos del destino, fue justamente Maradona quien había elegido a Basile como entrenador del Xeneize en una decisión troncal para edificar otra prolífica etapa en La Ribera. 

En octubre de 2008, después de su enésimo milagro en el Sanatorio de los Arcos, Maradona fue presentado como DT, apuntalado por Carlos Bilardo como coordinador de Selecciones Nacionales: «Para mí es un honor y es cumplir un sueño poder estar como técnico de la selección al lado de Carlos. Tenemos que estar todos satisfechos enormemente, tratar de empujar juntos para poder llevar al fútbol argentino a esos 10 o 15 centavos que nos vienen faltando»

Después de su consagración en el Estadio Azteca y de la épica campaña en Italia 1990, la imagen de Maradona retirado por la enfermera después del partido frente a Nigeria en Estados Unidos 1994 no solo fue la partida de defunción de la historia de amor entre Diego y la 10 albiceleste: también fue una sentencia para un fútbol que nunca más pudo celebrar un título. 

Argentina arrastraba una década de frustraciones acumuladas. En Francia 1998, la alegría del éxito por penales en un duelo siempre especial frente a Inglaterra quedó eclipsada por la eliminación en tiempo de descuento frente a Holanda en cuartos de final. En Corea y Japón 2002, la decepción fue mayúscula cuando el arrollador combinado de Marcelo Bielsa que había ganado las Eliminatorias fue eliminado en la fase de grupos después de empatar frente a Suecia. 

La Copa del Mundo de Alemania 2006, la primera de Lionel Messi, dejó otro sinsabor en los penales frente a los anfitriones y además condenó al exitoso ciclo integral encabezado por José Néstor Pékerman. Desde entonces, y hasta la fecha, Argentina no pudo consolidar a un mismo técnico durante un lapso mundialista, un colapso evidente que apenas el pulso individual de Alejandro Sabella consiguió maquillar.

Aquella elección de Diego excedía lo exclusivamente futbolístico: el retorno del emblema, del santo convertido en estampita, era también una movida para atizar anímicamente, liberar de presión y recuperar la identificación con la camiseta puertas afuera pero principalmente dentro del vestuario. Diego se animó al barro, aceptó el riesgo, bajó su propia figura del Olimpo y puso en juego su historia al servicio de su amada Selección. 

Signorini, quien fue su preparador físico durante la aventura, devela el misterio en torno al impacto inmediato que provoca: “Lo hace fundamentalmente avalado por el peso de su historia, porque ya es leyenda. Cuando se para delante de un jugador, cada uno siente una especie de imantación. Es un seductor, incluso sin proponérselo, lo hace así. Diego tiene sus propias características, pero yo creo que su recurso más importante, además de sus conocimientos futbolísticos -porque hay que saber mucho de fútbol para jugar como jugaba él-, consiste en un carisma brutal”. 

El ciclo tuvo las particularidades de cada momento maradoniano, un proceso de dos años bastante similar al que protagonizó junto a Bilardo en la previa de la Copa del Mundo de México: la esperanza inherente a su presencia; el exceso de 108 convocados en busca de un equipo que no encontraba; su pelea con Juan Román Riquelme; pedidos de renuncia públicos después del 6-1 con Bolivia; una feroz batalla interna y un grupo de asistentes incapaces de darle un salto de calidad a su DT; las dudas en torno a la clasificación mundialista; la epopeya bajo un diluvio en el Monumental; la guerra sin trincheras con gran parte del periodismo; la presencia de un talento generacional que eventualmente se convertiría en uno de los mejores de la historia; y la celebración en forma de exabrupto y revancha con dedicatorias sexuales a más de un crítico convertido en enemigo. 

Maradona encauzó su embarcación y evitó el naufragio cuando Martín Palermo obró un milagro frente a Perú en el Monumental que posteriormente consumó Mario Bolatti en Uruguay. Pese a los cachetazos, fue capaz de sentar algunos cimientos futbolísticos gracias a su espalda. El primero, y tal vez uno de los más significativos, fue haber provocado la reconciliación de Juan Sebastián Verón con la hinchada nacional después de aquella imborrable frustración en Corea y Japón. También descubrió y consolidó a Sergio Romero como indiscutido bajo los tres palos, una certeza que se mantendría de cara a Brasil 2014 con Chiquito convertido en héroe. 

 

Pese a las dudas tácticas, en una cuestión más cercana a la fe que al fútbol, el hincha confiaba en un escenario de ensueño con su máximo emblema transmitiéndole como herencia en vida al nuevo ícono global todo aquello intangible que Maradona encarnaba con la camiseta albiceleste: si Argentina, un país acostumbrado protagonizar historias cargadas de heroismo, iba a levantar nuevamente una Copa del Mundo después de 24 años tenía que ser con el más humano de los dioses de la mitología deportiva como técnico y el flamante héroe nacional con la diez en la espalda. 

El trasvasamiento fue evidente y fue el propio Signorini quien resumió esa relación en una anécdota publicada en su libro “Fútbol llamado a la rebelión”

“En febrero de 2009, a pocos meses de haber asumido como técnico, fuimos a Francia a disputar un amistoso ante el seleccionado local, en Marsella. El día anterior al partido hicimos una práctica en el estadio, donde Diego trabajó con los once titulares en el táctico final y yo me quedé con el resto haciendo un loco hasta terminar el entrenamiento. 

Cuando dio la orden de terminar, Mascherano, Tevez y Messi le pidieron si podían quedarse haciendo tiros al arco, a lo que Maradona accedió. En un momento, Lionel puso la pelota mirando hacia el arco, un poco sobre la izquierda y cuando le pegó, su remate se fue lejos, por arriba del ángulo de la mano derecha de Juan Pablo Carrizo. Hizo un gesto de fastidio y, como enfiló para el vestuario, le salí al cruce: 

Termino de pronunciar eso y veo que viene Diego, que lo había escuchado todo, como siempre. Lo tomó del hombro y le dijo:

Era como un profesor con el alumno. Y siguió:

Entonces, Diego la acarició con la zurda y la clavó en el ángulo, inflando la red ante la mirada de admiración de Messi. Para los que hablan de los celos de Diego, ¿qué celos? Le estaba abriendo el mundo del conocimiento y no le cobró nada. Yo pegué media vuelta y no quise ver más, ya era suficiente. Allí estaba el fútbol argentino». 

Años después de aquel momento, un consejo que posteriormente repetiría con Víctor Ayala en Gimnasia y con los jugadores de Deportivo Riestra en un video que quedó registrado en YouTube, Signorini vuelve a recordar ese hito entre charlas por Zoom, Skype y Whatsapp en un mundo aislado: «La transferencia de conocimientos es continua, aunque ese fue un caso especial, emblemático, porque además involucra al otro genio de la pelota que es Leo Messi. Pero no solamente con los hechos, también con la palabra, en diálogos, aunque uno por supuesto no puede estar en todos presente, pero la transmisión de conocimientos es normal en cualquier entrenador, es además una de las misiones, ayudar al jugador a crecer»

Pero no hubo perdices en el final de esta historia: Argentina fue vapuleada por una Alemania que cimentaba su figura de bestia negra, un karma que alcanzaría su punto cúlmine cuatro años después en el Maracaná con su victoria en tiempo suplementario frente a la Selección de Alejandro Sabella. 

Su romance albiceleste colapsó en tierras sudafricanas, una dolorosa conclusión marcada por aquella decisión de ubicar a Nicolás Otamendi como lateral derecho. Los errores tácticos, anticipados por la sobrevaloración de Carlos Tevez a partir del cruce de octavos de final frente a México que le costó el puesto a Verón y dejó desguarnecido a su equipo, desembocaron en la eliminación. 

Antes de su debut mundialista frente a Nigeria, Argentina había vencido a su potencial verdugo en el Allianz Arena de Múnich con una formación mucho más conservadora, un riguroso 4-4-2 con Romero; Otamendi, Demichelis, Samuel y Heinze; Jonas Gutiérrez, Mascherano, Verón, Di María; Higuaín y Messi. 

Cuatro meses después en Ciudad del Cabo, Maradona alineó a Romero; Otamendi, Demichelis, Burdisso, Heinze; Maxi Rodríguez, Mascherano, Di Mária; Lionel Messi, Carlos Tevez e Higuaín. Más allá del error posicional de ubicar Otamendi como lateral derecho, la inclusión de Tevez en lugar de Verón dejó a una mitad de cancha debilitada con un único volante de recuperación en la piel de Mascherano. 

 

En un descorazonado vestuario del Estadio de Ciudad del Cabo, Maradona recibió una promesa posteriormente incumplida, una decepción que Signorini rotuló como la segunda vez en la que le cortaron las piernas: «Le prometieron una cosa, en caliente, en el vestuario. Tras la derrota, Grondona le dijo que el futuro quedaba en manos de Diego, y que si él quería seguir no había ningún problema. Pero cuando volvió acá pasó lo que pasó, siempre el poder lo estaba esperando para cortarle las piernas no sólo como jugador sino también como entrenador. Lo que pasa es que lo necesitan, es un juego perverso, porque si Diego no está adentro… Si está adentro es peligroso, imaginate desde afuera como francotirador»

Un año y medio después de su asunción, Maradona convocó a una conferencia de prensa para anunciar su alejamiento: «Fue el ciclo más corto de los últimos 35 años. Me llamaron para apagar un incendio, lo apagamos y luego de eso sucede esto que pasó en las últimas horas. ¿Qué pasó en las últimas horas? Grondona me mintió, Bilardo me traicionó”

Maradona profundizó en la mentira y la traición que sintió después de una reunión en la que Grondona le pidió que desvinculara a siete integrantes -especialmente a Alejandro Mancuso- de su cuerpo técnico: “Él sabe perfectamente que es imposible que yo siga si no siguen mis colaboradores. Como dije en algún momento, yo defiendo a toda mi gente, desde el masajista hasta el utilero. Y no voy a cambiar. ¿Saben por qué? Porque tengo valores y códigos que no tienen ellos. Esto me lo enseñaron mis viejos, lo aprendí desde chico cuando jugaba en Argentinos Juniors, cuando apoyaba a mis compañeros. Ahora que estoy detrás de la línea de cal, apoyo a mi equipo de trabajo. Esto no se cambia ni se negocia por nada del mundo”. 

Diego finalmente dejó su cargo en la Selección con la dolorosa eliminación frente a Alemania, 18 triunfos y 6 derrotas en 24 partidos: «Estoy convencido de que el fútbol argentino merece estar en otra posición, pero para eso hay que trabajar con tiempo desde lo técnico y lo anímico para lograr transmitir el orgullo que nosotros sentíamos por vestir esta camiseta. Soy un convencido de que, en este corto tiempo, los jugadores que formaron parte de este período volvieron a sentir todo eso. Quizás esa haya sido mi tarea»

Al Wasl (2011-12)

Después de su etapa como técnico nacional, Maradona comenzó con un recorrido con sabor a éxodo haciéndose cargo de tres equipos en destinos exóticos. El primer gran ícono de la globalización, una marca mundial, fue también uno de los pioneros en desembarcar en los nuevos mercados del fútbol mundial al asumir como entrenador en un equipo que años después comandarían Héctor Cúper, Gabriel Calderón y Rodolfo Arruabarrena. 

Al Wasl contrató a Maradona como un golpe de efecto con diferentes zonas de impacto. Mediáticamente fue un movimiento brillante para ubicar a un club mundialmente desconocido en la portada de los principales medios del planeta. Futbolísticamente, también tenía sentido: su estratégica presencia podría seducir a figuras que apuntalaran el crecimiento del club primero, que no conseguía un título de liga desde 2007 y una Copa del Golfo desde 2010, y del fútbol emiratí después. 

Sucesor del brasileño Sergio Farías, despedido en marzo, Diego fue presentado en mayo de 2011 en un acto en el que rubricó un contrato de dos años: «Hablé con jugadores sudamericanos que viven en los Emiratos Árabes y en la región. Tengo amigos que trabajan acá, vengo a trabajar, a familiarizarme con el equipo y a conseguir experiencia. No quiero que el club sea un cementerio de elefantes blancos No quiero incorporar a jugadores viejos al final de sus carreras que solo estén interesados en que les tomen más fotos”. 

Alí Rashid García, periodista y jefe de prensa del club entre 2011 y 2015, fue testigo privilegiado de los días de Diego en Dubai: «La primera decisión que tomó al hacerse cargo del plantel, yendo en camino contrario no sólo del club sino de todo el medio local que hacía la pretemporada en Europa, fue cancelar la excursión a los alpes austríacos. Diego decidió trabajar en las instalaciones del club, lo que implicaba trabajar en pleno verano emiratí y en medio del Ramadán”

Aquella pretemporada fue un proceso de adaptación a un ecosistema totalmente desconocido, un medio que no estaba profesionalizado con jugadores que faltaban a los entrenamientos porque tenían otros trabajos, eran policías o estudiantes universitarios. Reencontrarse con el amateurismo después de décadas en el más alto nivel lo obligó a recurrir a su ingenio: decidió comenzar los entrenamientos a las once de la noche en una intensa pretemporada bajo las órdenes del preparador físico Javier Vilamitjana.

Aquella aproximación inicial fue clave para forjar una comunión única con el plantel. Sus dirigidos estaban obnubilados con Diego, con sus relatos, con sus historias, con su pegada: “Los entrenamientos se prolongaban hasta la una o dos de la mañana. La última parte era de Diego contando historias, pateando tiros libres, y los jugadores contemplaban extasiados. No se movía nadie, aún con libertad para retirarse: nadie se iba antes de que Diego dijera ‘nos vamos’”

Esa unidad, una característica distintiva en su carrera como entrenador, alcanzó su pináculo tras el fallecimiento de Doña Tota el 20 de noviembre de 2011. El club le otorgó una carta blanca como licencia para viajar a Buenos Aires y Diego se enteró de la muerte de su madre, del amor de su vida, durante el vuelo de ida. Al Wasl se preparaba para jugar sin su DT pero Maradona sorprendió reapareciendo cuatro días después tras completar dos vuelos de 22 horas en menos de una semana. «Cuando apareció en Dubai, en medio de una situación tan delicada, le pregunté: ‘Diego, ¿tan rápido estás de vuelta?’. Me respondió: ‘Estoy acá para no dejar solos a mis muchachos’. El equipo se juramentó ganar ese partido, un triunfo que se consiguió con un gol en el último minuto». 

Diego también fue moldeando su cuerpo técnico durante los meses siguientes. Enemistado con Mancuso, probó con Roberto Trotta pero la relación terminó en divorcio después de un semestre: “Lo eché porque no sirve”, esgrimió Maradona. El astro también tomó decisiones trascendentales en la estructura del club, explica Rashid: «Pidió como ayudante de campo a alguien más cercano al plantel y así se contrató a Ali Hassan -ex jugador del club-, que fue muy importante en la mejor parte del año. También decidió reemplazar al médico del club, un serbio que el club había asignado unilateralmente, después de una cantidad significativa de lesiones en la pretemporada e hizo viajar a Néstor Lentini, experimentado deportólogo”. 

De cara a su experiencia árabe, con los millones de los jeques a disposición, los rumores sobre contrataciones resonantes dieron instantáneamente la vuelta al mundo. Sin embargo, Diego desestimó los grandes nombres y realizó un minucioso scouting para buscar a sus refuerzos: “Se hablaba de Diego Forlán, de Didier Drogba, de Nicolás Anelka, pero Diego recuerdo que revisaba carpetas, jugador por jugador, de una manera muy artesanal porque Diego no usaba la computadora y tenía carpetas en su escritorio, hasta que se decidió por dos”. 

El primer elegido fue el trotamundos uruguayo Juan Manuel Olivera, delantero de Peñarol que hasta entonces había jugado en San Lorenzo de Argentina, Cruz Azul de México, Universidad de Chile, Suwon Samsung Bluewings de Corea del Sur, Guizhou Renhe de China, Libertad de Paraguay y Al-Shabab Club de Arabia Saudita. El delantero charrúa se lució en el Al Wasl con 17 goles en 29 partidos. También buscaba a lo que él llamaba textualmente “un dueño para el equipo”, y ese dueño fue Mariano Donda, por entonces figura de Godoy Cruz. 

Rashid quedó sorprendido por los métodos del Diez: «El trabajo de Maradona no difería demasiado de otros entrenadores de primer nivel que había visto en el Golfo o en Europa. Probaba diferentes esquemas a medida que conocía al plantel, trabajaba mucho en lo físico apoyado en las posibilidades tecnológicas que en esa época para nosotros en Medio Oriente eran nuevas, como el GPS, y Diego lo incorporó enseguida»

Diego también mostró su flexibilidad táctica. En su debut planteó una línea de tres inédita para sus jugadores y Al Wasl cayó por 4-3 frente al poderoso Al-Jazira que contaba con Matías Delgado en su plantel. Antes del juego, Alí García le consultó a Maradona los motivos de su extraña decisión: “Le hice un planteo porque los jugadores no estaban acostumbrados a ese esquema y Diego me dijo que quería rodear a Donda para hacerlo sentir el dueño del equipo. Perdimos pero Donda fue la figura y metió tres goles”. 

Desde el partido siguiente, Diego retomó la línea de cuatro con Donda ya consolidado como eje. Las variaciones tácticas fueron permanentes durante toda su campaña. Juan Mercier, incorporado para la segunda mitad de su primera campaña, llegó a Al-Wasl y Diego lo reubicó como un líbero con libertad por toda la cancha: «Recuerdo como le explicaba los fundamentos al Pichi, que arrancaba detrás de la línea defensiva y aparecía suelto por todos lados»

El astro aterrizó en Dubai con la intención de encarar un proyecto de vida y la idea de convertirse en el Arsene Wenger del Al Wasl con un propuesta a largo plazo con juveniles: «Me gustaría demostrarles que no sólo es el dinero, que el dinero es importante, pero que la gloria no se compra».

Pero Diego no tuvo tiempo. Terminó octavo en la liga, no clasificó a la Liga de Campeones y cayó en una inédita final en la Copa del Golfo frente al Al Muharraq de Bahrein. El combinado emiratí había triunfado como visitante por 3-1 y todo parecía encaminarse para una consagración inevitable, pero Al Muharraq remontó y forzó los penales en un encuentro en el que Diego padeció las expulsiones de Majed Naser y Rashid Essa. 

“El único error, entre comillas, que puedo marcar es el que precipitó su salida del club y fue por esa misma comunión y fidelidad con sus jugadores”, remarca Alí García. “En la semana previa a la segunda final, Diego decidió darle al tercer arquero la oportunidad de ir al banco de suplentes, un arquero limitado que había trabajado muchísimo durante el año y era clave en el vestuario. Diego quería que se sintiera parte de los festejos pero el destino es así. El titular cometió un error esperable por lo díscolo de su carácter: el rival metió un gol antes de los 10 minutos y el arquero le pegó un puñetazo que provocó su expulsión. Aquel trabajador tercer arquero entró con el equipo diezmado y tuvo una actuación complicada”. 

La frustración en los penales fue un cimbronazo en la estructura del club: la junta directiva renunció y Marwan bit Bayat -el artífice que había gestionado la contratación de Diego- también se alejó del club. El nuevo presidente de la junta, Mohammad Ahmad bin Fahad, primero respaldó su continuidad pero un mes más tarde, en julio de 2012, despidió a Diego: «La decisión llegó tras largas discusiones técnicas y legales de todos los aspectos, una vez que el nuevo consejo del club tomó posesión. Pensamos que era el momento adecuado para prescindir del director técnico y presentar un nuevo nombre para mejorar el rendimiento del equipo». 

Al-Fujairah (2017-18)

Un lustro demoró Diego en regresar al fútbol, cinco años en los que vivió en Dubai y cumplió funciones como embajador deportivo de Emiratos Árabes hasta 2015. Como si hubiera sido una profecía, durante su año en Al Wasl dejó una respuesta clarividente: “Mientras tenga trabajo y pueda descargar todo lo que he vivido durante mucho tiempo dentro de un vestuario, dentro de una cancha, lo podría hacer tranquilamente en el desierto, así que pueden cambiar los jugadores, los nombres, pero la pasión que uno lleva dentro no la cambia nadie. Yo no lo tomo como experiencia, lo tomo como entrenador que soy y lo tomo como si estuviera dirigiendo al Real Madrid, al Barcelona, a Boca Juniors o al Bayern de Múnich. No hago diferencias, para mí esto no es experiencia, es mi trabajo, de esto es lo que vivo y mi pasión, no sabría vivir de otra manera”

El desierto fue su nueva rutina durante la hora y media diaria, desde Dubai a Fujairah, que demoraba para llegar al corazón de uno de los siete emiratos que integran los Emiratos Árabes Unidos. Al Fujairah, un equipo de segunda división que el año previo había finalizado en la cuarta posición, era la nueva misión del Maradona DT: en mayo de 2017 firmó un vínculo por un año, secundado por Luis Islas como ayudante, Bruno Maffoni como analista de video y Gastón Romero como entrenador de arqueros. “No le tengo miedo al desafío, todo lo contrario. Tengo muchas ganas de conocer a los jugadores, de saber cómo se entrenan, cómo se alimentan, cómo le pegan a la pelota. Es todo nuevo, es una serie menor, pero yo la tomo como si fuera la mejor del mundo”

Como si fuera un Nostradamus futbolero, Maradona lanzó otra advertencia que finalmente cumplió: «Aquellos que piensan intentar vencer a Fujairah tendrán que vencer a Maradona. Voy a hacer de ésta una tarea imposible para todos. Mentalmente, somos muy fuertes». Diego cumplió y su equipo finalizó el campeonato como único invicto con once triunfos y once empates. 

Para su gesta fueron elementales los goles de otro argentino. Danilo Carando, con pasado en Chile, Rumania, Paraguay, Bolivia, México, Ecuador, Qatar y Perú, llegó a Fujairah como regalo de año nuevo en enero de 2018: «Francamente fue determinante que Diego fuera el técnico para que yo aceptara la propuesta. Desde hace años venía jugando en Primera e inicialmente no estaba muy convencido de hacerlo en una segunda categoría. Si bien la oferta económica era realmente importante, mi decisión definitivamente tuvo que ver con el deseo de vivir la experiencia de tener al ‘más grande de todos’ como entrenador».

Todos aquellos dirigidos por Maradona, desde Mandiyú hasta Gimnasia, elogian como sello distintivo su impacto como agente de cambio, un Diego que transforma realidades. ¿Cómo lo hace? Carando responde: “Es el magnetismo que genera. No hay nadie que pueda generar eso. Diego se paraba en el vestuario y lo que transmitía era único. No importaba el idioma, ni nada, es algo mágico. No hay nadie que tenga ese magnetismo. Su capacidad de motivación , de hacerte sentir importante… Diego tiene esa capacidad de tenerte siempre ‘ahí arriba’, de hacerte sentir esa confianza. Es muy especial en su trato con el jugador”.  

Delantero del Cusco FC peruano, desde el sureste inca reconstruye aquellos entrenamientos: «Los entrenamientos eran intensos, pero en un clima de mucha alegría. Te das cuenta que ahí, en la cancha, con la pelota, él se sentía feliz. Y esa felicidad se la contagiaba a todos. Diego hacía todos los días 300 kilómetros para ir y volver desde Dubai y no faltó a una sola práctica. Su grado de compromiso fue absoluto”. 

Diego ni siquiera se ausentó para viajar al casamiento de su hija Dalma, el 23 de marzo de 2018 en la Argentina: Maradona quedó concentrado junto a su plantel de cara al juego de la 19ª fecha frente al Al Arabi, un encuentro determinante para sus chances de ascenso. Ante la resistencia del jeque que únicamente justificaba su ausencia en caso de un nacimiento o fallecimiento de un familiar directo, según reportó en el diario La Nación. Fujairah ganó 2-0 y Diego publicó una crónica en Instagram: «Estoy muy contento, a pesar del sacrificio».

Como con Messi en la Selección, con Ayala en Gimnasia y con cada uno de los jugadores que dirigió en su camino, Diego también dejó una marca indeleble en el delantero nacido en la localidad cordobesa de Dalmacio Vélez Sarsfield que anotó 14 goles en 15 partidos: “Trabajábamos mucho en la definición. Me insistía en que buscara siempre el arco, me pedía que le pegara enseguida, que el nueve donde ve el hueco tiene que tratar de cerrar la jugada, y nos pedía que buscáramos los ángulos de los arcos, que no cerremos los ojos y le peguemos fuerte al bulto, sino tratar de tener esa tranquilidad a la hora de definir»

Aquel Fujairah fue protagonista permanente a lo largo de todo el campeonato: “Diego es un técnico equilibrado, pero con una clara vocación ofensiva, de ir a buscar los partidos. Estuvimos invictos durante todo el torneo y obtuvimos muchos puntos en los últimos minutos, dando vuelta el resultado. Eso habla también de su gran capacidad para leer el juego, cada vez que metía un cambio acertaba”. 

Pese a su invencibilidad, Fujairah no alcanzó el objetivo inicial. Finalizó en tercera posición con 44 puntos, por detrás del campeón Bani Yas (49), de Al Ittihad (46) y fuera de los puestos de ascenso. El empate en la última fecha por 1-1 frente a Khor Fakkan frustró su boleto directo a la máxima categoría pero le permitió asegurarse una segunda chance en la promoción. Sin embargo, Diego no fue parte de esa definición. 

Su salida fue confusa: desde el club apuntaron a un pedido de aumento salarial desmedido que el entorno Maradona desmintió. Inmediatamente, Matías Morla comunicó su alejamiento por Twitter: “Después del empate de hoy y de no haber logrado el objetivo de ascender al Fujairah, Diego Maradona dejará de ser el entrenador del equipo. La decisión se tomó de común acuerdo y Diego deja al equipo en situación de repechaje y deseándole lo mejor al club que le abrió sus puertas”. 

Finalmente Fujairah consumó su promoción a la primera categoría emiratí con dos goles de Carando en el mano a mano frente al Hatga. 

Dorados de Sinaloa (2018-19)

Sinaloa sufría el estigma de su mala fama: era la peligrosa tierra del Chapo Guzmán, capital del narcotráfico y del terror que siembran los cárteles en México. Diego tampoco atravesaba sus días más saludables después de un Mundial de Rusia en el que preocupó al mundo por su desmayo tras el emocionante triunfo de Argentina frente a Nigeria en la primera fase. 

Vilipendiados mediáticamente, Culiacán y Diego unieron sus caminos el 10 de septiembre de 2018 cuando Maradona fue oficialmente presentado como entrenador de Dorados de Sinaloa, un equipo del ascenso mexicano que en el pasado había contado con otros nombres resonantes como Pep Guardiola y Juan Manuel Lillo: «Vine a dejarles mi corazón como lo dejé en Fujairah. No venimos de paseo ni de vacaciones. Yo perdí mucho tiempo sin trabajar, haciendo cosas feas. Hoy quiero ver el sol, quiero acostarme de noche, quiero adaptar toda mi vida para darle algo a Dorados. Me siento en el mejor momento de mi vida. Vengo a darles lo que me perdí cuando yo estaba enfermo». 

Aún pese a su confesión a corazón abierto en su primer acto como técnico del Gran Paz, los fantasmas del pasado sobrevolaban en la relación entre Sinaloa y Maradona. «El adicto que dirigirá en el fútbol mexicano», tituló El Universal en una lamentable columna de opinión: «Se nota a leguas, que el control de calidad en el fútbol mexicano no existe. Diego Armando Maradona está enfermo, es un adicto. Antes de pensar en dirigir, debería pensar en iniciar un tratamiento contra las adicciones, porque no es un ejemplo que represente los valores del deporte. Así que por más que venda boletos y la gente lo vaya a ver, será efímero y desagradable su paso por el fútbol mexicano»

Pero Maradona transformó primero al plantel, después a la ciudad y por último a su reputación internacional. Jorge Córdoba, delantero surgido de Unión que había vestido la camiseta de Villa Dálmine y hoy juega en Deportes Validivia de Chile, había sido uno de los refuerzos de un equipo que había sumado tres puntos en siete fechas y ocupaba el penúltimo lugar entre los 15 equipos de la tabla general: «Llegué al principio del torneo, no lográbamos triunfos, despidieron al técnico y nadie pensaba que iba a ser real su llegada pero de un día para el otro nos encontramos con Diego en el aeropuerto y Culiacán revolucionado, la llegada de él marcó mucho a la ciudad y al equipo, fue algo extraordinario»

En un escenario de mayor jerarquía competitiva que en Emiratos Árabes, Diego aprobó con creces su examen mexicano. Su debut fue en la octava fecha, el 17 de septiembre, frente a Cafetaleros de Tapachula: el Gran Pez goleó por 4-1 en el coqueto estadio de Banorte frente a diez mil espectadores y comenzó un camino de seis triunfos en ocho juegos, de 19 puntos sobre 24 posibles, para meterse en la Liguilla. Después de cada triunfo, una misma canción resonaba en el vestuario: «Qué de la mano, de Maradona, todos la vuelta vamos a dar»

«Lo que Diego te transmite es algo que es muy difícil que otro te transmita”, resume Córdoba. “Vive el fútbol de una manera muy especial y te saca toda la presión. En mi carrera fue el único técnico que me hizo disfrutar dentro de una cancha, por sacarme las responsabilidades, de poder jugar suelto. He tenido técnicos buenísimos que a lo mejor trabajaban incluso mucho más que él, pero lo que te transmite, lo que te defiende, lo que se pone en la piel del jugador, no creo que lo pueda igualar otro DT»

“Es como un papá preocupado por sus hijos”, confirma Jorge Alberto Hank, hijo del empresario Jorge Hank Rhon y dueño del equipo, en el documental Maradona en Sinaloa que estrenó Netflix sobre la temporada del argentino en México. Durante ese primer semestre, en el que convirtió a Gaspar Servio en capitán y referente, potenció especialmente a Jesús Escoboza y a Vinicio Angulo, máximo artillero de su equipo con siete dianas y uno de los favoritos de Diego que compartía dupla ofensiva con Córdoba antes de ser cedido a préstamo al León de primera división. 

Con su carácter paternalista, Diego dejó una marca en cada uno de ellos. “Por mi posición, estaba acostumbrado a rebotar de primera, a acelerar el juego”, descubrió Córdoba. “Desde el primer día me dijo que necesitaba que yo hiciera dos o tres toques, que la tenga, que la aguante de espaldas, que no me despegara rápido de la pelota y eso me sirvió muchísimo para darle una pausa al equipo, para darle aire, para entender un poco el juego desde otra parte»

El delantero santafesino ofrece una radiografía del Maradona DT: “Uno piensa que por haber sido enganche va a ser loco o muy ofensivo, pero nada que ver, es muy equilibrado. Jugamos casi siempre 4-4-2, no nos preocupábamos tanto del rival, sino del orden nuestro, de pasar la línea de la pelota, le gustaba atacar mucho por las banda, que doblemos con los laterales y volantes por afuera y terminemos con dos delanteros dentro del área”

Dorados eliminó a Zacatecas y Juárez, segundo y primero en la tabla general, para alcanzar la final frente al Atlético de San Luis, una franquicia respaldada económicamente por el Atlético de Madrid español. El combinado del Diez se impuso por 1-0 en la ida pero cayó por 4-2 en la vuelta, después de estar dos veces en ventaja y habiendo quedado a quince minutos de consagrarse campeón, en un juego que se definió en tiempo suplementario. 

Córdoba, que había marcado un gol en las semifinales y en la final, recuerda los minutos posteriores a esa decepción en un vestuario conmovido después de una conclusión que Maradona cerró entre lágrimas y con la voz resquebrajada: «Vi a un Diego desconsolado, muy triste. Yo siempre digo lo mismo, una persona que ganó todo, que fue el número uno del mundo, esté triste y llorando como un nene porque Dorados pierde una final con San Luis. Eso te demuestra cómo vive el fútbol, y también te lleva a querer dejar todo»

Pese a la decepción, Diego fue en busca de revancha, aunque aprovechó el receso para volver a la Argentina y someterse a una operación de estómago en diciembre. En enero, Luis Islas anunció su alejamiento del proyecto Dorados y Jose María Martínez se sumó como nuevo acompañante del Diez para afrontar el Clausura 2019. Dorados empezó con el pie izquierdo el campeonato, con una derrota como local frente a Celaya y sin Maradona: “El equipo necesita a su entrenador. Es increíble el cariño que le tomaron todos los jugadores”, consideraba el presidente mientras las imágenes de un vestuario cabizbajo se repetían en el documental. Ya recuperado de su sangrado estomacal, Diego retornó a Sinaloa y Dorados y escaló desde la última posición a la quinta ubicación, nuevamente entre los clasificados a la Liguilla. 

Córdoba desmitifica los rumores constantes en torno a las funciones de Diego dentro de un club: «Hay gente que piensa que no trabaja, o que no está, pero Diego vive el fútbol muy apasionadamente y está muy involucrado en sus equipos. Diego cambió dos veces de ayudante y, sin desmerecer su trabajo, el equipo siguió jugando igual, de la misma manera que Diego pretendía. Lo ayudaban en los trabajos y aportaban diferentes cosas, pero la idea futbolística era la de Diego y nosotros éramos soldados suyos»

Mientras las camisetas de Dorados – la clásica titular amarilla, la negra suplente o la tercera con los colores albicelestes y la 10 de Maradona estampada en la espalda – se vendían una tras otra en la tienda oficial, Diego lideró nuevamente a Dorados a otra final. En Maradona en Sinaloa, un periodista le pregunta si se siente reivindicado y el astro respondió a su manera: «No, yo sabía lo que tengo adentro. Ni me lastimaron cuando decían estupideces, ni ahora les voy a agradecer, porque yo ya sabía quién era Diego Armando Maradona»

Eliminados Cimarrones y Zacatecas en un recorrido implacable rumbo a la Final, otra vez se encontró con Atlético San Luis en una cerrada definición que nuevamente se decidió en tiempo suplementario: en el Estadio Alfonso Lastras, la franquicia colchonera marcó un único gol gracias al español Unai Bilbao y esfumó definitivamente las chances de ascenso del Gran Pez en el epílogo de un ciclo que abruptamente llegó a su fin por los problemas de salud del Diez: “Quería dejar en claro que mi salida tiene que ver con mi salud. Hoy lamentablemente tengo que dar un paso al costado y dejar el club, donde me hicieron sentir como en mi casa. Los médicos me piden que pare, porque pasan los años y cada vez me duele más»

Gimnasia (2019-2020)

El 8 de septiembre de 2019, Diego Armando Maradona lloró en su retorno al fútbol argentino: entró al atiborrado Juan Carmelo Zerillo y las lágrimas brotaron automáticamente en un hombre que hasta esa tarde del invierno platense sentía que no iba a tener oportunidades en el fútbol argentino, en su fútbol, en el fútbol que jerarquizó con su magia.

Diego se bajó de un carrito que lo llevó hasta la mitad de la cancha y volvió a quebrarse ante una ovación atronadora desde los cuatro costados que le daba la bienvenida a su héroe en la demostración más cabal de que el pueblo, el de Gimnasia y el del fútbol argentino, no olvida a quien no lo traiciona. Lucas Licht, capitán y emblema del Lobo, lo consoló con un abrazo en el círculo central: «Darle ese abrazo a Diego fue algo único»

Maradona regresó a su casa catorce años después de su última experiencia, aquella abruptamente interrumpida por la derrota de Juan De Stéfano en las elecciones racinguistas. Después de su primer entrenamiento, el propio Maradona desnudó las causas de su llanto: «Blatter y Grondona apuraban a los presidentes de los clubes para que no me contrataran en Argentina. Por supuesto que quería dirigir en el país, pero el tema eran esas dos personas. El fútbol argentino me hizo la cruz después de la Selección, lo sabían todos. En 1994, ellos me borraron junto con Deluca. Pero estoy acá, de pie, como quería la Tota. Acá estoy en mi casa»

La dirigencia encabezada por Gabriel Pellegrino buscó un golpe de efecto en un club comprometido con el descenso que no ganaba desde abril, prácticamente condenado en el último lugar de la tabla de promedios a once puntos de la salvación y sin esperanza después de ocho cambios de entrenador en los últimos dos años. Hasta el debut de Maradona, Gimnasia había sumado un punto en cinco fechas de la extinta Superliga. Mientras otros entrenadores esquivaban la responsabilidad, Diego la asumió como una oportunidad para validar sus habilidades como entrenador en un torneo realmente competitivo. 

Pedro Troglio, referente tripero, aprobó por aquel entonces su contratación: «Gimnasia necesitaba a alguien de otro planeta. El único que podía levantar el ánimo de la gente y de los jugadores era Diego. La gente y el club estaban caídos, con esto volvieron a vivir. Yo jugué en el club, la gente me quiere y todo, pero esto es otra cosa: tenés a Dios en casa»

Característica permanente de su figura, Diego consumó múltiples revoluciones en La Plata. La primera, más tangible e inmediata, fue económica: durante los primeros días, el Lobo Shop vendió 4200 camisetas con el 10 maradoniano, un aluvión de sponsors aterrizaron en el club y se asociaron más de cinco mil fanáticos. Gimnasia aumentó considerablemente sus ingresos por derechos televisivos -recibirá un aumento de veinte millones de pesos de parte de la Liga Profesional- después de ser el quinto equipo de mayor rating por detrás de Boca, River, Independiente y Racing.   

La segunda fue futbolística: “Lo que logró, más que nada en nosotros, fue levantarnos anímicamente que era lo que necesitábamos. Tener al mejor de la historia del fútbol en nuestro club fue lo que hizo levantarnos”, concluye Licht. Con un fixture complejo, el arranque no fue sencillo para Maradona aunque su equipo evidenció síntomas de mejoría en las derrotas consecutivas frente a Racing, Talleres y River. 

Ante los malos resultados iniciales, y algunas ausencias por sus inconvenientes físicos en los entrenamientos que quedaban a cargo de su ayudante Sebastián Méndez, los medios intensificaron sus dudas en torno a la idoneidad del astro para dirigir en el fútbol vernáculo. “¿Cómo no va a poder dirigir Maradona?”, se indigna a la distancia aquel Bernuncio que fue uno de sus primeros dirigidos: “He estado en lugares en los que hasta se cuestionaba que pudiera dirigir. Es una locura decir eso”. 

Licht defendió a su entrenador en una entrevista con La Nación: “Algunos le reprochan que no asiste a todos los entrenamientos y es algo que nosotros supimos desde el primer día. Nos sirve tenerlo y, cuando él no está, contamos con el Gallego Méndez que también es muy importante”. ¿Cómo es la dinámica de esa dupla? Profundiza el capitán platense: “Se complementan bárbaro, de la mejor manera. El plantel trabaja con la misma responsabilidad cuando está o no Diego”

Gimnasia por fin pudo celebrar en su cuarto juego, como visitante en Mendoza frente a Godoy Cruz. Víctor Ayala, el mediocampista paraguayo que en el fútbol argentino ya había vestido durante cuatro años la camiseta de Lanús, marcó dos golazos de tiro libre durante esa tarde en el Malvinas Argentinas y ambos los celebró con Maradona. 

Diego explicó sus consejos en la conferencia de prensa posterior: «El paraguayo Víctor llegaba muy cerca de la pelota para pegarle, y le pegaba al fernet Branca de allá arriba, y le dije ‘¿por qué no te parás un poquito antes y pensás donde la vas a tirar?’ Bueno, bueno, me dijo, y empezó a pegarle y fue acostumbrándose a frenarse. Cuando hoy hizo el primer gol, me vino a decir ‘me frené antes’. En el segundo lo mismo. Porque él le pega con un caño, pero sabés lo que pasa, si él se frena, también está frenando el golpe a la pelota, y el golpe a la pelota pasando a la carrera, que el arquero se despida porque no puede hacer nada, por eso estoy contento por Víctor, porque no es mérito mío, es mérito de él, yo solamente le hice una sugerencia»

Pero los méritos del Diego DT exceden la herencia de un formidable pateador de tiro libres a otro, según Licht: “Me acuerdo el día que puso a Contín y Ramírez, eran dos jugadores que no eran tenidos en cuenta, él vio algo, los puso y los dos funcionaron de la mejor manera. Tiene algo que no le vi a ningún otro técnico: cuando pone el ojo en un futbolista, no se equivoca, detecta los momentos de cada jugador y eso no es fácil a un nivel tan parejo”

Fueron tres los jugadores que Maradona rescató del ostracismo. 

José Paradela, un talentoso y creativo mediocampista que no había encontrado continuidad después de haber sido subido a primera por Pedro Troglio. Bajo las órdenes de Diego, el enganche se convirtió en un factor determinante que irrumpió como una de las revelaciones del campeonato y despertó el interés de Marcelo Gallardo como potencial sucesor de Nacho Fernández. Justamente ingresó en el 0-2 frente al Millonario y cumplió diferentes tareas bajo las órdenes del Diez, primero como enganche y más tarde como doble cinco. 

Nicolás Contín no era tenido en cuenta, habitualmente fuera de la lista de concentrados. Tampoco había gozado de continuidad durante su préstamo en Gimnasia de Jujuy, cesión de la que regresó a la ciudad de las diagonales a mediados de 2019. Pero después de la caída frente a River, Maradona no sólo lo convocó: también lo puso como centrodelantero de un once inicial con cuatro defensores, dos mediocampistas, tres mediapuntas y una única referencia. Contín respondió a la confianza del Diez con un misil disfrazado de derechazo al minuto de juego frente al Tomba. 

Surgido de las inferiores de River, llegó a La Plata con 17 años pero nunca tuvo lugar en la primera y fue dado a préstamo a Quilmes. En su regreso, otra vez relegado y entrenando con la reserva, el delantero de Concordia recién tuvo chances cuando Maradona decidió incluirlo como inesperado mediapunta en el once inicial después del clásico perdido frente a Estudiantes: Ramírez entró en Mar del Plata frente a Aldosivi, marcó el segundo en el 3-0 y nunca más salió del equipo. 

Los mimados del Diez fueron protagonistas de las mejores tardes del Lobo. Paradela se convirtió en el metrónomo del equipo y construyó una jugada memorable para servirle a Contín su segundo gol en el postergado primer triunfo de Gimnasia en el Bosque, una tarde en la que Maradona después de haber quebrado un maleficio de ocho meses y siete derrotas en casa gracias al 2-1 frente a Central Córdoba: “Gimnasia tiene que ser grande, grande, grande»

Ramírez fue el autor del tanto agónico que le permitió al Lobo ganarle a domicilio a Independiente en el Libertadores de América. Fue esa misma tarde, en la previa del partido, donde Maradona recibió uno de los homenajes más emotivos de un fútbol argentino que en cada juego celebró el retorno del Diez en una reivindicación permanente a su figura. Cada homenaje fue una novela única en la leyenda maradoniana.

Según Signorini, el ícono seguido en cada partido por la Diego Cam también revivió al fútbol argentino: “Su sola presencia, su llegada a cualquier lugar, revive las hogueras que ya están en cenizas, como el fútbol argentino. No hay elementos motivacionales para decir que voy a ver un partido de fútbol, pero cuando está Diego se produce tal fenómeno que ponen una cámara para seguir todo lo gestual que genera desde el banco. Creo que la gente mira mucho más esa pantalla pequeña que muestra a Diego que el partido en sí. Al que le gusta el fútbol, le es muy difícil sentarse a ver el juego de hoy que es de muy bajo nivel en la mayoría de los casos. Lo que pasa es que la gente tiene tanta pasión que soporta lo que están viendo”.

Después de seis triunfos, cinco empates y siete derrotas durante una era Maradona que estuvo a punto de interrumpirse por internas políticas en la dirigencia, el Lobo cerró la Superliga en el 19º puesto con 23 puntos en 23 encuentros. Aunque todavía en zona de descenso, había achicado la diferencia con respecto a Patronato y Colón mientras mantenía su pulso con Central Córdoba y Aldosivi a falta de diez fechas para el final de la Copa de la Superliga. 

Tra su empate inicial frente a Banfield, el torneo finalmente fue suspendido por el coronavirus y la Asociación del Fútbol Argentino determinó la cancelación definitiva de los descensos, un pedido que Diego había hecho en su Instagram: «Sanear la economía de los clubes tiene que ser la prioridad. Tenemos que sacar los descensos de esta temporada, y de la siguiente. Pero mantener los promedios. Y que todos sigamos armando planteles competitivos. Es crucial, Los clubes tenemos que salir de esta todos juntos». 

El fútbol argentino reanudó su actividad después de 228 días, en el sexagésimo cumpleaños de su máxima deidad y con el Lobo como protagonista frente a Patronato. Maradona, persona de riesgo, dijo presente para celebrar su cumpleaños en un Bosque vacío y se marchó a su casa a los pocos minutos de comenzado el partido. Gimnasia goleó por 3-0 a Patronato con goles de Johan Carbonero, Maximiliano Coronel y Eric Ramírez para inaugurar la zona seis de la Copa de Liga Profesional: «Tenemos una intensidad bárbara. Jugando sin presión, lo logramos gracias a eso. Creo que se viene un nuevo Gimnasia y se van a dar los resultados», evaluó Víctor Ayala. 

El envión anímico de Maradona fundó un ecosistema optimista en el seno Tripero pero fueron sus detalles como técnico, gestor y manager para tomar decisiones calientes los que reconstruyeron la realidad de Gimnasia. Una de las más resonantes fue su determinación de reemplazar al arquero Alexis Martín Arias, primero por Nelson Insfrán y posteriormente por el incorporado Jorge Broun. De aquel once inicial en el debut frente a Racing al último contra Patronato, el Lobo apenas repitió dos nombres: Víctor Ayala y Matías García. 

Después de 26 años, Diego ya no es el mismo que aquel improvisado entrenador que asumió en Mandiyú aunque mantiene intocables sus características más arraigadas: su eximio coaching motivacional, su equilibrio táctico, su ojo clínico para detectar lo invisible y su amor por el fútbol. 

Aunque el Maradona entrenador perderá siempre en comparación con el Maradona jugador campeón del mundo y el Maradona símbolo de sublevación, su evolución es evidente según Signorini: “Encuentro detalles de su evolución, incluso en su manejo en la cancha. Por supuesto que Diego jamás va a poder hacer como técnico lo que hizo como jugador, eso es imposible, ni siquiera un mago podría llegar a ser lo que fue como jugador, pero también posee un carisma tan brutal, una influencia tan marcada debido a su historia y su leyenda, que produce en los jugadores una especie de excitación especial”. 

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