Publicado en La Nación

Un día una decisión puede reescribir para siempre el futuro de una franquicia destinada al ostracismo. Antes del 24 de junio de 1998, Dallas Mavericks amontonaba fracasos: cinco entrenadores, una parva de derrotas y ocho temporadas sin siquiera soñar con clasificarse a los playoffs. Pero en esa noche de Draft, en Vancouver, una jugada maestra a tres bandas que terminó con Dirk Nowitzki y Steve Nash en los Mavs fue el cambio que transformó a Dallas -el equipo, la ciudad- para siempre.

El torneo orbita alrededor de Juan Martín del Potro. Pese al atractivo de figuras como el búlgaro Grigor Dimitrov, Ivo Karlovic y el joven estadounidense Tommy Fritz, es el regreso del tandilense, al cabo de once meses fuera del tour, el epicentro de un certamen que gracias a su participación ni siquiera acusó la baja a último momento de Milos Raonic, su primer preclasificado.

Una nueva camada de tenistas ilusiona a Estados Unidos, un país de prolífica tradición que durante la última década debió resignarse a disfrutar de una era hegemonizada por Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. Trece años después de su último Grand Slam, conquistado por Andy Roddick en el US Open 2003, la generación de flamante proyección comienza a cosechar sus primeros resultados. Frances Tiafoe, Tommy Paul, Taylor Fritz, Stefan Kozlov y Michael Mmoh, todos de apenas 18 años, lideran una incipiente revolución en el circuito. Ese selecto grupo integra también Denis Kudla, aunque en un segundo escalón y con un lustro más en el documento.

Es un domingo ventoso pero soleado en Delray Beach y Juan Martín del Potro se entrena con el australiano Bernard Tomic en la cancha Nº 3. Con el fisioterapeuta Diego Rodríguez custodiando sus movimientos, el peloteo inicial fue creciendo en intensidad durante la hora de práctica, al punto de improvisar un partido a once puntos para cerrar su jornada. Después de siete meses de espera, tan sólo unas horas separan al tandilense, de 27 años, de su regreso a la práctica profesional del tenis. Su retorno será mañana, a las 22 de la Argentina, frente al estadounidense Denis Kudla (59º en el ranking de la ATP). Un certamen que le trae buenos recuerdos, ya que se consagró en 2011.

Hace apenas siete meses, Juan Martín del Potro comunicó, a través de un video, su decisión de someterse a una tercera cirugía en la muñeca izquierda, su calvario. Con la mirada perdida y un rictus apesadumbrado, confesaba con la voz resquebrajada que ya no sólo trataba de jugar a nivel profesional, sino de volver a ser feliz, de evitar odiar el deporte que amaba. Apodado “The Comeback Kid” por sus hazañas en el US Open que conquistó en 2009, su resiliencia afrontaría su reto máximo: operarse para sostener la ilusión de, algún día en un futuro indescifrable, volver a entrar en una cancha de tenis.

altaban poco más de dos minutos para el final del encuentro frente a New Orleans Pelicans cuando el ala pivote Ryan Anderson intentó penetrar para acortar la diferencia de once puntos. Manu Ginóbili se interpuso en su camino y como un sastre calzó a su rival para sacarle una falta ofensiva. Pero Manu, aún victorioso, no se levantó enseguida y quedó retorciéndose en el piso de dolor por un rodillazo de Anderson que había impactado en su ingle. Después de un par de minutos un Tim Duncan vestido de civil lo acompañó junto a integrantes del cuerpo técnico rumbo al vestuario. Todo parecía normal, aunque en su trayecto al vestidor Manu debió arrodillarse de dolor en el pasillo.