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Michael Phelps le entregó, sin saberlo, la posta en Río 2016. Caeleb Dressel, con apenas 19 años, compartió la cima del podio olímpico con el mejor nadador de la historia en la posta 4 x 100 metros libre. Considerado uno de los mayores prospectos de la natación estadounidense, en cinco años se transformó, reinado fallido de Ryan Lochte mediante, en el principal candidato a sucederlo. Pero Dressel es categórico en cada respuesta ante quienes insisten en sembrar la comparación: «No soy Phelps».

Después de la abdicación de Simone Biles, otro de los nombres rutilantes de esta edición sale a escena en Tokio 2020 en una de las categorías más apasionantes de cada evento olímpico: este 28 de julio a las 23.37 nadará en los 100 metros libre en busca de la segunda de las seis medallas que intentará conquistar en el Centro Acuático japonés. Su primer éxito fue justamente en la prueba que había conquistado en Brasil junto a Phelps. Tras recibir la presea áurea, Dressel se acercó a la tribuna y se la regaló a Brooks Curry, quien había competido con el cuarteto en las preliminares.

Las similitudes con el Tiburón de Baltimore son pocas más allá de su unánime consideración como el máximo emblema de su deporte. Las diferencias radican en su estilo de nado, en sus tácticas e incluso en las pruebas en las que compiten: solo comparten los 100 metros mariposa. Más que con Phelps, Dressel comparte puntos en común con el mito Mark Spitz, quien en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 se colgó siete doradas, como velocistas en los estilos libre y mariposa.

Entre Río y Tokio, Dressel se convirtió en una fuerza imparable que sumó 13 títulos entre los Mundiales de Budapest 2017 y Gwangju 2019. En los 100 m mariposa pulverizó en 32 centésimas el récord mundial que Phelps había registrado en 2009 y se ganó un lugar en la historia como el primer hombre en bajar los 47 segundos en los 100 m libre vestidos con un bañador textil en la final del Mundial de Gwangjou.

Vale la aclaración del traje de baño porque varios de los récords mundiales que aún hoy se mantienen imbatibles se establecieron con los de poliuretano que ayudaron a quebrar un total de 43 marcas en el Campeonato Mundial de Roma 2009 antes de que la Federación Internacional de Natación los prohibiera desde 2010.

Aquellos trajes, compuestos por miles de células cerradas con aire y menos densas que el agua, ofrecían una menor resistencia al agua que entregaba 54 centésimas de ventaja respecto al resto de los trajes con apenas 50% de poliuretano en su composición. El caso más resonante de su impacto fue el del alemán Paul Biedermann, quien desde Roma 2009 es dueño de las plusmarcas de 200 y 400 metros libre. En los 200 m, instancia en donde venció al propio Phelps, estableció una marca imposible después de bajar cuatro segundos sus tiempos respecto a su mejor registro histórico, consecuencia de haber descontado tan solo dos segundos durante los cuatro años previos: «Quisiera que la natación vuelva a ser natación. Esto no es natación. Sólo se habla de los bañadores que usa uno u otro», disparó Phelps.

Considerado el más veloz de la historia, Dressel irá en busca de las medallas doradas en los 50 y 100 metros libre, en los 100 mariposa y en dos de los tres relevos que le quedan en el calendario. No son pocos los que aseguran que en alguna de sus presentaciones podría dejar su marca indeleble en la historia olímpica al destronar al brasileño César Cielo como hombre récord en los 50 y 100 metros libre.

La construcción de Dressel como figura de la natación internacional es la consecuencia de su obsesiva meticulosidad en busca de la perfección. Tiene cada uno de sus movimientos, cada uno de los metros de la piscina, tan estudiados bajo la tutela del coach Gregg Troy que incluso los ha diseccionado con crueldad en su canal de YouTube. Cada uno de sus videos es el resultado de años y años de apuntes, lapicera en mano, de sus aciertos y errores. Inconformista permanente, aún hoy mantiene su registro permanente en dos cuadernos en los que anota absolutamente todo.

También incurrió en el estudio del sueño para adquirir nuevos elementos para potenciar su rendimiento hasta garantizarse 8.5 horas de descanso obligatorias, trabajó con Grant Holloway -compañero en la Universidad de Florida y candidato olímpico en los 110 metros con vallas- para sumarle recursos del atletismo al salto inicial en el que suele sacarle una ventaja de medio metro a sus rivales sin siquiera haber ingresado al agua y analizó su estilo mediante la biomecánica para disminuir la frecuencia de su brazada para depurar y optimizar su técnica.

«Trabajo todos los días en mi técnica, de ninguna manera tengo todo resuelto. Gran parte de la potencia que consigo en la brazada proviene de la rotación del torso y las caderas para convertir eso en energía en el agua. Cada parte del cuerpo desempeña un papel importante en la brazada. Eso es lo divertido del deporte. Que siempre te presenta un nuevo reto y un nuevo interrogante”, analizó en la previa a los Juegos Olímpicos en una entrevista concedida a El País.

Dueño del mejor nado subacuático del mundo, tal vez incluso de la historia, su imponente físico de 1.91m y 86 kilos también supone una ventaja considerable dentro de la pileta. Dressel, aseguran, bien podría haber sido un receptor NFL por su contextura y por su talento sobre tierra, una convivencia poco habitual en nadadores que suelen ser más bien toscos fuera del agua.

Con una presencia activa en las redes, Dressel eligió aislarse del mundo durante los Juegos: desinstaló Twitter, Facebook y Snapchat además de limitar su uso de Instagram a quince minutos por día. Mientras otros atletas aprovechan sus cuentas para exponer los entretelones de su participación, el estadounidense enterró prácticamente todas sus interacciones para enfocarse únicamente en su aventura nipona.

«Es un nadador cada vez más rápido y está mejorando en todos sus aspectos técnicos. Tiene la oportunidad de lograr algo especial en los Juegos», advirtió Phelps en la previa de Tokio. En la antesala del relevo 4×200 metros, la leyenda volvió a alzar la voz en su función como comentarista estrella de la cadena estadounidense NBC al enterarse de que Dressel no participaría de la prueba: «Estoy tremendamente sorprendido de que Dressel no nade la final. Probablemente sea el mejor nadador de 200 libre en el mundo. Dejarlo afuera hará que ganar el oro sea mucho más duro”.

Y fue realmente duro para Estados Unidos, que protagonizó un papelón histórico en una prueba que suele funcionar como metrónomo para analizar el estado de salud de la natación de un país. Alex Dawson, director del equipo estadounidense, y el jefe de entrenadores Dave Durden tomaron la decisión de dejarlo fuera de la prueba pese a la predisposición de Dressel de sumar una nueva prueba a su calendario.

Estados Unidos finalizó en la quinta posición y no se subió al podo por primera vez en la historia olímpica en una prueba en la que acumula 17 oros y 24 medallas en total. La derrota del equipo estadounidense representa un escándalo en los medios de un país indignado que busca explicaciones por la ausencia de Dressel. «Pasamos mucho tiempo charlando sobre esto. Invertimos mucho tiempo mirando calendarios, los calendarios individuales, viendo cómo iba a impactar su participación en las pruebas siguientes y decidimos que lo mejor para el Team USA, lo mejor para nuestro equipo masculino, y lo mejor para Caeleb para ponernos en la posición de poder ganar más medallas era no incluirlo en el relevo», expuso Durden.

La decepcionante actuación de la natación estadounidense identifica en Dressel a su potencial salvador. Su presentación en los 100 metros libre será un momento cumbre para los Juegos y en especial para su país. Aunque es el máximo candidato, no será una prueba fácil: el ruso Kliment Kolesnikov marcó el mejor tiempo del mundo en 2021 en las preliminares, el adolescente rumano David Popovici ostentaba el mejor registro hata Tokio, el coreano Sunwoo Hwang es una amenaza latente al igual que el italiano Alessandro Miressi en una prueba en la que tampoco se puede descartar al campeón de Río 2016 Kyle Chalmers. Profundamente creyente, en la previa de su salida a la pileta tokiota repasará una vez más su cita favorita de la Biblia: «He aquí, Dios es mi salvador, confiaré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es Dios, Él ha sido mi salvación».

Dueño de una personalidad introvertida, le escapa a las cámaras y a los flashes aunque es una súper estrella que factura tres millones anuales gracias el patrocinio de Speedo, Toyota, Coca-Cola y Hershey’s: «No me interesa ser famoso. Sólo quiero ver hasta dónde puedo llevar lo que me han dado y tratar de alcanzar mi máximo potencial. Eso es todo. No quiero perder nunca la mentalidad de una persona cuya única preocupación es hacer los mejores tiempos»

Dueño de dos medallas doradas en Río 2016 y una en los actuales Juegos de Tokio 2020, intentará agigantar su leyenda en una campaña que cimentará una discusión al rojo vivo en Estados Unidos: ¿Es Dressel mejor que Phelps? Caeleb recurrió a una analogía NBA para responder: «No estoy poniéndome al nivel de LeBron (James), pero a él le ocurre lo mismo con Jordan. Y yo prendo la tele para verlo a él. Me da igual si es mejor que Jordan o no. Es increíble lo que hace. ¿Qué más da si es o no mejor?«.

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