The Queue

Publicado en La Nación

Wimbledon es un torneo de tradiciones profundamente arraigadas. El blanco impoluto en la vestimenta de los jugadores, las frutillas con crema y el descanso obligatorio del Middle Sunday son los ejemplos más populares. Pero el más significativo es The Queue, una fila que permite a los fanáticos conseguir entradas para los partidos de cada día.

En un mundo globalizado y digital en el que para adquirir tickets para los grandes eventos las filas se hacen virtualmente, The Queue es un viaje al pasado cuando la única forma de conseguir un boleto era formándose en una columna humana durante horas a la intemperie. Wimbledon es uno de los pocos eventos importantes y el único Grand Slam que permite comprar entradas en la boletería. Ironías de la modernidad, hasta tiene un hashtag en Twitter: #TheQueue.

“Los ingleses organizan las mejores filas del mundo”, dice Dan, de Liverpool, quien el martes por la mañana esperaba su turno para adueñarse de un pase al Court Central del All England. Es cierto: los ingleses organizan las mejores filas del mundo.

La cola para la edición 2018 de Wimbledon comenzó el viernes 29 de junio cuando Darius Platt-Vowles, un joven de 24 años oriundo de Gloucestershire, arribó a Wimbledon Park y se acomodó en la primera posición de la hilera con una carpa azul que rápidamente instaló.

“Llegué el jueves por la tarde, pasé la noche en el auto y vine el viernes a las dos de la tarde”, detalló Platt-Vowles a LA NACION, quien hace un mes se recibió como profesor de filosofía en la Universidad de Aberdeen e inmediatamente renunció a su trabajo como repartidor de Pizza Hut para embarcarse en una aventura de doscientos kilómetros en busca de un boleto para ver a Roger Federer en su debut. Espigado, vestía una camisa verde y negra a cuadros y unos shorts blancos que desnudaban los pormenores de una travesía de casi tres días.

Los precios de las entradas

The Queue cumple una función igualitaria en Wimbledon: cada día pone a disposición 500 tickets para el Court Central y las dos primeras canchas al precio de costo. Platt-Vowles, convertido en una celebridad en los medios londinenses, desembolsó apenas 78 libras -aproximadamente 3000 pesos- para cumplir su sueño y ser testigo de la presentación del suizo frente a Dusan Lajovic en el estadio principal del All England. “Soy un gran fanático de Federer y del tenis. Esto es un sueño para mi”, confesó.

El sábado a las 17 ya eran 1700 personas en una fila que oficialmente comenzó el domingo 1 de julio a las 8 de la mañana cuando los auxiliares a cargo de la fila reubicaron y le entregaron un cupón -Queue Card- con el día y su posición en la fila a cada uno de los integrantes de la hilera. “The Queue está oficialmente inaugurada”, celebraba una de las ayudantes.

Platt-Vowles se ubico primero y Monique Hefti, una joven estadounidense de Massachusetts, en segunda posición. “El año pasado estaba en la fila, no podía mover mi carpa y Darius me ayudó. Ahí nos hicimos amigos. Este año me llamó cuando estaba en la primera posición y me vine inmediatamente”, explicó.

Las reglas en The Queue son claras: formás parte si te ubicás en la última posición, únicamente se vende un ticket por persona en la fila y los integrantes no pueden ausentarse temporalmente por más de 30 minutos.

Hefti, quien usaba una rodillera en la pierna izquierda por una lesión que sufrió hace unos meses, pasó más de 68 horas junto a Platt-Vowles hasta que el lunes a las 10 de la mañana dejaron sus pertenencias en un depósito que el mismo torneo ofrece por cinco libras que destinan a caridad y comenzaron su procesión hasta la puerta 3 del All England en donde finalmente compraron sus tickets. El camino está organizado perfectamente: caminan por el parque hasta un puente que les permite cruzar la calle hasta desembocar en una pasarela verde que conduce a los fanáticos rumbo a la boletería.

A las 6 de la mañana, los ayudantes van carpa por carpa para despertar a cada uno de los integrantes de la fila. Una hora y media después le entregarán una pulsera a cada uno con la cantidad exacta de tickets disponibles para los tres estadios principales. 9.30 empieza a moverse la fila y 10.30 llegan a la boletería para comprar su billete.

“Hay más gente que tickets disponibles para la cancha principal y el court 1”, advirtió Wimbledon el domingo desde su cuenta oficial de Twitter. “No se supone que la fila fuera tan larga”, se sorprendió Platt-Vowles. La locura por conseguir un ticket ni siquiera amainó después de que Andy Murray, la principal esperanza local, anunciara su baja. El fenómeno captura la atención incluso de los tenistas: el año pasado Thanasi Kokkinakis, Tomas Berdych y Benoit Paire visitaron la fila.

El fervor por Federer es unánime. El suizo es consciente y reconoció que algún día le gustaría hacerse presente en la fila: “Cada vez que veo un artículo o un video veo lo que dicen y lo excitados que están por Wimbledon. Siempre tuve este tipo de sueño, quisiera pasar y hablar con estas personas, escuchar sus historias. Eso es algo que siempre he querido hacer. Estuve especialmente muy atento durante el primer día, porque sentí que todos sabían que el campeón defensor jugaba y que estaban allí por ello”.

Hay gente de todos los países, fanáticos de Federer, Nadal, Del Potro, Djokovic y hasta de Nishikori. De día juegan al fútbol, al tenis o se divierten con una guitarra hasta las 22 horas, horario a partir del cual se prohibe todo tipo de ruido. El silencio es ensordecedor e incómodo: parece increíble que casi 2000 personas no emitan sonido alguno. Se escuchan los grillos y el agua de la laguna del parque de fondo.

No hay fastidio ni quejas pese a la espera: cumplir con la tradición es casi una celebración. Quienes se aseguran una entrada para el Court Central, los primeros 500, festejan pese a las pocas horas de sueño y la incomodidad de pasar las noches en una carpa. Conseguir una entrada para Wimbledon, que en la previa sortea la mayoría de sus entradas a través de una lotería a la que hay que inscribirse con varios meses de anticipación, es casi una hazaña.

La fila es permanente y constantemente se suman nuevos integrantes. Incluso algunos repiten el itinerario: “Después del partido entre Stan Wawrinka y Grigor Dimitrov, nos fuimos nuevamente a la fila el lunes a las 17.30. Eramos 739 en la fila. Hoy fuimos 171 y pude conseguir entrada para hoy”, escribió Platt-Vowles desde su celular mientras pasea por el predio con la ilusión de vivir el próximo Wimbledon desde adentro: “Creo que voy a estudiar periodismo, algún día me encantaría cubrir el torneo”.