El guardian del césped sagrado

Publicado en La Nación

Aquí bromean con que Neil Stubley, jefe de campo y horticultura del All England Lawn Tennis Club, es una de las personas más preocupadas de Inglaterra.

Stubley es el responsable del mantenimiento de las 18 canchas de competencia y las 22 de práctica que desde el lunes serán exigidas a un desgaste constante durante los próximos 14 días. Más de 600 partidos se disputarán en la 132º edición de Wimbledon . Stubley y su equipo de 16 jardineros deberán trabajar intensamente durante las próximas dos semanas para mantener el césped en condiciones.

“Me levantó a las 5.30 todos los días. Miro el pronóstico del tiempo y me contacto con mi equipo nocturno para verificar que todo esté bien. Observo nuevamente el pronóstico y me voy al trabajo, donde marcamos nuevamente las canchas, cortamos el pasto y medimos la humedad en cada una. Suelo irme a las 11 de la noche en un buen día. Si llueve, la noche se hace más larga”, se ríe Stubley ante la consulta de LA NACION.

Tras un 2017 convulsionado en el que el césped de Wimbledon fue uno de los principales protagonistas, su objetivo es pasar desapercibido. “Yo no quiero estar en los titulares. Si logramos pasar el campeonato sin hablar de la hierba, entonces seré un hombre muy feliz”, reconoce.

Stubley asumió en su cargo en 2012, apenas el octavo hombre en encargarse del pasto de Wimbledon desde su primera edición en 1877. El año pasado fue el epicentro de las críticas, especialmente durante la primera semana del torneo. La escalofriante lesión que sufrió Bethanie Mattek-Sands atizó la polémica. Roger Federer, Andy Murray, Novak Djokovic, Simona Halep y Venus Williams, entre otros, también expresaron su disconformidad.

Sin embargo, nada cambió en su preparación: “No hemos cambiado nada, hemos hecho lo mismo, plantamos las mismas semillas y llevamos a cabo los mismos procedimientos que en los años anteriores. Este año tuvimos la fortuna de que no hemos tenido interrupciones durante la semana previa, lo que nos ha dado nueve días de entrenamientos plenos”, analizó.

El Perennial Ryegrass, la variedad que se utiliza en Wimbledon, muestra un buen rendimiento en climas frescos, pero reacciona negativamente a las altas temperaturas. El año pasado Londres fue víctima de una ola de calor histórica. “Este año estamos en tres o cuatro grados menos. Tenemos todo bajo control por ahora. Estuvimos observando la proyección climática y promete que seguirá así. Estamos muy contentos”, detalló Stubley, quien está confiado en que no deberán afrontar las dificultades del año anterior.

La actividad incesante desgasta al césped, que se va erosionando con el correr de los días. El desafío para los jugadores es mayúsculo: deben adaptarse a los cambios de velocidad que una misma cancha va sufriendo durante el certamen. “Es obvio que hay momentos en que es un poco más fácil porque no hay mucho césped en la base. Cuando el torneo avanza, los movimientos son un poco más fáciles porque hay más polvo en toda la cancha, entonces uno puede moverse con mayor libertad”, analizó Rafael Nadal, campeón en 2008 y 2010, en su conferencia de prensa previa al debut.

Stubley coincide: “Es una superficie viva que siempre reaccionará al clima y al uso. Cambia permanentemente, siempre será diferente. Es por eso que los jugadores necesitan practicar mucho para adaptarse a las distintas situaciones”.

En donde no coincidieron Nadal y Stubley fue en la altura del pasto. “Creo que este año es un poco más largo que de costumbre”, había expresado el número uno del mundo. “Falso”, desmintió Stubley, “El pasto se sigue cortando en ocho milímetros, como lo venimos haciendo hace años”.

Con Wimbledon en el horizonte, el trabajo de doce meses de Stubley será examinado durante las próximas dos semanas. En Londres bromean pero parece cierto: Stubley, el hombre que quiere pasar desapercibido, es una de las personas más preocupadas de Inglaterra.