Un mes

Hace un tiempo, y gracias a una charla con un amigo piloto que me tranquilizó, dejé de tenerle miedo a los aviones para empezar a tenerles respeto. No me gustan y los sigo mirando de reojo pero ya no me cuesta dormir en la noche previa e incluso abandoné casi todos mis rituales salvo uno: contar mis viajes. Tal vez sea una manera de aferrarme a la estadística en esos segundos dramáticos en los que uno se castiga imaginando su trágico futuro. El próximo será mi trigésimo quinto vuelo.

Como si fuera una hoja de ruta, uno va trazando sus sueños. Casi diez años después de haberme encontrado fortuitamente con el periodismo, podré terminar de cumplir una meta que parecía utópica: cubrir los últimos meses de Manu Ginóbili en la NBA para el diario La Nación. Será la segunda parte de una travesía que empezó en diciembre de 2015 y que podría concluir a mediados de 2017, si Manu así lo dispone.

Desde el 27 de enero hasta el último partido de San Antonio Spurs en la temporada, San Antonio será otra vez mi base. En contraposición con aquella primera experiencia diagramada a las apuradas hace un año, ahora todas las preguntas tienen una respuesta lógica. En lo periodístico y, principalmente, en lo personal. Es que semejante desafío no solo representa un crecimiento en las exigencias laborales. Abandonar tu casa, tu país, tu familia, tus amigos, tu rutina y tus costumbres para meterse en un mundo que veías inalcanzable en la televisión, un universo que cuando lo enfrentás te supera y desconcierta, es dramático. El desarraigo te pasa factura y los efectos colaterales de cualquier problema, por más insignificante que sea, pueden ser devastadores.

Hace un año me fui a probar suerte. Era el momento de jugársela. Ahora, afianzado laboral y sentimentalmente, me voy de vuelta. La gran diferencia será que junto a mi viajará Martina, compañera indispensable en este camino que en solitario es imposible. Juntos escribiremos un nuevo capítulo de nuestra historia que también tendrá, como suele pasarnos con cada evento de nuestras vidas, un costado periodístico: dentro de poco podrán acceder a un blog en el que estaremos describiendo nuestras aventuras turísticas. Seguiremos extrañando al resto de personas que amamos, pero irnos juntos no solo lo hará más llevadero si no que representará un compromiso aún más grande en nuestra relación.

El 19 de enero por la noche partiremos rumbo a Estados Unidos, que nos recibirá el mismo día de la asunción presidencial de Donald Trump. Ironías del destino.

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