La esperanza argentina vuelve a casa

Su primer registro mediático es de hace más de una década. En un video con reminiscencias maradonianas, con apenas trece años está parado junto a su hermano Alan y su papá Carlos Alberto. Todavía tímido, recién empezando una formidable carrera amateur que concluiría con 186 triunfos, 5 empates y 5 derrotas, apenas atina a presentarse en sociedad frente a la cámara:  “Me llamo Brian Castaño”.

Trece años después, atiende el teléfono desde Los Ángeles, donde se instaló hace ya más de un año en busca de un objetivo que ahora acaricia: el próximo 26 de noviembre en su ciudad natal combatirá contra el puertorriqueño Emmanuel De Jesús por el título interino superwelter de la Asociación Mundial de Boxeo, el sueño de toda una vida.

“Desde que me puse los guantes, mi meta era algún día ser campeón del mundo, llegar a lo más alto. Es un sueño impensado de chiquito, y hoy de grande tener esa posibilidad se siente mucho mejor y más gratificante”.

¿Cómo te sentís en la previa de una pelea que venís imaginando desde chico?

“Estoy contento, orgulloso de saber que después de tanto sacrificio estoy teniendo mis frutos. Estoy preparado, siempre listo para dar batalla. Ahora gracias a Dios voy a pelear por un título, que es lo que vengo esperando desde hace tiempo”.

Después de cuatro triunfos consecutivos en Estados Unidos, Castaño volverá a presentarse en una Argentina esperanzada con su más ilusionante prospecto. Es que tras los retiros de Marcos Maidana y Sergio Martínez, el boxeo nacional afianzó en territorio internacional a Jesús Cuellar, su único campeón del mundo, y al sorprendente David Peralta, quien volverá a tener su chance tras el batacazo frente a Robert Guerrero. Castaño es, entonces, el nombre que se destaca en la línea de sucesión del rico linaje del pugilismo vernáculo. Brian acumula condimentos para convertirse en ídolo: conjuga carisma, talento, corazón y pegada. La expectativa en torno a su futuro es absoluta.

“Trato de no enroscarme en eso pero es un orgullo que me cataloguen así, que me tengan en cuenta, que tengan su esperanza depositada en mí. Yo no voy a defraudarlos, voy a dar lo mejor de mí para llegar a lo más alto en mi carrera”.

El Polideportivo Presidente Perón, emplazado en La Matanza que con apenas nueve años barría junto a su papá, ex boxeador, ahora entrenador y por aquel entonces también su jefe, promete ser una caldera para celebrar el regreso de su hijo pródigo.

“Será impagable. Estar con mi gente, con mi familia, es hermoso poder pelear en mi país y más por un cinturón. Es el premio a un sacrificio de hace muchos años. A los 11 años arranqué a hacer exhibiciones, a los 9 años empecé en el gimnasio, hoy tengo 26 y se sienten todos estos años de entrenamiento, de sacrificio, de guanteo, del día a día. Estoy mejor que nunca, en mi mejor nivel, orgulloso de pelear en la Matanza”.

 ¿Qué esperas de Emmanuel De Jesús?

“Sé que es un boxeador táctico, es potente, sabe manejar bien las piernas, sabe manejar bien las distancias. Va a ser una pelea linda, yo tengo mi plan de trabajo, estamos laburándolo. La presión que le voy a meter será clave en la pelea, él es un boxeador táctico que boxea pero va a tener que aguantar mi presión, porque estoy muy bien entrenado y ahí va puedo marcar diferencia”.

Castaño tendrá su chance mundialista con apenas 27 años. Parecen pocos, pero ha construido una carrera relampagueante en la que ha tenido que sortear numerosas dificultades: debutó profesionalmente en el Luna Park y enamoró a una plaza tan mítica como nostálgica que identificó en él un hombre capaz de hacer vibrar sus cimientos como en la época de gloria de Tito Lectoure; se configuró como un mimado; desapareció abruptamente; tuvo problemas de salud; estuvo casi un año sin pelear; pensó en abandonar el boxeo; sufrió las desavenencias del mercado local; decidió irse a Estados Unidos para unirse al Team Maidana; creció, mejoró y se afianzó como el número dos en el ránking de la Asociación Mundial de Boxeo. Su historia no es únicamente la de un pibe que le ganó a la calle porque también debió imponerse ante los críticos que desconfiaron de la nueva joya e incluso tuvo que afrontar a sus fantasmas.

¿Cómo fueron aquellos días en los que no sabías si ibas a poder seguir boxeando?

“Fue hace un año y medio, capaz dos. Fue un momento muy duro, muy feo. Me habían prohibido boxear, me habían sacado del circuito, me decían que no podía boxear más. Me hacía estudios, estuve casi un año haciéndome estudios. Me decían que sí, que no, que estaba bien, que estaba mal. La cabeza me laburó mucho y pensaba qué tengo, qué no tengo, y eso te va jugando en contra. Tuve ataques de pánico, trabajé con psicólogos y gracias a ellos pude salir adelante, además de mi familia y mi pareja Carolina”.

¿Por qué tomaste la decisión de irte a Estados Unidos?

“Las cosas en Argentina no estaban muy bien, la paga no era buena y yo sentía que estaba para más, sentía que con la promotora que tenía en ese momento sabía que no iba a llegar a ningún lado, que iba a hacer una carrera más fácil y más mentirosa. Yo creo que el verdadero nivel está acá y los títulos están acá. Más allá de que sea otra plata, la experiencia de poder viajar y entrenar en la meca del boxeo es impagable”.

En una entrevista posterior a tu decisión de radicarte en Estados Unidos, expresaste que te ibas para cerrar algunas bocas. ¿Lo lograste?

 Yo creo que si, igual siempre la gente va a seguir hablando. Hay un par de periodistas destructivos, porque hay algunos que en vez de alentar a los boxeadores argentinos, en vez de darles una mano, siempre están criticando, siempre para mal. A mí me inventaban cosas. Decían que no entrenaba, que no era disciplinado en el gimnasio, cuando el que me conoce sabe realmente que entreno todo el tiempo. La gente hablaba pavadas. Cuando dejé de pelear decían que estaba en la droga, que podría estar preso, te ponés a escuchar y decís que pavadas pueden decir”. 

 ¿Cuáles son las diferencias entre entrenar en Argentina y en Estados Unidos?

“El cambio principal es la concentración. Uno está en Argentina y es inevitable salir a tomar algo con amigos, comer un asado, salir a pasear, ir al shopping, ir al cine. Vos sabés que acá venís dos meses a rajatabla, comiendo estrictamente, haciendo una dieta sana, sabés que cada error en los guanteos te cagan a trompadas, acá están todos afilados, están todos para pelear, te hacen doce rounds de taco. Vos tenés que venir acá preparado. Eso te hace estar concentrado, preparado y entrenado para que no te golpeen.  ¿Sino sabés cómo volvés? Todo machucado, todo pintado”. 

¿Qué cambios hiciste en tu alimentación?

“Ahora llevo una dieta sana, equilibrada. Yo en Argentina no tenía ni nutricionista, pero principalmente porque a mí me daba fiaca. Allá es más difícil y uno es cierto que no le da bola hasta que pasan las cosas. Yo comí mal, me deshidraté, me alimenté mal y la pagué. Antes pensaba que cortándome la comida y el agua iba a bajar de peso, pero ahora sé que tengo que comer bien, hidratarme para rendir. Comiendo y tomando mucho agua uno baja de peso y lo bajás bien, estás fuerte”.

¿Cómo definirías tu estilo?

“Trato de ser lo más completo posible. Si tengo que boxear, boxeo; si tengo que pelear, peleo; si tengo que entrar en la media, entro en la media. Trato de variar. Un boxeador con variantes, explosivo. Mi mayor virtud es mi explosividad y mi continuidad. Yo sé que cuando meto presión y empiezo a tirar, combino resistencia velocidad y potencia, esa es mi clave. Cuando empiezo a acelerar la máquina es difícil que me aguanten”.

En 2010 entrenabas en el Cenard con los Buitres junto al cubano Sarbelio Fuentes. ¿Qué cambio en vos en estos seis años?

“Estoy más afirmado en mi categoría y estoy concentrado en lo que es mi meta. Soy más hombre, estoy más enfocado. Hoy en día no podés descuidar nada, un paso en falso es un error grave, hay que estar bien concentrado, hay que dar lo mejor para rendir de la mejor manera. También me fui fogueando. En Estados Unidos en los guanteos pulís cosas porque acá te pegan de verdad, te vas armando mejor. Con los guanteos te vas perfeccionando y se ve a la hora de pelear”.

¿Crees que tu triunfo frente a Sergei Derevyanchenko cambió tu carrera?

“La verdad, fue un salto grande a partir de esa pelea. Fui reconocido internacionalmente, me marcó y dijeron “bueno, está para las grandes ligas”. Me avisaron dos semanas antes, dije bueno, ya está, entrenado estoy, En esa pelea demostré que estoy para pelear con cualquiera. Fue una pelea dura, en la que no estaba al 100%, ahí tuve que apretar y tirar a full. Puse el corazón, puse el corazón, tuve que apretar el culo ahí, sino cobraba como un banco”.

Existe una polémica respecto a cuál es tu categoría ideal debido a tu contextura física. ¿En dónde te sentís más cómodo?

“En superwelter. Si bien por mi altura sería welter, pero yo en superwelter me siento cómodo, me siento fuerte, estoy bien. He intentado bajar más pero no bajo más de 68 kilos, me cuesta mucho porque tengo mucha caja, soy cuadrado, jugué mucho tiempo a la pelota, tengo mucha pierna, es complicado. Pero bueno, con mi altura como desventaja, trato de entrenar fuerte, estar bien físicamente, bien guanteado, ser continuo. Yo sé que en las peleas tengo que boxear, tengo que mover las piernas, tengo que apretar, sé que siempre me van a tocar boxeadores más altos que yo, entonces lo mío es moverme, ser escurridizo, tratar de meterme, ser explosivo, ser continuo”.

¿Cómo ves el actual panorama del boxeo argentino?

“Lo veo bien, hay muchos prospectos, boxeadores buenos que están surgiendo. Hay muy buenas potencias. Va a levantar el boxeo argentino, ya está levantando, más allá de que la mayoría no están en el equipo Maidana, Dios quiera que el día de mañana podamos estar todos en la misma promotora”.

Al menos en las últimas experiencias de boxeadores argentinos en Estados Unidos, fue evidente la diferencia de rendimiento entre quienes entrenaron allá y quienes lo hicieron en Argentina. ¿Por qué se da?

“Es una realidad que cuando un boxeador pelea en Estados Unidos, todos vienen uno, dos o tres meses antes. Los promotores que están en Argentina no quieren invertir en un campamento acá. Es que si vos venís y los traes un mes y medio o dos antes, van a rendir de otra manera. Vos necesitás sparrings buenos, no digo que en Argentina no estén, pero acá es otra cosa. Hay que invertir y meterle, el tiempo acá es diferente. Pero bueno, cada uno tomará su decisión, hay que ver si quieren invertir o no. La mayoría de los promotores los llevan una semana antes de la pelea y pasa lo que pasa en la mayoría de las veces”.

¿Qué te genera el apodo “Sugar Ray”?

“Es muy grande ese apodo. Es un honor pero nada que ver, Sugar Ray es un grande, es único, fue una máquina, fue un grande de los grandes. Cuando me lo pusieron, me reí. Mi apodo de toda la vida fue el Boxi y de chico me decían Pantera, Pantera por mi viejo que boxeaba. Pero Ray Sugar para mi es mucho, Ray Sugar hay uno solo, yo quiero abrir mi camino como Brian Castaño”.