Empieza la partida y el peón blanco que custodia al rey avanza dos casilleros. Las negras responden con idénticas coordenadas con el peón que está delante de un alfil y en diagonal a la dama. Los movimientos se anotan 1.e4 c5. Es la clásica apertura siciliana, una de las más populares y agresivas del ajedrez, cuyo desarrollo goza de múltiples variaciones: Miguel Najdorf, tal vez el mejor ajedrecista de la historia argentina, inmortalizó su apellido en una de ellas.

Es también la favorita del Gran Maestro Internacional Alan Pichot, un adolescente de apenas 18 años que mientras cursa a distancia el último año del secundario se prepara para debutar en las próximas horas en las Olimpiadas de Baku, Azerbaijan, donde competirá frente a los mejores jugadores del mundo. Pichot es, también, la gran esperanza del ajedrez nacional.

“Tenía muchas ganas de jugar esta Olimpiada, hace dos meses me enteré que iba al torneo con el equipo y me puso muy contento. Es un logro enorme para mi, es el torneo más importante de este año, van todos los mejores. Será una gran experiencia”.

En las Olimpiadas que se desarrollarán entre el 1 y el 14 de septiembre en la capital de Azerbaiyán, efectivamente participarán la mayoría de los mejores jugadores del mundo. Serán 182 equipos de 176 países. Entre los cientos de jugadores estará Magnus Carlsen, el genio noruego de 25 años que en 2014 se consagró campeón del mundo y que en noviembre defenderá su corona frente al ruso Sergey Karjakin, también presente en Baku.

Carlsen es el ídolo de Pichot.

“Nunca lo vi jugar en vivo en un torneo tan importante. Es el mejor del mundo, es un chico joven que está hace mucho en los torneos de máximo nivel y tiene una diferencia muy grande con respecto al resto de los jugadores”

Argentina goza de una prolífica tradición en las Olimpiadas: ha conseguido tres segundos puestos y dos terceros lugares, todos entre 1950 y 1962. El combinado nacional viajó a Baku con la misma formación que representó al país en Noruega hace dos años, donde terminó en 18º posición. Capitaneados por el GM Diego Valerga (1971), integran el combinado nacional GM Sandro Mareco (1987), GM Diego Flores (1982), GM Fernando Peralta (1979) y el GM Federico Pérez Ponsa (1993). La única novedad será la inclusión de Pichot, campeón mundial juvenil sub 16 en 2014.

“No trato de ponerme objetivos, aunque como equipo supongo que intentaremos mejorar la posición de hace dos años. Será una gran experiencia enfrentar a los mejores y me servirá para mejorar mi juego”.

El ajedrez ha mutado en una disciplina en la que el obsesivo estudio de las aperturas y la aplicación de la tecnología han transformado el juego, en detrimento de la inspiración. Oscar Panno, otra leyenda argentina, marcó la influencia del inevitable avance en una entrevista que otorgó a Mundo D hace tres años: “Nuestra preparación era muy distinta. Al no tener computadora, dependíamos de nuestros propios análisis. Ahora, los ajedrecistas tienen la posibilidad de poner una máquina a sacar la verdad de una posición. Usted me dice que, así, la mente del ajedrecista se vuelve más perezosa, y yo le digo que es un elemento que no se puede soslayar”. Pichot nació en la era de la tecnología y está acostumbrado en un ajedrez que se alimenta constantemente de jóvenes estrellas.

“Es cierto que las computadoras revolucionaron completamente al ajedrez, cambiaron mucho las partidas de hoy en día con las partidas de hace 10 años. En 10 años pasará lo mismo y el ajedrez de hoy será casi obsoleto. Cada uno tiene que llevarlo como prefiera, pero cuanto más horas dediques, mejor te va a ir. Sin embargo, Carlsen tiene mucho de basar su juego en la inspiración, tiene mucha sorpresa, es muy distinto al resto. Él no se especializa en aperturas sino en medios y finales. Yo estudio mucho las aperturas, todavía me falta experiencia en la fase media y final”.

Pichot sumará una experiencia insondable para su carrera. El joven que ilusiona con resucitar al ajedrez argentino, el primero en lograr un título mundial individual tras 22 años, deberá soportar también la presión de quienes apuestan por él mientras ejecuta un entrenamiento casi obsesivo.

“La presión siempre está, aunque trato de evitarlo. Siempre hay presión en cada torneo que juego, pero tengo que manejarlo porque puede ser contraproducente. Hay mucho stress en el ajedrez. Para soportarlo, más allá del estudio que hago con una computadora con la que trabajo, trato de mantenerme bien físicamente porque las partidas son de 4 o 5 horas, durante varios días y tenés que tener una resistencia importante. En lo psicológico, yo mismo me doy cuenta cuando soy más flojo o un poco mejor que los demás. Antes trabajaba con una persona pero ahora dejé, me sirvió mucho cuando era más chico”.

Aún cuando el apoyo a su disciplina es inconsistente y vivir de ella sea tal vez todo un desafío, Pichot tomó la decisión de dedicarse únicamente al ajedrez.

“Decidí dedicarme de lleno al ajedrez. Me apoyaron del ENARD para jugar el Mundial Sub 16 en 2014 y en 2015 no conseguí apoyo, que es casi nulo salvo en algunos casos especiales. De todas maneras veo bastante bien al ajedrez argentino, el cambio de federación hace dos años nos permitió tener mucho más apoyo. De hecho somos uno de los mejores equipos de Latinoamérica, y en el mundo debemos estar dentro de los mejores 25”.

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