El gran ausente

Publicado en La Nación

Liu Song es un deportista de culto en la Argentina. Su consagración fue aquella noche inolvidable de Guadalajara, durante los Panamericanos de 2011, cuando conquistó la medalla de oro en cuatro sets frente al mexicano Andrés Madrid. El tenis de mesa nacional jamás había alcanzado un logro semejante y era un extranjero el encargado de izar la bandera albiceleste en lo más alto del podio.

Tal vez haya sido por su épica coronación, por su emocionante festejo, por su carisma o por la singularidad de que uno de los ocho mejores jugadores de una potencia como China amara hasta las lágrimas a su país putativo, las redes sociales estallaron con su nuevo héroe. El hashtag fue un furor hasta entrada la madrugada y Song se convirtió en “Songuito”. El fenómeno se repitió durante los Juegos Olímpicos de Londres. Liu Song, probablemente el atleta más querido de toda la delegación que viajó a Inglaterra, era una leyenda.

En marzo de 2015, Song anunció su retiro de la selección meses antes de los Juegos Panamericanos de Toronto en donde hubiera debido defender su título. En aquella jornada, también fue trend topic en Twitter y volvió a ser recordado hace apenas unos días cuando comenzaron estos Juegos Olímpicos. Desde que decidió dejar de representar a la Argentina, quince años después de haber llegado junto a su familia para abrir una lavandería, Song se convirtió en un fantasma, que desembocó en una pregunta repetida entre sus fanáticos: ¿Dónde está Liu Song?

Desde su casa en Burdeos (Francia), Song revela el misterio desnudando su simpatía incluso en un intercambio de mails mientras se prepara para afrontar el circuito profesional francés que comenzará en septiembre. Parece una entrevista ficcionada: un chino de 44 años que vive en Europa pero que habla de Argentina como si fuera su país en el mundo.

-¿Por qué decidiste retirarte de la selección argentina?

-Tomé la decisión antes de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Tenía varias razones: mi familia estaba viviendo en Francia y yo no estaba al 100 por ciento para la siguiente competencia, así que decidí dejarle mi lugar a otro para que tuviera la chance de vivir lo que yo viví. Además quería probar cosas nuevas: abrí un restaurante en Francia junto a mi familia. También imaginé que tras la medalla en Guadalajara ya había llegado a lo más alto de mi carrera. Ahora tengo una vida normal como cualquier otra familia.

-¿Cómo recordás aquella conquista en Guadalajara?

-Es el momento más importante en mi carrera en el tenis de mesa. Lo festejé mucho con todos los que me ayudaron. Creo que fue importante mi medalla porque gracias a ella hoy tenemos más jóvenes que participan de este deporte.

-¿Qué sentís viendo los Juegos Olímpicos por TV?

-Los extraño mucho. Es la primera vez desde Sydney 2000 que no estoy participando, es muy raro ver que el resto está jugando mientras yo los miro por televisión. Entonces trato de mantenerme alejado y ver poco, pero estoy siguiendo a Argentina y vi que hasta ahora solo tenemos una medalla, la de oro en judo. Ojalá podamos sacar más en los próximos días. ¡Vamos Argentina, sigue luchando!

-¿Qué sensaciones te genera no estar representando a la Argentina?

-Es algo que también extraño mucho. Recuerdo todo ese tiempo en el que representaba al equipo y a veces no puedo creer que me retiré. Tengo ganas de volver a la Argentina, tengo muchas ganas de trabajar con la selección, con los juveniles. Me encantaría ser el entrenador del equipo algún día.

-¿Por qué no hay representantes argentinos en tenis de mesa en Rio?

-Tenemos varios jóvenes que están progresando, que están mejorando. Es cierto que después de mi retiro nuestro nivel disminuyó, pero creo que en los próximos Juegos Olímpicos vamos a tener representantes. Tengo mucha fe.

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