El torneo orbita alrededor de Juan Martín del Potro. Pese al atractivo de figuras como el búlgaro Grigor Dimitrov, Ivo Karlovic y el joven estadounidense Tommy Fritz, es el regreso del tandilense, al cabo de once meses fuera del tour, el epicentro de un certamen que gracias a su participación ni siquiera acusó la baja a último momento de Milos Raonic, su primer preclasificado.

Después de un lunes de actividad intermitente por la lluvia que obligó a demorar e incluso reprogramar algunos encuentros, hoy se vivirá el plato fuerte del certamen, cuando Del Potro salga al court principal del complejo no antes de las 22 de la Argentina para enfrentarse con el local Denis Kudla (59º).

Es la historia que los periodistas quieren contar, que los hinchas desean atestiguar y que los organizadores anhelan acoger, y que los hace sentirse honrados de recibir. Es el regreso de un niño prodigio que con apenas 20 años ganó el Abierto de Estados Unidos y hoy está convertido en un hombre que intenta enterrar definitivamente ese calvario que lo hizo coquetear con el retiro, esa incertidumbre que durante su recuperación no le permitía levantarse de la cama. “No saber cómo ni cuándo ni dónde iba a volver fue lo peor de todo. Fue una situación horrible”, confesó mano a mano para LA NACION.

La expectativa de develar en qué condiciones se presentará es máxima. Delpo, que durante sus sesiones de entrenamiento sembró buenas sensaciones, empezará a reencontrarse consigo y con la intensidad del circuito profesional. Como confesó en más de una ocasión, va reconociendo sensaciones que había olvidado durante esta paulatina resurrección que alcanzará su pináculo esta noche.

El drive y el saque, al menos durante la práctica con un rival de jerarquía, como el australiano Bernard Tomic, han demostrado su vigencia. También se lo notó cómodo en los desplazamientos. Por supuesto, las dudas residen en su muñeca izquierda: “Es una buena prueba para saber cómo está la mano, qué le falta, que está bien. Tengo en claro que mi lucha no es con el rival; es con esta situación”.

Su rival será Kudla, un miembro de la nueva camada que devolvió la esperanza a un desahuciado tenis estadounidense. Ante este cronista se definió como un jugador muy físico y muy rápido al que le gusta desenvolverse desde la base, y dueño “de un estilo más contragolpeador, más agresivo”. Elogiado por su condición física, será una prueba exigente para un Del Potro que jugó por última vez un partido oficial hace casi un año, en Miami.

Kudla, que en pareja con su compatriota Donald Young derrotó por 6-3 y 7-6 al local Rajeev Ram y al sudafricano Raven Klaasen en su debut en el cuadro de dobles, indicó que no le genera ninguna emoción especial enfrentarse con el argentino: “No siento presión. Me preparé como para un partido más, aunque sé de qué es capaz él en una cancha de tenis. Ha vencido a los mejores y ha conquistado un torneo de Grand Slam, pero creo que será muy divertido jugar contra él y estoy listo para una batalla”.

Del Potro, cargado de sensaciones positivas por estar otra vez en un torneo profesional, decidió comunicarse con sus fanáticos mediante Facebook: “Quiero agradecerles de corazón porque siempre estuvieron ahí bancándome y ahora están esperando mi regreso. Para mí va a ser una victoria que disfruten conmigo verme jugar”, publicó.

Ganar o perder, al menos en esta instancia, es secundario para el tandilense, porque su objetivo es sentirse cómodo otra vez en una cancha y no sufrir los dolores que lo tuvieron a maltraer en los últimos años: “El resultado es anecdótico. Lo importante es estar sano, volver al hotel y poder decir que estoy en condiciones de entrenarme al día siguiente”, subrayó.

Después de sufrir durante meses llegó el día que alguna vez Del Potro pensó jamás llegaría. Será el turno de volver a sentir la adrenalina de vestirse en el vestuario; de cargar el raquetero sobre un hombro y encarar su caminata rumbo al court principal; de volver a sentir el calor de sus fanáticos, y de acostumbrarse de a poco al ritmo del tenis profesional. En Delray Beach y en la Argentina se espera, con impaciencia y esperanza, por él.

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