La ciudad de Leonard

Las noches de básquet en San Antonio suelen ser así. El pulso de la ciudad late al ritmo de los Spurs. Desde el downtown, el centro de la ciudad construido a la vera del río del mismo nombre, una marea de fanáticos enfila rumbo al AT&T Center. La mayoría lo hace en su auto pero muchos otros utilizan el servicio público que ofrece la ciudad para llegar al estadio. Cada uno lleva una camiseta con el nombre de sus ídolos. Algunos visten la de Tim Duncan, otros la de Tony Parker y muchos, especialmente los latinos, la de Manu Ginóbili. Pero hay un nuevo héroe que empieza a dominar la escena. Cientos llevan estampado en la espalda el número dos que su nuevo ídolo viste desde que llegó a la NBA.

En la tienda oficial dentro del estadio, su cara se repite en cada producto del inabarcable merchandising que ofrece desde aros con su cara estampada en el tablero hasta muñecos de trapo que se venden por 25 dólares. Betty, quien maneja la caja registradora, confirma que su casaca es una de las más solicitadas.

El furor tiene su cénit durante el partido. Es uno de los más ovacionados en la presentación del equipo y cada vez que se presta a lanzar un libre sus fieles lo postulan como el mejor de la liga. El fanatismo es tal que el taxista que recoge a una pareja en la puerta del estadio también viste su camiseta. La repetición que se extiende incluso a bares donde el personal femenino usa su remera tallada al cuerpo como uniforme, devela una certeza evidente: la ciudad que antes fuera de Tim Duncan, después de Tony Parker y más tarde de Manu Ginóbili hoy tiene un nuevo dueño. San Antonio es la ciudad de Kawhi Leonard.

Pero a él no parece afectarle la responsabilidad porque nada conmueve su tranquilidad. Es que Leonard, hoy convertido en una de las estrellas de la liga, mantiene aquel espíritu que mostró desde el día que se presentó en San Antonio, según recuerda un núcleo de periodistas que hace treinta años es testigo de la evolución de una de las franquicias más prolíficas del deporte mundial. “Sabe que tiene la responsabilidad que antes era de Tim, Tony y Manu. Esa necesidad de responder noche tras noche, de hacerse cargo del equipo, la acepta y responde”, asevera Gregg Popovich.

El DT de San Antonio incluso lo comparó con Michael Jordan “por su capacidad para ser efectivos y determinantes tanto ofensiva como defensivamente”. Puede parecer una locura, pero así fue. De hecho Kawhi se viste con la marca Jordan y sus zapatillas tienen un logo especial diseñado con las letras K y L dispuestas de modo tal que simulan ser sus enormes manos.

Kawhi llegó como un rookie de cuestionable futuro. Fue una polémica apuesta en conjunto de Popovich y el general manager R.C. Buford. Cuando George Hill, uno de los favoritos del entrenador y pieza importante en la rotación del equipo, fue transferido a Indiana Pacers nadie creía que aquel ignoto pudiera convertirse cinco años más tarde en el mejor defensor de la liga, en la principal arma ofensiva de los Spurs y en potencial MVP. Leonard revitalizó a una franquicia y especialmente a un Big Three que disfruta una segunda juventud gracias a él. Buford, el cerebro junto a Pop en la edificación de la dinastía Spurs, confiesa hoy: “Nunca imaginé que pudiera llegar a ser el jugador que es hoy en día”.

A la distancia, el periodista Tom Orsborn recuerda que en una de sus primeras ruedas de prensa la preguntaron a Kawhi cuando iban a conocer su sonrisa. “Cuando gane un campeonato la verán”. Dos años después, con su primer anillo y el trofeo al más valioso de las finales entre manos, sonrió. Es que Leonard es sinónimo de seriedad, dueño de un rictus facial que pocas veces se altera. Le roba la pelota a un rival, corre de costa a costa, la vuelca en un aro, el público estalla en un frenesí y su cara ni siquiera esgrime una mueca.

Leonard parece haber sido diseñado genéticamente para jugar en San Antonio, una franquicia que espera defender hasta que se retire, según confesó. El mismo chico que durante su primer año en la liga más poderosa del mundo vivió junto a su madre y manejó el mismo Chevy Malibú que usaba para trasladarse en sus años universitarios es quien ni se inquieta cuando un malón de periodistas se mete en el vestuario tras el triunfo frente a Cleveland Cavaliers en uno de los partidos más importantes de la temporada regular.

En un trámite dramático, los Spurs habían vencido a otro de los potenciales candidatos al título con él como factor determinante gracias a sus 20 puntos, 10 rebotes y 5 asistencias pero principalmente por su defensa sobre un frustrado LeBron James. Sin embargo, cuando los reporteros ingresaron al vestuario quince minutos después del final del partido, Kawhi estaba sentado en su cubículo con el torso desnudo y transpirado, en shorts y ojotas ensimismado en la planilla del partido. Así se mantuvo durante diez minutos hasta que decidió levantarse y transitar con andar cansino rumbo a las duchas. Acicalado, regresó cubriéndose sólo con una toalla, se vistió con su ropa deportiva de la marca Jordan que lo auspicia y se entregó tímidamente a los micrófonos. El grupo de periodistas, más concurrido de lo habitual, debió hacer un esfuerzo sideral para escuchar sus declaraciones que susurra como una plegaria. “Él no habla prácticamente, solo juega” remarca Popovich.

Tan determinante es Leonard que incluso ha logrado que los especialistas lo consideren como una alternativa real para ser el jugador más valioso de la temporada, un premio que tiene en Stephen Curry a su indiscutido favorito. “Es increíblemente consistente. Bueno, consistentemente increíble” certifica Manu. Los atípicos argumentos de su candidatura, su estrellato y su idolatría lo convierten en un jugador contracultural. “No necesita marcar veinte puntos por partido para ser el mejor de la cancha porque puede lograrlo con su capacidad defensiva”, reflexiona Orsborn.

Alguien podría pensar que sus modos inexpresivos por momentos le restan brillantez a algunas de sus espectaculares jugadas. El “asesino silencioso”, como lo apodan algunos medios, acaba de ser seleccionado en el equipo principal del Oeste para el All Star que se jugará el 14 de febrero en Toronto. Le ganó la votación al carismático ala pivote de Golden State Draymond Green. Todo un símbolo que demuestra que hasta un público muy acostumbrado al show como el norteamericano sabe descubrir el talento detrás de esa aparente frialdad.

Sin embargo, a Kawhi Leonard no le importan los galardones personales, como confesaría después de ser elogiado por el legendario Charles Barkley como el mejor jugador del mundo: “No me interesa serlo, solo quiero seguir ganando campeonatos con mi equipo”. San Antonio, la ciudad se entregó en cuerpo y alma a su nuevo héroe, confía en sus gigantes manos tamaño desafío.