Messi o la nada

Cuando el árbitro Julio Bascuñán pitó el comienzo del partido, la pantalla gigante del Monumental se había disfrazado de altar rezándole a su profeta ausente una pronta recuperación con una estampita que acuñaba una frase junto a un collage de imágenes: “Leo, estamos con vos. ¡Recuperate pronto!”. Tras noventa minutos de pasión y mientras los ecuatorianos gozaban su jornada histórica, la plegaria bajó desde las tribunas al ritmo del “que de la mano de Lionel Messi, todos la vuelta vamos a dar”.

Argentina desnudó su esencia en una noche para el olvido. Gerardo Martino diseñó un híbrido de calma y caos sin sentido, un equilibrista que trastabilló mientras caminaba por una cuerda a doscientos metros de altura sin la red de contención que supone la presencia del mejor jugador del mundo. Nunca antes una ausencia había determinado tanto la genética de un equipo, convertido en una caricatura de aquél que supo ser.

Fue una noche de fracaso absoluto para el Tata: no logró un funcionamiento independiente de la “Pulga”, no contagió por la belleza de su juego y encima perdió tres puntos en el partido más accesible de un calendario atroz para empezar a desandar un camino que promete ser tortuoso rumbo a Rusia 2018. Argentina demostró ser un conjunto ordinario, terrenal y mortal sin el 10. Es pronto aún para poner en jaque el ciclo Martino pero los síntomas no hacen más que construir un contexto en donde el futuro se avizora como un camino con un destino ya definido. La derrota frente a Ecuador certificó que la idea de Martino, si es que existe alguna, no subsiste sin Messi. Elegido para evolucionar el modelo perpetuado por Alejandro Sabella, el “Tata” incluso ha destruido las certezas de una selección que construyó el subcampeonato del mundo sobre su sensación de imbatibilidad.

En Martino convive una contradicción. Es que aquel director técnico que con Paraguay puso en jaque a la España campeona del mundo en Sudáfrica y que alcanzó la final continental aferrándose a su solidez defensiva mutó en un talibán sesgado de una propuesta que no le ha dado resultados ni en Barcelona ni en la Selección Argentina. El problema no es que haya cambiado su libreto táctico sino que parece no estar convencido de la idea que impone sobre el campo de juego. Como muestra un botón:en la final de la Copa América traicionó su renovado estilo y cayó sin atenuantes frente a Chile.

El “Tata”, que intenta implementar la fisonomía del Barcelona de Guardiola a la Selección para afianzar un ecosistema amigable para Messi, no abona a la teoría de los segundos o por lo menos no ha logrado ponerla en práctica. ¿De qué se trata? Con la intención de un fútbol espectacularmente ofensivo, se torna en fundamental el dominio absoluto del juego en el campo contrario, con la pelota en los pies, para ganar segundos y así permitirle a los laterales que horaden líneas enemigas. Argentina no lo logra por los jugadores que alista Martino, quien para colmo decidió quitar al único jugador que le imprime pausa al vértigo atolondrado que tiene a Di María como abanderado.

Fue una noche tétrica para la Argentina e histórica para un Ecuador que, empujado por la baja de Messi, jugó con audacia y valentía hasta justificar con creces su triunfo en Núñez. Los laterales bailaron al son de los extremos ecuatorianos y el subcampeón del mundo redondeó una presentación indigna de su jerarquía siendo superado en todos los sectores del campo de juego por un rival que, amén de Bolivia, es de los más flojos del torneo.

Tras la derrota en la final de la Copa América, el resultado del sorteo de las Eliminatorias se había convertido en una amenaza para el ciclo Martino que, tras un debut presuntamente sencillo, debía viajar a Paraguay, recibir a Brasil en el clásico y visitar a Colombia. Claro que nadie tenía en cuenta una derrota en el Monumental. Martino camina sobre el abismo, sin puntos y sin Messi.