El escaparate

Qué Oscar De La Hoya haya aterrizado en Junín para visitar a Lucas Matthysse (37-3, 34 KOs) en la previa de su pelea por el cinturón superligero vacante del Consejo Mundial de Boxeo es todo un síntoma: The Machine, como lo apodan en Estados Unidos, es la máxima estrella de una escudería reducida a una brizna tras el desfalco materializado por el clan Haymon-Schaefer y uno de los grandes candidatos a adueñarse de la acéfala escena a nivel internacional tras el retiro de Floyd Mayweather.

Tras la jubilación de Sergio Martínez y la licencia sin fecha de retorno de Marcos Maidana, Matthysse tendrá una noche decisiva para su carrera mientras imagina un 2016 donde en su calendario se dibuja la posibilidad de enfrentar a Manny Pacquiao en una pelea de dimensiones históricas equiparables a los combates entre el Chino y Mayweather. Pero para alcanzar el objetivo de protagonizar una noche antológica, primero deberá sortear al invicto ucraniano Viktor Postol (27-0, 11 KOs) en el StubHub Center de Carson, California.

En la conflagración de abril frente a Ruslan Provodnikov, el argentino consiguió un objetivo tan o más complejo que consagrarse campeón mundial en una era donde se reparten cinturones a diestra y siniestra: Lucas enamoró a perpetuidad a un público sumamente exigente como el estadounidense, siempre ávido de gladiadores dispuestos a fajarse hasta morir sobre el ring. Matthysse ganó una guerra porque desplegó su fiereza y resiliencia en una de esas batallas épicas que se recordarán por siempre.

Así quedó Ruslan Provodnikov tras la paliza que recibió por parte de Lucas Matthysse.
Así quedó Ruslan Provodnikov tras la paliza que recibió por parte de Lucas Matthysse.

Triunfante y consagrado como uno de los boxeadores más excitantes sobre la palestra, Matthysse soñaba con Floyd Mayweather (imposible por el affaire De La Hoya-Haymon/Mayweather) o la revancha con Danny García. Sin embargo, Swift decidió subir a las 147 libras y dejó vacante el título que este sábado se disputarán el argentino y el ucraniano en un combate ordenado por el Consejo Mundial de Boxeo.

Después de más de 300 peleas como amateur, Postol construyó su foja de servicio profesional en la comodidad de su país frente a rivales de segundo o tercer orden: ante Matthysse recién será su cuarta excursión en una plaza estadounidense. Hace un año su nombre surgió del ostracismo con su espectacular definición frente a Selcuk Aydin y tras un triunfo en decisión unánime a ocho rounds frente al ignoto Jake Giuriceo le concedieron la posibilidad de pelear por el título.

Postol es el clásico estilista, dueño de una técnica depurada y una gran capacidad de manejar la distancia para mantener alejado a su presa. Con el objetivo de frustrar a Matthysse, sus diez centímetros de ventaja y su pernicioso jab son sus principales argumentos para soñar con un triunfo que casi nadie se anima a pronosticar. El ucraniano es un boxeador único: si bien es ortodoxo, en su puño izquierdo radica su principal arma de fuego. Freddie Roach, quien lo sumó a su equipo en la antesala del duelo frente a Aydin, asegura que la atípica guardia de su zurdo pupilo fue modificada en los campos de entrenamiento ucranianos.

El factor Roach es otro de los puntos que alimentan la ilusión de Postol. El entrenador de Manny Pacquiao y Miguel Cotto, siete veces galardonado como el mejor del año, confesó en las últimas horas que el ucraniano es su nuevo favorito. Freddie trabajó arduamente con Iceman y en el nocaut frente a Selcuk Aydin demostró su evolución instantánea sacándolo de combate con un uppercut derecho.

Matthysse tendrá frente a sí un rival diez centímetros más alto. Si bien podría ser un problema, el argentino está acostumbrado a matizar esa diferencia: Molina Jr. le llevaba diez centímetros, mientras que Peterson, Ortiz (6cm) y García (5cm) también lo aventajaban. La Maquina deberá ponerse en funcionamiento desde los primeros asaltos y recortar el ring con intensidad para evitar que Postol alimente su confianza escapándose de los estiletazos de Lucas gracias a su juego de piernas.

¿Por qué es favorito Matthysse? La mandíbula de Postol es una incógnita porque jamás fue sometido a la brutalidad de un pegador de la talla del argentino, tal vez el más artero en cuanto a golpes al cuerpo se refiere. Para colmo, la Maquina ya no es aquel pugilista sin pluralidad de recursos incapaz de resolver situaciones desfavorables como sucediera ante Zab Judah y el propio Danny García. La bestia aprendió a boxear.