Evolución

Los Pumas se habrán identificado con los georgianos en la tarde de Gloucester porque, acostumbrados a ser los actores de reparto en una película de desenlace perpetuamente inevitable, las potencias despedazaban sus méritos cuidadosamente edificados. Nunca nada era suficiente, ni siquiera en tardes inmaculadas que se frustraban frente a la jerarquía colectiva e incluso individual del rival de turno.

Tal vez haya sido un mero espejismo pero las catorce mil almas que colmaron el coqueto Kingsholm habrán abandonado el estadio con la sensación de que una potencia había masacrado a un buen equipo que había jugado un buen primer tiempo, esa misma angustia que definió la aventura de Los Pumas en el Rugby Championship durante los últimos cuatro años.

La fórmula era ilógica porque la combinación de cuarenta minutos de magro rendimiento argentino mezclados con una buena producción georgiana daban como resultante el triunfo parcial del elenco de Daniel Hourcade. En el segundo tiempo, Los Pumas avasallaron físicamente a un equipo que sintió el desgaste inicial y construyeron un triunfo memorable e impensado desde aquella tarde en la que el sorteo había marcado en el calendario el 25 de septiembre como un día decisivo para las aspiraciones de cuartos de final de un equipo plagado de dudas y anémico de certezas que resolvió su primera final con una contundencia inopinada.

Los dos primeros encuentros de Los Pumas en la Copa del Mundo certificaron la notable evolución de un plantel que ya no cuenta con el guiño de la complacencia del factor sorpresa porque fue acumulando obligaciones desde que irrumpiera en el plano internacional con aquel tercer puesto en Francia 2007. Su fogueo en el Rugby Championship resultó vital: arrinconaron a unos All Blacks atemorizados por la valentía argentina durante la intensidad de sesenta minutos, se fueron en ventaja frente a Georgia después de un primer tiempo para el olvido gracias a su jerarquía y resolvieron un duelo de pronóstico reservado en un segundo tiempo brillante, pulverizando físicamente a un rival cuya máxima virtud es su ferocidad.

Salvo una catástrofe, Los Pumas afrontarán los cuartos de final donde lucharán frente a Francia o Irlanda por el boleto a semifinales, aunque antes deberán medir su crecimiento frente a Tonga y Namibia. Con su genética combativa, su crecimiento muscular y un rugby cada vez más creativo y depurado, Los Pumas se ilusionan en territorio británico mientras empiezan a identificar su suelo. El techo, se imagina, ni siquiera llegará durante su campaña en Inglaterra porque el próximo Mundial de Japón parece ser la oportunidad para dar un nuevo cimbronazo a nivel internacional y soñar, por qué no, con el título: con un plantel plagado de jóvenes que tendrán ocho años de Rugby Championship y tres de Super Rugby gracias a la franquicia que comenzará a participar el año próximo, el futuro resulta sumamente esperanzador.