El barrio siempre espera

Nunca lo van a entender, pibe, porque caminamos a contramano del mundo. No tiene sentido que desperdicies tu tiempo en explicarles que nosotros, a diferencia del resto, elegimos con el corazón. Vivimos en un universo desapasionado y mercantilizado donde lo lógico es irse a jugar a una liga de tercer o cuarto orden, a un club ignoto pero millonario, un escaparate sin presiones ni compromisos ideal para engrosar más aún cuentas bancarias que desbordan euros a diestra y siniestra. Y se escudan en que son profesionales, que no tienen una deuda que saldar, que su reciprocidad para con el club que los rescató de la miseria ya fue suficiente, que tienen que asegurar el destino de su familia, que la plata que ganaron durante su campaña europea no les alcanza.

Ya no hay romanticismo en el fútbol pero vos y yo somos diferentes. La nuestra no es una historia de reproches porque no se trata de que vuelvas para cubrir un déficit del pasado. Esta es una novela de amor que queremos revivir desde ese día en que te fuiste con apenas 20 años. Meses antes habías dicho que Boca era tu felicidad pero sabíamos que, aunque ni vos ni yo queríamos, tu partida era obligatoria y la entendimos porque pocos jugadores como vos han emergido de las entrañas de esta bendita tierra.

Once años pasaron. Gritamos tus goles en Corinthians, fuimos testigos de tus hazañas con el West Ham, festejamos tu consagración en el Manchester United, te defendimos frente al escarnio público que sufriste en el Manchester City y nos hicimos hinchas de la Juventus, aún cuando siempre fuimos un pueblo muy napolitano por la herencia de Diego. Incluso muchos eligieron darle la espalda a la selección cuando te dejaron afuera del Mundial de Brasil. Cada vez que jugabas repetíamos una rutina: fuera la hora que fuera, nos sentábamos a verte solamente para saborear las reminiscencias de la épica que sembraste con nuestra camiseta. Era disfrutarte a la distancia mientras calmábamos nuestra ansiedad esperando que cumplieras con tu palabra, recordar nuestros días de gloria juntos mientras observábamos con una mezcla de envidia y orgullo como construías nuevas idolatrías en cada equipo que te enarbolaba como su estandarte.

Hoy son días tristes, con el hincha deprimido y un equipo acéfalo de ídolos. Es el momento de que vuelvas porque sos el héroe que necesitamos, el hombre que puede rescatarnos de una aflicción insoportable, quien puede devolvernos la alegría. No se trata de deudas pero vos y yo sabemos que no hay pecado más imperdonable que no retribuirle a un pueblo su amor. Un ídolo no puede decepcionar a su pueblo, aunque el resto no lo entienda. Es la hora de volver, te digo mientras te guiño el ojo y me esbozas una sonrisa cómplice porque vos y yo sabemos que el barrio espera, el barrio siempre espera.