La copa de Omar

Cassius Clay ni siquiera se había convertido al islamismo cuando inmortalizó la analogía más idónea para definir su inigualable y depurado estilo. Fue como underdog en la previa de su pelea por el campeonato de los pesados frente a Sonny Liston, el primer gran capítulo en la leyenda de Muhammad Alí. “Flota como una mariposa, pica como una abeja” trazó como estrategia para remecer al universo con un triunfo utópico antes de revolucionarlo con su negativa al ejército estadounidense para participar en la guerra de Vietnam.

Ver en acción al Maradona emiratí recuerda al mejor Alí: flota con su inconfundible look afro mientras prepara su prodigioso aguijón zurdo para picar a defensas que parecen inexpugnables. Emiratos Árabes Unidos se jugará su destino en la Copa Asiática en las semifinales frente a Australia. Campeón o no, el torneo ya tiene un nombre propio: Omar Abdulrahman.

Seis horas de fútbol en continuado parecen un suspiro cuando el protagonista es uno de los jugadores más atrapantes del mundo. En los compilados quedarán su Panenka frente a Japón o su inolvidable jugada a pura gambeta frente a Irán pero es que resulta insuficiente destacar un puñado de highlights para explicar lo que generan el talento, la clase y la elegancia de Omar.

Cada intervención suya es única, mágica e irrepetible. Omar es indescifrable porque ni siquiera en sueños se puede imaginar qué es lo que hará en su próxima aparición. Lo mismo puede asociarse y tocar en corto como lanzar una daga en profundidad con una simpleza inusitada como trasladar y gambetear con una inspiración, creatividad e improvisación unicas. Omar no se repite nunca y se reinventa en cada jugada para el asombro incluso de sus propios compañeros. Verlo es la octava maravilla del mundo para aquellos que añoran un fútbol no tan mecánico ni infalible.

Pero Omar no es un desfachatado que aparece de tanto en tanto para los resúmenes de televisión. Su desparpajo de altísimo vuelo tiene características insólitas: es preciso, efectivo y regular. Los relatores del partido frente a Irán lo compararon con Maradona primero y con David Silva después por su impresionante panorama y visión para dibujar pases imposibles. Todo suena exagerado pero cuando empieza su show, como el que brindó frente a un equipo que sufrió más a Omar en la Copa Asiática que a Lionel Messi en el Mundial de Brasil, el mundo tiene sentido y nadie puede separarse de la pantalla porque cuando recibe desata un universo de sensaciones inéditas.

Cualquier diez talentoso tiende a resignar esfuerzo a sabiendas de su calidad. Sin embargo, Omar es puro carácter. Si recibe al pie, se carga el equipo al hombro y lo lidera desde su zurda pero da igual si debe embarrarse para luchar en la recuperación o si, convertido en trequartista, necesita bajar hasta convertirse en un central más para encontrarse con la pelota. Omar tiene devoción por la pelota, la busca durante los noventa minutos y la quiere siempre con él como si fuera una extensión funcional de su cuerpo.

Europa ya enlistó su nombre para el próximo mercado de pases. Omar es una gema todavía por pulir. Después de brillar en los Juegos Olímpicos de Londres, Manchester City lo invitó a una prueba de dos semanas mientras intentaba sin éxito hacerse con su pase. Después de esta Copa Asiática, su copa, Omar tendrá un harén esperándolo.