Narváez frente al peligro

Existe una apatía recíproca entre Omar Narváez (42-1, 23 KO) y los flashes de los grandes escenarios. Salvo en esporádicas excursiones al exterior, el Huracán decidió arraigarse a su país y construir una hegemonía inexpugnable frente a rivales de cuestionable pedigrí. Su estético y exquisito repertorio nunca sedujo al mercado internacional, salvo por aquella oportunidad en la que decepcionó frente al filipino Nonito Donaire. Los grandes promotores jamás posaron sus ojos en él porque el boxeo, más allá del incuestionable talento del argentino, es un espectáculo que corta tickets y vende PPV. Narváez nunca fue ni es ni será rentable para el actual modelo económico.

En ese contexto, el chubutense es apenas un ídolo local sin trascendencia internacional. Él se conformó con eso, bajo la sombra del promotor Osvaldo Rivero. Podría haber edificado una carrera mucho más atractiva y un legado aún más atrapante pero su carrera acusó sus decisiones. En ese sendero de rivales desconocidos de segunda o tercera línea apareció Felipe Orucuta (29-2, 24KO) con el legendario Nacho Beristáin en su rincón, el desafío más engorroso del argentino en toda su carrera.

Hace poco más de un año, Orucuta se presentó sobre el ring del mítico Luna Park como un anónimo más de una nómina con tintes corrosivos para contextualizar la carrera de Narváez, un salvavidas para una velada que había sufrido la inesperada baja del también mexicano Daniel Rosas. Sin embargo, el Gallito conmovió a una plaza acostumbrada a gozar al ritmo cansino del Huracán y sucumbió en fallo dividido (118-110, 113-115 y 113-115).

La polémica alrededor del desenlace y el impactante nivel del mexicano desembocaron en una revancha obligatoria, el máximo desafío en la carrera de Narváez porque Orucuta, con Beristáin al mando, habrá ajustado los pequeños detalles que inclinaron la balanza en favor del argentino. Once años menor, con diez centímetros más de alcance, un físico portentoso para la categoría y un jab que mantuvo al Huracán a distancia, la ventaja parece ser del retador. Narváez, que se jactó en la previa de la primera pelea de sus “victorias verdaderas”, deberá constatar que el Huracán sigue soplando y tendrá que despejar las dudas alrededor de su primer combate (NdeR: la tarjeta del autor fue 116-112 para Narváez) asfixiando a Orucuta en la corta distancia y escapándose de su largo alcance.

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