Una misma cadencia se repite en el MGM Grand porque Marcos Maidana persigue a un fantasma, un espectro que se le escurre de puños que impactan una y otra vez contra la nada. Ya no se escucha el aliento ensordecedor de los argentinos que coparon una plaza mítica con la ilusión del batacazo. Unos se agarran la cabeza, incrédulos y resignados ante el mejor. “Qué hijo de puta, es imposible agarrarlo” le comenta un rubio en bermudas a otro compatriota que viste la camiseta de San Lorenzo. La escena es una alegoría de la pelea. Maidana empuja, palanquea, le descuentan un punto y corretea a lo largo y a lo ancho del ring con un desenlace estéril. Mayweather había cumplido su misión: Maidana está frustrado.

Floyd es una gota malaya, una tortura que horada el espíritu aún más inquebrantable con su irritante entramado defensivo. Shoulder roll, clinch, manejo de las distancias con la agilidad indescifrable de sus piernas, oficio para manipular los tiempos y experiencia para ajustar detalles sobre la marcha o trazar una nueva hoja de ruta durante una pelea. En vivo, su insondable variedad de recursos y principalmente los detalles de su estilo depurado aumentan su espectacularidad.

Robert García y Raúl Robles idearon un plan de resistencia a doce rounds. Durabilidad en detrimento de voracidad. En #TheMoment fueron seis rounds iniciales de pura intensidad donde Maidana enarboló una presión asfixiante y un castigo incesante sobre Mayweather antes de fundirse. En #Mayhem intentó lanzar con mayor criterio pero resignó esa iniciativa salvaje pero eficiente. Cuestionable, si más allá de pequeños detalles Maidana jamás cambiará su ADN: es un guerrillero que combate con el corazón en la mano.

La producción del Chino fue inferior a su primera presentación ante el número uno libra por libra pero en la revancha encontró un condimento más: en la agonía del tercer round logró conmover a Mayweather con un recto de derecha pero la campana rescató a un Floyd que durante la primera mitad del cuarto asalto se dedicó a sobrevivir. Consumada su exitosa faena, empezó el proceso de frustración que terminó con un Maidana bailando al ritmo de Money.

No habrá tercer capítulo de una guerra que, al menos por un rato, rescató del arcón de los recuerdos esas sensaciones de los históricos clásicos. Será tiempo de descansar para Maidana, después de un año de máxima concentración alejado de su familia. Podría reaparecer en mayo protagonizando una hipotética revancha frente a Amir Khan o Adrien Broner. Más allá del rival de turno, el Chino deberá encontrar motivación para seguir adelante después de alcanzar por duplicado el desafío más atractivo de la escena actual.

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