Pocos hombres tienen más de una oportunidad para conmover el orden preestablecido y reescribir la historia. Marcos Maidana (35-4, 31 KO) es un privilegiado que edificó con el poder de sus puños y su corazón una segunda chance frente al hombre que en 18 años de carrera solo había ofrecido una revancha. Después de una espera que se hizo eterna desde aquel inolvidable 3 de mayo, el Chino volverá a subirse al ring del MGM Grand para ir en busca de una hazaña que, si bien sigue siendo prácticamente utópica, tiene matices que la hacen más próxima a la realidad.

Las Vegas respira #Mayhem. La expectativa por la pelea del año creció exponencialmente conforme se acercaba el sábado, siendo la prueba más cabal el multitudinario pesaje de este viernes. Se vive en las calles, latinos con remeras de Maidana y los locales equipados con toda la indumentaria de “The Money Team” y las viseras de “The Best Ever”. En la ciudad de las distracciones, nadie logra ser ajeno.

Un manto de confianza sobrevuela sobre el equipo del santafesino. Constatado empíricamente el éxito del plan trazado durante los primeros rounds de #TheMoment, resultaba fundamental ajustar la preparación física para sostener un ritmo incesante durante los doce rounds, para achicar y disparar todo su armamento sin agobiarse.

Sin distracciones, el Chino cumplió con las ocho semanas del campamento en Oxnard bajo las órdenes de Robert García y del preparador físico Raúl Robles (entrenó a Antonio Margarito y Erik Morales, entre otros), lo que supone una garantía para afrontar el nuevo desafío. Ya sin Alex Ariza, devenido en paria y traidor (ayudó a Mayweather con algunos estiramientos, otro de los juegos mentales de Floyd) tras su alejamiento teñido de secretismo, la incógnita será constatar si la simbiosis Maidana-Robles resultó positiva.

Floyd Mayweather (46-0, 26 KO) triunfó en el primer capítulo de esta saga pero también irá en busca de revancha. Desdibujado por Maidana, por primera vez su hegemonía fue cuestionada públicamente, recrudeciendo a aquellas silenciadas voces que se animaban a disparar desde el ostracismo que “Money” elegía a rivales coyunturalmente débiles. Mayweather, como todos los grandes, ya no pelea por los títulos sino por su legado. Al margen del resultado inicial, da la sensación que se invirtieron los papeles y que el mejor libra por libra necesita esta pelea para probar un punto: que es indiscutiblemente el número uno.

No habrá contratiempos con los guantes, como en mayo cuando Maidana resignó sobre la campana la utilización de los guantes Everlast MX rellenos con espuma y pelo de caballo. Esta vez, directamente subirá al ring con los Powerlock de 8 onzas. Alistado para la guerra, da la sensación de que el único capaz de derribar al mito es el argentino. El Chino ya no es actor de reparto ni arriba ni abajo del ring. Doce rounds lo separan de una eternidad incuestionable.

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