Soportar la tempestad

Boca perdió una final. Ni tangible ni material, sino puramente espiritual. Porque sí, porque quedó eliminado de la Copa Argentina y cercenó sus opciones de clasificación a la Copa Libertadores, porque cayó en su primer partido oficial del semestre, porque volvió a mostrar falencias defensivas. Era una final, una prueba de carácter para un equipo que deberá aprender a vivir sin Riquelme. Una tempestad azotará La Ribera tras la derrota, enarbolando la partida de Román para pegarle a un equipo en construcción. El traspié duele, más por esa sensación de caos que castigará al incipiente equipo de Carlos Bianchi durante las próximas horas.

Boca atraviesa una crisis made in Bertolt Brecht. “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Boca todavía es un híbrido entre lo que fue y lo que será, entre el pasado y el futuro, entre el ídolo que pegó el portazo y los refuerzos que llegaron para matizar su ausencia. Este Boca, el Boca post Riquelme, todavía no nació, está en ciernes, en plena gestación. Este Boca es un Boca en construcción, un Boca que todavía debe reconocerse a sí mismo, que tiene que recordar como caminar solo alimentándose de los auspiciosos chispazos de Castellani y Carrizo que deben convertirse en un patrón consistente. Boca tiene apenas una crisis de identidad que sepultará con el correr de los partidos. La derrota frente a Huracán será asfixiante porque disparará la estúpida presión de la odiosa comparación de una realidad paralela con Román en el equipo, una realidad utópica porque Riquelme eligió a Argentinos Juniors.

Es el momento de apoyar, de materializar la boquilla del tablón, donde todos somos guapos, donde todos somos hinchas incondicionales. Se perdió un partido pero hay señales de un futuro ilusionante. El primer tiempo fue, con los matices de un equipo que está dando sus primeros pasos, positivo. De la racanería para ocultar las falencias defensivas a la audacia de un mediocampo compuesto por jugadores de buen pie. Claro que redescubrirse tiene sus implicancias, inherentes a un nuevo dispositivo mucho más intrépido. Es parte de nacer y crecer, pergeñar mecanismos para que el mundo no nos vulnere con tanta facilidad.

El partido era de Boca, hasta que otra vez le tocó padecer los errores de un Cata Díaz devenido en insólito capitán, partícipe necesario de los dos goles del Globo. Su fatal actuación habrá rubricado la intención definitiva de insistir por Mariano Echeverría para ocupar un puesto acéfalo. Sus rendimientos han sido deplorables desde su regreso y solo la espalda del Virrey puede sostener su titularidad.

Vendrá una tempestad. Habrá que soportarla. Los que estamos, los que somos. Será fundamental el temple, la sapiencia y la experiencia de Bianchi porque, mientras otros técnicos huyeron como ratas ante la primera adversidad, el mejor técnico de la Argentina se quedará a pelearla hasta el final. ¿Cómo no confiar en quien nos acompañó de la mano a tantas hazañas?