Tim Krul nunca fue un experto en penales. Antes del sábado, solo había atajado dos de los veinte lanzamientos que afrontó desde su desembarco en la Premier League. David Dunn había sido su última víctima hace dos años en un Newcastle-Blackburn. Es imperceptible la delgada línea que separa la genialidad de la locura pero Louis van Gaal, el gran artífice de esta Holanda semifinalista, se atrevió a coquetear con ella una vez más cuando escribió una página que se recordará durante toda la eternidad. Fue una genialidad.

Último minuto de la prórroga. Mientras Jasper Cillessen despejaba un agónico pie a mano frente a Marco Ureña, Krul calentaba al borde del campo de juego. La imagen fue inolvidable, inverosímil e inopinada. El cuarto árbitro levanta el cartel, no para añadir tiempo de descuento sino para marcar un cambio. Entra el 23, sale el 1. Estupor y asombro general, carcajadas de Jorge Luis Pinto, diferentes reacciones frente a un hecho histórico.

Costa Rica había obrado el milagro. 120 minutos de conmovedora resistencia, de dramatismo absoluto con un Keylor Navas convertido en Dios, con Giancarlo González entregando el alma y arriesgando el físico en cada cruce, con un pueblo que rezaba ante cada arremetida previsible pero indescifrable de Arjen Robben. Se acercaban los penales, con el cazador frustrado al borde de quedarse sin munciones y la presa ilusionada con escaparle a la muerte, a una eliminación que parecía predestinada desde el sorteo que lo sentenció al grupo más cruel de la Copa del Mundo.

Y si aguantamos el aluvión por qué no vamos a poder ganarlo ahora, si sobrevivimos al calvario y llegamos a los penales, cuando las insondables diferencias de talento y poderío futbolístico se reducen a su mínima expresión, cuando los márgenes de calidad y talento son desplazados como nunca por el aspecto lúdico. ¿Cómo no ilusionarse con seguir escribiendo nuestra historia y clasificar a semifinales?

Van Gaal trocó las piezas y metió a Holanda en semifinales a base de libreta, porque Robben podrá ser el jugador más desequilibrante del Mundial pero fueron las decisiones del entrenador las que metieron a la Oranje entre los cuatro mejores. Cuestionado, insultado intelectualmente cuando sus críticos lo castigaban argumentando que ya pensaba en su futuro Manchester United, que iba a Brasil solo a cumplir con su contrato, que iba a pasear bajo el calor brasileño. Pragmatico y utilitario, modificó su elástico sistema de acuerdo al rival y las circunstancias. Se sobrepuso a las lesiones de Strootman, de De Jong, demolió a España con cinco en el fondo, volvió a los carrileros para horadar a Chile, reacomodó las piezas frente a México para dar vuelta el resultado en apenas un suspiro y frente a Costa Rica obró su último truco.

Con el entrenador de arqueros Frans Hoek como aliado, van Gaal apostó por Krul para los penales. El engaño como parte del fútbol, la mentira en connivencia con el triunfo. Cuando el árbitro levantó el cartel, Krul se convirtió en una bestia negra, en el símbolo de la derrota para Costa Rica, en un gigante inexpugnable. Al diablo con la planificación previa de una hipotética definición por penales con Cillessen en el arco, si lo pusieron ahora es porque debe ser un killer, un eximio atajador de penales. En esos ínfimos seguros, por más que en el cuerpo técnico de Pinto tuvieran el auspicioso dato de la nula efectividad de Krul en los disparos desde los doce pasos, el daño psicológico ya estaba hecho, la batalla ya estaba ganada, la ilusión construida a base de milagros ya se había esfumado, la ventaja era otra vez Oranje.

Costa Rica, entregado en cuerpo y alma a Keylor, tenía el triunfo en el bolsillo pero Van Gaal conmovió todas sus certezas desde su más íntima raigambre. Krul atajó dos penales y metió a Holanda en semifinales. El resto es historia.

Un comentario en “La mentira de van Gaal

  1. Como siempre buena nota. Aunque no estoy de acuerdo. No todos los arqueros “adivinan” la punta en los 5 penales, y pongo adivinan entre comillas porque para mi esperaba que patearan y después se tiraba, cosa que es de reflejos descomunuales, sumado al miedo de los ticos era la combinación perfecta para errar un tiro mal pateado por los nervios mas que el arquero -larguisimo- vaya a esa punta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s