El fútbol, los goles, los resultados, los títulos, el marketing, el fair play, el ejemplo de una sociedad que insiste en identificar en hombres mundanos a paradigmas de valores y buenas costumbres. En el medio de esa insoportable vorágine suele perderse de vista que los jugadores, idealizados como maquinas infalibles, son personas. Con cientos de virtudes, pero igual cantidad de falencias.

La mordida de Suárez a Chiellini en un triunfazo pírrico, la indignación por una acción deleznable, el escarnio internacional, la caza de brujas del mundo entero hasta la posterior sanción de nueve partidos internacionales y cuatro meses inhabilitado que despertó la indignación charrúa. Uruguay perdía a su Alcides Ghiggia moderno, el héroe convertido en villano, uno de los mejores delanteros del Mundo afuera de la Copa del Mundo.

Detras de toda esa parafernalia, un hombre convertido en paria, obligado a desalojar inmediatamente el bunker de su selección porque la FIFA cada tanto decide mandar mensajes contundentes de su poder, mientras amnistía a un Franz Beckenbauer que se negó a participar de la investigación sobre el supuesto fraude de Qatar 2022, un fraude que ellos mismos incentivan gracias a sus siderales acuerdos con las constructoras que Mundial a Mundial refaccionan estadios destrozados o levantan colosales escenarios en apenas un puñado de años. Suárez expulsado de la Copa del Mundo, condenado al averno, pero habilitado a ser transferido porque nadie se va a meter con el negocio, porque los millones giran y algo nos va a tocar, porque the show must go on.

Suárez da pena. Fue sancionado por diez partidos en la última Premier League, que hubiera sido histórica si el Liverpool la conquistaba con él como goleador. Ahora desperdició la chance de subirse al Olimpo de los mitos no solo uruguayos, sino globales. La mordida de Suárez fue estéril, sucia y fea pero nadie puede imaginar que fue ideada. Nadie en su sano juicio arriesgaría la gloria por semejante estupidez. Suárez pide a gritos ayuda, pero nadie lo escucha porque todos están demasiado ocupados persiguiéndolo o justificándolo. Mientras tanto, seguirá alienándose en raptos de locura y mordidas inentendibles. A nadie le importa Suárez, solo interesan sus goles.

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