Disclaimer: las opiniones vertidas en el siguiente artículo son absolutamente subjetivas e infundadas. El autor no tiene información ni primicias exclusivas.

Nunca entenderé la malicia de los medios  de comunicación, esa voracidad insaciable de caos cuando todo es paz. Las agujas de los infalibles relojes suizos  fallan al dar la hora y en Ibiza el pueblo muere de stress. Los consumo para comprenderlos pero me rindo, jamás podré identificar el orígen de esa necesidad constante de tergiversar todo. Que la polémica vende, que la gente quiere sangre, que se defienden intereses de un dueño al que nadie le conoce la cara, que se atacan íconos de determinadas ideologías o simplemente por regodearse en su propio morbo. Pueden ser razones, pero no me pidan que las entienda.

Lionel Messi cumplió con la conferencia de prensa obligatoria de cada día. Fue el primero en sentarse ante los micrófonos después del deslucido triunfo frente a Bosnia y entre sonrisas y bromas a Marcos Rojo por la rabona que ejecutó adentro del área, Messi dijo que se sentía más cómodo con el planteo del segundo tiempo, con los cuatro fantásticos en cancha, con Gago como nexo, que ellos disfrutan del 4-3-3 y no del 5-3-2.

La Pulga le sirivó a los medios que antaño cuestionaban su dudoso liderazgo la oportunidad de castigar a la Selección. Mediocres que ni siquiera hicieron un curso de seis meses de portugués para ir a cubrir el Mundial, mercenarios de ocasión que se quejan de sus vacaciones pagas mientras hacen papelones en Brasil. Con los ojos inyectados de sangre y los colmillos limados, identificaron en el supuesto cabildo abierto de Messi frente a los micrófonos un cuello para hincar.

Los jugadores desacreditan a Sabella, se trasluce que no lo respetan, que se burlan a sus espaldas, que se codean en tono cómplice frente a las decisiones del técnico. Sabella debería renunciar, tendría que irse porque Messi dirige la batuta, porque se hace lo que quiere la Pulga, porque no es más que una marioneta con el sello del vilipendiado bilardismo. Argentina va rumbo al fracaso, los jugadores le están haciendo una cama a Sabella. Palabras más, palabras menos, el caos que impusieron los medios que antes habían castigado el ciclo más exitoso del siglo XXI por la ausencia de Tevez, por el posible doping, por la desafección de Banega y finalmente por el cambio táctico en la previa del debut.

Es cierto, el rendimiento argentino en el primer tiempo frente a Bosnia fue paupérrimo. Un equipo sometido, sin alma, sin reacción, sin fútbol. Sabella movió las piezas y Argentina creció, tuvo minúsculos raptos de brillantez y a un Messi desencadenado.

En caliente, Sabella asumió su error inicial. Di María fue contundente y declaró que prefería jugar como en el segundo tiempo. Agüero e Higuaín también lo expresaron entre líneas. Messi fue más específico: “En el primer tiempo cedimos la pelota pero Alejandro también se dio cuenta y lo cambió”.

La primera lectura, impresa sobre el gélido papel de diario, despertó una sensación equívoca: Messi había destruido en la conferencia de prensa a Sabella.

Primero, refuta la lógica: ¿Por qué Messi criticaría al primer técnico con el que se sintió cómodo en la Selección? ¿Por qué lo haría con el hombre que le dio paz después de tanto sufrimiento? Sabella, gustos al margen, desembarcó en un equipo eliminado de su propia Copa América y con un Messi silbado.

Después, las sensaciones particulares, porque si periodistas que conviven en territorio brasileño con la selección se permiten afirmar una sarta interminable de barrabasadas, yo me permitiré especular con mis propias sandeces.

La relajada sinceridad de Messi, insólita para un medio acostumbrado al ocultismo, pareció un guiño a Sabella, incluso cuando justificó su elección previa al debut: “Alejandro habrá tenido los mismos miedos que tenemos los jugadores”.

No sé como entenderán el concepto de amistad o familia los que creen que el grupo está destruido. En un medio sin códigos, las camas se hacen por lo bajo, declarando que al técnico se lo respeta y siempre en sintonía con la idea principal mientras atizan un final que será inminente. La afinidad que también destacó en su conferencia de prensa parece verídica, un grupo con la confianza suficiente como para decirse las cosas en la cara en los momentos más complejos para reencausar el rumbo. En el vestuario del Maracaná, Sabella seguramente habrá escuchado y reconocido el error. Después de hablarlo cara a cara, las interpretaciones maléficas de los medios son solo eso, boludeces para vender más.

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