Fenómenos paranormales

Será otra irresoluble duda existencial, otra de esas preguntas que no tienen una respuesta racional, un misterioso fenómeno que probablemente nunca descubriremos. El impacto de Fernando Gago, ese mismo que con la camiseta de Boca no era más que un partícipe secundario, en la Selección Argentina es inexplicable pero tan trascendental que su mera presencia ordena el cosmos, transforma a Lionel en Messi y le da sentido a la estructura ofensiva del equipo de Alejandro Sabella.

Inmersos en la polémica por los cinco defensores y la ausencia de Gonzalo Higuaín, nadie se preocupó cuando su nombre desapareció del once titular. Gago era un elemento prescindible, un jugador con cuestionables méritos para ser convocado después de una temporada horripilante y una sucesión de lesiones que coartaron su ritmo futbolístico.

Argentina fue cuarenta y cinco minutos de nada, con una tétrica escena de fracasos anteriores que volvía a repetirse: sin talento para construir desde la base, sin capacidad para darle sentido a la posesión, sin un primer pase limpio ni un líder en la conducción, Messi retrocedía hasta el círculo central para encontrarse con la pelota, para intentar generar en un equipo acéfalo.

Sabella identificó el problema y lo solucionó pese al triunfo parcial. Entró Gago, el eslabón perdido, se corrió el telón y empezó la función. Fernando fue un agente del caos. Messi nunca más bajó, se desató y construyó una genialidad para definir el partido. Todos los campeones del mundo tuvieron pequeñas sociedades que fueron decisivas. Pintita y la Pulga parecen haber encontrado una.

Su ingreso fue determinante, aunque el director técnico deberá encontrar el equilibrio justo para que la formación no se resquebraje defensivamente, tal como sucedió en una segunda etapa en la que Argentina sufrió en demasía. Fernando Gago pasó de prescindible a insustituible en apenas cuarenta y cinco minutos.