El pueblo costarricense vive atrapado en uno de esos recuerdos que con el paso del tiempo se nublan y uno ya no puede discernir si fue real o si solamente se trató de un hermoso pero ficticio sueño. Mundial de Italia, su primera Copa del Mundo. El maldito sorteo auguraba un desenlace catastrófico. Brasil, Escocia y Suecia. La ilusión de un pueblo despedazada en un bombo y cuatro bolillas, aunque siempre existe algún amuleto al cual aferrarse aún en las situaciones más desoladoras. Luis Gabelo Conejo, el Conejo de la suerte, era la estampita a la cual rezarle.

Debut en Génova y triunfazo frente a Escocia. Caída por la mínima frente a Brasil y victoria histórica frente a Suecia en el cierre del grupo. De novato a octavos de final, al carajo los pesimistas y la debacle en ciernes. Costa Rica había hecho historia y enfrentaba a la poderosa Checoslovaquia en octavos de final. Otro rival de fuste pero la confianza en su punto más álgido, otra vez encomendados a un Dios pagano que debió perderse el cruce por la lesión sufrida frente a los suecos. Costa Rica fue vapuleada, volvió a casa cabizbaja después de perder por 4-1 y nunca más regresó a los octavos de final de una Copa del Mundo.

Veinticuatro años más tarde, otra vez las mismas sensaciones. Uruguay, Inglaterra e Italia, tres campeones del mundo, tres selecciones que jugarán a ver quién les mete más goles mientras se baten a duelo por las dos plazas rumbo a octavos. La historia se repite, otra vez un grupo de la muerte, otra vez una eliminación trepidante, otra ilusión cuya supervivencia solamente depende del calendario, un pueblo que si pudiera retrasaría el reloj para quedarse por más tiempo en Brasil. Otra vez la maldita fortuna confabulada para mandarnos a casa antes de pisar territorio brasileño pero también otra estampita a la que aferrarse, otro arquero que puede obrar un nuevo milagro, otro Conejo de la suerte al cual encomendarse: Keylor Navas.

El Levante le debe su permanencia. Detrás de Courtois, el arquero más en forma de la última Liga Española. No es casualidad que ante el inminente regreso del belga al Chelsea, el Cholo Simeone haya elegido al costarricense como su sucesor. En el Bernabéu frente a Cristiano Ronaldo, en el Camp Nou frente a Lionel Messi. Navas brilló en todas y cada una de sus presentaciones. Las atajadas imposibles y los milagros in extremis son solo la faceta más espectacular de Navas, seguro en los envíos aéreos, sólido en el unipersonal, rápido de reflejos y aceptable con su juego de pies.

La utópica clasificación de Costa Rica reside en las manos de Keylor Navas. Enfrente tendrá a Luis Suárez, Wayne Rooney y Mario Balotelli. Navas, que con cuatro años apenas tendrá recuerdos borrosos del histórico Italia 1990, seguramente también elevó alguna plegaria al Conejo de la suerte, porque los héroes también rezan.

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