La fábula, harto conocida, relata la historia de un monarca que le rogó a los Dioses un poder divino: “Que todo lo que toque se convierta en oro”. Midas sació su codicia gracias a la concesión de Dionisio, pero la bendición se transformó paulatinamente en una maldición. No podía comer, no podía beber e incluso sus afectos se habían convertido en oro. La parábola es contundente: la inagotable avaricia y el eterno inconformismo son una combinación autodestructiva. Midas aprendió la lección y suplicó le devolvieran su mortalidad.

Floyd Mayweather es el Rey Midas contemporáneo. Todo lo que toca se convierte en oro. Autos, mujeres, Rolex, aviones y una interminable lista de excentricidades. Soberano del PPV, The Money Team, Mayweather Promotions, una empresa construida sobre su talento. Número uno del libra por libra durante los últimos quince años, invicto, intangible para rivales que jamás pudieron derribarlo.

Desde Margarita hasta Las Vegas, para el Chino no es una pelea más, no es otro cinturón. Es una cita con la historia, es la posibilidad de inmortalizar su noche como la más importante del pugilismo argentino, es la chance de consumar el cimbronazo más impactante del boxeo mundial. #TheMoment, doce rounds, el Underdog frente al mejor en duelo de estilos, el poder de fuego frente al manejo de distancias, la furia frente a la estética, Maidana frente a Mayweather.

Las probabilidades son mínimas, una utopía para quienes toman como parámetro la cantidad y calidad de los oponentes que han sido ridiculizados por Pretty Boy. Su última función fue una prueba cabal de superioridad, un capítulo más en el que bailó a Canelo Álvarez, la última gema  mexicana. No existen fórmulas empíricamente exitosas para derrotar a Mayweather, pese a momentos de zozobra que apenas ha sufrido frente a Miguel Cotto y Shane Mosley.  Floyd ha demostrado ser invencible, inalcanzable para cualquier estilo.

¿Dónde radica la esperanza de Maidana? En su exterminadora pegada, sazonada con variantes tácticas y técnicas que demostró en su última batalla frente a Adrien Broner, hermano putativo de Money. El santafecino se recuperó del papelón frente a Devon Alexander y de un retiro en ciernes. Sin embargo, la categórica derrota fue la excusa que reencausó su carrera. Bajo las órdenes de Robert García, el crecimiento del Chino fue irrefrenable. Frente a The Problem desplegó un cúmulo de virtudes inéditas: el jab como recurso, el cabeceo y movimiento de cintura para esquivar los golpes, la paciencia para pegar en el momento indicado y una condición física envidiable para no mermar en su ritmo durante doce rounds. Deberá repetir frente a Floyd, no desesperarse si el knockout no llega, asfixiarlo constantemente para acortarle el ring y a base de golpes demoler el espíritu de un boxeador que crece en la comodidad de sus aliados minutos.

Maidana edificó méritos para adueñarse de una batalla reservada para los elegidos, sin la necesidad de entregarse en cuerpo y alma a la parafernalia del marketing. El Chino conquistó al mercado estadounidense con su indómito corazón en triunfos brillantes en duelos sanguinarios, siempre como underdog. Incluso también en las derrotas, como cuando se recuperó de un gancho al hígado letal frente a Amir Khan. En Las Vegas tendrá el apoyo de algunos argentinos y principalmente de la Raza Latina, enamorada de los guerrilleros como él.

Mayweather, leyenda viviente, contará en sus memorias que cuarenta y cinco lo intentaron, cuarenta y cinco fracasaron. El Rey Midas, amado y admirado por sus cualidades, despreciado por su modus vivendi, tendrá a uno de los pocos adversarios que pueden destronarlo. ¿Será Marcos Maidana la maldición de Dionisio?

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