Sentado en el vestuario del Motor City Casino de Detroit tras arbitrar cuatro peleas en una velada de nula repercusión, Dale Grable se desprende de su impoluta camisa blanca sin saber que su nombre transita el sendero hacia la inmortalidad. Silencioso camino porque, pese a haber sido referi en 127 peleas entre 1984 y 2013, Dale es un absoluto desconocido. Compartió ring con Naseem Hamed, Thomas Hearns y Zab Judah antes de una fatídica noche, una polémica decisión, un mísero instante que trastocó su auspiciosa carrera para siempre. Condenado al ostracismo y al olvido absoluto, Grable fue el único que se paró frente a Floyd Mayweather con sus manos impostadas para someterlo a la única cuenta de protección en su vida profesional. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho…

Casualidad o causalidad, ese sábado 26 de mayo de 2001 fue la última gran noche de Dale Grable: nunca más impartió justicia en una pelea a doce rounds, nunca más fue designado para un combate con título en juego. Tim Graham, reportero de ESPN que en su crónica le reclamó a Mayweather ajustar su actitud, le estampó el rótulo de “ridícula” a la decisión de Grable, quien recorrió un camino inversamente proporcional al de Floyd: mientras Pretty Boy se transformó en Money, Grable envejeció lejos de los flashes, condenado a una popularidad anónima.

“Cuarenta y cinco lo han intentado, cuarenta y cinco han fallado”. Verborrágico y fanfarrón, Mayweather cosechó méritos para alimentar su ególatra espíritu gracias a un invicto intachable durante el cual jamás fue derribado. José Luis Castillo, De Marcus Corley, Arturo Gatti, Zab Judah, Carlos Baldomir, Oscar de La Hoya, Ricky Hatton, Juan Manuel Márquez, Shane Mosley, Víctor Ortiz, Miguel Cotto, Robert Guerrero y Saul Álvarez se bajaron del cuadrilatero resignados, con su alma en pena y el corazón frustrado después de bailar al ritmo de Floyd.

Carlos Hernández es un mito viviente para el pueblo de El Salvador. El Famoso, apodado así por un abuelo hastiado de recibir innumerables quejas por la bravucona esencia de su nieto, fue el primer campeón mundial salvadoreño: David Santos fue su víctima, el cinturón superpluma de la Federación Internacional de Boxeo su laurel. Pero su leyenda trascendió los límites de un país de apenas veinte mil kilómetros cuadrados de extensión. Fue una noche, esa misma noche que sentenció a Dale Grable, una velada única en la que fue uno más de los cuarenta y cinco partenaires desgraciados pero con una diferencia sustancial: fue testigo de la única caída de Floyd Mayweather. “Fue una victoria moral que nadie me quitará nunca, sus fans me esperaron al final de la noche fuera de la arena para saludarme, tomarse fotos y pedirme autógrafos. Gané algo más importanet que muchos con títulos quisieras, gané respeto y mi equipo estaba orgulloso de mi”.

BoxRec.com, la biblia del boxeo, especifica los acontecimientos de un instante singular: “Mayweather lanzó un puñetazo que conectó en la cabeza de Hernández, se lastimó la mano, hizo una mueca de dolor y se alejó moviendo la mano. En el proceso, su guante izquierdo tocó la lona y el árbitro empezó a contar. Esto se registra como la primera y única caída en la carrera de Mayweather”. Con la mano derecha hecha añícos, el sexto round fue letal para Floyd. Restaban 23 segundos en el reloj cuando impactó con su mano izquierda sobre la humanidad de Hernández. La cara de dolor fue súbita. Mayweather se había fracturado su puño izquierdo y como un acto de reflejo instantáneo se protegió sin percatarse de que su guante había rozado la lona. El desenlace es evidente: Pretty Boy bruñió su estirpe de campeón y resistió a puro sufrimiento, dominando el tempo de la pelea con su característico juego de piernas, su maestría para manejar distancias y su cintura para esquivar los embates del oponente de turno.

Hernández mantiene indestructibles sus recuerdos: “Cuando se arrodilló, sentí que era mi oportunidad. Lo tuve arrodillado ante mi, eramos solo él y yo en ese cuadrilátero. Todo lo que hizo fue sobrevivir y correr como gacela a punto de ser devorada por un león hambriento. Tocó la lona con la rodilla porque supuestametne se lastimó la mano, pero en mi opinión fue por mi constante presión y porque continué siento implacable durante toda la pelea. Yo lo llevé a tocar la lona gracias a la guía de Amilcar Brusa desde el rincón, frustrándolo con mi presión”.

Marcos Maidana será el próximo rival de Floyd Mayweather, uno más que en la previa sueña con reescribir la historia a partir de un triunfo que sería uno de los batacazos más grandes de todos los tiempos. Hernández, quien actualmente trabaja con la cadena Univisión aunque todavía añora el barullo de la afición y la adrenalina corriendo por sus venas, confía en el Chino: “Debe tener una voluntad y un deseo más fuerte que Floyd, mantener una presión consistente e inteligente, no descuidada. Tiene una posibilidad fuerte de lastimarlo porque posee una cualidad que yo no tenía: su pegada noqueadora natural. Si yo hubiera conectado a Mayweather con la pegada del Chino, lo hubiera noqueado”.

Publicado en Negro&White

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