Lionel Messi levanta la Copa América en un 2021 soñado para la Selección.

Nadie, ni el más optimista ni el más soñador, hubiera imaginado un año tan perfecto. El empate ante Brasil en San Juan y la posterior derrota chilena a manos de Ecuador coronó un 2021 que ya forma parte de la historia. Entre la celebración y el desahogo, Argentina quebró la maldición de casi tres décadas sin títulos y selló sin padecimientos su anticipada clasificación mundialista. Con un invicto que ya acumula 27 encuentros y una Selección reconciliada con su público, Lionel Scaloni planifica su 2022 con un objetivo que ya no parece imposible: salir campeón en Qatar.

Aquella puñalada de Mario Gotze en el Maracaná parecía la partida de defunción de una era truncada, la última chance de una generación dorada encabezada por uno de los mejores jugadores de todos los tiempos que fue víctima de las desprolijidades y malas decisiones de la Asociación del Fútbol Argentino. Las derrotas continentales frente a Chile profundizaron la herida abierta de una camada en retirada que sufrió para meterse en una última aventura que, escándalo mediante, concluyó con la eliminación frente a Francia en octavos de final.

El panorama no era alentador. Con el fútbol argentino sumido en su caos habitual y una Selección forzada a concretar un recambio postergado, ningún técnico de renombre y jerarquía aceptó la oferta, antes tentadora y ahora maldita. En el imaginario popular, los mejores días de Messi se proyectaban con nostalgia como recuerdos de un pasado irrepetible y el emergente grupo de potenciales convocados tampoco ofrecía demasiadas certezas ni ilusiones. En ese escenario, en la decadencia de estas colosales ruinas, apareció Lionel Scaloni como interino.

Tres años después, los profetas deportivos desaparecieron y sus pronósticos catastróficos se ridiculizan en las redes sociales. Argentina fue campeona de la Copa América y se transformó en la Scaloneta, un proceso que enamoró a los hinchas que se convirtieron en la primera línea hoplítica de Leónidas en el paso de las Termopilas. El prematuro boleto a Qatar fue la frutilla del postre, como el Messi community manager celebró en su Instagram, para un país que mira al futuro con al menos una decena de argumentos para levantar su tercera Copa del Mundo.

Exorcismo

Las lágrimas tenían otro sabor. Después de tantas tristezas, después de confesar a corazón abierto ante los ojos del mundo su frustración con un inolvidable «es increíble pero no se me da» tras su tercera final perdida, Lionel Messi se arrodilló sobre el suelo sagrado del Maracaná que en 2014 se había convertido en territorio endemoniado y se quebró por haber cazado finalmente al objetivo que perseguía sin éxito hace media vida: «Necesitaba sacarme la espina de poder conseguir algo con la selección, estuve cerquita muchísimos años, sabía que en algún momento se iba a dar. Estoy agradecido a Dios por darme este momento contra Brasil en la final y en su país. Creo que estaba guardando este momento para mí. Es una locura, es inexplicable la felicidad que siento, muchas veces me había tocado irme triste, sabía que una vez se me iba a dar y no había mejor momento. Este grupo se lo merecía de verdad, es algo impresionante».

Argentina levantó la Copa América con un triunfo histórico frente a Brasil y quebró una maldición de 28 años, una consagración que supuso también un desahogo y la liberación de una Selección que ya no convivirá con el estigma que la persiguió durante casi tres décadas, competición tras competición. Fue una revancha para la vieja guardia que tantas veces estuvo cerca de gritar campeón y una buena noticia para una nueva camada que no conocerá la insoportable carga que supone la sequía en un gigante sediento de títulos.

Porque si la postal del 93 se había convertido en una pesadilla recurrente que encarnaba los fracasos del fútbol nacional, la foto del 10 besando la Copa es la nueva estampita que impulsa los sueños mundialistas. Sin la presión de la historia ni la obligación de saldar viejas deudas, la Scaloneta viajará a Qatar con una paz mental que es difícil de cuantificar pero que sin lugar a dudas será una aliada para afrontar sus próximos desafíos. Existen barreras intangibles que construimos, individual y colectivamente, basados en nuestras experiencias recientes, tendencias que se afirman cuando se repiten sistemáticamente a lo largo del tiempo como aquel karma de 24 años sin cruzar el rubicón de cuartos de final hasta el triunfo del combinado de Alejandro Sabella ante Bélgica en Brasil.

Comunión

Son una hermandad dentro y fuera de la cancha, un grupo dispuesto a morir por la camiseta y por su líder Lionel Messi. Ya sin la generación finalista de Brasil 2014, la Pulga asumió el liderazgo absoluto en medio del recambio que impulsó Lionel Scaloni. Los nuevos integrantes de la Selección lo idolatran porque crecieron gritando los goles de quien ayer era un póster inalcanzable y hoy es su compañero dentro del campo de juego. Alcanza con recopilar las frases más recientes de Emiliano Martínez y Rodrigo de Paul, dos flamantes referentes, que coinciden en un mismo sentimiento: «Queremos ganar la Copa no sólo para él, sino para todo un país que vive con más momentos de tristeza que de felicidad. Sería increíble si le podemos regalar una copa del Mundo. Y sí, Messi se la merece más que nadie. Es el mejor de todos los tiempos. Hay gente que lo justifica diciendo que no tiene esa copa. Ojalá pueda tenerla y culminar su carrera», expuso el mediocampista del Atlético de Madrid.

Aunque es cierto que equipos sin tanta química e incluso con enemigos íntimos dentro de un mismo plantel han conseguido grandes conquistas, es indudable que la armonía, el cariño y la amistad representan un factor que aumenta las posibilidades de un eventual éxito. Todo empezó, explicó Scaloni, en un asado sin la presencia del cuerpo técnico. Fue durante aquel evento privado en la antesala de la Copa América, impulsado por el quinteto conformado por Messi, Nicolás Otamendi, Ángel Di María, Nicolás Tagliafico y Sergio Agüero, cuando De Paul lanzó su profecía: «Lo digo hoy, 10 de junio: nosotros vamos a ganar la Copa América en Brasil y vamos a quedar en la historia». La promesa fue también un juramento y un cambio de perspectiva para enterrar las decepciones del pasado.

Con una nueva visión ya afianzada, Otamendi cocinó otro asado a fuego lento para celebrar el cumpleaños de Messi. En la concentración, la mano de Scaloni también tuvo que ver con el fortalecido vínculo nacional con detalles que otros pasan por alto: «Nosotros hacemos una mesa rectangular o redonda según como sea el lugar. Que todos se miren. Son 28 jugadores. Desde el primer día dijimos que no queríamos mesas separadas. Porque creemos que está bueno y además, nos vemos todos», explicó en ESPN.

La unión es fundamental para el sentido de pertenencia de un grupo de jugadores que hacen todo lo necesario para representar a la Selección. Mientras otros claudicaron ante las restricciones que impusieron desde la Premier League, Emiliano Martínez, Cristian Romero, Gio Lo Celso y Emiliano Buendía emprendieron el viaje aún a expensas de una posible sanción para enfrentar a Brasil en la farsa del Arena Corinthians, una suspensión en la que también quedó expuesta su confraternidad con el tan mentado «volvemos todos o ninguno». Messi y Leandro Paredes, lesionados y ausentes en el PSG por Champions League, despertaron la molestia del PSG al viajar y participar del clásico en San Juan.

Las bromas, comentarios, fotos y videos en las redes sociales representan un síntoma más que en la era de los detectives de Instagram exponen la intimidad de la Albiceleste. Todo empieza a partir de Messi, tal como reconoció Juan Musso en una entrevista en La Nación: «Messi es líder con el ejemplo. Si Messi, que es único, se esfuerza, bueno… El resto debemos seguirlo. Hay distintas maneras de liderar porque depende del carácter de cada uno. Messi es líder con el ejemplo. Si Messi, que es único, se esfuerza, bueno…. el resto debe seguirlo. Con todo lo que ha ganado, en cada entrenamiento da lo máximo, siempre quiere ganarte y hacerte goles, y eso es algo que me llama la atención. Si lo ves a Messi esforzándose para ganar el reducido de un entrenamiento, ¿qué queda para los otros, para los demás mortales?».

En el vestuario no hay tensiones ni conflictos, ni caras largas ni reproches. Cada uno entiende e interpreta su rol, sin egos de por medio y con la Selección como bien común, profundiza De Paul: «El de la Selección es el mejor grupo en el que he estado. Se empezó a formar con el cuerpo técnico, y fue incorporando cosas: jugadores, conceptos, momentos… Lo importante es que cada uno sabe lo que tiene que hacer. En este grupo nadie quiere ser la tapa del diario. El único intocable es Leo, el resto empuja desde donde le toca». ¿Es garantía de un título? No, pero sin dudas es una fortaleza que destaca al campeón de América.

Memoria
La formación argentina en el clásico sanjuanino (@Argentina)

Scaloni ya tiene una formación ideal en la cabeza, más allá de la rotación que puede efectuar en los laterales o los retoques circunstanciales dependiendo del rival. En el último clásico en San Juan, con todos a su disposición, repitió a diez de los once que comenzaron la final del Maracaná. Con un banco de suplentes siempre alistado para la batalla, Argentina encontró y afianzó su sistema táctico y su alineación. Salvo una lesión o una suspensión, el equipo se puede recitar casi de memoria: Emiliano Martínez, Nahuel Molina, Cristian Romero, Nicolás Otamendi, Marcos Acuña, Leandro Paredes, Rodrigo de Paul, Giovani Lo Celso, Ángel Di María, Lionel Messi y Lautaro Martínez.

Claro que Scaloni tiene recursos a su disposición para ubicar perfiles diferentes en algunas de las posiciones para dotar a su equipo de determinadas características puntuales. No es la idea de este artículo profundizar en las variantes tácticas de cada puesto, pero Gonzalo Montiel, Nicolás Tagliafico, Guido Rodríguez y Nicolás González son nombres recurrentes que el entrenador ha utilizado motivado por necesidades puntuales en determinados contextos que analizaremos oportunamente.

Parafraseando a Mostaza Merlo, es indiscutible que la base está. La continuidad de los nombres propios fue una de las claves para el éxito albiceleste porque la constancia y consistencia son indispensables cuando no hay mucho tiempo para trabajar. «Hay una base del 80 o 90% que se repite en el plantel. Eso te da una tranquilidad aunque tengas poco tiempo para trabajar», reconoció el propio Scaloni.

Aunque aún hay boletos vacantes en la lista de convocados rumbo a Qatar y el cuerpo técnico ha demostrado que tiene temple para tomar decisiones inesperadas, al menos una veintena de nombres parecen fijos para el Mundial. Con varias pequeñas sociedades ya consolidadas, y a la espera de que las lesiones no estropeen sus planes, no hay demasiadas dudas en Argentina.

Maduración

Aterrizó en el banco de suplentes como un joven inexperto y tres años después se ganó merecidamente su lugar en la votación al mejor técnico del año. Argentina probó durante 28 años con entrenadores de todo tipo -prestigiosos, formadores, tácticos, motivadores, experimentados, novatos, campeones, cabuleros, míticos- pero la fórmula para devolver al país a la gloria la tenía un Scaloni que en 2016 ejercía como ayudante en la categoría sub 14 años en el Son Caliu de Mallorca. Tras su rol como asistente de Jorge Sampaoli y ante las negativas de los técnicos que la opinión pública pedían, el Leónidas de Pujato recibió casi por descarte la oportunidad de dirigir a la Selección rumbo al Mundial en la ¿última? función de Messi: «Le comuniqué (a Sampaoli) que mi intención era seguir en la AFA. En principio pensé que podría seguir entrenando a los Juveniles, pero no imaginé que llegaría a la mayor”.

Chiqui Tapia, mandamás de la AFA, fue quien tomó la decisión impulsada por la urgencia, los rechazos y la necesidad de aportar alguna certeza en medio del caos. Aquel torneo olvidado de L’Alcudia en 2018 le dio la espalda necesaria para seguir al frente de la Mayor. Con su primer trofeo en el bolsillo, fue confirmado como cabeza de un cuerpo técnico con los ilustres Walter Samuel, Roberto Ayala y Pablo Aimar como ayudantes. Su perfil bajo y su buena relación con los integrantes del plantel -incluso durante la turbulencia mundialista- fueron dos características que convencieron a Tapia de encomendarle la postergada renovación: «Yo he visto técnicos que no se animan a hablar en el campo de juego. Pero Scaloni es alguien que se sienta en el medio de un grupo y les habla por más de 20 minutos, y ninguno baja la cabeza o hace muecas. Eso es volver a tener identidad en la Selección», vaticinó Tapia.

Aunque el rendimiento del equipo en la Copa América 2019 fue irregular, el rendimiento en la polémica derrota frente a Brasil y la victoria frente a Chile por el tercer puesto fueron el puntapié inicial para su permanencia en el cargo aunque fue el respaldo generalizado del plantel capitaneado por Messi el argumento que garantizó su futuro al frente del timón albiceleste. El propio 10 fue el encargado de bancarlo públicamente: «Es fácil de entender, bueno en su trabajo y sabe cómo manejar a los jugadores. Hicieron bien en darle el puesto de forma permanente y el tiempo y el espacio que necesita para trabajar con el equipo. Creo que Scaloni también fue creciendo a la par del equipo, del grupo. Encontramos una idea de juego, una buena dinámica».

De Paul se sumó al reconocimiento en 2020, antes de la consagración continental, en FIFA.com: «Le puede faltar experiencia como técnico, pero tiene 30 años de vestuario. Entiende de grupos, maneja los códigos, pasó por juveniles, jugó un Mundial… Como Samuel, Ayala y Aimar, ¡conocen el predio de Ezeiza mejor que nosotros! No sé cuántos hubiesen tenido la determinación para hacer los cambios que se hicieron, o llamar a jugadores que no estamos en los primeros equipos del fútbol mundial».

Scaloni fue construyendo certezas de a poco, se ganó el corazón de su plantel y desactivó la crisis post Rusia 2018. Sin Messi durante los primeros seis juegos de su ciclo, ejecutó la tan mentada renovación y recibió al 10 con un nuevo grupo. Como muestra de su carácter, el flamante DT fue capaz de limar asperezas con jugadores históricos que finalmente fueron incluidos en sus planes. El caso de Ángel Di María fue el más significativo y una demostración cabal de que el manejo de grupos -y de egos- es una gran virtud del DT: la estrella del PSG marcó el gol del campeonato en Brasil.

Cuestionado y operado en varios de los principales medios hegemónicos, Scaloni tuvo espalda para bancarse las críticas sin claudicar ni traicionar sus convicciones. Aún pese a los detractores, siempre tomó las decisiones que creía correctas como cuando decidió relegar a Franco Armani del arco para entregárselo a Emiliano Martínez, un acierto que le permitió descubrir al nuevo héroe de la Selección. Tácticamente su crecimiento fue notable durante sus tres años al frente de la Selección e incluso mejoró en la lectura del juego en tiempo real para realizar modificaciones que causen un impacto positivo en el trámite, un apartado en el que aún tiene margen de mejora. Apostó por una formación audaz con cinco jugadores que empezaron su carrera con la 10 estampada en la espalda y convenció primero a propios y extraños de que esa Argentina de los mediocampistas era el camino. El tiempo le dio la razón.

Campeón de América, el público argentino convirtió a Scaloni en su símbolo y le estampó su nombre como apodo a la Selección. La Scaloneta se celebró en cada actuación por Eliminatorias, un equipo que reconcilió a los hinchas con la camiseta. Mientras tanto, Scaloni afianza el presente y proyecta el futuro en un plan integral para fortalecer al entramado de selecciones juveniles mientras empieza a incluir a los nombres que podrían defender la camiseta en 2026 en la dinámica de la mayor.

Heredero

El último arquero de élite bajo los tres palos albicelestes había sido Ubaldo Matildo Fillol. Aunque Argentina tuvo una sucesión de buenos guardametas, ninguno consiguió hacerse un lugar en la consideración general como uno de los mejores del mundo hasta la aparición de Emiliano Martínez.

El nuevo héroe nacional fue una constante como tercer arquero del Arsenal inglés desde que se mudó a Londres en 2012. Sin lugar en la formación de los Gunners, durante años vivió de préstamo en préstamo en destinos de poca relevancia y aún menor continuidad. La lesión de Bernd Leno en junio de 2020 le otorgó a Dibu la oportunidad de volver al arco del gigante inglés y su impacto fue inmediato: el elenco de Mikel Arteta mejoró notablemente con el argentino como bastión, determinante para conquistar la FA Cup y la Community Shield como MVP.

Postergado durante años, finalmente había demostrado que estaba capacitado para defender un arco importante de Europa pero la recuperación de Leno amenazaba con relegarlo otra vez al banco de suplentes. Decidido a sumar minutos, Martínez expresó sus intenciones de marcharse y fue aceptó su transferencia al Aston Villa a cambio de 22 millones de euros. Los Villanos, que habían sido uno de los equipos más vulnerables en la campaña anterior y se habían salvado del descenso por apenas un punto, crecieron gracias a las atajadas de un Dibu que se convirtió rápidamente en ídolo con 15 vallas invictas y 46 goles encajados en 38 juegos para un elenco que finalizó en la undécima posición.

El PCR positivo de Franco Armani fue la oportunidad ideal para que Scaloni materializara un movimiento que ya rondaba en su cabeza. Martínez reemplazó al arquero Millonario en la séptima fecha de Eliminatorias frente a Chile y nunca más dejó el arco. Su Copa América fue brillante y el show que montó en la serie de penales en las semifinales frente a Colombia desató la Dibumanía en un país que celebró sus tácticas para intimidar a los pateadores. Guante de Oro del torneo, fue implacable en la final frente a Brasil y se transformó en inexpugnable en las Eliminatorias.

Martínez se consolidó como una red de contención para la Argentina: cuando todo falla, cuando el gol parece inevitable, dice presente como en las victorias frente a Uruguay o en el empate ante Brasil. La Selección no tenía un portero de semejante calibre desde Fillol, un Martínez que demostró ser un arquero ganador y líder gracias a su pulida técnica, su buena lectura, su gran sentido de la ubicación y su avasallante personalidad además de la diosa fortuna que siempre tiene como aliada. Gana partidos, el sueño de la Copa del Mundo aumenta considerablemente a partir de su presencia y Messi lo sabe: «Es fundamental porque cuando le llegan siempre responde, se afianzó en el arco desde la Copa América y por suerte tenemos uno de los mejores arqueros del mundo».

Cacique

El central que nadie esperaba es una de las mejores apariciones del fútbol nacional. Cristian Romero estuvo a punto de dejar el fútbol durante los años de destrato dirigencial en Belgrano de Córdoba. Su partida al Genoa italiano fue el escaparate para una carrera relampagueante: adquirido por la Juventus, brilló a préstamo en el sorprendente Atalanta de Gian Piero Gasperini y fue adquirido por el Tottenham que hoy dirige Antonio Conte tras haber sido premiado como el mejor defensor de la Serie A. Tras ganar rodaje con la Selección juvenil, Scaloni lo ascendió a la Mayor y en un suspiro se convirtió en uno de los pilares de la columna vertebral del equipo. Su aparición fue una solución a los graves problemas estructurales de su última línea.

Bajo la mentoría de dos históricos como Ayala y Samuel, debutó con la camiseta de la Selección en las Eliminatorias frente a Chile como si hubiera vestido la albiceleste en un centenar de ocasiones. Imperial e inexpugnable, Cuti se convirtió rápidamente en una pieza insustituible. Su presencia es una garantía y una tranquilidad para Scaloni, la piedra basal sobre la que se construye una defensa nacional que mejora considerablemente su rendimiento con el cordobés.

Elegido por Messi para reforzar al Barcelona antes de su partida al PSG, Romero es el paradigma de central moderno y completa todos los casilleros para considerarlo como uno de los mejores del mundo: es un tiempista que logra imponerse en la mayoría de sus duelos, tiene un juego aéreo que lo convierte en muralla defensiva y en una amenaza en ataque, es dueño de una gran lectura para anticipar casi en mitad de cancha o para corregir los desajustes de sus compañeros y tiene el talento de un prodigio para iniciar el juego de su equipo.

Con apenas 23 años, Romero solo tiene margen para seguir creciendo. Será fundamental que su físico, que ya le jugó una mala pasada en dos experiencias con la Selección y lo obligó a perderse gran parte de la Copa América, lo acompañe. Si las lesiones no interrumpen su carrera, Argentina disfrutará de un central de época durante la próxima década.

Corazón

Si Lionel Messi representa al fútbol argentino, Rodrigo de Paul encarna el alma de la Selección. Su reconversión en un futbolista total lo metió en la discusión entre los mejores mediocampistas del mundo. Después de haber debutado en Racing como un talento exquisito y elegante y tras una experiencia irregular en el Valencia español previo retorno a la Academia, en Udinese creció en silencio mientras redescubría su esencia. Con más de una treintena de encuentros durante sus cinco años en el Calcio, fue cocinándose a fuego lento hasta agregarle sacrificio, solidaridad y despliegue incansable a su talento innato.

Todo terreno, hoy es un box to box con peso e impacto en las dos áreas capaz de desarmar un ataque con inevitable aroma a gol de Lapadula hasta aparecer en el área para anotar como ante Ecuador en la Copa América o frente a Uruguay en las Eliminatorias. Es el motor de la Selección, un animal competitivo que ocupa espacios con su intensidad y es dueño de un pie delicado para hacer jugar al equipo como un eventual segundo generador que puede servirle a Ángel Di María el gol del título en el Maracaná frente a Brasil.

«El hizo un cambio futbolístico hace un par de años. A la Copa América de hace dos años venía como extremo. Ahí no empezamos bien. Le dimos un par de vueltas al equipo. Lo metimos de 8 y a partir de ahí no salió más. Nos dio equilibrio, juego, pasión por el fútbol, huevo, garra, contagio, buena onda. Es así como lo ves, incluso entrenando. Es un ejemplo para los demás, con sus cosas, porque a veces se le sale la cadena. Es un chico que tiene mucho temperamento. Es el fiel reflejo de lo que es sentirse importante», lo elogió Scaloni en una entrevista con Mundo Deportivo.

No es casualidad que Diego Simeone lo haya elegido para reforzar a su Atlético de Madrid. De Paul juega como lo hacía el Cholo: con el cuchillo entre los dientes. Para Rodrigo cada partido es una final porque se le va la vida en cada jugada. Socio ideal para Messi por su dinámica, es el corazón argentino.

Elegancia

El protagonista de la mayor discusión futbolística de la Selección de Scaloni. Paredes apareció en Boca como un jugador exquisito, un enganche natural que Julio César Falcioni acomodó como mediocampista por izquierda ocasionalmente para conjugarlo en una misma formación con Juan Román Riquelme. Tras su mudanza al Viejo Continente protagonizó una travesía con altibajos en sus experiencias en Roma, Chievo Verona, Empoli y Zenit de San Petersburgo.

Fue en el Empoli en donde comenzó su mutación en volante central bajo las órdenes de Marco Giampaolo, quien en 2015 buscaba a un jugador de buen pie como cinco para garantizarse la posesión. Su crecimiento fue sostenido y fue aprendiendo los secretos del puesto que Scaloni le asignó en su estructura: “Tuve que agregarle muchísimo a mi juego para poder ser útil en esta Selección, tuve que cambiar muchas cosas. Agregué mucha dinámica y el hecho de jugar a dos toques. Sobre todo con el posicionamiento, que apuesto a mejorar día a día. En la otra posición -como enganche- jugaba siempre de espalda, con poco espacio y ahora tengo todo el panorama. Me siento más libre. Eso sí, ahora tengo que correr mucho más”.

Aunque no es su principal fortaleza, Paredes mejoró en el apartado defensivo pese a que todavía tiene algunas complicaciones cuando Argentina prescinde durante largos periodos de la pelota y se abroquela para resistir los embates del rival. Pero los beneficios del mediocampista del PSG como único cinco son imprescindibles en una Selección que históricamente ha tenido problemas en alimentar a Messi. La capacidad natural del antiguo enganche le permite encontrar al 10 tras líneas enemigas y saltar la presión del rival de turno para marcar los caminos albicelestes.

Talento

Nadie entendió por qué no sumó minutos en el Mundial de Rusia 2018. Postergado, vio desde el banco de suplentes el empate ante Islandia, la debacle frente a Croacia, la resurrección ante Nigeria y la eliminación ante Francia. Nunca fue una alternativa para Jorge Sampaoli, quien priorizó a Maxi Meza, Enzo Pérez, Eduardo Salvio y Ever Banega. Convocado en la primera lista de Scaloni para el amistoso frente a Guatemala, Giovani Lo Celso fue uno de los primeros nombres en la renovación nacional.

«Lo Celso es un caso curioso, está con nosotros desde el primer día, valoramos su fútbol, es importantísimo pero nunca pudimos tenerlo en plenitud de condiciones», explicó Scaloni después de su gran actuación en el 3-0 frente a Uruguay en El Monumental. «Siempre por una cosa u otra llega mermado en el físico. Para mí es de los mejores del mundo, se asocia, tiene pase-gol. Hoy jugó 90 minutos que hace mucho no lo hacía. Estamos contentos por su aporte».

Con la esencia intacta de aquel crack que apareció en Rosario Central al que es imposible sacarle la pelota, Lo Celso le sumó condimentos a su juego durante su lustro europeo con las camisetas de Paris Saint Germain, Betis y Tottenham. Convertido en interior izquierdo en la planilla de Scaloni, la presencia de Gio deslinda a Messi de ser el único argumento creativo. Lo Celso puede ser un socio ideal del 10 o un eslabón más en el circuito futbolístico pero también es capaz de inventar unilateralmente una situación de peligro.

Talento le sobra al mediocampista de los Spurs que ahora es dirigido por Antonio Conte, un talento natural que asiste y llega al gol. También entregado a la causa, no negocia su sacrificio incluso a costa de su físico y de su propia regularidad. El desgaste lo obliga a ser habitualmente reemplazado, situación que le impide replicar en la Selección aquel impacto absoluto que tuvo en el Betis de Quique Setién. Otro mérito de Scaloni: convencer al talento a ponerse al servicio del colectivo.

Vigencia

Messi rompió toda lógica después de dos décadas de vigencia absoluta. Cuando Argentina aún lloraba la derrota frente a Alemania en la final de Brasil 2014, la proyección de su carrera le auguraba uno o dos Mundiales más. Aunque Rusia 2018 aparecía como una chance todavía cercana a su prime físico y futbolístico, imaginarlo en Qatar 2022 a los 35 en su nivel actual era casi una utopía. Pero el 10 desafía toda lógica y llegará a la Copa del Mundo todavía como el mejor jugador del mundo.

Podríamos escribir libros enteros del GOAT pero Messi es autosuficiente y se explica a sí mismo: alcanza con verlo jugar. Más allá de lo futbolístico, la mayor evolución de un Leo decidido a priorizar a la Selección durante el próximo año es su crecimiento como líder absoluto de la nueva camada. Si durante años se le recriminó su actitud en comparación con Diego Armando Maradona, el nuevo Leo encarna el espíritu maradoneano que Argentina sigue llorando desde su muerte.

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